Huelva va fatal

No mal, Huelva va fatal, como acaba de poner de relieve el Foro Soluciones para la Crisis: ha perdido 8.000 empleos en lo que va de año, soporta ya una tasa de paro que araña el 27 por ciento de la población en edad de trabajar, récord que lleva camino de duplicar la tasa española y triplicar la europea, con un deplorable total de 64.300 parados. Y mientras tanto, nada: los optimistas vendiendo humo y gastando fortunas como si aquí no ocurriera nada extraordinario. Hace falta con urgencia otro modelo, otros gestores (políticos y civiles) y un mínimo de rigor a la hora de enfrentarse a esta desgracia que, probablemente, nunca fue tan enorme.

Saber la verdad

A Antonio Rubio, el subdirector de El Mundo, que lleva años desenredando madejas secretas sin tentarse la ropa, lo han traído por la calle de la amargura, proceso va proceso viene, durante toda esta etapa de hierro, en la que ha sufrido el injusto acoso de un Gobierno que ha perdido sus tres intentonas de neutralizar al periódico en el tema del 11-M, así como a propósito del lío de los fondos reservados o de los papeles secretos del Cesid, e incluyendo la absolución dictada trasantier por la Audiencia madrileña, tras tres años de imputación, en el turbio asunto del confidente ‘Cartagena’, un infiltrado policial en la célula del famoso ‘Tunecino’ que facilitó en vano datos alarmantes sobre los planes terroristas hasta poco antes de la tragedia de Atocha. ¿Qué sería de la crónica real de la vida española de estos convulsos años sin la entereza y tenacidad de estos hombres y, por qué no decirlo, sin la aportación, absolutamente decisiva, de un periódico que apostó en solitario por buscar la escondida verdad estuviera ésta donde estuviera? El historiador futuro nada sabría sin ellos de los manejos de Filesa, del GAL, de la conspiración canalla del caso Lasa y Zabala, de esos fondos reservados que se repartían en plan compadre los mandamases de Interior mientras sus policías andaban a dos velas o de los papeles del Cesid que el Poder, sin distinción de colores, luchó denodadamente por mantener bajo llave. Sobre el propio 11-M, por supuesto, descontados los hallazgos de sabuesos como Rubio, sólo tendría ese historiador la contrahecha versión de un juicio incapaz de convencer a nadie y las innumerables contradicciones sacadas pacientemente a la luz para acabar atrailladas por los tentáculos paralizadores del Gobierno. Es ilusorio esperar la luz en las sentinas del Poder, ya lo sé, pero es una obligación moral y cívica del periodismo independiente, intentarlo contra viento y marea.

Yo pediría un respeto para estos hombres denodados que deben moverse, con tanta incomodidad como riesgo, en un mundo de chivatos logreros, policías corrompidos y cómplices de cuello blanco a los que, sorprendentemente, fiscalías y clanes policiales han venido prestando un apoyo decidido desde el convencimiento de que arriba han de agradecérselo. Profesionales que deben competir a pelo con la galería política o los servicios secretos, vérselas con magnates y con los líderes políticos, desde su modestia menudencia y su práctica indefensión. Ellos son los cronistas sacrificados de esta Historia que se pretende escribir en blanco para encubrir a esa delincuencia poderosa y de la que apenas sabríamos ni lo esencial sin su abnegada aportación.

Guerras de cajas

Lo que está ocurriendo en la nueva guerra de las Cajas, en torno a pretendida fusión para crear una gran entidad andaluza, no hubiera ocurrido con Chaves. Ocurre justamente porque Griñán carece de fuerza en el partido por más unanimidades que le otorguen sus congresos y, en consecuencia, los jefes de esas taifas poderosas ya no están a su merced como lo estuvieron en aquellos tiempos en que los defenestraban por fax. Lo que no sé es si eso es bueno o es malo, porque todo lo que no sea desvincular a esas entidades de los partidos políticos será perder el tiempo.

