Huelva, castigada

Ya no es posible mantener oculto que el Gobierno y sus Administraciones regatean a Huelva capital cualquier beneficio, incluyendo los solemnemente comprometidos. Ahí están –por poner un caso– los atascos de verano, cada año más peligrosos y disuasorios, que dañan a los ciudadanos y perjudican al turismo, sin que el Gobierno –como acaba de demostrarse en la visita del director general de Tráfico—tenga la menor intención de intentar siquiera solucionarlos. ¿Los puentes sobre el Odiel? Nunca más se supo ni se sabrá mientras Pedro Rodríguez conserve la alcaldía. El PSOE fracasado en Huelva castiga a su adversario imbatido lastimando a los ciudadanos.

Bolos papales

Una extraña ocurrencia temo que acabe haciendo célebre el próximo viaje del Papa a Gran Bretaña: la de cobrar la entrada a sus “actuaciones”. Por supuesto, la polémica está servida, por más que cueste comprender la razón que pueda tener el papado para consentir que un viaje apostólico se plantee como una simple gira y que la presencia del pontífice se equipare a las actuaciones de famosos en cualquier otro espectáculo. Asistir a la misa que ha de celebrarse en Birmingham –en la que tendrá lugar la beatificación del cardenal Newman– costará a los fieles asistentes nada menos que 30 euros del ala, seis más que los que habrá de pagar un feligrés de Glasgow, con la ventaja para este último de que podrá escuchar durante el acto a la cantante Susan Boyle y de que, junto con la entrada, se le entregará un “cedé” conmemorativo de esta pingüe visita. El culmen estará, en todo caso, en la gran concentración prevista en Hyde Park en la que 130.000 personas deberán apoquinar 12 euros por barba, un chollo si se considera que, encima, la velada estará amenizada por el famoso trío The Priest que actuarán en concierto. Total, un cuestionado presupuesto que supera los 27 millones de euros que tratará de recuperarse con los taquillajes de estos bolos papales que son, desde luego, lo nunca visto. Eso sí, aquellos católicos que no puedan permitirse el lujo de asistir a los espectáculos del Pontífice, siempre tendrán la posibilidad de adquirir en Internet una cuidada gama de recuerdos tales como velas benditas a 3’6 euros, camiseta con la efigie papal al precio de 22, rosarios a 18 y hasta tazas cafeteras por sólo 12. No me cabe duda de que el ceporro a quien se le haya ocurrido la idea de esta tournée le ha hecho un flaco favor a la futura crónica de Benedicto XVI.

 

No hace falta ser Newman –aquel espíritu excepcional que decía anteponer su conciencia a la disciplina—para entender que semejante comercialización del apostolado no tiene por donde cogerse, incluso sin recurrir a las comparaciones evangélicas o rememorar los viajes de Pablo, aparte de que es más que probable que el acontecimiento no favorezca en nada a la exigua minoría católica de aquel país. Vender entradas para asistir a una misa no sé si será delito de simonía o no, pero desde luego no puede explicarse de ninguna manera y menos, por descontado, igualar al papa con las figuras de un artisteo que, encima, siempre lo aventajará en sus astronómicas cotizaciones. Llevan razón quienes dicen que los jerarcas eclesiásticos tienen ideas que no se le ocurrirían ni a sus peores enemigos. Abrir una taquilla para ver al papa es una de ellas.

Nada por aquí…

…Nada por allá. ¿Pueden ustedes creer que un tribunal almeriense haya tenido que ordenar al Ayuntamiento de Cuevas de Almanzora que indague hasta averiguar qué fue de una finca de 25 hectáreas adquirida en plena República y destinada a un aeropuerto jamás construido, y de la que nadie sabe dar razón? Pues créanlo porque es verdad, lo que quiere decir que eso de que “en España se puede robar un monte aunque no se pueda robar un  pan” no es una ocurrencia de Valle-Inclán sino un supuesto realísimo que en este momento trata de aclarar la Justicia. ¿Cómo se puede perder una finca, quién tiene poder y peso para semejante mangazo, qué clase de control llevan nuestras administraciones locales sobre sus bienes? A Cuevas no le hace falta un  alcalde sino un prestidigitador.

