Ellos y los otros

La consejera de Presidencia no ha estado fina al calificar de “infame” la, desde luego, absurda negativa de dos autonomías rivales a aplicar la ley del Aborto. Eso es, ya digo, absurdo, inconcebible en democracia, pero lo mismo si lo hace el PP por razones de conciencia que cuando lo hizo el PSOE –que fueron muchas veces—por causas estratégicas. Chaves se plantó en su día asegurando que, de entrar en vigor la ley de Educación del PP, en Andalucía no llegaría a aplicarse, del mismo modo que recurrió al TC todos y cada uno de los Presupuestos estatales buscando por la puerta de atrás el recurso previo de inconstitucionalidad. Infieles y rebeldes, pues, cada uno a su turno. ¿Diría la consejera que ésta es una democracia infame?

Relevo en el Puerto

Quitan a Marín Rite para que entre Cejudo y le llaman a eso “relevo generacional” los mismos que llevan, a su vez, treinta años viviendo de la política. Algo que, seguramente, no hubiera ocurrido con Chávez pero que ocurre con Griñán a causa de su debilidad en el partido y su fatal dependencia de los caciquillos provinciales en que se apoya. Ponen el Puerto en manos de un boticario comarcal que presidió entre tensiones la Dipu y que deja en práctica bancarrota el Ayuntamiento de Valverde. Aquí no hay otro mérito que la pertenencia al clan y Cejudo ha sabido cambiar de clan cuantas veces ha sido preciso. Así es la política. Pero una institución tan importante como el Puerto merecía mejor trato.

Física recreativa

Soy consciente de la impropiedad del título en relación con mi tema de hoy, pero no me resisto a utilizarlo por lo divertida que resulta la noticia de que el balón con nos estamos jugando en Sudáfrica el ser o no ser en nuestra milenaria Historia va a ser objeto de atento estudio por parte de la FIFA una vez que el campeonato termine y sepamos, al fin, qué sienes se llevan los laureles del triunfo. La verdad es que ese balón es algo más que un balón pues tiene hasta nombre –se llama, como saben seguramente, “Jabulani”—y ha logrado desbordar el ámbito de la cancha para colarse de rondón en los laboratorios físicos en los que está siendo objeto de hipótesis científicas en busca de una teoría que explique ese extraño comportamiento que trae de cabeza a los jugadores, entrenadores y críticos, concordes todos, con razón, en que lo lógico hubiera sido estudiar la pieza antes de la competición y no después para averiguar el por qué de esos extraños que hace dibujando parábolas donde debería trazar rectas y, a lo que parece, también circulando a la inversa o por los derroteros menos previsibles. Un físico español ha salido a los medios para brindar una teoría que explica esos caprichos en función de una “teoría de interacciones dinámicas” aplicable a todo cuerpo sometido a aceleración por rotación, ya sea un boomerang, una pelota de tenis o una constelación astral embarcada en ese fascinante ballet celeste que nunca se detiene y del que nada escapa. Un cuerpo que circula en el espacio no obedece en su órbita al imperativo aerodinámico sino que, como en este caso, puede acabar ateniéndose al rumbo que le marque su estructura interna, que es lo se la ha ocurrido cambiar al fabricante. Ya ven que un Mundial puede servir para mucho, aparte de “hacer historia”, como se dice y repite estos días desde la inopia nacional.

Comprueben, por lo demás, lo equívocas que son las apariencias y hasta qué punto es menester tener en cuenta el interior de las cosas y no sólo su factura externa si no queremos que el remate se nos vaya por los cerros de Úbeda lo mismo si se trata de chutar con una pelota que si hemos de habérnoslas con cuestiones más complejas. Un balón idéntico por fuera pero distinto por dentro puede curvar las rectas o enderezar las curvas del mismo modo que un cerebro limitado en un cuerpo bello puede convertir en desdicha el placer entrevisto. Estoy deseando que acabe el lío no sólo para saber si éramos el no va más sin percatarnos de ello, sino para comprobar, una vez más, lo que el fútbol tiene que ver con la ciencia exacta.

