Operación “Parralo 2”

Muy bueno lo de la presidenta Petri diciendo que a nadie la amarga un  dulce y que “si de ella se acuerdan los ciudadanos como candidata a alcaldesa, pues que muy honrada”. Más sottovoce se oye el rumor interno en su partido de que esa eventual candidatura sería la fórmula buscada por los nuevos para deshacerse de una que lleva treinta años en el coche oficial. Y en fin, quien se acerque al entorno del Superalcalde notará la euforia que, lógicamente, provoca la reedición de la “operación Parralo”. Perico tiene baraka, está demostrado. Y la primera en saberlo es esa aspirante temeraria.

El cascabel al gato

Sé que voy en este caso contra no pocos pero entiendo que es lógico y justo apoyar la propuesta del ministro de Obras Públicas frente a la huelga encubierta de los controladores aéreos. En España sigue causando sarpullido la mera mención del recurso  Ejército y a eso se debe que tantas voces hayan recibido con desconfianza el proyecto ministerial de recurrir a los controladores militares para acabar de una vez con el chantaje manifiesto que, tanto ellos como los pilotos civiles, vienen ejerciendo por tradición en defensa de unos privilegios laborales realmente inasumibles. Pero ese recurso –que alguien ha tachado incluso de franquista—no tiene nada de descabellado y más en una situación en la que el Ejército ha dejado de ser aquella institución cerrada, no poco inútil, para convertirse en un instrumento del Estado cuya misión no es sólo pegar tiros sino acudir donde lo mande el poder civil y lo reclamen las necesidades de la sociedad. El vehemente debate que postula la incompetencia de los controladores militares para tareas civiles carece de sentido, bien entendido –y eso lo ha dejado claro el ministro—que será necesario habilitar debidamente a aquellos profesionales, esencialmente idénticos a los civiles, aunque cobren una miseria si con las nóminas de éstos se comparan las suyas. ¿Acaso un controlador, civil o militar, requiere una formación equiparable a la de un  neurocirujano o un físico de partículas, aunque gane más que los dos juntos? Pues evidentemente no, y por lo mismo el ministro hace bien en proponer –y me honra que haya aceptado en directo mi propia propuesta—que se proceda de manera que el monopolio actual se disuelva al disponer de una reserva de técnicos militares con todos los requisitos precisos para substituir a los civiles llegado el caso. Muchas veces va el cántaro a la fuente hasta que se rompe. Incluido el de estos huelguistas.

 

No debería el ministro tomar a título de inventario la idea de esa reserva militar de técnicos porque con ella nos libraríamos de una vez por todas del inevitable chantaje que hemos de soportar vacación tras vacación. Si que ello suponga la menor aversión a unos profesionales que se han ganado el puesto en unas costosas oposiciones libres, iguales pero no superiores a las que tantos otros hemos ganado. Se trata simplemente de ponerlos en su debido sitio garantizando el derecho de todos. ¿Acaso no se hizo lo propio en Sagunto, en la agricultura, en nuestros astilleros y hasta en el cuerpo de notarios? Fórmense de una vez mirando al ejercicio civil pilotos y controladores y se acabó el cuento. Lo demás será pan para hoy y hambre para mañana.

Perdemos peso

Dos hechos de antier mismo proclaman la caída de nuestra pérdida de peso político y social. Uno, que la sede de la cordobesa Cajasur –ahora encasquetada por el Gobierno a la banca peneuvista BBK– se haya trasladado incontinenti a Bilbao. Otra, que el presidente del Córdoba C.F. haya tenido que volar urgentemente a esa capital para mendigar a los nuevos amos del cotarro financiero que mantenga el patrocinio que la Caja, cuando era cordobesa, concedía al club local. Muchas como ésas nos quedan por ver, seguro, dentro lo mismo que fuera. Por poner un  ejemplo que nos cae cercano, acaban de echarnos de las aguas de Gibraltar y no hemos dicho ni pío.

