La soledad del PSOE

El negocio de Astilleros, mal negocio, ha dado de sí tanto que el PSOE local –el mismo que arengaba en la factoría a sus trabajadores—se ha quedado solo como la una. Todos los partidos políticos, absolutamente todos, los sindicatos, las asociaciones de vecinos y otros colectivos sociales, estuvieron presentes en la manifestación de antier, confirmando el divorcio definitivo de todos ellos con la Junta y su partido que han trasteado por alto y por bajo a la plantilla amenazada, a sabiendas de que la industria onubense estaba destinada hundirse. No se puede engañar nunca, pero desde el poder, menos todavía. La imagen de Mario Jiménez dándole el mitin a estos que ahora no recibe refleja a la perfección lo que aquí ha ocurrido. No está bien, pero no extraña que le tiren huevos.

El festín caníbal

El lunes pasado comenzó en el tribunal de Rouen el juicio de Nicolás Cocaign, el famoso preso caníbal que hace tres años mató a un compañero de celda y, creyendo que se comía el corazón de la víctima, devoró uno de sus pulmones previamente encebollado con la intención confesa de apoderarse de su alma. Este viernes habrá sentencia, pero dudo de que tengamos una explicación siquiera medianamente lógica de un hecho que escapa a ojos vista de la perspectiva jurídica, porque hace como medio siglo que los antropólogos elaboraron un informe alertando del resurgir del canibalismo en amplias zonas del planeta (sobre todo en Oceanía, África y América) llegando a sostener que al menos un porcentaje discreto de hambrientos subsistía gracias a la ingesta caníbal, un dato no sólo estremecedor sino realmente insultante proyectado en el contexto de un mundo que oscila entre la miseria y la opulencia. Pero el caníbal de Rouen –un hombre de aspecto cuidado que no alcanza a encubrir del todo su íntima tortura—no pertenece a esta subcultura del hambre sino al fenómeno desconcertante que es esa antropofagia criminal que con extraña frecuencia se produce en las sociedades de la abundancia. Me resisto a reproducir la lista, por otra parte bien accesible, de caníbales convictos que a lo largo del siglo XX y, como se ve, también en estos albores del XXI, vienen a confirmar la antigua sospecha de que la especie humana tal vez evolucionó hasta el tabú actual desde un modelo de alimentación primitiva, fuertemente marcado por la pulsión mítica y extendido por casi todo el planeta, en el que la vieja etnografía reconoce el perfil del caníbal. Desde los cráneos agujereados que Teilhard halló en Chu Ku Tien a los huesos roídos de Atapuerca, un siniestro alfabeto fratricida garrapatea la crónica humana. El optimismo antropológico ése es una quimera hasta el punto de que hasta al lobisome de Plauto se lo zampó Hobbes.

 

Se ha recordado a veces que por algo muerden los amantes en su frenesí y por algo, al menos de palabra, las propias madres se comen a besos a sus hijos. El instinto caníbal, lejos de la inopia bárbara, tiene más que ver con la fantasía cuerda y civilizada que intuye en la ingesta una suerte de comunión primordial de la que las sacramentales son un pálido eco mítico y racionalista a un tiempo. Lejos de desaparecer, la ilusión de apropiarse de la virtud ajena por vía oral no ha desaparecido, y el cerebro, el pene, el corazón o los testículos siguen formando parte del menú imaginario. Hay mucho mono loco que es caníbal sin prejuicios. El hombre es el único entre ellos que atribuye sentido a la antropofagia.

Mala educación

No ha bastado el compromiso explícito del presidente Griñán con la Educación como objetivo primordial, para que Andalucía siga siendo una de las regiones españolas con menor inversión por habitante en esa materia. No es raro, por ello, que uno tras otros nos vayan cayendo encima los récords menos deseables. El último, descubierto en un informe del propio Ministerio del ramo, sitúa a Andalucía a la cola de las comunidades españolas en cuanto a número de alumnos por profesor, tanto en centros públicos como en centros privados, más de un punto y medio por encima de la media nacional. Los buenos propósitos poco valen sin hechos que los comprueben. De buenas intenciones se dice que está el infierno empedrado.

