El médico robot

Para el Dr. Carlos López Guilarte

 

Conservo como oro en paño en mi librería un ejemplar de “La relación médico-enfermo” del maestro Laín Entralgo con una generosa dedicatoria que nunca creí merecer. El humanismo íntegro de la época, hijo de Ortega y de Zubiri pero también de Unamuno, expresaba en aquel libro la convicción –tan marañoniana, por otra parte—de que el lazo que se establece entre el que cura y el paciente desborda con mucho la mera relación profesional e incluso la cognitiva, en la medida en que, por lo que a lo primero se refiere, todo acto médico es el resultado de una comunicación personalizada entre ambos, y por cuanto atañe a lo segundo, porque el diagnóstico no es sólo una conjetura objetiva sino también una conclusión de mucha enjundia subjetiva. Lo decía el Eclesiástico, sacralizando la persona y la tarea, más si cabe que cualquier otra tradición cultural, incluyendo la griega: “Respeta al médico, pues lo necesitas,/ también a él lo ha creado Dios (Eclo. 1). Pero en la hora de esta revolución tecnológica parece que se pretende más bien lo contrario, es decir, automatizar (que viene a ser como sublimar la objetivación) la acción del médico de manera que, Internet mediante, un manitas pueda rehacer desde el Polo un hígado baleado en Afganistán o resolver una peritonitis  en un ballenero lejano sólo con escuchar la voz del cirujano ausente y dejar que el brazo automático manipule por control remoto los menudillos de la víctima. El SAS andaluz, sin ir más lejos, acabamos de saber por CCOO que está sustituyendo a los galenos por máquinas parlantes interactivas, esto es, por robots informáticos de voz plana y rostro imposible a los que el enfermo deberá confiar sus síntomas y obedecer sus prescripciones: “Si le duele el bajo vientre, pulse 1, si tiene fiebre, marque el 2, si siente vértigos, agárrese bien…”. Hay que ahorrar, queridos, y ya que no van a quitar coches oficiales, quítense médicos.

 

 

¿Qué es eso de la “teleoperación” aplicada a la medicina, cómo explicarle a un magnetofón un síntoma complejo, quién se fiará de un diagnóstico de urgencia grabado sabe Dios cuándo para cuando llegara la ocasión? Es verdad que la relación médica estaba ya no poco destruida por la masificación y el desgobierno, el cinismo político y el ahorro a ultranza. Pero esto del médico robot es ya demasiado incluso para este corral de cabras con diecisiete posteros en que estos improvisadores están convirtiendo la “España con problemas” de Laín. El médico divino es ya solamente una voz pautada. El pobre enfermo, un Job desconcertado al otro lado del hilo telefónico.

Andalucía se queda sola

Dos únicos homenajes al juez Garzón en España, y los dos en Andalucía: en Martos, su pueblo natal, que seguramente quiere honrarlo, y en Valverde del Camino, un Ayuntamiento en bancarrota que trata de distraer la opinión. Parecen olvidados de que ese juez –echado de la Audiencia Nacional por el CGPJ por imperativo legal dada su triple imputación penal- es el mismo que acusó de secuestradores y asesinos a los miembros del Gobierno del PSOE cuando González era Presidente y quien insistió en que el capo de aquella camorra era ese mismo Presidente. Pero es el mismo, sólo que, una vez más, cambiado de trinchera. ¿No tienen Junta y Gobierno mejores causas que defender en nuestra desdichada comunidad?

Operación “Parralo 2”

Muy bueno lo de la presidenta Petri diciendo que a nadie la amarga un  dulce y que “si de ella se acuerdan los ciudadanos como candidata a alcaldesa, pues que muy honrada”. Más sottovoce se oye el rumor interno en su partido de que esa eventual candidatura sería la fórmula buscada por los nuevos para deshacerse de una que lleva treinta años en el coche oficial. Y en fin, quien se acerque al entorno del Superalcalde notará la euforia que, lógicamente, provoca la reedición de la “operación Parralo”. Perico tiene baraka, está demostrado. Y la primera en saberlo es esa aspirante temeraria.

