A por todas, como sea

De cara a las próximas e inquietantes municipales, el PSOE parece dispuesto a ir a por todas, como sea, aceptando en sus candidaturas a quien se tercie, es decir, a cualquiera, venga de donde venga. Y eso no me parece que sea ilegítimo aunque ejemplos denigrantes como el transfugazo de Gibraleón, el cambalache de Valverde o el baile de El Cerro permitan cuestionar seriamente el grado de ética del proyecto. Es inevitable que haya logreros que busquen pesebres bien abastecidos. No lo es tanto que un partido que se respete a sí mismo y respete la democracia, haga una oferta tan evidente como la que acaba de anunciarse. Legítimo o no, va a haber overbooking de tránsfugas llamando a esa puerta propicia.

Canción del olivo

He visto la aceituna estos días en los campos que tiene mi hermano por tierras de Trigueros y Beas, predios tradicionales de oliva y pan llevar. Apunta espléndida, granada ya a medias, en el umbral de esa exultante plenitud de la planta en que los ácidos grados comienzan a cuajar en el fruto pero mostrando todavía su cara ingenua e inocente. Espléndido, con las pródigas aguas pasadas que mantienen bizcochada la tierra, y el sol de justicia que recién acaba de hacernos gracia, apenas entrado el otoño, prometedor para que en cosa de un mes ordeñen los olivos las vareadoras o lo eche a tierra, como en un estetor de sexshop, el vibrador que abraza los troncos retorcidos como un gañán ansioso. Cada año me asombro del campo, bendigo su pródiga causa, el rigor de su calendario no escrito, el tiempo virtualísimo ínsito en los ramones y en el muñón, que aguarda su hora exacta para manifestarse en el envero y enmorecer las olivas y la uva. Hace poco, cosa de meses, ese fruto era aún flor quebradiza, fragilísima, como engarzada por el divino orfebre en la pasamanería vegetal, asustada de la lluvia y del ventarrón que esconde el tempero, pero ahora es ya imagen fiel de sí misma, realidad rotunda destinada al glorioso sacrificio del molino. ¡El don de Atenea! Dice Apolodoro que la diosa “llegó al Ática y, poniendo al Rey por testigo, plantó un olivo”. Y así debió de ser, regalo de la dorófora, luego extendido por toda la tierra, como los vientos y las palabras, como las ilusiones de los hombres y el ruido de sus fracasos. He visto esas aceitunas  en agraz, promesa cierta, aguardando el refresco de las noches de otoño, quizá las lluvias postreras que aumentarán su gloria verdinegra. “Ojinegra la oliva en tu mirada…”, dejó inédito Miguel Hernández. Yo bendigo esos campos de esperanza, labrados con esmero, hijuela a hijuela, vareta a vareta, como se esmera un clan por mano del patriarca.

 

Lo que no entiendo es el mercado. Grandes cosechas y altos precios, malas o medianas, y vaya usted a saber. El aceite sagrado aguarda en el pretérito perfecto de la oliva, desgañitando sin voz su futuro simple, elemental, secreto, enigma químico ajeno por completo a las maquinaciones de los mercaderes, acaso comprensivo con las duquitas del labrador de más aire que lo ve venir con el alma en un puño, encogido el ánimo, inerme y hechizado como el pájaro ante la sierpe. Para octubre tendremos ordeño y molienda, pan candeal retostado en la hoguera de jara y arenques regados con el primer zumo. Y otro año habrá pasado, puntual, ineluctable, generoso como todos los de esta historia amable y temerosa en la que nadie se libra del rigor de la muela.

¡Y se besaron!

Los sindicalistas han dejado la pancarta, han vuelto a ponerse el prêt-à-porter y se han ido a echar amistosas cuentas con “su” Gobierno. Méndez ha besado a la Vice primera del ejecutivo y éste, agradecido y sin pensárselo, les ha largado ya, de momento, otros veinte mil millones del ala a los síndicos, para que no falte de nada. Pero ¿no habíamos quedado en que ZP tenía que dimitir y en que era un  embustero? Pelillos a la mar. El besuqueo elocuente del huelguista y la Vice habla por sí solo. Tal vez no se hayan dado cuenta de que ha inutilizado para mucho tiempo el recurso de la huelga con este paripé bienpagado. Pero lo cierto es que ellos son hoy mucho más ricos mientras que la basura, como decía el otro, la han seguido sacando los mismos.

