La cocina del SAS

Otra sentencia contraria al Servicio Andaluz de Salud –una más entre tantas–, en esta ocasión para anular el proceso de adjudicación de sendas subvenciones millonarias a dos clínicas abortistas a la exacta medida de las cuales había sido diseñado el correspondiente concurso público. Semejante varapalo no debería quedarse ahí, en la anulación del procedimiento, sino extenderse hasta alcanzar a los responsables ciertos de la decisión que dio lugar a ese trato de favor y averiguar en lo posible las causas del pelotazo. La Junta no puede seguir asimilando como quien oye llover estos reveses que le propina la Justicia con motivo de ciertas arbitrariedades que está por ver si son algo más.

Papeles secretos

Se niega la Junta a dar a la oposición el informe de Gobernación que advierte sobre la ilegalidad de las eventuales fusiones de Mancomunidades y sigue adelante con su proyecto de crear “la suya”, fundiendo la de Aguas de la Costa con la de Aguas del Condado. Y es inconcebible que un documento de esas características no se entregue de inmediato a quien legítimamente lo exija a la Administración, sobre todo si es para evitar que se acabe perpetrando una ilegalidad sin remedio. La Junta hace en Huelva una cerrada política de partido, incluso cuando debe pasar sobre el dictamen de sus propios expertos, idóneos cuando eximen de responsabilidad a Chaves en su ‘caso’, por ejemplo, pero no cuando tuercen algún ambicioso proyecto.

Propaganda abusiva

Ni un solo medio de comunicación americano se tragó hace poco el anuncio de la Casa Blanca de que no habría publicidad alguna en el 48 aniversario del Presidente. Crece en EEUU la sensación generalizada de que Obama se prodiga demasiado en esos ‘medios’ y de que abusa sin tasa de su tendencia a la retórica. Un balance provisional: el Presidente habría celebrado en estos seis meses tantas ruedas de prensa como Bush en sus ocho años de mandato y se calcula que ha llevado a cabo un par de docenas de debates directos con ciudadanos (luego colgados en Youtube), aparte de una infinidad de intervenciones, discursos o entrevistas. Tanto es así que las grandes cadenas, según el ‘Washington Post’, estarían quejosas de la “competencia” que comporta para sus intereses semejante abuso de la propaganda y hasta habrían hecho llegar a las alturas su disgusto, especialmente la cadena ‘Fox’, que incluso llegó a negarse a retransmitir uno de aquellas conferencias de prensa. La excepcional popularidad de Obama mantiene su peso en la conciencia colectiva hasta el punto de que algún diccionario de argot estudiantil realizado en la universidad de Ucla recoge como usual entre los estudiantes el uso de la voz ‘Obama’ significando denotativamente cualidades agradables como la simpatía del sujeto al que se le aplica. Y sin embargo, ese esplendor de la imagen no se corresponde con la popularidad registrada en los sondeos de opinión pública que, en efecto, muestran como ha descendido casi diez puntos en el mismo periodo, pasando de un excepcional 63’3 por ciento a un todavía cómodo pero ya inquietante 54’2. Hasta hay ya quien ha mostrado su alarma ante la posibilidad de un presidencialismo rampante que no hay por qué confundir con un “leader ship” sólido. Norteamérica suele curarse en salud, al menos en términos teóricos.

Por supuesto que la prueba de fuego de este primer mandato de Obama va a ser su revolucionaria propuesta de reformar la sanidad pública para garantizar la asistencia universal, un proyecto al que se oponen con indisimulado enojo hasta algunos sus conmilitones de partido. Pero también es cierto que Obama juega con decisión su baza carismática, en especial tras arrasar en la opinión europea, consciente de la tal vez insalvable ventaja que proporciona al político el blindaje mediático. Por denunciar, ya se denuncian (lo ha hecho nada menos que a CBS) hasta ciertos amaños de los encuentros públicos de Obama con los ciudadanos, pero al menos por ahora, todo indica que denuncias y protestas no lograrán más que arañar el piel de elefante del “American Idol”. Todo exceso es malo, venía a decir el lema délfico, y eso es algo que vale incluso para una personalidad excepcional como ésta que se ha vuelto omnipresente ante los ojos y los oídos del americano medio.