La burbuja valverdeña

Denuncia la Oposición del Ayuntamiento de Valverde que los trabajadores del consistorio ni siquiera han cobrado todavía la nómina correspondiente al mes de mayo, aparte de otros flecos que cuelgan desde hace meses. Y reconoce que la situación es mala para todos pero en especial para los malos administradores que, encima, se homenajean a sí mismo con mariscadas cuando se tercia. Lo que no dice esa Oposición es que en Valverde se podría “recortar” mucho sólo prescindiendo de enchufados familiares y de partido, y del desproporcionado aparato de propaganda del alcalde (una tv, una radio, un periódico para un pueblo de 12.000 habitantes), aparte de reducir los salarios impropios que cobran los que mandan.

El estado asesino

A media noche del viernes fusilaron, al fin, en la prisión de Utah a Ronnie L.Gardner. Le dieron a elegir el tipo de castigo y él eligió el pelotón despreciando su alternativa, que era la inyección letal. También rechazó el privilegio de la última cena por absurdo y para abreviar el trance. De manera que fue conducido vacilante hasta una estancia y atado con correas a una sólida silla situada ante un paredón de madera en un siniestro estrado. En el pecho le colocaron una escarapela roja fijada con velcro para que los cinco escopeteros afinaran la puntería, un  total de diez disparos a quemarropa. Es más rápido, más económico, según dicen, el viejo procedimiento castrense que viene del predador ancestral, aunque no cabe duda de que esa suerte de guiñol permite entrever más a las claras brutalidad del suplicio: diez balazos a bocajarro sobre un cuerpo inmóvil. Dicen que la última víctima, un tal Taylor, eligió también el pelotón “para avergonzar a la autoridad” y que hay en la actualidad, en todo caso, otros cuatro presos dispuestos a repartirse otras cuarenta balas. En cuanto a Gardner –reo de asesinato en su juventud—no ha llegado al paredón antes de cumplir veinticinco años en el corredor de la muerte, una condena de órdago si, por ejemplo, la comparamos con las que cumplen nuestros asesinos. ¿Para qué matarlo a estas alturas, entonces? Pues según la autoridad concernida porque Gardner no debía pagar sólo a los deudos de su víctima sino a la sociedad. La Sociedad, ese monstruo insaciable, ¡qué gran excusa! Desde 1976, año en que se restableció la barbarie en los EEUU, a la Sociedad han pagado ya otros 1.217 pringaos, incluidos inocentes luego probados y varios retrasados mentales. A algunos incluso se les ha dado, como ven, la opción de elegir.

 

Ninguna de las polémicas que giran alrededor de la pena capital es comparable al farisaico debate de la “humanidad” del método. No sólo porque todos los imaginados hasta ahora resultaron ser atroces, sino porque lo que esconden todas ellas es la ilegitimidad radical de la pena misma. ¿Quién puede arrebatar la vida a alguien en nombre de la defensa de la sociedad pudiendo garantizar ésta manteniendo aquella a buen recaudo? ¿Y qué quiere decir, en el marco de una sociedad civilizada, que un suplicio es más “humano” que otro cuando lo que el suplicio conlleva, por encima de todo, es el argumento definitivo de la pérdida de la vida? No hay métodos piadosos en el cadalso, sino impiedad y degradación de la justicia en venganza. La imagen de un hombre desvencijado con un boquete abierto en el pecho por diez balazos lo dice todo sobre el humanismo de los verdugos.

Qué más da

Gran noticia: la Cámara de Cuentas no se renovará hasta después del verano. ¿Se imaginan cómo podrá sobrevivir la autonomía a ese retraso de tres meses? No se recuerda una sola denuncia de ese organismo leonino que haya tenido la menor repercusión práctica en la buena marcha de una gestión económica tantas veces, eso sí, calificada de desastrosa. Entonces, ¿para qué necesita Andalucía esa Cámara que tan práctica ha resultado a la hora de inventarse sus propios privilegios pero que no ha servido absolutamente para nada a la hora de librar a las contabilidades públicas de sus vicios y mamelas? Los partidos saben muy bien lo que se hacen. Pocos ejemplos mejores que éste de la Cámara de Cuentas.