Poder absoluto

Se niega la presidenta de la Diputación a que los partidos que constituyen la oposición tenga acceso al proyecto de aeropuerto –esa quimera del oro—que llevan seis años mareando no sabemos a qué precio. Dice que se lo reserva para ella sola, como si mayoría equivaliera a partido único, y como si ella tuviera alguna capacitación –no se le conocen más prendas que las de auxiliar administrativo de su partido—para hacerse cargo de una empresa tan compleja que, por otra parte, pertenece al reino de la imaginación. ¡Todo el poder para el soviet! Es lástima que estos soviéticos de pacotilla tengan, encima, tan escasa estatura.

Retrato de copista

Hay mucho escrito sobre el trabajo de los copistas del arte. Ha habido enormes artistas descubrir a los cuales ha costado la misma vida los expertos, con el resultado de que la obra valorada en millones el día antes perdiera su valor como fulminada al siguiente. ¿Cuál es el valor de la obra, el valor objetivo, quiero decir, si resulta que es la autoría, esto es, la firma, lo que le confiere su rango y constituye como tal, sin que la excelencia en sí misma importe un carajo al mercado y, lo que es peor, al amateur? En el tribunal correccional de Créteil se ha visto estos días el caso de uno de esos falsarios geniales, Guy Ribes, un tipo independiente y diestro que ha sido capaz, según el tribunal y él mismo, de reproducir (he estado por decir “producir” sin más) entre 1996 y 2005, ciento cincuenta telas famosas de Picasso, Renoir, Matisse, Dalí, Modigliani, Chagall o Braque que circularon sin problemas por el mercado enriqueciendo a todos los intermediarios menos a él. Ribes confiesa que a él lo que su deseo hubiera sido pintar como Picasso pero que, aparte de que eso le resultaba imposible, descubrió enseguida que la misma gente que rechazaba sus creaciones originales se pirraba por sus copias –“Resultaba más fácil hacer imitaciones, que pintar para una panda que no comprendía mi propia pintura”, ha dicho a los jueces—lo que lo que lo convirtió en ese falsario genial al que ahora la estricta Justicia le pide una pena de diez años de prisión, a pesar de que conste que, en no pocas ocasiones, el falsario pintó sus delictivas copias por encargo explícito del cliente. No vamos a descubrir ahora la componente fetichista que encierra tanto el coleccionismo como la propia devoción artística, tan íntimamente ligada al sentido patrimonialista que señorea nuestra noción de Cultura. Sólo les invito a cuestionar desde la Estética, a la vista de este genio vencido, la crucial exigencia de autenticidad que ha convertido la obra de arte en pura mercancía.

¿Pintaba o copiaba sus bisontes y arqueros el artista parietal, qué más da que en tantos cuadros de taller el ojo de halcón del experto descubra el trazo y la pincelada del maestro junto a la del novato, acaso no sabemos que Velázquez fue el aprendiz de Pacheco y que, probablemente, no haya creador del todo original? Ah, pero es que no habría mercado que valga si a la obra de arte no se le exigiera pedigree lo mismo que se le piden a cualquier mercancía exclusiva. Ribes no ha pecado contra las Musas ni delinquido contra el arte, pero ha perpetrado ambos excesos contra el Mercado, ahí es nada. No está lejano el día en que los cuadros se firmen con el código de barras.

Ellos y los otros

La consejera de Presidencia no ha estado fina al calificar de “infame” la, desde luego, absurda negativa de dos autonomías rivales a aplicar la ley del Aborto. Eso es, ya digo, absurdo, inconcebible en democracia, pero lo mismo si lo hace el PP por razones de conciencia que cuando lo hizo el PSOE –que fueron muchas veces—por causas estratégicas. Chaves se plantó en su día asegurando que, de entrar en vigor la ley de Educación del PP, en Andalucía no llegaría a aplicarse, del mismo modo que recurrió al TC todos y cada uno de los Presupuestos estatales buscando por la puerta de atrás el recurso previo de inconstitucionalidad. Infieles y rebeldes, pues, cada uno a su turno. ¿Diría la consejera que ésta es una democracia infame?