Cortinas de humo

Ni me creo ni me dejo de creer los globos-sonda que el PSOE anda lanzando sobre la futura candidatura a la alcaldía de la capital. Creo que se trata, de momento, de globos-sondas y que pueden tratar de ocultar, bien otras alternativas, bien el desconcierto que desde hace mucho reina en el partido cuando se plantea la cuestión de ponerle el cascabel al gato de Pedro Rodríguez. Ni la presidenta de la Dipu, ni la consejera de cuota, ni algún varón emergente cuentan hoy por hoy con fuerzas para enfrentarse a quien ha ganado cuatro elecciones seguidas sin que se le note mayormente el previsible desgaste. Aparte de que ya me dirán qué ilusión pueden aportar esas presuntas alternativas, unas por viejas y otras por desconocidas. Si González se presenta, además, es que debe de verlo claro. Sus oponentes, en cambio, no se ponen de acuerdo ni a puerta cerrada.

Cencerros tapados

No es fácil la labor del periodista cuando debe revelar al público, como es su irrenunciable obligación, cuanto sabe. Sobre todo si lo que sabe concierne al Poder, porque entonces se verá fatalmente presionado por la exigencia de discreción tras la que aquel suele parapetarse. Una periodista, Florence Hartmann, que vivió en persona la guerra yugoeslava y fue luego portavoz de la fiscal del Tribunal Penal Internacional para Yugoeslavia (TPIY), Carla Del Ponte, acaba de ser condenada por esa corte a pagar una multa de 7.000 euros como pena de un delito de ‘ultraje’ cuya competencia, en discutibles circunstancias procesales, se atribuye el tribunal en cuestión. Lo que Hartmann informó en su libro “Paix et châtiment” (Flammarion), que tengo delante, así como en algún artículo de prensa, fue que el TPIY había negociado con Serbia el silencio de ciertos cargos enormemente comprometedores para Milosevic que, en consecuencia, supondrían graves indemnizaciones a favor de Bosnia, cargo terribles a cambio de olvidar los cuales Belgrado se comprometía a colaborar con esa instancia internacional creada ‘in extremis’ para sancionar las atrocidades perpetradas en aquella contienda infame. Dejando a parte que Hartmann no podría recurrir su condena más que ante el propio Tribunal –lo cual se ha dicho que nos transporta al reino de ‘Ubú’—la pregunta es qué debe hacer un periodista cuando conoce, por la razón que sea, secretos del Poder que constituyen auténticos delitos. Y la respuesta que el mismo Poder da es que ha de callar sin más, haciéndose cómplice de las responsabilidades. No quiero poner ejemplos caseros, pero el lector avisado sabe que los habría a manojitos.

Está reciente la sentencia que confirma la corrección de las investigaciones de este periódico sobre el 11-M, su extravagante circunstancia policial y el cierre judicial en falso del caso. Y también resulta que un periodista de esos trabajos, Antonio Rubio, anda pendiente de la petición fiscal de tres años de cárcel por la revelación de la identidad de uno de los soplones de la policía que, para más inri, conoce por el propio tribunal medio mundo y parte del otro medio. ¿Qué pretenden, que el periodismo calle, que la voz de la calle que la prensa representa se compinche a cencerros tapados con los responsables poderosos para engañar a la opinión? Seguro que, planteado así, una inmensa mayoría apoyaría la libertad del informador condenando a unos poderes que lo mismo pactan con un Estado criminal que sepultan bajo un monte de papel timbrado el mayor atentado de nuestra Historia. Pero sabemos, además, que desde Dreyfus al GAL, sólo el valor de algunos ha sido capaz de destapar la sentina del Poder. El TPIY, por ejemplo, acaba de descalificarse él solito. El que ha empapelado a Rubio tiene margen sobrado para no repetir el desatino.

Bocas cerradas

Ningún partido tolera, si puede, la crítica interna. Todos han sancionado –hagan memoria—a los que han osado ejercerla, incluso dentro de la discreción dialéctica, como un derecho indiscutible. El caso de los blogueros de Cádiz expedientados por el PSOE no constituye, por eso, ninguna excepción sino que responde a la regla misma. ¿De qué unos militantes van a poder criticar al baranda provincial, al virrey regional o al sumo pontífice madrileño? ¿Libertad o muerte? ¡Ca! Nunca el Poder consiente la discrepancia, salvo que vaya de “sobrado”, que casi nunca es el caso. Los rebeldes de Cádiz han de asumir su suerte como la consecuencia más natural del mundo. Por lo que ellos han hecho, a más de uno y a más de mil les han pegado un tiro.