Tras la tragedia

Tanto la empresa Cepsa como la Junta han abierto expedientes para investigar las causas del incendio del miércoles pasado en la refinería. Es lo menos que cabía esperar porque, a pesar de los elogios al Plan de Emergencia Interior que, sin duda, contribuyó a limitar el alcance del desastre, no cabe duda de que esta experiencia debe reabrir el debate de la seguridad general sin concesiones a los intereses empresariales ni márgenes a la rutina administrativa y al conformismo político. El Polo en su conjunto, imprescindible para nuestra economía, tiene unos riesgos patentes que este suceso ha puesto en evidencia.

La Fiesta Nacional

No saben de qué hablan algunos que asocian la expresión “Fiesta Nacional” a la dictadura franquista. No tienen ni idea, porque así se nombra a los toros desde mucho antes, con independencia de que no hay más qua asomar la gaita a nuestros pueblos durante el ferragosto para comprender, al calor explosivo del ambiente y los sones del pasodoble callejero, que se trata, en efecto, de un divertimento tan añejo como vivo en el magín colectivo. Los toros son aquí como el béisbol en los EEUU, pongamos por caso, y a ver quién imagina que en aquella gran democracia las gentes y el Poder se quedaran cruzados de brazo ante una eventual prohibición de su ejercicio. ¿No hubiera dicho algo Obama en tal caso o, incluso, si por hache o por be se hubiera prohibido en algún Estado de la Unión la popular liga de basket? Tan convencido estoy de ello que no tengo otro remedio que darle la razón al maestro Paco Camino por su enérgica y leal protesta frente al lamentable silencio del Rey y de la Casa Real ante el atropello secesionista catalán y sus complicidades madrileñas: “La familia real debía haberse mojado algo, no se moja ni el labio”, ha dicho con un par quien siempre los tuvo bien puestos, y no le falta razón si se considera, a mayor abundamiento, que para eso, entre otras cosas, “los estamos manteniendo los españoles”. ¿No es el Rey ese aficionado de barrera al que tantos toros hemos visto brindarle a las figuras en las tardes de triunfo? Verán, yo creo que los toros viven una crisis cierta a causa de la “desafición” (desafección) de las nuevas generaciones, esto es, como consecuencia de que a las corridas no van ya más que gente madura, que es lo que siempre ocurrió pero nunca como ahora. Y me atrevo con una hipótesis nada grata: que a la Fiesta Nacional, a este paso claudicante, le queda el mismo tiempo breve de vida que a la propia Monarquía, ni más ni menos. Nuestros nietos serán republicanos y animalistas, ya lo verán.

 

No veo desacato alguno en las palabras de Paco Camino, sino la expresión corajuda del sentido del deber y, por qué no decirlo también, del sentido común. ¿Qué ha dicho el Rey, qué ha dicho el Presidente del Gobierno, que han dicho nuestros bienpagados próceres ante este atraco, no ahora, sino cuando se inició la fiesta abolicionista en el Parlamento catalán? Pues nada. Por eso hay que agradecerle a ese viejo maestro su entereza, su claridad y su digna coherencia. En España tenemos estas instituciones prohibitivas para lucirlas a las maduras pero nunca para verlas reaccionar a las duras. Empezando por el Rey, ciertamente. El mismo Rey que mata osos briagos sin que nadie le diga esta boca es mía.

Quitarse de en medio

La Junta se ha ido de bureo en medio de la polémica sobre el parón económico que supone eso que, en un inútil alarde de necedad léxica, sus responsables llaman la “reprogramación”. Todo el mundo comprende –desde PP e IU hasta CCOO pasando por las asociaciones civiles de expertos– que cortar en seco la inversión pública supone darle la puntilla a una situación límite que, no obstante, puede complicarse gravemente tras este frenazo y el mes de inactividad. ¿Por qué irse de veraneo en estas circunstancias extremas? Pues porque aunque la millonada de parados aumente, ellos no corren peligro. El problema actual para los andaluces es vivir; para ellos, sobrevivir.