Hoy miércoles

Antier se presentó en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras un libro con este título, Hoy miércoles, que recoge los artículos publicados durante años (2005-2014) aquí al lado, en esta misma página, por el joven profesor Luis Olivencia. Luis se nos fue inesperadamente un día y algunos pensamos que rendirse ante el carácter efímero del escrito periodístico era un absurdo fácilmente remediable, pudiendo recogerlo piadosamente en un libro por aquello de que “verba volant, scripta manent”, que unos atribuyen a un senador y otros relacionan con Menandro y Plauto. Toda literatura, salvo bizarras excepciones, resulta ser efímera –no hay que forjarse ilusiones vanas– pero también es verdad que rescatar un solo pensamiento valioso merece cualquier esfuerzo. Luis Olivencia era un jurista que hacía honor a la famosa tradición de buenos escritores que tienen sus colegas –como la tienen los médicos—pero lo que, al menos a mí, me hizo admirarlo tanto fue su notabilísima capacidad de observación y el admirable equilibrio de su criterio. Pocas aportaciones como la de Luis para entender la realidad europea y española –y andaluza-, la compresible tensión que anima y aturde a un tiempo a este ensayo de unificación europea, el carácter de sus dirigentes más conspicuos, las rarezas y egoísmos ajenos tanto como la miseria de nuestras propias mezquindades. Por eso recogimos con devoción sus escritos y los ofrecemos a un público que la verdad es que no anda sobrado de buenas orientaciones.

En ellos se verá lo mucho ya conseguido y tanto como queda por hacer, en su prosa tersa y ordenada encontraremos las mil razones que nos quedan por entender en puertas de un mundo insólitamente nuevo, en el que la duda –ese recurso supremo que Luis sabía esconder con tanta destreza—ha de sernos tan imprescindible como la información. Luis era entre nosotros el gran cosmopolita al que su condición le permitía mirar desde arriba, aunque sin rastro de arrogancia, el vasto paisaje de diferencias que entorpecen –y por eso mismo, reclaman—una voluntad convencida a favor de la unidad. Y Andalucía, su gran obsesión, su segunda Baviera, que él contemplaba no sin cierta aflicción, abismada en su autocomplacido complejo, mal dispuesta y peor dirigida, mientras soñaba bajo el levante tarifeño son sus nieves alpinas. Valéry decía que un libro no es sino un extracto del monólogo de su autor. Nosotros hemos querido reconvertirlo en un fervoroso diálogo.

Europa no se fía

Una interventora cumplida ha descubierto, ante la comisión parlamentaria que investiga (¿) el saqueo de los ERE y las prejubilaciones falsas, que la Unión Europea bloquea desde 2014 las subvenciones que tenían que venir a Andalucía procedentes del Fondo Social Europeo. La Junta queda pues como la Chata por haber ocultado esta dañina situación que ha sido provocada, según la interventora, por el hallazgo de subvenciones irregulares detectadas en Bruselas. Antier mismo la ministra de Trabajo criticaba que la Junta devolviera al Ministerio cientos de millones destinados a crear empleo y que aquella había sido incapaz de aprovechar. ¿Lo entenderían los parados si se enteraran de lo que de verdad se cuece en este puchero? A los manguitos de Bruselas no les interesa; ellos se limitan a cerrarnos el grifo que tanto necesitamos.

Nuestra joroba

España parece condenada a vivir esta Cuaresma con el sayal puesto y postrada en la ceniza, según se suceden, una tras otra, las noticias sobre la corrupción que ya no concierne sólo a los peperos sino que afecta de nuevo a los sociatas, una vez amainada la galerna que en los últimos tiempos afligía algo sospechosamente a los conservatas en exclusiva. ¿Valencia y Madrid? Bueno, pues ahí tienen también a Andalucía y Galicia, amén del rosario de escándalos lugareños a cuyo goteo ya nos hemos acostumbrados. Parece, además, que la estrategia dilatoria empleada por la Junta en Andalucía está dando también sus frutos agraces y que no es improbable que los manguis de aquí acaben en poca cosa y, por supuesto, prescritos en beneficio de la garduña. ¿Puede hoy alguno de los dos grandes partidos utilizar el argumento aislante de la corrupción del rival sin que se le venga encima la réplica contundente? Pues más bien no, dado que el fraude en la gestión pública es ya en toda la nación algo asumido tanto por tirios como por troyanos más allá de los trenos y declamaciones públicas. ¡Hasta los “puros” de Podemos tienen ya a su número 2 señalado por la Justicia que trata de averiguar si es adecuado o no lo es ese mote de “el niño de la beca” que se le viene aplicando a Errejón, y yacen bajo un temible informe de la UDEF, por no hablar de la novia del autopostulado vicepresidente del futuro Gobierno. Nuestro sistema de libertades es hoy día, en realidad, una cleptocracia engrasada que funciona a las mil maravillas y que el pueblo soberano –ahí tienen el éxito electoral en su feudo de más de un corrupto—no parece dispuesto a sancionar.
Habla Machado: “Es de noche. Se platica/ al fondo de una botica/. –Yo no sé, don José,/ cómo son los liberales/ tan perros tan inmorales. ..¡Oh, tranquilícese usted/. Pasados los carnavales,/ vendrán los conservadores,/ buenos administradores/ de su casa… Nada eterno: ni Gobierno que perdure/ ni mal que cien años dure…”. Ya conocen el resto: “Tras estos tiempos, vendrán/ otros tiempos y otros y otros/ y lo mismo que nosotros/ otros se jorobarán”. Hay fraude en las Administraciones, lo hay en los sindicatos, en la empresa privada, en los equipos y en los estadios de fútbol, en la farmaindustria, entre los ciclistas y hasta en las policías, empeñada Zalamea en confirmar, todos a una, el dictum famoso de la ministra que dijo que “el dinero público no era de nadie”. Nada nuevo: al Tempranillo lo nombró el Rey jefe de policía.

