Pobres funcionarios

Ha dicho el presidente Griñán que la Administración no puede seguir engordando porque ese coste no hay quien lo pague. Y lleva razón, sólo que no dice que únicamente uno de cada tres trabajadores de la Junta es funcionario, o sea que dos de cada tres son enchufados. Sumen los empleados de empresas públicas y los “cargos de confianza” de Ayuntamientos y Diputaciones. Un caso, el de la Diputación sevillana, donde vivaquean 102 “asesores” de toda confianza, incluyendo asesores especiales (¿), asesores a secas, secretario del Presidente, secretario particular, secretario raso y auxiliar de secretaría, una carga de 4’7 millones de euros anual. ¿El funcionario Griñán olvidó su condición y apuesta por el enchufe? Al menos lo parece.

La suerte de algunos

Acaba de revelarse que la presidenta de la Diputación afana al año en su chiringuito 100.000 euros del ala. No está mal para una auxiliar administrativa del partido, aunque habría que decir, para ser justos, cuánto se llevan otros con el bachiller pelado y mondado y los de más allá en diversas circunstancias. El mayor fiasco del PSOE y otras autodenominadas izquierdas ha consistido en esta defección salarial, en esta desacomplejada carrera por la pasta que no cede ni en tiempos desastrosos como los que vivimos. Acusan a los políticos de derecha pero ellos cobran lo mismo o más mientras los salarios son cada día más reducidos y el paro una calamidad.

Conocer gente

Demasiada gente vive en este mundo de la intermediación, cada día más. En las dictaduras, claro, pero también en las democracias, cada vez más atenidas al sofístico principio de que lo que es legal es legal y a otra cosa. Acabamos de asistir al festival organizado con razón en torno a la Administración  gürteliana de Valencia que adjudicaba contratos burlando la ley mediante su fraccionamiento, es decir, lo mismo que se viene haciendo en todas las Administraciones desde que el mundo es mundo, y para qué hablar de la polémica a propósito del cohecho impropio (nótese la zumba del legislador), esto es de los habituales regalos que son como la lluvia fina que ablanda mansamente el terruño de los poderosos. Pero ya me dirán a qué viene tanto ruido por unas prácticas que todo el mundo sabe que existen y funcionan en pleno régimen de libertad quizá porque, de hecho, han sido siempre propias de las relaciones desiguales. El enredo que amenaza esta temporada a un personaje tan grave como Balladur por haber rebañado su parte, como quien no quería la cosa, en la venta de tres submarinos a Pakistán –reedición de la venta de fragatas que, en su día, costó el cargo al presidente Dumas—no tiene, probablemente, de particular más que el mero hecho de haber sido descubierto, pues a nadie se le oculta ya que apenas hay negocio público que no conlleve su mordida privada. Y en fin, la escena de la duquesa de York vendiéndole a un falso corruptor, por una enorme suma, el acceso directo a su marido, el príncipe Andrés –representante especial de su país en materia de inversiones extranjeras–, sólo desde el fariseísmo puede presentarse como un escándalo de nueva planta, porque rara será la persona informada que pueda sorprenderse, a estas alturas, al toparse con un acto que, como ése, constituye hoy algo normal en nuestro sistema de relaciones. Esa ex-princesa será una inmoral y una desvergonzada pero ni más ni más ni menos que cualquiera de los innúmeros ganapanes que trapichean al socaire del Poder.

 

¿No nos parece normal acaso que un grupo de empresarios le regale un  yate fenomenal al jefe del Estado, que a quien preside un gobierno (nacional o autonómico) le pague el veraneo un marchante o que un ex-presidente gestione intereses urbanísticos? La influencia, hablemos o no de tráfico, constituye hoy un auténtico “sector de actividad” económica, y yo le he oído argumentar con vehemencia a ciertos empresarios que gracias a ello funciona la denostada máquina de la función pública, lo que cierra con siete llaves el círculo ético. Sarah Ferguson será una tiesa trincona pero no es mejor ni peor que los trincones a los que Westminster ha tenido que quitarles por las bravas la visa oro.

