Pintar la feria

Cada uno cuenta la feria según le conviene. Escuchen al bachiller Jiménez arremeter, a propósito de la comisión de Bruselas que vino a inspeccionar las balsas de fosfoyesos, contra quienes se preocupan por la degradación medioambiental de la capital. Les llama “dañinos” porque, según esa minerva, no les mueve más que el propósito de dañar a Huelva, ya ven que simpleza. Pero se olvida de los hechos, y los hechos son que Huelva capital tiene hoy unas tasas de mortalidad o de cáncer inexplicadamente superiores a la media española y que lo que ahora dicen desde la UE no es sino que habría que poner orden en este caos político y administrativo. Lo último es hacer política con la salud de los ciudadanos y sus riesgos. Pero ya ven que se hace.

La unión y la fuerza

La espléndida victoria de España en el Mundial de fútbol está dando mucho juego a los escoliastas de los más diversos pelajes que han descubierto en la proeza deportiva el secreto del éxito, que no sería otro que el del grupo (el del “equipo”) actuando como un todo, algo así como un supraorganismo durkheimiano en el que resulta que el todo es más y mayor que la suma de las partes precisamente porque en su seno se ha conseguido eliminar la singularidad. La gente reclama un poco de sentido unitario frente a la ferocidad cotidiana y, por supuesto, un entrenador capaz de ajustar pieza con pieza según las circunstancias sin pararse en ninguna otra consideración que no sea el interés común. El profesor Chic, tan incansable estudioso como cibernatuta atento, me envía, creo que a propósito de lo mismo, el famoso reportaje televisivo en el que puede verse cómo un grupo de leones, a orillas de un río infectado de cocodrilos, se hace con un búfalo recental y cómo luego la manada de búfalos, rehecha de su primer soponcio, le planta cara a los predadores y le echa cojones a la cosa hasta conseguir el rescate de la presa, historia natural y sagrada, diría yo, que demuestra las enormes posibilidades de la unión –que, como sabemos, hace la fuerza— en cualquier grupo vivo que tenga que competir para seguir existiendo. “La Naturaleza es sabia –me dice mi amigo– y se mantiene gracias al equilibrio y no a la igualdad”. Bueno, pues así será, pero para quien acaba de tragarse el insufrible debatillo de la Nación, no resulta nada fácil asumir otra imagen que no sea la del enfrentamiento entre iguales, la de la ordalía inútil que reproduce en términos de caricatura la farsa medieval del combate entre los reyes para dirimir sin sangre la batalla. Es hermosa la imagen de los búfalos unidos como una piña mecánica, como un supraorganismo ya digo, movido más por la taxia implacable que por ninguna voluntad. La de nuestro Parlamento no es más que una instantánea de Babel.

 

Ninguna de esas bestias solidarias va a la pelea movida por el egoísmo sino por el instinto, que es la última panacea natural, simple y fiel mecanismo del colectivo y no resultado de ningún proceso elaborado en la conciencia. Y yo creo que ése es el humilde modelo casi irracional asumido por los nuestros en la cancha y el contramodelo de esa panda reflexiva blindada en su autismo personalista. A ningún jugador (ni a ningún búfalo, si pudiera) se le ocurre imponerse al grupo como a pocos políticos se le ocurriría sacrificarse por él. “Seguiré, me cueste lo que me cueste”, dice ZP, por ejemplo. Son absolutamente incapaces de entender que tanto la ganancia como el coste no son de ellos sino de los despojados del rebaño.

La marca política

La idea de la Junta de imponer reglamentariamente a los centros de enseñanza que usen uniforme la obligatoriedad de lucir el logotipo juntero supone, a todas luces, una gratuita invasión de la imagen privada que no tiene por qué hacer publicidad institucional y, aún menos, política. En ninguna parte se ha visto eso, por descontado, una iniciativa que obedece, sin duda, al creciente intervencionismo de nuestros políticos en la vida civil. ¿Cómo y por qué marcar a un niño con un emblema político, sobre todo si ya tiene el suyo, que no es otro que el de su centro? La insaciabilidad de este “régimen” respira por la herida un día sí y otro también.