El cascabel al gato

Sé que voy en este caso contra no pocos pero entiendo que es lógico y justo apoyar la propuesta del ministro de Obras Públicas frente a la huelga encubierta de los controladores aéreos. En España sigue causando sarpullido la mera mención del recurso  Ejército y a eso se debe que tantas voces hayan recibido con desconfianza el proyecto ministerial de recurrir a los controladores militares para acabar de una vez con el chantaje manifiesto que, tanto ellos como los pilotos civiles, vienen ejerciendo por tradición en defensa de unos privilegios laborales realmente inasumibles. Pero ese recurso –que alguien ha tachado incluso de franquista—no tiene nada de descabellado y más en una situación en la que el Ejército ha dejado de ser aquella institución cerrada, no poco inútil, para convertirse en un instrumento del Estado cuya misión no es sólo pegar tiros sino acudir donde lo mande el poder civil y lo reclamen las necesidades de la sociedad. El vehemente debate que postula la incompetencia de los controladores militares para tareas civiles carece de sentido, bien entendido –y eso lo ha dejado claro el ministro—que será necesario habilitar debidamente a aquellos profesionales, esencialmente idénticos a los civiles, aunque cobren una miseria si con las nóminas de éstos se comparan las suyas. ¿Acaso un controlador, civil o militar, requiere una formación equiparable a la de un  neurocirujano o un físico de partículas, aunque gane más que los dos juntos? Pues evidentemente no, y por lo mismo el ministro hace bien en proponer –y me honra que haya aceptado en directo mi propia propuesta—que se proceda de manera que el monopolio actual se disuelva al disponer de una reserva de técnicos militares con todos los requisitos precisos para substituir a los civiles llegado el caso. Muchas veces va el cántaro a la fuente hasta que se rompe. Incluido el de estos huelguistas.

 

No debería el ministro tomar a título de inventario la idea de esa reserva militar de técnicos porque con ella nos libraríamos de una vez por todas del inevitable chantaje que hemos de soportar vacación tras vacación. Si que ello suponga la menor aversión a unos profesionales que se han ganado el puesto en unas costosas oposiciones libres, iguales pero no superiores a las que tantos otros hemos ganado. Se trata simplemente de ponerlos en su debido sitio garantizando el derecho de todos. ¿Acaso no se hizo lo propio en Sagunto, en la agricultura, en nuestros astilleros y hasta en el cuerpo de notarios? Fórmense de una vez mirando al ejercicio civil pilotos y controladores y se acabó el cuento. Lo demás será pan para hoy y hambre para mañana.

Perdemos peso

Dos hechos de antier mismo proclaman la caída de nuestra pérdida de peso político y social. Uno, que la sede de la cordobesa Cajasur –ahora encasquetada por el Gobierno a la banca peneuvista BBK– se haya trasladado incontinenti a Bilbao. Otra, que el presidente del Córdoba C.F. haya tenido que volar urgentemente a esa capital para mendigar a los nuevos amos del cotarro financiero que mantenga el patrocinio que la Caja, cuando era cordobesa, concedía al club local. Muchas como ésas nos quedan por ver, seguro, dentro lo mismo que fuera. Por poner un  ejemplo que nos cae cercano, acaban de echarnos de las aguas de Gibraltar y no hemos dicho ni pío.

Pobre Puerto

La nueva Autoridad Portuaria, el ex-alcalde que deja el ayuntamiento de Valverde en quiebra práctica, ha dicho que se viene al Puerto en busca de un trabajito que le permita vivir más tranquilo, de un balneario, vamos, como si el Puerto fuera pan comido para un boticario de un hospital comarcal que es lo que él es. Y encima dicen que piensa traerse con él al ínclito tránsfuga que le permitió resistir en el sillón valverdeño, el tal Rodríguez Donaire, delineante al parecer en su oscuro empleo anterior. ¡Para lo que ha quedado el Puerto de Huelva! La comida de las fieras no va a dejar ni los huesos.