Crece el ‘facturazo’

Es verdad que el alcalde accidental de Valverde y sus edecanes no han inventado la factura falsa. El Ayuntamiento de Sevilla tiene abierto varios frentes y cuenta ya con dos condenados por ese delito. El de Baena, presidido por un senador nada menos, sigue como si tal cosa a pesar de haber pagado presuntamente con facturas falsas sus juergas en puticlubs marbellíes. Lo que tiene de especial el caso de Valverde no es tanto el mangazo de la mariscada como el presunto delito de la factura falsa y, sobre todo, el hecho de que el responsable máximo reciba en premio la vara da alcalde. ¿Un alcalde sobre el que pesa la vehemente acusación de encargar facturas falsas? Temo que a ese tránsfuga le ha fallado esta vez la técnica de los hechos consumados con que hizo carrera salvando al PSOE y destrozando a IU.

La guerra del dinero

Agentes del Fisco italiano se han presentado por sorpresa en el exclusivo Hotel Palace de Merano para confiscarle a Maradona los aros de oro con que adorna sus orejas y que están valorados, al parecer, en cuatro mil euros, más que nada como gesto para justificar que el insigne pelotero se pasee o incluso resida libremente en un país al que le debe más de treinta millones de euros desde sus tiempos de pasmo de Nápoles. Será un gesto y lo que queramos, pero no me dirán que no constituye también una ilustración magnífica de que las posibilidades de hacer que los magnates paguen lo que deben son mayores y, si me apuran, más fáciles de lo que se pudiera pensar, que es, en cierto modo, lo que se está reclamando estos días desde la izquierda europea de cara a la cumbre del G20, a la que se desea –en Francia el acuerdo ha sido unánime en el Parlamento—que se retiren de la circulación los billetes de 500 euros –los “Bin Laden” famosos, ya saben—, se refuercen los controles financieros y, en fin, se obligue de una vez a la banca declarar todas y cada una de las operaciones vinculadas a ‘paraísos’ fiscales. No es que uno se haya vuelto de pronto optimista, nada de eso, sino simplemente que hay signos a la vista que sugieren que el gran susto de la crisis, una vez que pase, pudiera dejarnos en el ‘haber’ de su balance –toda crisis tiene sus dos columnas—ciertas cautelas que podrían limitar, siquiera razonablemente, el abuso que supone que un tío que debe una fortuna al Estado se pasee por el país con ochenta mil duros de los antiguos enganchados en las orejas. No había oído yo en mi vida declamar y reclamar con tanta vehemencia el fin del secreto bancario, por ejemplo, y ya se incluye ese designio como objetivo inaplazable en bastantes reclamaciones políticas hasta el punto de que Suiza anda buscando componendas que le permitan salir del brete sin romper la vieja alcancía que ha hecho grande al pequeño país.

Fantástico un mundo sin aros de oro en las orejas deudoras, un panorama exento del escándalo del secreto a voces de la defraudación y, si me apuran, de las filosofías baratas que apuntalan el chiringuito financiero, estupendo un sistema financiero sin las trampas del secreto bancario ni el cartón de las evasiones fiscales. No es justo adjudicar sólo a los suizos, como hace Henri Emmanuelli, la tesis de que robar a la colectividad no es delito, porque esa tesis es universal. Sólo la escala permite diferencia entre la orgía contable de Madoff y las facturas falsas con que en Valverde del Camino o en Baeza los ediles se pagan mariscadas o juergas en puticlubs. Gran cascabel ése que ha fabricado la unanimidad política. Ya sólo falta ver quién da el paso para ponérselo al gato privilegiado.

Dos guiones

No debe pasar desapercibido que el lema más destacado en las crónicas de la beatificación de ZP en el Comité Federal se debe al presidente andaluz, José Antonio Griñán, que fue quien pidió al partido que no se deje “escribir el guión” de gobierno, en clara referencia a Prisa, ahora que parece haberse abierto la veda contra el holding del gonzalismo. Sin embargo la Junta de Griñán acaba de regalarle un millón de euros a ese grupo en apuros, siguiendo su línea tradicional de colaboración con él. A lo peor es que no resulta tan fácil renunciar al guión escrito desde fuera o eliminar antiguos compromisos. Eso pudiera explicar los dos guiones que aún parece seguirse, al menos en Andalucía.