Lo de astilleros

Se acabó el cuento, según parece, y finalmente los amenazados trabajadores de Astilleros han visto bajo la puerta la patita del lobo. Los cuentos dilatorios empleados por el PSOE y la Junta resultan inaceptables si ambos sabían desde el principio que el conflicto tenía mala solución, algo que convierte en intolerable tomadura de pelo la arenga que les soltó al autodidacta Jiménez cuando aún tenía tiempo de ocuparse de esa “gentecilla del común”. Es un crimen político entretener a los trabajadores con razones falsas. Abandonarlos a su suerte es una decisión que cuestiona la propia función política.

Un rey en Nueva York

Gran revuelo con motivo de la visita del tirano libio, Muamar el Gadaffi a Nueva York para hablar ante las Naciones Unidas. Para empezar le han dicho que nones a su pretensión de plantar su jaima en pleno Central Park y luego le han denegado el permiso en Bedford, donde un millonario con torre en la Quinta Avenida le prestaba de buen grado sus terrenos. Incluso en un hotel de lujo le han dicho que no a sus petrodólares y en Upper East Side, donde la ‘crème de la crème’, una agencia le ha negado el alquiler de una mansión que pretendía alquilar. Quizá por eso ha forzado el tono ante la Asamblea General, elogiando a Obama para equilibrar sus insultos a la organización, a cuyo Consejo de Seguridad vejó llamándole terrorista –¡él, precisamente!—antes de amagar con romper el estatuto fundacional y lanzarlo despectivamente por encima del hombro. De vez en cuando la tribuna de la ONU sirve para escenificar estas payasadas a personajes indeseables o incluso, como en este caso, a quien ha encabezado el terrorismo internacional durante decenios, ordenando atentados atroces que lo convierten en responsable de cientos de muertes de inocentes. Es el precio que hay que pagar por mantener en pie esa ficción, aunque nada justifique la tolerancia con personajes reconocidamente criminales por mucho petróleo que tengan. Bastante mejor que la ONU ha quedado la gran ciudad al cerrarle las puertas a ese “payaso negro” cuya simple admisión en la asamblea de las naciones supone una afrenta al sentido común por no hablar del sentimiento de las víctimas. Quien hace bien poco admitió su responsabilidad terrorista al pagar las indemnizaciones por uno de los peores atentados de la historia, la verdad es que no tiene por qué justificarse más. Son quienes aceptan esa redención miserable los que merecen el mayor desprecio. O sea, casi todos los países miembros, incluyendo a España.

La recuperación de Gadaffi ha consagrado el perverso principio de que todo, incluso la peor ferocidad, tiene un precio político, y lo peor es que lo ha hecho en un momento de suma inquietud ante las amenazas del terror, sin dejar de sentar un precedente pésimo. Toda una tragicomedia, en fin, representada por ese histrión sin escrúpulos al que –debe insistirse en ello—son las grandes democracias las que le han facilitado el escenario. El propio Gobierno británico ha admitido a media voz que, ciertamente, en sus concesiones a este sujeto han pesado mucho los negocios en marcha. Nada impide imaginar, aunque sea en el terreno de la fantasía más audaz, al propio Bin Laden aleccionándonos con gesto despectivo. La ONU es el gran teatro del mundo y como todo teatro depende decisivamente de cartel.

La Cámara de cuentos

A la Cámara de Cuentas deberían cambiarle el nombre como indica el título, no tanto por causas propias sino por la absoluta indefensión en que se mueve. Su último aviso versa sobre el “incumplimiento generalizado” de los municipios menores, que se pasan por el arco la obligación legal de someterle sus números presupuestarios y los de la cuenta general, algo sin demasiada trascendencia comparado con el pitorreo, también generalizado, de las facturas falsas y otras maniobras delictivas en los Ayuntamientos mayores, entre los que destaca el de la propia capital de la región. La sistemática indiferencia mostrada por el Parlamento y la Junta frente a esa indefensión de la Cámara demuestra el nulo interés que tienen nuestros partidos en que de verdad se controle esa huerta sin vallar.