Crimen y vergüenza

Parece inconcebible que, tras el escándalo provocado hace cuatro años al descubrirse una trama dedicada a explotar a los inmigrantes “sin papeles” a los que se exigía dinero o sexo a cambio de seguridad, hayamos tenido que ver reproducido en Huelva ese crimen y esa vergüenza. Y resulta raro que, habiéndose descubierto entonces la complicidad de funcionarios públicos y policías, la subdelegación del Gobierno no haya dispuesto un sistema de control y vigilancia más efectivo. Ahora sólo queda descubrir la sentina hasta el fondo, hacer pagar a los culpables y resarcir a las víctimas. Que esto ocurra en un país que fue emigrante en su día, da asco.

Crisis de muerte

Entre las muchas voces de alarma que se han dejado oír denunciando el impacto de la crisis económica sobre la vida laboral y, más concretamente, sobre su relación con el incremento de suicidios entre la población trabajadora, ningún caso como el que desde hace tres años y medio se registra en las plantillas de la multinacional France Télécom, cuyo balance arroja ya 82 suicidios consumados desde 2007, es decir, casi treinta por año desde que el seísmo financiero se dejó sentir. Esta misma semana, la propia compañía, ha reconocido, por boca de su director general, la condición de accidente de trabajo a la última de esas tragedias, a saber, la provocada el 14 de Julio –fiesta nacional, no hará falta resaltar el simbolismo—por un trabajador que se preocupó de dejar claramente consignadas las tristes razones de su decisión, entre las que incluía unas agobiantes condiciones de trabajo. Este caso notorio ha abierto un capítulo importante en psicosociología del trabajo, demostrando, entre otras cosas, que de las dos categorías de trabajadores de la empresa, los funcionarios y los contratados, ha sido en  los primeros, tradicionalmente considerados como sujetos a mejor trato y condiciones más benévolas, en los que la crisis ha producido mayores quebrantos y, en consecuencia, un mayor número de fatales decisiones, tras la entrada en vigor de las medidas críticas adoptadas. Donde no ha habido suicidio alguno ha sido, ni que decir tiene, en el estamento dirigente, en la banda ejecutiva de condiciones muelle y contratos blindados. Contrariamente a lo que sería lógico, pues, la crisis afecta más los que menos tienen que perder y menos a los que tienen más. Hay un precepto evangélico que, mal entendido, resuena inevitablemente en la conciencia como un trallazo: al que tiene, se le dará hasta la abundancia, y al que no tiene se le quitará hasta lo que no tiene. Quizá lo que está ocurriendo en la actual crisis ayude a comprender su enigmático sentido.

 

Por supuesto, las autoridades sanitarias (y políticas) eluden con exquisito cuidado cualquier dato o referencia al impacto de la crisis sobre la salud. No se dice, aunque es comprobable con facilidad, que tanto el consumo de drogas como el de ansiolíticos y psicótropos en general viene aumentando entre los trabajadores en paralelo al triunfo implacable del liberalismo del Mercado, y ni siquiera una epidemia de suicidios tan espectacular ha logrado implicar al Poder más allá de algún que otro gesto ocasional. Poco vale la vida de un hombre y nada si él mismo la pone en almoneda. Sin duda sería interesante ver cuántas France Télécom hay repartidas y ocultas por el planisferio capitalista.

Los perros guardianes

La expresión del pobre Nizan se viene a la memoria cuando escuchamos las intervenciones de algunos de nuestros parlamentarios en esta “Segunda Regional”. Al portavoz del PSOE, por ejemplo, a ese bachiller Jiménez que, sin más bagaje que el adquirido en los pasillos partisanos, no abre la boca si no es para escupir o morder. A Arenas le espetó antier –con la anuencia de Griñán y a sabiendas de que defendía una causa perdida—de todo menos bonito: “trapero, “hurtardor” o “trilero barato”, pero eso ocurre porque la criatura no sabría hacer algo diferente. Este encumbrado chico no aprobó nunca el primer curso de la carrera. ¿Se imaginan si llega a terminarla?