Guerras de cajas

Lo que está ocurriendo en la nueva guerra de las Cajas, en torno a pretendida fusión para crear una gran entidad andaluza, no hubiera ocurrido con Chaves. Ocurre justamente porque Griñán carece de fuerza en el partido por más unanimidades que le otorguen sus congresos y, en consecuencia, los jefes de esas taifas poderosas ya no están a su merced como lo estuvieron en aquellos tiempos en que los defenestraban por fax. Lo que no sé es si eso es bueno o es malo, porque todo lo que no sea desvincular a esas entidades de los partidos políticos será perder el tiempo.

Poder absoluto

Se niega la presidenta de la Diputación a que los partidos que constituyen la oposición tenga acceso al proyecto de aeropuerto –esa quimera del oro—que llevan seis años mareando no sabemos a qué precio. Dice que se lo reserva para ella sola, como si mayoría equivaliera a partido único, y como si ella tuviera alguna capacitación –no se le conocen más prendas que las de auxiliar administrativo de su partido—para hacerse cargo de una empresa tan compleja que, por otra parte, pertenece al reino de la imaginación. ¡Todo el poder para el soviet! Es lástima que estos soviéticos de pacotilla tengan, encima, tan escasa estatura.

Retrato de copista

Hay mucho escrito sobre el trabajo de los copistas del arte. Ha habido enormes artistas descubrir a los cuales ha costado la misma vida los expertos, con el resultado de que la obra valorada en millones el día antes perdiera su valor como fulminada al siguiente. ¿Cuál es el valor de la obra, el valor objetivo, quiero decir, si resulta que es la autoría, esto es, la firma, lo que le confiere su rango y constituye como tal, sin que la excelencia en sí misma importe un carajo al mercado y, lo que es peor, al amateur? En el tribunal correccional de Créteil se ha visto estos días el caso de uno de esos falsarios geniales, Guy Ribes, un tipo independiente y diestro que ha sido capaz, según el tribunal y él mismo, de reproducir (he estado por decir “producir” sin más) entre 1996 y 2005, ciento cincuenta telas famosas de Picasso, Renoir, Matisse, Dalí, Modigliani, Chagall o Braque que circularon sin problemas por el mercado enriqueciendo a todos los intermediarios menos a él. Ribes confiesa que a él lo que su deseo hubiera sido pintar como Picasso pero que, aparte de que eso le resultaba imposible, descubrió enseguida que la misma gente que rechazaba sus creaciones originales se pirraba por sus copias –“Resultaba más fácil hacer imitaciones, que pintar para una panda que no comprendía mi propia pintura”, ha dicho a los jueces—lo que lo que lo convirtió en ese falsario genial al que ahora la estricta Justicia le pide una pena de diez años de prisión, a pesar de que conste que, en no pocas ocasiones, el falsario pintó sus delictivas copias por encargo explícito del cliente. No vamos a descubrir ahora la componente fetichista que encierra tanto el coleccionismo como la propia devoción artística, tan íntimamente ligada al sentido patrimonialista que señorea nuestra noción de Cultura. Sólo les invito a cuestionar desde la Estética, a la vista de este genio vencido, la crucial exigencia de autenticidad que ha convertido la obra de arte en pura mercancía.

¿Pintaba o copiaba sus bisontes y arqueros el artista parietal, qué más da que en tantos cuadros de taller el ojo de halcón del experto descubra el trazo y la pincelada del maestro junto a la del novato, acaso no sabemos que Velázquez fue el aprendiz de Pacheco y que, probablemente, no haya creador del todo original? Ah, pero es que no habría mercado que valga si a la obra de arte no se le exigiera pedigree lo mismo que se le piden a cualquier mercancía exclusiva. Ribes no ha pecado contra las Musas ni delinquido contra el arte, pero ha perpetrado ambos excesos contra el Mercado, ahí es nada. No está lejano el día en que los cuadros se firmen con el código de barras.