Leña a Huelva

Habría que comparar con otras provincias, claro, pero de momento ahí está el dato: el Gobierno “recorta” su inversión en Huelva para el próximo año en un 33 por ciento, es decir, en un euro de cada tres. Viene a sumarse el “recorte” a los incumplimientos, y el saldo es del todo elocuente sobre la preterición de nuestra provincia en los planes de un Gobierno cuyo partido confía en tenerla electoralmente segura y, en consecuencia, maltratable sin riesgo. Ni puentes, ni AVE, ni aeropuerto, ni desvío: Huelva puede esperar otros cuatro años el milagro de nunca acabar.

El tiempo perdido

La huelga general, la famosa y temible HG de los manuales y la pasquinada, venía a ser el arma atómica del movimiento obrero, aquel esfuerzo centenario de los trabajadores desmontado escrupulosamente por la izquierda “new age”. Era en su origen un arma revolucionaria, la penúltima, pródromo de las barricadas y, en consecuencia, iba dirigida siempre contra el Gobierno, hipóstasis del capitalismo depredador según el catecismo; contra los patronos lo que usaba la agitación clásica era el paro, los brazos caídos, con cajas de resistencia incluidas. Pablo Iglesias en persona frustró la HG de 1902, hundiendo quizá para siempre la utopía obrerista, y explicó su postura –rechazada por Rosa Luxemburgo o por Anselmo Lorenzo—con una receta simple y una razón leonina: “El PS condena la HG por ahora…”, “los obreros sólo podrían salir de la legalidad cuando estén en condiciones de obtener el triunfo completo”. La HG va contra el Gobierno no contra la patronal y por eso no es posible organizar una en sentido contrario, como se vio antier. ¿Cómo, además, acosar a un Presidente que presidió la última HG contra su antecesor? Pues todo lo más jugándola “al cerrojo” en busca del empate, es decir, en procura de su relegitimación los sindicatos desprestigiados y de una tregua el Gobierno en precario. De “huelga general revolucionaria”, es decir, de HGR, ni el forro. ¿Tendría sentido, por otra parte, ese concepto priscosocialista en este colectivismo selectivo y privilegiado, que vive de las arcas públicas y no representa más que a su propia militancia? Se lo va a pensar mucho quien tenga que convocar la siguiente HG, que no serán, por descontado, los actuales dirigentes del cotarro. En cuanto al mundo del trabajo, lo lógico sería ir buscando fórmulas nuevas, ajustadas a la complejidad de nuestra realidad y olvidadas de la nostalgia de los buenos pésimos tiempos. Ya me dirán cómo organizar un paro contra un sistema económico que, con cuatro millones larguísimos de parados,  anda lampando por un puesto de trabajo.

 

Es posible que estos errores del sindicalismo político que acaben cerrando su propio círculo crítico. Tal como había anunciado, por otra parte, la sociología crítica de los años 60 (André Gorz, Pierre Naville, Edgar Morin) o economistas como Mandel, tal como se ha advertido tantas veces luego a sus burocracias profesionalizadas. La HG, en todo caso, ya no funciona porque ¿quién piensa hoy, en serio,  en echar abajo a un Gobierno? Sarko se las pasa por el arco y ZP se agarra a ellas como a una incómoda tabla de salvación. El fracaso actual del sindicalismo es vicario del crak ideológico de la izquierda. Antier se vio que a esa velocidad no se va ya a ninguna parte, si es que alguna vez se fue a alguna.

Deudas andaluzas

Oyendo a Griñán y a su consejera del ramo reclamar frente a la negativa de ZP un aumento de la deuda andaluza, se viene a la cabeza el eslogan que, durante el aznarato, empleó sin tasa la propia Junta: “El Gobierno de Madrid discrimina y castiga a Andalucía”, ¿recuerdan? Otra cosa es que el Gobierno pueda llevar razón porque, siendo cierto que sin más dinero será imposible salir del agujero negro, también lo es que con mayor deuda estaremos cada vez más abajo en esa sima. El Gobierno nos castiga, eso va a misa, porque a pesar de los serios avisos electorales, aún nos considera feudo seguro. En cuanto a la Junta…, la Junta se limita a hacer su papel decidida a todo menos a ahorrar.