El ejemplo de Cunete

Se va del PP el hombre que, siendo concejal, rechazó un escandaloso intento de soborno del PSOE de Sanlúcar luego condenado, en efecto, por los tribunales. ‘Cunete’ dice que su marcha se debe a que su partido está obsoleto, controlado por un “aparato” oficial y centralizado que no deja ni un espacio mínimo de autonomía para la política local, un aparato que gana en la capital gaditana pero que fracasa en masivamente en los pueblos de la provincia. Habría que escuchar también a la otra parte, pero convengamos en que la pérdida de un militante que ha hecho lo que ha hecho por su partido –considerando, sobre todo, la que está cayendo– sugiere una cierta rigidez en el partido de la oposición.

Dies incertus…

« Dies incertus an incertus quandum », decían los romanos cuando de un proyecto no se sabía ni el cuando ni siquiera la posibilidad de realización. Así ocurre ahora con la Ciudad de la Justicia onubense, tan traída y llevada, de creer al delegado de la consejería cuando dice que la cicatera estrategia de reformas en las viejas sedes no quita para que “un día” Huelva pueda lograr el viejo objetivo, que él mismo considera fundamental. Vamos, que no, que mientras el Ayuntamiento esté en manos de quien está, no habrá Ciudad como verosímilmente se hará todo lo posible desde la Junta y el Gobierno para que no haya AVE, ni puentes sobre el Odiel, ni aeropuerto. A Huelva se le niega el pan y la sal por votar libremente a quien quiere. Eso es algo que ya no hay manera de ocultar.

Gana la banca

Si hay un aspecto de la presente crisis económica que ha conseguido unanimidad de criterio entre los ciudadanos es el que resume la pregunta que plantea cómo es posible que la banca siga acumulando beneficios colosales mientras el resto de los mortales pierden dinero sin remedio. Convencidos de que la crisis misma no es más que el efecto explosivo de una larga estrategia financiera mantenida artificialmente por los agentes del dinero, la opinión no alcanza a entender la razón de que los causantes del desastres sean los únicos en salvarse y menos todavía, por supuesto, el motivo por el que los Gobiernos están asistiendo a la banca con ayudas colosales de dinero público con el argumento, capcioso en buena medida, de que del mantenimiento de ese sistema culpable depende, a pesar de todo, la supervivencia del sistema de todos. El ciudadano abrumado por la plaga del paro y la ruina generalizada no puede entender que no sólo se subvencione a los responsables de la situación sino que se vuelva al sistema –abandonado en un primer momento bajo la presión masiva—de premiar a los agentes concretos del desastre con esos ‘bonos’ extraordinarios que anda cuestionando la mayoría de los Gobiernos occidentales. Hace falta desparpajo para recuperar las escandalosas primas a directivos que tanto han tenido que ver con el colapso general del sistema, incluso si los rotundos beneficios de los bancos han decrecido respecto a los logrados durante los años dorados, pero las han recuperado: el último escandaloso ejemplo lo ha dado BNP Paribas al repartir 10.00 millones de dólares entre sus ejecutivos a pesar del catastrófico panorama general. La prensa americana sostiene, por ejemplo, que casi un veinte por ciento de la fortuna adjudicada por el contribuyente para salvar la banca se ha escurrido en esos bonos de fortuna. A la banca Goldman Sachs se le atribuye una cínica variante del apotegma de Erwin Wilson: “Lo que es malo para América es bueno para la Goldman Saschs”. Hay mil ejemplos pero, créanme, en todos gana la banca.

Nunca se ha evidenciado la indefensión del contribuyente ante el tinglado financiero como durante esta crisis. En ello radica la diminuta esperanza de que tal vez alguna moraleja permita al común de los mortales salir de ella con algunas lecciones aprendidas aunque, si les soy sincero, debo decir que no confío lo más mínimo en semejante experiencia. ¡Pero si han vuelto a las andadas de los ‘bonos’ incluso antes de que se insinuaran las todavía incipientes sugerencias de mejora real! La banca gana, en resumen, incluso con el crupier cruzado de brazos. La crisis ha servido para dejar claro que el destino económico general es por completo ajeno a la acción privada. Estamos en manos de quienes estamos, eso es todo. Comprenderán que no deja de tener su lógica que los blinden y los bonifiquen precisamente con nuestro dinero.