Tras la tragedia

Tanto la empresa Cepsa como la Junta han abierto expedientes para investigar las causas del incendio del miércoles pasado en la refinería. Es lo menos que cabía esperar porque, a pesar de los elogios al Plan de Emergencia Interior que, sin duda, contribuyó a limitar el alcance del desastre, no cabe duda de que esta experiencia debe reabrir el debate de la seguridad general sin concesiones a los intereses empresariales ni márgenes a la rutina administrativa y al conformismo político. El Polo en su conjunto, imprescindible para nuestra economía, tiene unos riesgos patentes que este suceso ha puesto en evidencia.

La Fiesta Nacional

No saben de qué hablan algunos que asocian la expresión “Fiesta Nacional” a la dictadura franquista. No tienen ni idea, porque así se nombra a los toros desde mucho antes, con independencia de que no hay más qua asomar la gaita a nuestros pueblos durante el ferragosto para comprender, al calor explosivo del ambiente y los sones del pasodoble callejero, que se trata, en efecto, de un divertimento tan añejo como vivo en el magín colectivo. Los toros son aquí como el béisbol en los EEUU, pongamos por caso, y a ver quién imagina que en aquella gran democracia las gentes y el Poder se quedaran cruzados de brazo ante una eventual prohibición de su ejercicio. ¿No hubiera dicho algo Obama en tal caso o, incluso, si por hache o por be se hubiera prohibido en algún Estado de la Unión la popular liga de basket? Tan convencido estoy de ello que no tengo otro remedio que darle la razón al maestro Paco Camino por su enérgica y leal protesta frente al lamentable silencio del Rey y de la Casa Real ante el atropello secesionista catalán y sus complicidades madrileñas: “La familia real debía haberse mojado algo, no se moja ni el labio”, ha dicho con un par quien siempre los tuvo bien puestos, y no le falta razón si se considera, a mayor abundamiento, que para eso, entre otras cosas, “los estamos manteniendo los españoles”. ¿No es el Rey ese aficionado de barrera al que tantos toros hemos visto brindarle a las figuras en las tardes de triunfo? Verán, yo creo que los toros viven una crisis cierta a causa de la “desafición” (desafección) de las nuevas generaciones, esto es, como consecuencia de que a las corridas no van ya más que gente madura, que es lo que siempre ocurrió pero nunca como ahora. Y me atrevo con una hipótesis nada grata: que a la Fiesta Nacional, a este paso claudicante, le queda el mismo tiempo breve de vida que a la propia Monarquía, ni más ni menos. Nuestros nietos serán republicanos y animalistas, ya lo verán.

 

No veo desacato alguno en las palabras de Paco Camino, sino la expresión corajuda del sentido del deber y, por qué no decirlo también, del sentido común. ¿Qué ha dicho el Rey, qué ha dicho el Presidente del Gobierno, que han dicho nuestros bienpagados próceres ante este atraco, no ahora, sino cuando se inició la fiesta abolicionista en el Parlamento catalán? Pues nada. Por eso hay que agradecerle a ese viejo maestro su entereza, su claridad y su digna coherencia. En España tenemos estas instituciones prohibitivas para lucirlas a las maduras pero nunca para verlas reaccionar a las duras. Empezando por el Rey, ciertamente. El mismo Rey que mata osos briagos sin que nadie le diga esta boca es mía.

Quitarse de en medio

La Junta se ha ido de bureo en medio de la polémica sobre el parón económico que supone eso que, en un inútil alarde de necedad léxica, sus responsables llaman la “reprogramación”. Todo el mundo comprende –desde PP e IU hasta CCOO pasando por las asociaciones civiles de expertos– que cortar en seco la inversión pública supone darle la puntilla a una situación límite que, no obstante, puede complicarse gravemente tras este frenazo y el mes de inactividad. ¿Por qué irse de veraneo en estas circunstancias extremas? Pues porque aunque la millonada de parados aumente, ellos no corren peligro. El problema actual para los andaluces es vivir; para ellos, sobrevivir.

