Mejor reír que llorar

Eso de llamar “ajuste del mercado laboral” a la debacle del empleo regional supera con mucho el récord irresponsable de una Junta que había prometido el pleno empleo. El gobierno está para animar y no para deprimir, por supuesto, pero eso no equivale a engañar a los ciudadanos para justificar su impotencia y su inepcia. Andalucía está en el peor momento de esta crisis y de su historia autonómica, y no en ninguna imaginaria coyuntura esperanzadora. Decir lo contrario –¡en el BOJA!—es algo más que una licencia retórica y algo más que una ligereza.

El mundo al revés

El recurso constante a culpar a la Oposición de los fracasos del Gobierno resulta ya hasta cómico. El señor Guerra –trásfuga en su día–, por ejemplo, diciendo que el déficit de infraestructuras en la provincia onubense se debe a lo poco que hizo el PP durante los 8 años que estuvo en el poder antes de los 6 que lleva luego el PSOE y tras los 13 anteriores de mandato de este mismo partido, resulta sencillamente, ridículo, pero sobre todo engañoso. Ningún Gobierno defraudó tanto a la provincia como el actual, que no ha cumplido un solo compromiso adquirido. Ese trásfuga agradecido debe de pensar que todo el mundo menos él es tonto en la provincia que le paga su fastuoso sueldo.

Edad Media

No estoy de acuerdo con la bronca organizada por la protesta de una profesora de Derecho del Trabajo que atribuye su fracaso en el concurso público al presunto beneficio otorgado por el Tribunal –por cierto, un tribunal excepcionalmente respetable y en el que había mujeres de alto perfil feminista—a la condición de “bolonio” de su contrincante. ¿Qué qué es eso de “bolonio”? Pues no tienen más que echar un vistazo a la web del ministerio de Igualdad en la que se ofrecen esas becas medievales del Real Colegio de España exclusivas para varones católicos de probada virtud. Por supuesto no resulta verosímil admitir esa denuncia que, con toda evidencia, supone una imputación de prevaricación al tribunal aparte de una muy discutible valoración de los respectivos méritos entre una profesora, sin duda valiosa, que por vez primera intenta el asalto a la cátedra y un profesor que lleva ya diez años instalado en esa categoría aparte de poseer un currículo excepcional. El problema, a mi entender, es que ese hecho discriminatorio -se le haya pasado por alto (¿o quizá no?) a un Gobierno famoso por haber llevado hasta el paroxismo las políticas de igualdad. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI subsista una institución con seis siglos de antigüedad anclada en la visión del mundo y del hombre del siglo XIV? Doy por hecho que la ministra del ramo lo ignore todo sobre el androceo privilegiado que creó don Gil de Albornoz, pero no me entra en la cabeza que, con tanto “bolonio” como hay en su partido, nadie haya advertido al Gobierno de que anda promoviendo y adjudicando becas que, además de discriminatorias por razón de sexo, se rigen por un criterio racista y sectario. La larga mano de don Gil hace la higa incluso al Gobierno que ha hecho del “género” un motivo rayano en la paranoia y de su defensa toda una estrategia de masas.

 

Cada día ando más convencido de que poco gana la política de apoyo a la mujer discriminada con gestos como el que nos ocupa que, aparte de su inevitable subjetividad, no cabe duda de que resulta gravemente parcial en sus criterios. ¡Anda que si cada uno fuéramos a contar nuestras cuitas en las oposiciones, ganadas o perdidas…! En cambio lo otro, insisto, es decir, lo de la discriminación a la boloñesa que este Gobierno consagra al consentirla, no admite atenuante. Aunque, claro, eso es algo que, por saberlo hasta el bedel, la denunciante debía de conocer necesriamente antes de perder las oposiciones. Porque aquí se emplea a fondo el Gobierno en confeccionar mapas del clítoris mientras permite que las cartografiadas sean excluidas de sus propias convocatorias. Si eso tiene sentido, que venga Dios y lo vea.