El juego del PP

Estupenda la foto de Arenas con los síndicos, en la sede del PP además y a petición de éstos, y más estupendo el hecho de que sea el jefe conservador el que informa a los sindicatos de izquierda y el que con ellos se compromete a evitar que la mayoría de izquierda (¿) reduzca el gasto social. ¿Ustedes entienden algo? Porque yo no, sobre todo si recuerdo que el jefe supremo de UGT decía hace poco que cualquier cosa menos “hacerle el juego al PP”. ¡La derechona garantizando la protección social a los más débiles! Esta crisis, además de un túnel, va a resultar un caleidoscopio.

El plumero de UGT

Han quedado para eso, para palmeros de los que mandan, que son, claro es, los que parten y reparten el presupuesto. UGT defendiendo a capa y espada a la Diputación a pesar del fracaso patente de su proyecto de promoción de Huelva, no es más que lo dicho: un “doméstico” que corre al lado de la figura para empujarla en las cuestas y prestarle su bici si pincha en mal momento. Ni sombra de lo que fue en otros tiempos, por supuesto, cuando todavía no eran nadie y no había pasta que repartir en los despachos. Van de jarrillo lata del poder, ya digo, por la sencilla razón de que se han hecho profesionales y políticos. No es raro que los trabajadores no quieran saber nada de estos montajes.

La clase podrida

A esa gente que cree que la saga de las corrupciones es un fenómeno inevitable y, como tal, políticamente inocuo, le vendrá bien leer la encuesta que ayer publicaba Libération sobre el debatido tema. De ella se desprende con claridad meridiana que dos de cada tres franceses, nada menos, es decir, un 64 por ciento de los consultados, está plenamente convencido de que la política está en manos de dirigentes corruptos y de que, en consecuencia, Sarkozy tendrá que hacer algo más que echar por la ventana a dos ministros –uno de los cuales había ampliado su mansión ilegalmente mientras que el otro es reo de haberse comprado, a costa del contribuyente, vegueros habanos por valor de 12.000 euros—si pretende mantener siquiera la esperanza de su prometida “República irreprochable”. Lo malo, con todo eso y más, no es que sólo tres de cada diez franceses siga creyendo en la honradez de sus políticos, sino el hecho de que, desagregando los resultados, se compruebe que esa vergonzosa cota de rechazo es sostenida por un 74 por ciento de obreros, un 73 de empleados e, incluso, un 54 por ciento de los cuadros sondeados. En España ya se guarda la sociología oficial de investigar estas actitudes que en Francia sabemos que han ido creciendo desde el 38 por ciento de desconfiados de los últimos 70, a la cotas máximas de la década de los 90, cuando la clase política, entonces bajo la batuta der Mitterrand, se vio forzada, en un alarde de cinismo supino, a autoamnistiarse por dos veces para evitar lo peor. La democracia se ha quedado desnuda ante una opinión que, a diferencia de los cortesanos del cuento, pueden reconocer la evidencia y proclamarla sin miedo: nos gobierna sin remedio una clase mayoritariamente podrida frente a la que la visión aristotélica del régimen de libertades poco puede hacer aparte de resignarse.

 

La cuestión es si podrá mantenerse erguido un régimen del que desconfía masivamente el personal seguramente como consecuencia de la noción patrimonialista de lo público que es propia de la gestión partitocrática, pero también de una cierta connivencia popular que no ve en el agio o en el peculado más que una obligada servidumbre. Llegados a este punto, siempre recuerdo aquello de que “en el caso de Juan Guerra, cualquiera hubiera hecho lo mismo que Juan Guerra”, que escribió alguien aferrado con firmeza al pragmatismo más inmoral. Pero es evidente que ningún régimen político podrá sobrevivir impune a esa premisa corrupta que reduce el “gobierno de todos” a una simple parodia en la que ni siquiera creen dos de cada tres ciudadanos. Diderot decía que los rusos se pudren antes de madurar. No sé por qué cargar a los rusos en exclusiva con ese estigma que a todos nos alcanza.