Dinero fugaz

Es de justicia resaltar la tarea política que está desempeñando en solitario la concejal valverdeña y diputada autonómica, Loles López, empeñada ahora en que el Parlamento intervenga en la presunta “desaparición” de los 54.000 euros que la Junta habría dado al Ayuntamiento de Cejudo y de cuyo paradero nadie es capaz de dar cuenta. Claro que algo ingenua sí que es Loles, cuando pretende que un tipo como el biconsjero Pizarro –forzada mano derecha de Griñán– tome en cuenta tan razonable petición y acepte tal vez responsabilidades de su partido. Si no ha sido posible averiguar qué pasó, en definitiva, con la mariscada de los concejales ante la cerrada oposición del PSOE, ya me dirán cómo esperar que se aclare este golpe mágico.

El mapa roto

Como una noticia sin mayor relieve ha pasado la noticia de que en Bélgica ha barrido en las elecciones un partido separatista, ultraconservador y xenófobo que no culta su intención de que el país “se desvanezca” y vaya “difuminándose poco a poco” hasta desaparecer del mapa. Un lío, sobre todo si se tiene en cuenta que a ese país minúsculo y en almoneda le corresponde ahora el turno de presidir la Unión continental, circunstancia que no hará sino agravar al límite los graves problemas planteados por la crisis, pero que, además, constituye un paso más en la tendencia disgregadora que está triturando el mapa europeo de postguerra que, todo hay que decirlo, no era de los peores que hayamos tenido como europeos, ni mucho menos. Ya no se reconocen en él ni la Checoslovaquia ni la Yugoeslavia anteriores, aunque a mucho menor escala la imagen de la secesión, tradicional en Irlanda, crece también en Escocia o en la Padania rica de la Liga del Norte, anima a corsos, vascos y bretones en su pulso con los jacobinos galos y mantienen las consabidas espadas en alto en nuestro país, donde el presidente saliente del Barça, no contento con los ya demostrados fracasos de los ilegales referendos separatistas, acaba de redondear su mandato cediendo el estadio del Nou Camp como sede idónea para escenificar esa consulta asociando la manías oligárquicas a las pasiones deportivas. A pesar del histórico esfuerzo unificador que ha supuesto el movimiento europeísta, hay indicios serios de que pronto veremos borrados del mapa generacional países con tanta tradición continental como esa Bélgica que lleva medio siglo –desde el día siguiente de la independencia del Congo—debatiéndose en un estéril debate lingüístico en el que los flamencos ricos fundamentan su reivindicación y su fuerza.

 

La peste del ultranacionalismo va íntimamente ligada –en Flandes como en Padania o Cataluña o País Vasco, por no hablar del Eire o Escocia—con la pulsión dominante de las clases económicamente fuertes que agitan el fantasma de la voracidad de las pobres como causante de sus más diversos problemas. Y eso es algo que ni la integración en el espacio continental ha logrado frenar, casi siempre favorecido por ese oscuro clima xenófobo que el desbordamiento migratorio ha acabado por potenciar hasta el paroxismo. Con la lengua como excusa, por supuesto. Hoy no es raro que en Flandes o en nuestras propias “nacionalidades” se imponga la lengua indígena por encima del Estado y, lo que es peor, con la anuencia del Estado. Bélgica va a desaparecer sin ruido siquiera, aunque nadie tenga idea de que hacer al día siguiente con sus tristes pedazos.

Secretos de crisis

¿Por qué un directivo de Caja de Ahorro ha de cobrar en Andalucía 200.000 euros al año, es decir, varias veces más que un cirujano de trasplantes, un sabio investigador, un jurista de altura, un trabajador de alto riesgo o, incluso, el presidente de la autonomía? Es asombroso que se aireen estas cifras sin que estalle por algún lado la burbuja de la indignación ni, por descontado, se levante siquiera un teléfono desde los despachos en los que hay poder para evitar semejante saqueo del dinero de los impositores. ¡No van a estar arruinadas las Cajas si las vacían sus propios manijeros con la anuencia de la autoridad! Cuando se está rebajando el sueldo a los sufridos peatones, estas revelaciones escandalosas constituyen un auténtico insulto.