La vaquilla

La vaquilla, la cabra del campanario, el toro de fuego, todo ese programa de fiestas (¿) lugareñas no solamente consentido sino amparado por la autoridad, constituye una ofensa a la dignidad de los ciudadanos libres y civilizados. El caso de la vaquilla torturada hasta la muerte en Alhaurín el Grande, que está dando la vuelta al ruedo ibérico y parte del extranjero, hay que endosarlo a la responsabilidad de la autoridad municipal y gubernativa además de a los salvajes que perpetran esos crímenes no pocas veces a socaire de una absurda vitola antropológica. Esas autoridades deberían sancionar ejemplarmente a los bárbaros y alguna autoridad superior debería, a su vez, sancionarlas a ellas.

Contra las cuerdas

Las conclusiones del informe de los europarlamentarios europeos sobre el problema de los depósitos de fosfoyesos que soporta la capital son de órdago, por más que desde la Diputación  se difunda optimismo. Queda definitivamente en entredicho la teoría obsoleta de que defiende la inocuidad de esas substancias, cuyos efectos reales aquellos parlamentarios pretenden objetivar mediante mecanismos eficaces que informen a los ciudadanos en tempo real. Un asunto que debería ocupar a todos pero del que nadie debe hacer bandera barriendo para adentro, porque lo que está en juego es la salud pública. Es urgente que la autoridad, de manera unitaria, sin colores partidistas, tome postura ante ese negocio y adopte medidas.

Genio y figura

Nos tiene sumidos en la perplejidad, pero fue nuestro gurú de los felices 60 y la generación tiene serias dificultades para mantener la objetividad frente a él. Me refiero a Noam Chomski, el maestro de “La guerra de Asia”, acaso –lo ha dicho el New York Times—“el intelectual vivo más influente del mundo”, una de las referencias destacadas en el ránking mundial de todos los tiempos, dicen que emparejado con Platón y Freud. Estos días ha sido rechazado en la frontera de Israel cuando iba a dar una conferencia en el marco de una campaña de propaganda palestina y ha organizado la de Dios es Cristo como corresponde a un personaje que es también un símbolo, en buena medida religioso si hemos de atenernos al culto que le profesan sus incondicionales, desde los Rollings a Bono: “es nuestro rabino, nuestro predicador, nuestro pundit, nuestro imán, nuestro sensei”, reconoce David Barsamian, quizá su principal sectario. Y en ese plan. Hace poco visitó a Chávez en su terreno y declaró que la región es hoy “la zona más estimulante del mundo” en la medida en que, por vez primera, aquellos pueblos toman en sus manos su propio destino, y no es posible olvidar –por cálida que sea aún nuestra fidelidad al mito—su extravagante racionalización del terrorismo islamista tras la catástrofe del 11-S o su exacerbada interpretación de la guerra contra el narco como una estrategia clasista de los EEUU contra los derechos civiles. Junto a las finas críticas de Chomski al sistema americano, al peso de sus oligarquías o al efecto de sus burocracias, ahí está su visión idílica –por no decir insensata—de la realidad indigenista de la Bolivia de Hugo Morales. Genio y figura. No hay tónico como la rebeldía para neutralizar los estragos de la edad. Hay incluso quien defiende que morirse a tiempo es salvarse de la quema.

 

Muchos nos hemos revelado ante la imagen del sabio detenido en el fielato pero hay que comprender también al guardafronteras. No es lógico, por otra parte, viniendo de quien se declara ciudadano americano, fundar su protesta en que sólo un país estalinista (¡como Israel!) cribaría sus visitas atendiendo a la ideología: no tiene más que echar una mirada a lo que ha pasado siempre, y acaso hoy más que nunca, en la aduana de su propio país. Pero hay razones fuertes en su argumentación que reclaman atención, contribuyendo a acrecentar la perplejidad en torno a su figura. Se puede desmitificar a Obama –Chomski lo hace hasta el ridículo—pero no defender al mismo tiempo a los sátrapas bolivarianos. Los de Vietnam hemos visto luego demasiado. Alguien ha llamado al maestro “rebelde si pausa”. Dudo que bailar esa sola letra resulte suficiente.