Columna de humo

Crespones negros en el Polo y alarma general entre una población que sabe o sospecha lo grave que puede ser un  incendio en la refinería que, por si fuera poco, tan cerca tiene los depósitos de gas. Una jornada para olvidar y, sin embargo, observen la exquisita cautela de los sindicatos  y de la patronal, el silencio pétreo de las instituciones (sobre todo de la Diputación), la inexistencia de una sociedad civil con voz propia. Aquí no pasado nada –como siempre—aunque el accidente pueda orientarnos sobre los peligros que supondría añadir a este polvorín el famoso oleoducto. La enorme columna de humo que vimos anteayer haría despertar a cualquier sociedad responsable.

Brujas de hogaño

Quizá no haya país en el planeta en el que, como en India, la más rabiosa modernidad camine de consumo con las tradiciones más abyectas. Mucho se ha hablado últimamente de las persecuciones de cristianos por parte de los hinduistas pero más sorprendente es el angustioso aviso lanzado al mundo por algunas organizaciones humanitarias, como el Centro Rural sobre Derechos y Litigios (RLEK), especializado en la protección  de minorías étnicas y grupos marginados, según el cual, sólo durante los últimos quince años, se han linchado en las regiones nórdicas nada menos que 2.500 mujeres acusadas de brujería pero que en realidad, a juicio de esos observadores, no eran sino desdichadas viudas o solteras indefensas cuyas pequeñas propiedades eran ambicionadas por sus convecinos. Los cálculos dan por hecho que cada año sucumben en India 200 mujeres en las circunstancias descritas, siempre dentro de un clima fuertemente arraigado entre los sectores ínfimos de la población, que ven con agrado como se las somete a todo tipo de vejaciones —incluido las de comparecer desnudas en público o ingerir excrementos ante verdugos y espectadores—que en numerosos casos concluyen con el suicidio de las víctimas. De poco parecen haber servido las leyes correctivas interpuestas en varios estados de la región, según el testimonio de los propios poderes públicos, entre los que las policías destacan por su pasiva complicidad. La Corte Suprema, por su parte, ni se ha dignado contestar al requerimiento de diversas organizaciones solidarias que pretendían conocer al menos la relación de nombres de las linchadas. No debemos menospreciar la potencia residual de esas creencias que ya en la cultura clásica obtuvieron tan cumplida consideración  incluso por parte de mentes tan poco sospechosas como las que van desde Homero a Ovidio pasando por Lucano o Teócrito. Tampoco, pues, hay que pedirle peras al olmo.

 

Pocas dudas pueden quedarnos, a estas alturas, sobre la naturaleza del maleficismo tras tanta indagación como el tema ha merecido desde Caro Baroja a Norman Cohn. La tragedia de la víctima –doble, a veces, en la medida en que asume como real su condición imaginaria—escandaliza y conmueve tanto como la vesania de los verdugos, movidos a medias por la ignorancia y la avaricia. Aunque llame la atención el mínimo relieve que los medios, ocupados como suelen con las banalidades al uso, concedan a hechos tan abrumadores cuya ocultación resulta intolerable para quienes crean todavía en una mínima objetividad de la información. Ahí dejamos el suceso y sus tremendas cifras, la desoladora imagen de esa barbarie secreta que hace de contrapunto en un país fabuloso.

De vacaciones

El gobiernillo andaluz se ha ido de vacaciones entornando los ojos bajo la sombrilla. Deja un país devastado que produce cinco veces más parados que el resto de España y, encima, “recorta” la inversión pública en términos que hacen temer lo peor para septiembre, cuando los turistas se vayan y aquí no quede más que la mano sobre la mano. Sorprende el conformismo y la falta de energía de un Presidente y un equipo casi flamante ante la peor crisis de nuestra historia. Si la Oposición no remonta esta vez el vuelo, seguro que no tendrá mejor oportunidad.