Papel mojado

Para el “régimen” del PSOE en Andalucía la Ley es papel mojado. Antier se avisaba de que buena parte de los dineros mangados en los ERE habrán prescrito sin remisión, hoy celebramos el tercer aniversario de la interinidad del Director de Canal Sur y mañana, seguro, habrá nuevas demostraciones de que la Junta se pasa la Ley por el arco, igual si se trata de proteger a los malversadores o no cumplir las sentencias de los Tribunales que si lo que le interesa es mantener cautiva a la opinión pública. Aquello del “peso de la ley” que declaman nuestros responsables políticos es algo más que un sarcasmo que el ciudadano no comprende cómo ni por qué es consentido por los ropones.

Quiénes somos

No sé por qué, desde la escuela, me asiste la idea de la superioridad de los cromañones sobre los neardentales, o sea, de nosotros –arios o no, todas las razas de Sapiens sapiens incluidas—sobre esa incierta especie humana considerada, por lo común, como una desviación deteriorada del Hombre del Génesis. Se ha hablado –han hablado los paleontólogos, los etnólogos y cía.—de ciertas peculiaridades del cráneo, del tamaño del cerebro, del rastro cultural primitivo que dejaron los desaparecidos neardentales que, durante miles y miles de años, compitieron con nuestros superdotados ancestros por el dominio de este mondo cane. Y bien, no parece tan sencilla la cosa, al menos de creer a los sabios que aseguran ahora que entre ambas Humanidades, digámoslo así, no sólo hubo contactos sino que, hace millares de años, se produjeron sucesivas hibridaciones que dieron lugar a determinadas características que aún conservamos. Confieso que, desde hace más de tres lustros, me declaro adicto a la obra de Juan Luis Arsuaga, uno de los sabios de Atapuerca que, con el título El collar del neardental, me convenció de que ambas ramas humanas habían recorrido paralelas pero también tangentes largos eones y vastas perspectivas, acaso incluyendo los contactos que justificarían las afinidades reconocidas entre ambas. Pero ahora nos han dado una clave suprema: que nosotros, los listos, llevamos en nuestro cariotipo un dos por ciento de genes neardentales heredados de aquellos ignotos amoríos, genes responsables, por ejemplo, a través de algunos de segmentos cromosómicos, de ciertas limitaciones de nuestra inmunología, como las que propician el tabaquismo o la depresión. Pidan explicaciones al maestro armero, no a mí.
Gran misterio el de las especies o, si prefiere, el de las razas, pero gran lección de humildad ésta que nos han arrimado los especialistas de sabernos hermanos de sangre, más bien primos lejanos, de aquellos que hasta ahora han venido mirando por encima del hombro, no sólo esos “arios” bajitos y de pelo negro, como Hitler, sino la generalidad de los occidentales instruidos en nuestro pasado. El Génesis se ha revelado como una síntesis simplificada o una delgada metáfora del misterio de la vida superior en la que, como ven, hay que incluir como criaturas divinas a los pobres musterienses. Somos parientes de aquellos caníbales rituales que adoraban al oso de las cavernas, que le vamos a hacer. Los planes de Dios, ya saben, son inescrutables.

Los interventores

Un Interventor del Estado de los de toda la vida solía ser un señor muy serio que adornaba esa virtud embutido en un cumplido abrigo y tocado de un sombrero que su secretaria cepillaba con celo llegado el caso. ¡Valientes eran los Interventores! Doy fe –pueden darla muchos funcionarios de carrera de los antiguos—de que hasta el ministro correspondiente procuraba, a través de sus tentáculos, llevarse bien con él, no chocar nunca contra la roca de sus objeciones, pactar cuando no había otro remedio una solución para el caso. Hoy, en la Administración autonómica, al menos en la Andaluza, puede decirse que ese fenotipo se ha extinguido tras perder la batalla –si es que no la guerra—con los políticos de turno. ¿Un interventor que se resiste? Pues se le da un tantarantán administrativo y a otra cosa. A alguno bien dotado hemos visto acabar prejubilado y en el diván del psiquiatra, vencido por la absoluta falta de respeto a la Ley que hoy impera allí donde ni siquiera se cumplen las sentencias de los tribunales. ¿Que exagero? Oigan a los Interventores deponentes en esa Comisión quejarse de un trato vejatorio que va desde el desdén por sus informes, sean o no “de actuación”, hasta un tira y afloja que lleva costado a la Junta tres en un año. En el ninguneo de esos funcionarios encargados de “certificar la legalidad del gasto” reside la clave de las vergonzosas corrupciones a causa de las cuales tenemos ya hasta dos ex-Presidentes de la Junta imputados y con un pie en el banquillo.

Una Administración sin el control de una Intervención eficaz es una huerta sin vallar. Y la Junta no tiene vallas, en efecto, por lo que sobre los robaperas venimos sabiendo desde hace unos años. ¿Nos estaremos haciendo viejos?, me pregunto inquieto, recordando nuestras vehemencias juveniles de funcionarios por oposición de las de antes. Pues yo creo que no, que más bien es que no salimos de nuestro asombro al ver que el desprecio hacia los Interventores se ha convertido en una norma de obligado cumplimiento político. Explíquenme si no por qué la Junta lleva tres en un año y cuál es la causa de que para sustituir al último haya habido que hacer una novena o, si lo prefieren, denme una sola razón que justifique que la Junta no mueva un dedo siquiera ante los famosos “informes de actuación”. La clave de la corrupción, no hay duda. Mientras no se rehabilite a esos funcionarios, la garduña seguirá haciendo de las suyas y el peatón pagando cada día mayores impuestos.