La soledad de astilleros

Manifiesta el PSOE onubense que “todavía no sabe” si apoyará o no la “gran manifestación” para la que los estafados trabajadores de Astilleros han solicitado el apoyo a toda Huelva. No es cosa de manifestarse ni frente ni contra la Junta, que donde hay patrón no manda marinero, aparte de que durante este largo e indigno proceso cada cual ha dejado bien claro donde estaba realmente más allá de las soflamas y demagogias. Astilleros estaba condenado desde el principio y el PSOE ha jugado mientras ha podido con la buena fe de sus víctimas. Ahora que ya no hay margen para ambigüedades lo más probable es que esos trabajadores comprueben cómo y quiénes los han engañado desde un  principio.

El arte ajeno

Como tantas veces ocurriera antes, estamos asistiendo esta temporada a varias campañas de reclamación de las obras de arte adquiridas por los grandes museos occidentales a través de los tiempos. La más ruidosa de ellas quizá sea la que, auspiciada por el ministro egipcio de Cultura, Zahi Hawass, trata de conseguir que viaje al Museo de El Cairo –un museo fundado gracias a la insistencia de los arqueólogos franceses del XIX y, en especial, como es sabido, al empeño de Auguste Mariette—el busto de Nefertiti que centra la atención de todo visitante del Neues Museum berlinés, pero el runrún persiste en torno a los polémicos “mármoles de Elgin” que se exhiben en el British Museum e, incluso, del friso y las metopas del Partenón conservados en el Louvre, y ya con un eco más débil hasta de las joyas medievales francesas o españolas reconstruidas en el Metropolitan neoyorkino o de los famosos caballos de San Marcos que Napoleón arrebató a los venecianos como estos los habían expoliado anteriormente a los bizantinos y que serían restituidos a Italia tras la caída del Imperio, entre los acuerdos del Congreso de Viena. Hasta los restos humanos museificados, a excepción, por el momento, de las horripilantes momias egipcias, están siendo objeto de reivindicación acogida al paraguas ideológico que proporciona la satanización de Occidente. No importa que los países que ahora reclaman fueran en su día incapaces de conservar y menos de descubrir las piezas que la superior cultura occidental puso, afortunadamente, a buen recaudo, ni que algunos de ellos ni siquiera existieran políticamente en el momento del hallazgo o el traslado, porque la reclamación es básicamente ideológica y carente de cualquier fundamento que sea de ésa índole. Ni la piedra de Rosetta ni el Código de Hammurabi existirían hoy, muy probablemente, sin la diligencia y previsión de quienes los rescataron del abandono más absoluto. Ni el colonialismo ni la acción de los imperios tienen que excusarse ni rendir cuentas por haber prestado a la cultura un servicio tan imprescindible.

 

Lo interesante de la ofensiva es el aprovechamiento que en ella se hace del mito antioccidental, baza clave del islamismo extremo aunque no exclusiva de él. Y lo curioso es ese silencio de Occidente, terciado entre la displicencia y la timidez, que no se decide de una vez a poner las cosas en su sitio haciendo valer la razón histórica que es la única que puede dar cuenta de las circunstancias. Esas culturas son en su práctica totalidad hijas del denostado Occidente al que acusan de rapaz pero sin el que ellas mismas hace tiempo que no serían más que la sombra de un recuerdo.

Ambiente corrupto

Ahí tienen otro caso, el de la Unión de Empresarias Cordobesas, que en su día habría acordado en pleno –según denuncia, con grabación y todo, la actual presidenta– “inflar” las facturas para quedarse con el beneficio excedente. La facturas falsas se utilizan ya lo mismo para financiar la campaña de un alcade capitalino que para pagar una mariscada feriante de tres concejales de pueblo, y ya lo ven, para agenciar recursos procedentes de la Junta  a asociaciones que cuentan con el escaso control existente y se amparan en la difusión ambiental de las corrupciones. Quienes se empecinaron tanto tiempo en negar la corrupción no son menos culpables que los corruptos.