Ellos y los otros

La consejera de Presidencia no ha estado fina al calificar de “infame” la, desde luego, absurda negativa de dos autonomías rivales a aplicar la ley del Aborto. Eso es, ya digo, absurdo, inconcebible en democracia, pero lo mismo si lo hace el PP por razones de conciencia que cuando lo hizo el PSOE –que fueron muchas veces—por causas estratégicas. Chaves se plantó en su día asegurando que, de entrar en vigor la ley de Educación del PP, en Andalucía no llegaría a aplicarse, del mismo modo que recurrió al TC todos y cada uno de los Presupuestos estatales buscando por la puerta de atrás el recurso previo de inconstitucionalidad. Infieles y rebeldes, pues, cada uno a su turno. ¿Diría la consejera que ésta es una democracia infame?

Relevo en el Puerto

Quitan a Marín Rite para que entre Cejudo y le llaman a eso “relevo generacional” los mismos que llevan, a su vez, treinta años viviendo de la política. Algo que, seguramente, no hubiera ocurrido con Chávez pero que ocurre con Griñán a causa de su debilidad en el partido y su fatal dependencia de los caciquillos provinciales en que se apoya. Ponen el Puerto en manos de un boticario comarcal que presidió entre tensiones la Dipu y que deja en práctica bancarrota el Ayuntamiento de Valverde. Aquí no hay otro mérito que la pertenencia al clan y Cejudo ha sabido cambiar de clan cuantas veces ha sido preciso. Así es la política. Pero una institución tan importante como el Puerto merecía mejor trato.

Física recreativa

Soy consciente de la impropiedad del título en relación con mi tema de hoy, pero no me resisto a utilizarlo por lo divertida que resulta la noticia de que el balón con nos estamos jugando en Sudáfrica el ser o no ser en nuestra milenaria Historia va a ser objeto de atento estudio por parte de la FIFA una vez que el campeonato termine y sepamos, al fin, qué sienes se llevan los laureles del triunfo. La verdad es que ese balón es algo más que un balón pues tiene hasta nombre –se llama, como saben seguramente, “Jabulani”—y ha logrado desbordar el ámbito de la cancha para colarse de rondón en los laboratorios físicos en los que está siendo objeto de hipótesis científicas en busca de una teoría que explique ese extraño comportamiento que trae de cabeza a los jugadores, entrenadores y críticos, concordes todos, con razón, en que lo lógico hubiera sido estudiar la pieza antes de la competición y no después para averiguar el por qué de esos extraños que hace dibujando parábolas donde debería trazar rectas y, a lo que parece, también circulando a la inversa o por los derroteros menos previsibles. Un físico español ha salido a los medios para brindar una teoría que explica esos caprichos en función de una “teoría de interacciones dinámicas” aplicable a todo cuerpo sometido a aceleración por rotación, ya sea un boomerang, una pelota de tenis o una constelación astral embarcada en ese fascinante ballet celeste que nunca se detiene y del que nada escapa. Un cuerpo que circula en el espacio no obedece en su órbita al imperativo aerodinámico sino que, como en este caso, puede acabar ateniéndose al rumbo que le marque su estructura interna, que es lo se la ha ocurrido cambiar al fabricante. Ya ven que un Mundial puede servir para mucho, aparte de “hacer historia”, como se dice y repite estos días desde la inopia nacional.

Comprueben, por lo demás, lo equívocas que son las apariencias y hasta qué punto es menester tener en cuenta el interior de las cosas y no sólo su factura externa si no queremos que el remate se nos vaya por los cerros de Úbeda lo mismo si se trata de chutar con una pelota que si hemos de habérnoslas con cuestiones más complejas. Un balón idéntico por fuera pero distinto por dentro puede curvar las rectas o enderezar las curvas del mismo modo que un cerebro limitado en un cuerpo bello puede convertir en desdicha el placer entrevisto. Estoy deseando que acabe el lío no sólo para saber si éramos el no va más sin percatarnos de ello, sino para comprobar, una vez más, lo que el fútbol tiene que ver con la ciencia exacta.