Nervios electorales

Nada más sacar a la luz una encuesta el alcalde de la capital, el PSOE en peso se ha disparado como un manojo de nervios. La presidente de la Dipu y arriesgada candidata a la alcaldía ha pedido “una campaña limpia”, como si la publicación de sondeos fuera algo sucio o insólito en este país nuestro. Por su parte la “consejera breve”, Cinta Castillo, no se ha cortado un pelo al decir que le parece “patético que el alcalde encargue encuestas falsas” y algún dirigente más ha remachado el clavo con simplezas del mismo orden. ¿Nervios? A manojos, ya digo, sobre todo al escuchar que el PSOE se descuelga más de 5 puntos en la capital mientras el alcalde “acabado” gana un concejal más en la previsión. La próxima vez que el Gobierno publique un sondeo CIS hablaremos también de patetismo.

Ante la huelga

Me ha impresionado, como a muchos españoles, el coro de UGT, el “sindicato hermano”, pidiendo a gritos destemplados la dimisión del Presidente del Gobierno y llamándole nada menos que embustero. Menos, claro está, los argumentos de los líderes sindicales, quizá por obvios y pasajeros. ¿Tiene sentido hacerle una huelga general a un Gobierno al que se ha apoyado en su desdichada gestión durante legislatura y media, al que se la disimulado su empecinado escamoteo de la crisis, su reconversión literal a las estrategias neoliberales o su defección ideológica? Pues a mí me parece que no del todo, sobre todo si recuerdo –que recuerdo—los miles de millones que esos sindicatos han trincado estos años a cambio del apoyo referido. Claro que la táctica provisional es presentar la HG no como una acción de acoso crítico al Gobierno sino como una censura activa contra el Sistema, es decir, contra el sistema capitalista cuya perversidad ahora parece que han descubierto los síndicos a pesar de haber recorrido del brazo con él tan largo trecho, o contra esos empresarios  con los que, junto al Gobierno, han logrado reproducir el denostado verticalismo de la dictadura. ¿Sindicatos unos montajes que no representan más que a un 14 por ciento de la población activa del que sólo pagan sus cuotas el 4 por ciento? ¿Empresarios unos dirigentes cooptados sin gran (o sin ningún bagaje empresarial real) que en Madrid o en Huelva no se cortan por no pagar a sus empleados, lo cual es ya lo último? Vamos a tener una HG, puede que hasta con éxito de público, pero resulta evidente que esos insolventes –los críticos y los criticados–, además de carecer de autoridad moral y política, no son más que compañeros de viaje haciendo el paripé de las horas extremas. ZP la ve venir como un mal menor, seguro de que, entre unos y otros, no ha de llegar la sangre al río.

 

Si no fuera así el Gobierno temblaría en un momento en que es raro el frente que no tiene abierto, y cuando crece el rumor de que el propio partido en el Poder prepara ya la liquidación del régimen vigente por más que sin saber ni bien ni mal qué hacer en consecuencia. Tendremos HG, pues, precedida de decenas de apariciones del Jano bicéfalo sindicalista anunciando el apocalipsis y de compungidos pucheros empresariales. Con ZP de esfinge, que es lo suyo, apretando la mandíbula para escuchar el peor dictado que se puede lanzar contra un  Presidente cuando peligra la confianza de los mercados y de la sociedad: el de embustero. Luego, Dios dirá. No olviden que, unos y otros, mal que bien, tienen garantizado el futuro.

La “cosa nostra”

Resulta ya inconcebible el espectáculo ofrecido por esos políticos imbuidos por la idea de que lo público es suyo. ¿Reservar las aulas para candidatos del PSOE o preferir a los “clientes” para el enchufe público? Bueno, eso no sería tan grave, en fin de cuentas, como los grandes “golpes” económicos que han salido a la luz, ciertamente con escasas consecuencias. Hablo desde el “caso Guerra” al “caso Montaner” pasando por este resucitado “caso Menacho”, el factótum del partido en Cádiz que repartía el suelo de Olvera, a amigos y conmilitones, como si fuera suyo realengo. Si hay algo que no acabo de entender es cómo  ha llegado a asumir esta situación límite, con todas sus consecuencias, un hombre como Griñán.

