España humillada

Confieso que entre tantas cosas como llevo oídas desde que la Armada británica se divirtió ametrallando a una bandera española en una boya, ninguna me ha impresionado tanto como escuchar al ministro Rubalcaba –“vulpis angelica”—añadir, tras sus absurdas excusas al gobiernillo de Gibraltar, que los guardias civiles avasallados en la colonia habían vuelto al fin, felizmente, “a España”. ¿A España? ¿Se puede volver a España desde Gibraltar o hemos de mantener que Gibraltar es tierra española sobre la planea, por si fuera poco, un mandato de descolonización de la mismísima ONU del que nadie quiere acordarse? Nunca hemos vivido de rodillas como ahora, representados por una diplomacia zalamera a la que toma el pelo desde Hugo Chávez hasta Al Qaeda pasando por Marruecos, ni habíamos experimentado esta sensación tercermundista que supone siempre andar de rodillas pudiendo caminar dignamente sobre los pies. Ni nunca tuvimos una posición más débil y humillante frente a una Europa que vamos a presidir e incluso ante potencias secundarias o una simple banda de piratas que nos cobra dos veces el mismo chantaje y se ríe de una fuerzas (des)armadas desde Madrid a las que se les impide incluso defender los intereses nacionales. Mejor no pensar en que el secuestro del comando “Al Andalus” –ojo al título—perteneciente al ejército invisible de Al Qaeda, acabe mal y con daño para nuestros compatriotas secuestrados, o en que la patriota saharaui que ayuna en Tenerife se quede en el intento, porque en ambos casos habríamos tocado fondo como nación representada por un Estado de pacotilla. ¡Volver a España desde Gibraltar! Suspenso en Geografía e Historia. Hasta el listo del Gobierno patina ya a tontas y a locas.

Pocas tradiciones tan firmes como las que garantizan a un ciudadano inglés o yanqui que si le ocurre algo en el extranjero contará con la reacción fulminante de sus fuerzas nacionales. Ninguna tan obvia hoy día como que un español en el mundo pinta tan poco como el que menos y que nuestra protección diplomática no alcanzará más allá de cumplir las exigencias de los agresores siempre (y sólo en ese supuesto) que comprometan ante todo a un Gobierno al que hasta los régulos en sus ínsulas toman ya por el pito del sereno. Si acaban mal nuestros secuestrados, si muere la activista Haidar, si Gibraltar se nos sigue subiendo a las barbas a este ritmo creciente, España tendrá difícil en extremo recuperar el sitio que ocupó mientras estuvo alineada –como ahora, por cierto—con la hegemonía imperial. No somos nadie en el mundo, hoy por hoy. Me temo que eso lo sabe ya hasta el incapaz de Moratinos y el visionario que lo respalda.

La fosa perdida

Tienen que admitir que el papelón que está haciendo la Junta y otras autoridades en el asunto de la fosa de Lorca roza la inadmisible tragicomedia. Ni siquiera saben dónde escarban esos fosores que tal vez acaben perdidos sin remedio en el inmenso osario de la desmemoria. Ahora se vislumbra que más de uno ha ido de listo en este negocio y los resultados están probando que esos iniciados no tenían más noticia del magnicidio que las recogidas de oreja. Porque de momento, los restos no están donde decían. Pero ¿y si en las nuevas excavaciones tampoco aparecen? La Junta tendría que poner orden en semejantes manejos precisamente por respeto hacia los enterrados.

Lo comido por lo servido

Ya ven: Diputación se gasta en pagarse a sí misma y en su funcionamiento diario siete de cada diez euros presupuestados. Para que comprueben que, además de constituir un órgano redundante (en un Estado descentralizado por regiones sobra la antigua Administración “periférica”), nos sale por un ojo de la cara ese pesebre dorado por el que –no hay que engañarse—todos los partidos suspiran. ¡Lo que Huelva podría ganar si se invirtiera en la provincia lo que se llevan estos gestores prescindibles! Uno de cada siete euros. Ustedes no olviden ese dato ni a la hora de votar ni a la de cumplir con Hacienda.