Caso raro

El nuevo delegata de Empleo resulta que es el alcalde que ha dejado en su pueblo, Nerva, el 26 por ciento de parados. ¡Vaya tarjeta de visita! Y encima comparece en rueda de prensa con la mordaza puesta, extravagancia que justifica por el hecho de que no ha tomado posesión todavía. ¿Y entonces para qué convoca rueda de prensa? En serio, este sistema de “recolocación de cargos políticos fracasados en puestos todavía mayores es intrínsecamente perverso y no sólo porque se haga a cargo del dinero de todos sino porque deja ver hasta qué punto la razón de partido prima sobre cualquier otra en ese mundo cerrado en que la partitocracia ha secuestrado al régimen de libertades.

La madre Rusia

Aunque ya pasó la era de los kremlinólogos, aquellos especialistas del secreto soviético en régimen de monopolio, cuanto sucede en Rusia sigue perteneciendo a un ámbito penumbroso en el que cuesta orientarse con garantías. Creemos, sin ir más lejos, que la maniobra de Putin de colocar a Medvédev en su lugar para poder recuperar al mando años después, es así de simple, cuando ocurre –a poco que uno se aproxime a la información rusa de primera mano—que las cosas no parecen serlo tanto. A través de la agencia Novosti tropiezo con un artículo del presidente ruso aparecido en el periódico digital ‘Gazeta.Ru’, que contiene una crítica demoledora del sistema establecido por su antecesor y, en concreto, del modelo productivo impuesto tras la liberalización (con sus dos columnas: el negocio de las materias primas y la corrupción como sostén de la economía), del fracaso de la reforma judicial propuesta por Putin y, en fin, de la insolvencia generalizada de las instituciones democráticas. ¿Por qué Medvédev desafía en ese tono a Putin sin que haya trascendido ningún cambio en la relación de fuerza que propició su ascenso y la retirada voluntaria de este último? Hay observadores que hablan de la oportunidad que una eventual salida de la crisis ofrece a un sistema ciertamente improvisado desde un pragmatismo más que próximo a la autocracia, pero casi todos ellos coinciden en que, en cualquier caso (y el recurso a Internet parece sugerirlo con elocuencia) una reacción de semejante naturaleza lo tiene difícil en un país en el que, previsoramente, el régimen impuesto por Putin se ha encargado de arrasar, incluso a tiro limpio, todo vestigio de sociedad civil. Llama la atención el tono del artículo comentado, desde luego, y casi tanto o más el silencio con que ha sido acogido en el círculo íntimo, tan poderoso aún, del nuevo ‘padrecito’. Sólo el tiempo podrá decirnos si Medvédev ha calculado mal sus fuerzas o si Putin, realmente, tiene los días contados, como en su día los tuvo Yeltsin. ¿Donde las dan las toman? Pues puede.

Habrá que estar atentos hasta ver en qué para tan sorprendente intentona reformista, sobre todo teniendo en cuenta la situación real de la información en Rusia y los métodos mafiosos con que la crítica se viene controlando. Y sin perder de vista la posibilidad de que el “suplente” ruso haya sintonizado con Obama (la retirada del escudo antimisiles habla por sí sola) hasta el punto de fantasear con la posibilidad de ajustarle una vuelta de tuerca al postsovietismo. Me fijo en el título del artículo presidencial: “¡Arriba Rusia!”. ¿Les suena? Bromas aparte, de lo que no hay duda es de que un imprevisto cambio en la otra gran potencia tendría consecuencias trascendentales para Europa en particular y para Occidente en su conjunto.

El crimen en casa

En Inglaterra acaban de descubrir la pólvora denunciando que la Costa del Sol se ha convertido en un refugio seguro para sus delincuentes más peligrosos, cosa que aquí sabemos desde los ominosos tiempos del “caso Wanninkof”. ¿Sólo los ingleses o la flor y la nata de todas las mafias europeas? Lean el libro (se lee en un sorbo) de Antonio Romero y Miguel Díaz, “Costa Nostra”, y verán hasta qué punto es grave la implantación en Andalucía del crimen organizado y hasta dónde es responsable y hasta eventualmente cómplice la propia autoridad. Produce escalofrío leer ese libro que tantas cosas explica. Léanlo y después hablamos.