La Dipu, campeona

Según el ministerio de Economía y Hacienda, la Diputación Provincial de Huelva destaca en el ránking gubernamental como las más endeudada de Andalucía y de España, con cerca de 150 millones de euros en el alero, cantidad que supone deber 290’23 euros por habitante, es decir, el cuádruple de lo que  adeuda la de Sevilla, que son 77’71 euros por cabeza. Ahí está la calderilla del derroche, de los palacetes endiosados, de las inauguraciones fastuosas (incluso de lo que nunca se haría), de los sueldazos de los que la presiden y de sus innúmeros asesores. Esas son las credenciales con que su Presidenta competirá por la alcaldía de la capital.

Cuestiones poliédricas

El debate sobre la deportación de gitanos rumanos en Francia, ciudadanos de la UE con derecho al libre tránsito por el territorio comunitario, se está pasando de rosca al menos desde que el Vaticano –mudo ante los genocidios perpetrados contra armenios un  Turquía o kurdos en Irak, entre otros—ha calificado éste, que es obligado reconocer como menos severo, como un verdadero “holocausto”, vidriosa expresión que se ha apresurado a recoger Fidel Castro para repetirla ante el sumiso alumnado de la Universidad de la Habana. Por su parte, quienes apoyan la causa gitana (desde el tendido, se entiende) se han apresurado también a lanzar por televisión la imagen conmovedora de esos repatriados forzosos que han de vivir en su país atenidos a la miseria más implacable, lo que ha contribuido a encrespar aún más el ambiente radicalizando las posturas dentro de una Francia en la que, para que vamos a engañarnos, pesa tanto cierta napoleónica noción de una superioridad nacional juzgada en todo tiempo innegociable, que es la que subyace en la fría negativa de Sarkozy a reconsiderar sus planes de expulsión. No habrá en Europa, en la Europa libre –en la histórica y en la diseñada en el Tratado de Roma–, por supuesto, quien no sienta vibrar esa cuerda humanista en su conciencia, pero se me ocurre que habría que preguntarle al Vaticano y a la Unión Europea –ya que con Castro sobran las preguntas– qué tienen que decir además de mostrar su oposición a esa política expeditiva, brutal si se quiere, o sea, si se les ocurre alguna solución realista al problema de la acogida de esos “sin patria”. ¿Qué haría el Vaticano si miles de esos rumanos expulsados de Francia acamparan en su exiguo territorio? ¿Y la UE si esas masas desarraigadas sentaran sus reales en Bruselas, a la sombra protectora del humanismo institucional? Qué haría Castro, ni lo pregunto, naturalmente.

Hay cuestiones que se resuelven mejor desde un  escaño o desde el sofá del tresillo que a pie de obra. Ésta de las minorías a la deriva, por ejemplo, que constituyen un filón para el exhibicionismo humanista pero que no resultan nada fáciles de resolver en la práctica, mientras no se produzca ese firme acuerdo internacional que hoy por hoy parece tan imprescindible como inverosímil. Porque una cosa es oponerse moralmente a políticas xenófobas o racistas, y otra muy diferente ofrecer una solución práctica y realista. Protestar sale tirado, es gratis; dar solución a problemas como el de la inmigración masiva de indigentes ya es harina de otro costal. La UE y el Vaticano serían mucho más creíbles si además de condenar el “genocidio” se hubieran vaciado la faltriquera.

No pintamos nada

No porque lo diga el PP ha de ser incierto: parece evidente que ZP le hace a Griñán el mismo caso que a su gato. Pero ¿se habrán parado a pensar –uno y otro—qué será de Andalucía a corto plazo si los Ayuntamientos profundizan su ruina y la autonomía sigue sin recursos para intentar al menos sacar la cabeza del agujero? No pintamos nada en el plan del Gobierno, y digo plan porque decir proyecto sería demasiado, incluso carecería de sentido dada la parálisis evidente que nos envuelve. Probablemente nunca estuvo Andalucía peor en estos 30 últimos años. La verdad es que el papel que le ha tocado a Griñán es como para no deseárselo ni al peor enemigo.