El soviet, la purga

Cuando Monedero dijo que el propósito de Podemos era instaurar “un leninismo amable” comentó un guasa: “Sí, hombre sí. En adelante se dirá “todo el poder para el soviet, please”. Pablo Iglesias es más directo y habla de la guillotina como de un instrumento nivelador de gran utilidad para el Poder, ya que no distingue entre grandes y chicos sino que descabeza a todos por igual para regocijo de las “tricoteuses”. Por eso no ha extrañado la decapitación del líder madrileño disidente que osó disputarle si parcela de mando al Jefe –“el jefe siempre tiene razón”, decía los fascistas–: “En Podemos no hay ni deberá haber corrientes ni facciones que compitan por el control de los aparatos y los recursos, pues ello nos convertiría en aquello que hemos combatido siempre: en un partido más”. Puro leninismo, en efecto, remota imagen de los procesos de Moscú que aquí comienzan ya a fraguarse en salvaguarda del poder totalitario del Supremo. ¿Es ésta la izquierda inédita que nos prometían? No, ésta no es sino una reedición de todos los sovietismos habidos y por haber. Cuentan las crónicas que a Ilyá Ehrenburg lo metió Stalin en un cuartucho y no lo dejó salir sino para expulsarlo tras confesar sus culpas. Y que el inmenso criminal que fue Yezhov al mando de la NKVD cuando –como a Robespierre y como a tantos otros—le tocó a él el turno de ofrecer la nuca a sus verdugos, les dijo mansamente: “Decidle a Stalin que muero con su nombre en mis labios”. Nunca olvidaré a Artur London recordando emocionado su “confesión” mientras Lise, su mujer –que, en principio, se tragó el anzuelo–, le apretaba la mano.

Vendrán más, no lo duden. Antonio Elorza, que sufrió a esa camada durante años su Departamento de la Facultad, sostiene que lo que mejor la define es “una inmensa ambición de poder”, y con el poder no se juega y menos se comparte. Ya irán saliendo sus Troski, sus Víctor Serge, Sus Kamánev, sus Zinóviev e irán pasando uno a uno por la guillotina del líder, curiosamente apoyado por amplios sectores desconcertados de la ingenua clase media. A Errejón y los suyos les ha tocado el papel de troskistas, de posibilistas, de disidentes al fin, y pagarán por ello. “Todo el poder para el soviet, please”, y ya veremos cómo vamos prescindiendo de los “círculos” tal como Franco se deshizo de los Hedilla y hasta de los José Antonio. En política todo se repite desde Alejandro Magno. Podemos no iba a ser una excepción.

Días aciagos

Dos presidentes de la Junta, que también lo fueron del PSOE, sentados ante el juez imputados por prevaricación.: demasiado, incluso para el PSOE de Andalucía. El abogado de Griñán carga contra el PP en quien ve el artífice de estos “paseíllos” para compensar sus propias calamidades: ya no se acuerda, al parecer, de los meses que llevamos titulando a toda plana con los agios del PP. Los Presidentes, callados, como si la acusación de prevaricación del Tribunal Supremo les pareciera un mal menor. Y la juez Alaya: “La culpa de las prescripciones no es los jueces sino de las tramas”. Más claro, el agua. La que se ha librado de todos los problemas del mundo ha sido la juez Núñez Bolaños al dejar el tremendo “caso ERE” en manos de un juez auxiliar. ¡Que se foguee el chico, que caramba! Por falta de “casos” no ha de ser.

El ejecutor

La imagen del verdugo que tienen las últimas generaciones españolas oscila entre el aguafuerte de la película que le dedicó Patino y la tragicómica que, ideada por Berlanga, clavó en nuestra memoria un tembloroso Pepe Isbert que representaba, quizá sin proponérselo, al temblor colectivo que inspira esa figura entre triste y siniestra. El recordado amigo Alfonso Grosso reconstruyó en su imaginación la figura y circunstancias del verdugo encargado de ejecutar al Tarta y los otros “asesinos de las estanqueras”, un caso que conmovió Sevilla y a España entera a principio de los 60, relatándonos su retrato al natural, como ya había hecho Daniel Sueiro en su libro espeluznante. Y en efecto, el verdugo no era más que un pobre hombre al servicio del Poder, un ser probablemente desalmado a saber por qué causas, que no veía en su terrible tarea más que un acto laboral incrustado en la visión burocrática de la Dictadura. He aquí el recibo, difundido ahora, que el ejecutor del joven Puig Antich dejó para la posteridad, una factura como otra cualquiera para la contabilidad del Estado: “He recibido de la caja de esta Capitanía General la cantidad de ONCE MIL pesetas (11.000,- Pts.) que corresponden ocho mil (8.000) al cumplimiento de la ejecución de Salvador Puig Antich, efectuada el día 2 de marzo de 1974, y TRES MIL (3.000) en concepto de SEIS días de Dietas a razón de QUINIENTAS PESETAS día para el traslado del ejecutor D. Antonio López Guerra, de Badajoz a Barcelona y regreso”. Las cuentas, claras, y a otra cosa.