Fuera caretas

El ejemplo dado por el presidente castellano-manchego de eliminar 7 consejería de su Gobierno de 14 va a resultar difícil de evitar. En Andalucía tenemos 13, aparte de otras tantas empresas públicas que las doblan en coste y saquean en función, y ya me dirán qué ocurriría si se redujeran a la mitad, distribuyendo sus funcionarios donde se necesitan luego de prescindir de la legión de enchufados. ¿Cuáles? Eso va en gustos pero lo que está claro es que si hay autonomías que funcionan con la mitad de organismos no hay por qué mantener en otras el doble. Siendo cuña de su propia madera, Griñán lo va a tener difícil para mantener intacta su corte de los  milagros.

Arón

El decretazo de ZP que deja sin aire a los Ayuntamientos no carece de motivos. El ahorro que produzca, en cambio, podría haberse conseguido sólo con no dilapidar los miles de millones que se han tirado en levantar aceras, y podría lograrse todavía replanteando el antiguo debate (del propio PSOE) sobre la amortización de las Diputaciones en una autonomía. Porque no se trata tanto de ahogar a los alcaldes sino impedir, por ejemplo, que un pueblo de 7.000 vecinos o menos pague una tele, una emisora de radio y un periódico (y hasta dos) en loor del mandarín. Aquí se administra mal de arriba abajo. La “burbuja municipal” es nada más que una entre varias.

Paces lejanas

El pasado fin de semana fueron enterrados solemnemente en la catedral de Frombork, al norte de Polonia, los despojos del sabio Copérnico, que en vida había ejercido en ella como canónigo y como médico. Las labores de identificación no han sido sencillas pero finalmente han sido posibles al determinarse que el ADN de ciertos restos que, bajo el suelo de la catedral, reposaban desde hace cinco siglos en una tumba sin nombre, coincidía con el de ciertos cabellos hallados entre las páginas de un libro manejado con toda seguridad por el astrónomo. Y la Iglesia ha decidido, cierto que con no poco retraso respecto a las paces con Galileo, suprimir pasados anatemas y reparar esa ofensa a su memoria. Está bien el gesto, sobre todo porque coincide –con sólo horas de diferencia—con la conmoción que ha supuesto la construcción química de ese principio de la vida que ha alarmado a muchos como el robo del fuego por mano de Prometeo alarmó en su día al Olimpo, hazaña histórica, sin duda, que no ha faltado quien compare con los logros de Galileo o Darwin y también con esa otra audacia que supuso el cuestionamiento del heliocentrismo por parte de nuestro hombre. Descansará, al fin, reconocido y honrado, el viejo canónigo al que, por cierto, nadie importunó en vida por sus teorías aunque sí a causa de su convivencia con una adorable barragana a la que se le obligó a renunciar por las bravas. E incluso el arzobispo Ziemba, ordinario del lugar, ha alzado la voz para proclamar el orgullo de la Iglesia ante el genio científico del hombre que osó enmendar la plana al ‘Génesis’ y ponernos en nuestro lugar cuando aún una inmensa mayoría convivía a gusto con la idea de la centralidad cósmica de este planetilla perdido en el borde de una entre tantos miles de millones de galaxias. En el XVI había canónigos sabios a los que la obviedad no incomodaba como sigue incomodando a muchos de sus sucesores, y a pesar de tanta evidencia, cinco siglos más tarde.

 

Me parece de perlas que la Iglesia reconozca errores e incluso pida perdón por sus consecuencias, que más vale tarde que nunca, pero admitamos que el único sujeto histórico que tiene sentido que se retracte y humille es el Poder con mayúscula y no éste o aquel entre los poderes. La Historia este repleta de falsas perspectivas desde las que se han propiciado crímenes innumerables y no entiendo por qué ha de ser uno solo de esos o unos cuantos de esos poderes los que hayan de rasgarse las vestiduras mientras el Poder y sus franquicias se quedan indemnes y tan frescos. Claro que siempre se podrá decir aquello de “A buenas horas, mangas verdes”, pero a mí no me parece mal esa tumba que en adelante podrán encontrar los curiosos en las guías turísticas.