Pobre Puerto

La nueva Autoridad Portuaria, el ex-alcalde que deja el ayuntamiento de Valverde en quiebra práctica, ha dicho que se viene al Puerto en busca de un trabajito que le permita vivir más tranquilo, de un balneario, vamos, como si el Puerto fuera pan comido para un boticario de un hospital comarcal que es lo que él es. Y encima dicen que piensa traerse con él al ínclito tránsfuga que le permitió resistir en el sillón valverdeño, el tal Rodríguez Donaire, delineante al parecer en su oscuro empleo anterior. ¡Para lo que ha quedado el Puerto de Huelva! La comida de las fieras no va a dejar ni los huesos.

Vidas de perro

Un Juzgado de Mérida ha acordado la apertura de juicio oral por un delito de maltrato de animal doméstico, por el que solicita una pena de un año de cárcel, a un salvaje que infligió cuatro puñaladas a su perro, un pequeño cocker, antes de abandonarlo moribundo, según las crónicas, para que muriera lentamente desangrado. Con la misma fecha, el tribunal correccional de París condenaba a otro bárbaro –un paisajista en paro, ya condenado por violencia conyugal y que había pasado la noche bebiendo en las tabernas—acusado de haber machacado a su perrillo a golpes de mazo y arrojarlo luego por la ventana para que agonizara en la acera. Cuatro meses de prisión y una fuerte multa le han caído a primitivo veinteañero de Nantes por haber golpeado y quemado con cigarrillos a su indefensa “golden”, y un año prisión más dos de condicional a tres descerebrados que se divirtieron golpeando a dos perros atados al parachoque de un coche conducido a gran velocidad y rematándolos luego con un bate de béisbol. Abundan por todas partes las noticias de esta naturaleza confirmando la tesis de Nietzsche de que, entre todos los animales conocidos, el hombre es, con grave diferencia, el más cruel, al tiempo que crece la conciencia de que semejantes demostraciones de peligrosidad deberían ser sancionadas con una dureza que hoy está lejos de contemplar el legislador. No es preciso ser un franciscano ni un abnegado proteccionista para entender que una sociedad en cuyo seno la crueldad con los animales es tan habitual y asombrosamente refinada a veces, es una sociedad enferma que reclama con urgencia severas medidas de control para contener a tanto loco como anda suelto.

 

Que exista una también creciente crueldad contra las personas –lo que está sucediendo con los niños, incluso con los bebés indefensos, es desolador—forma parte del mismo nefasto complejo psíquico cuya causa debería ser indagada con máximo empeño pero cuyas consecuencias urge que sean sometidas sin condiciones ni miramientos a la disciplina más severa que sea compatible con la razón democrática. Sade relacionó la crueldad con el instinto y, por tanto, con la naturaleza misma, Engels (agudamente) con el miedo, Brodsky con la estupidez. Sea como fuere, lo cierto es que, lejos de remitir, la crueldad se agiganta día a día hasta adquirir en esta sociedad medial un signo alarmante. Por lo demás, el ensañamiento del hombre con los animales forma parte de un fondo cruel en el que se incluye la víctima humana y no cabe duda de que procede de esa banalización del mal tantas veces denunciada. Se empieza torturando a un perro y se acaba en verdugo de cualquiera. El legislador debería tener en cuenta esa evidencia de una vez por todas.

La opinión positiva

Nunca se ha llevado bien este PSOE con la opinión crítica. González distinguía en su tiempo entre opinión pública y opinión publicada, como dando a entender que la segunda no era de fiar ni fiel, pero no es el único caso ni mucho menos. La presidenta de la Diputación de Huelva, por ejemplo, ha inaugurado una web abierta a los onubenses pero sin dejar de advertirles que se reserva el derecho de censurar lo que no le guste en las opiniones enviadas: “Sólo entrará quien tenga algo bonito que decir”, es su lema. A quien discrepe le aguarda la misma censura que funcionaba cuando ella ni había soñado ganarse la vida con la política.