Hace unos años se presentó en el Congreso contra la Pena de Muerte celebrado en París el verdugo que, durante tres lustros ejerció su trabajo en el Estado de Virginia mandando al otro barrio a más de sesenta desgraciados, y lo hizo para dar cuenta de un remordimiento que en modo alguno manifestaron los verdugos españoles que entrevistó Sueiro, convencidos todos de su condición funcionarial, y no les faltaba razón porque en aquella España existió un Cuerpo de Verdugos, esos ejecutores a los que Roger Callois veía con ironía formando pareja con los poderosos para mantener el orden y la cohesión social. He leído abrumado ese recibo del verdugo que transparenta con indiferencia la gélida impiedad del Sistema tanto como la actitud estólida del asesino legal, un mísero ganapán que todavía pasa sus facturas sin escrúpulos en muchos países. En USA incluso tienen un público invitado que no ve en su crimen más que la sombra del deber cumplido.

La mala hora

El ex-Presidente Chaves fue recibido ayer en la puerta del Juzgado con gritos e insultos que calificaban a sus autores como miembros de esa grotesca minoría que se ha erigido en magistrado universal y se cree, por ello, con derecho, a agraviar a todo investigado por la Justicia con su repertorio soez. Chaves, por su parte, parece que se limitó a repetir ante el juez su declaración ante el Supremo, de la que el instructor del Alto Tribunal dedujo y dejó en el aire serias responsabilidades. La misma suerte aguarda a Griñán y a los consejeros implicados, lo que garantiza el esperpento incluso en el supuesto de que, finalmente, la Justicia llegara a sancionarlos. Una vergüenza añadida que, por justificada que esté la irritación ciudadana, no debería ser consentida.

Hoy miércoles

Antier se presentó en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras un libro con este título, Hoy miércoles, que recoge los artículos publicados durante años (2005-2014) aquí al lado, en esta misma página, por el joven profesor Luis Olivencia. Luis se nos fue inesperadamente un día y algunos pensamos que rendirse ante el carácter efímero del escrito periodístico era un absurdo fácilmente remediable, pudiendo recogerlo piadosamente en un libro por aquello de que “verba volant, scripta manent”, que unos atribuyen a un senador y otros relacionan con Menandro y Plauto. Toda literatura, salvo bizarras excepciones, resulta ser efímera –no hay que forjarse ilusiones vanas– pero también es verdad que rescatar un solo pensamiento valioso merece cualquier esfuerzo. Luis Olivencia era un jurista que hacía honor a la famosa tradición de buenos escritores que tienen sus colegas –como la tienen los médicos—pero lo que, al menos a mí, me hizo admirarlo tanto fue su notabilísima capacidad de observación y el admirable equilibrio de su criterio. Pocas aportaciones como la de Luis para entender la realidad europea y española –y andaluza-, la compresible tensión que anima y aturde a un tiempo a este ensayo de unificación europea, el carácter de sus dirigentes más conspicuos, las rarezas y egoísmos ajenos tanto como la miseria de nuestras propias mezquindades. Por eso recogimos con devoción sus escritos y los ofrecemos a un público que la verdad es que no anda sobrado de buenas orientaciones.

En ellos se verá lo mucho ya conseguido y tanto como queda por hacer, en su prosa tersa y ordenada encontraremos las mil razones que nos quedan por entender en puertas de un mundo insólitamente nuevo, en el que la duda –ese recurso supremo que Luis sabía esconder con tanta destreza—ha de sernos tan imprescindible como la información. Luis era entre nosotros el gran cosmopolita al que su condición le permitía mirar desde arriba, aunque sin rastro de arrogancia, el vasto paisaje de diferencias que entorpecen –y por eso mismo, reclaman—una voluntad convencida a favor de la unidad. Y Andalucía, su gran obsesión, su segunda Baviera, que él contemplaba no sin cierta aflicción, abismada en su autocomplacido complejo, mal dispuesta y peor dirigida, mientras soñaba bajo el levante tarifeño son sus nieves alpinas. Valéry decía que un libro no es sino un extracto del monólogo de su autor. Nosotros hemos querido reconvertirlo en un fervoroso diálogo.

Europa no se fía

Una interventora cumplida ha descubierto, ante la comisión parlamentaria que investiga (¿) el saqueo de los ERE y las prejubilaciones falsas, que la Unión Europea bloquea desde 2014 las subvenciones que tenían que venir a Andalucía procedentes del Fondo Social Europeo. La Junta queda pues como la Chata por haber ocultado esta dañina situación que ha sido provocada, según la interventora, por el hallazgo de subvenciones irregulares detectadas en Bruselas. Antier mismo la ministra de Trabajo criticaba que la Junta devolviera al Ministerio cientos de millones destinados a crear empleo y que aquella había sido incapaz de aprovechar. ¿Lo entenderían los parados si se enteraran de lo que de verdad se cuece en este puchero? A los manguitos de Bruselas no les interesa; ellos se limitan a cerrarnos el grifo que tanto necesitamos.