El negocio del clima

La desconfianza sobre lo que pueda suceder en la Conferencia de Copenhague va siendo general. Pocos creen que Obama baya a conseguir que se haga ahora lo que no se hizo tras el acuerdo de Kioto a pesar de que la campaña ambientalista crece por momentos. ¿Cómo van a cortar sus humos los que viven de ellos y los que comercian comprándole sus cuotas a los no industrializados que incomprensiblemente las tienen? En medio de la expectación nos enteramos de que Tony Blair acaba de cobrar por un discursito ‘verde’ de veinte minutos, en el que le ha dado un repaso a Al Gore, nada menos que 100.000 euros, lo que equivale, según los atentos contables, a 83 euros por segundo, pausas incluidas. Un negocio, éste del clima. El propio Gore ya se forró el año pasado recorriendo desde Amsterdam a Tenerife a razón de 200 o 240.000 euros la charleta (que en este punto discrepan los observadores) promocionando el famoso ‘The Climate Proyect’, consistente, por lo que se pudo comprobar en Sevilla, en reunirse con 200 personas y contarles lo que ya sabían, por lo que –fotos incluidas– el Ayuntamiento largó 120.000 euros y la Junta, según dicen, ¡80 millones!, una vez que el gran gurú aseguró, como quien no quería la cosa, que “Andalucía volvería a ser (¿¡) líder mundial en nuevas tecnologías”. No sabemos ya a qué atenernos, entrillados con nuestra mejor voluntad entre quienes nos anuncian el apocalipsis medioambiental y los que pregonan que toda esta gigantesca movida no es más que un señuelo político, organizado por las grandes potencias aprovechando ciertas credulidades, para distraer la atención de guerras y crisis. Pero podemos estar seguros de que hay por ahí un batallón viviendo de este negocio en el que unos cuantos, como los mencionados, se han forrado por fuera y por dentro.

No creo, por lo demás, que un eventual fracaso en Copenhague supusiera el fin del mundo, aunque sí es probable que llegara a complicarle seriamente la agenda al mesías Obama, tocado ya en el ala tras su connivencia con los Guantánamos y sus torturadores además de su demostrado ardor guerrero. De sobra sé que el hombre es capaz y capataz de arruinar un planeta y veinte que le dieran, pero no se me escapa, ni supongo que a ustedes, que este problema del clima ha dado de sí, ya de paso, un fabuloso negocio del que se aprovechan grandes, chicos y medianos, algunos a razón de 83 euros por segundo, pausas incluidas, que me da la impresión de que es bastante menos que lo afanado por Gore: dividan y verán. Si es que no podemos sumar, que sería lo prudente para todos, pero lo que hasta ahora han venido impidiendo esos fabulosos negociantes.

Sagradas familias

Lo de las subvenciones que la Junta otorga con estudiada magnanimidad resulta que, además, es gravemente discriminatorio. Consideren el caso de la delegada malagueña de Bienestar Social que no solamente larga pasta a la ONG de su marido sino que hasta favorece a la de la socia de su cuñada, mientras la Junta hace como los monos de la fábula para no ver, ni oír ni hablar. Por supuesto el negocio de las subvenciones es de un calado mucho mayor, pero estas incidencias son escandalosamente ilustrativas del funcionamiento del “régimen” Una lista rigurosa de estas “sagradas familias” beneficiadas desde los despachos quizá abriera los ojos al electorado. Por eso precisamente lo probable es que no la conozcamos nunca.

El grifo ruinoso

La Diputación, además de un organismo expletivo, es una institución ruinosa. Este año, por ejemplo, se va a gastar en ella millón y medio de euros en propaganda de sí misma y sus mandamases, a pesar de la reducción que la crisis ha impuesto al Presupuesto. “¡Que ahorren ellos!”, parece decir unamunianamente su presidenta, que se reserva para sí nada menos que 300.000 euros para “gastos sin justificar”. Esto, sencillamente, es un abuso y una vergüenza, porque en Huelva, por haber, hay hasta hambre. Ni los jerifaltes franquistas tiraban de caja con semejante facilidad. En el propio archivo de la casa pueden comprobarlos estos capitostes/as de ahora.