Fuertes y débiles

Se pregunta el responsable ecologista Juan Romero qué ocurriría si desde esta nuestra tierra enviáramos los residuos tóxicos  más indeseables al País Vasco, vana pregunta –aunque hay que reconocer que todos las hemos hecho por el estilo—pues la respuesta es elemental: no ocurriría nada porque esa posibilidad no existe ni en la teoría. Sin embargo, a Huelva envían desde el País Vasco peligrosos residuos que están convirtiendo su área, según  las mismas fuentes, en el “retrete de España”. Es patente que Huelva pesa poco, por no decir nada frente provincias cuya gravedad es manifiesta, del mismo modo que Andalucía nada pinta frente a las comunidades fuertes. Empieza a ser necesario que alguien piense, al menos, en tirar de la cadena.

Fetiche y mercancía

El Marx que en “El Capital” habló largo y tendido del fetichismo de la mercancía se quedaría hoy colgado a la vista de los procesos de valorización del producto que trascienden las circunstancias mismas de su producción. Él decía que un náufrago como Robinson no podría conseguir mercancías en sentido estricto porque, para que un bien adquiriera esa condición, precisaba de un público y la inevitable secuencia psíquica derivada de la vida comunitaria, que es la responsable del contagio fetichista de la cosa, y jamás hubiera podido imaginar, supongo yo, la rara aventura del fetiche en las sociedades de masas y, menos todavía, las experimentadas por él en la sociedad de la imagen. Me entero de que Pelé percibe más de un millón de euros al año a cambio de permitir que su imagen acoja, bajo  su prestigiosa aureola, lo mismo estimulantes sexuales que bebidas refrescantes que, de algún modo, el consumidor considera contagiadas de las imaginarias  virtudes del icono. Y lo confirmo ante la noticia de que una serie de diez sellos con la imagen de Audrey Hepburn tocada de una amplia pamela y fumando con una larga boquilla en una escena de Desayuno con diamantes” –editada en su día por los servicios alemanes de correos y prohibida por la familia—acaba de conseguir en una subasta berlinesa la nada despreciable cantidad de 430.000 euros, que habrán de dividirse solidariamente entre los propios hijos de la actriz y la causa de los niños pobres que ésta abrazó en el seno de Unicef. El dominio de la imagen ha conseguido refundar la “magia de contagio” hasta convertirla en un milagroso y potente transformador del objeto en algo así como una parte hipostática del sujeto y eso, qué duda ceba, abre las puertas a un negocio exponencial. Desde que las Cruzadas lo hicieron posible, nada había igualado al negocio de las reliquias como este trapicheo del desván del famoso.

 

Las subastas de enseres personales de las estrellas son ya un clásico de esa industria eminentemente americana y ahora, por lo que se ve, también participa de ella, incluso en Europa, la mera imagen de la celebridad cuyo potencial mágico no hubiera sospechado ella misma. Lo cual supone toda una revolución en la teoría del valor y un volantazo descontrolado en la propuesta teórica de las plusvalías que no pudieron imaginar siquiera sus genuinos muñidores. La teoría clásica se viene abajo como un castillo de naipes ante la sideral distancia que separa ya la valía intrínseca de la cosa, incluyendo todos sus añadidos, y el precio de mercado que surge de improviso en el ambón de un subastero. El pensamiento dialéctico anda hecho mixtos. Menos mal que ya no se aplica.

Negro horizonte

Mientras el propio presidente de la Junta se entretiene jugando con las palabras en un ejercicio de nominalismo impropio de una persona seria, los datos sobre el paro se suceden cada día más estremecedores. El último informe de Analistas Económicos de Andalucía (Unicaja/Braulio Medel) cuenta con que el empleo comenzará tímidamente a emerger a mediados de 2011 pero que para entonces ya habrá alcanzado a un temeroso 27’8 de la población activa, la tasa más terrible que ha padecido Andalucía en toda su historia contemporánea. Queda por ver qué hará la Junta, ahora sin dinero para inversiones estimulantes ni más cuartos que los que dedica al despilfarro. Laboralmente estamos tocando fondo. El toque estará en ver a que velocidad saldremos, en su día, desde las profundidades.

De lo dicho, nada

Primero fue la idea de apartar a los cargos públicos acusados de delitos graves. Luego se redujo la cosa en el sentido de que el partido sólo tomaría medidas contra esos personajes en caso de que fueran formalmente imputados por los jueces. Y ahora, sencillamente, se dice que ni una cosa ni la otra, es decir, que mientras no haya sentencia firme –aunque las acusaciones lo sean nada menos que de prevaricación, malversación de fondos públicos, falsedad documental, delito contra la ordenación del territorio y desobediencia–, seguirán tan panchos con todos sus derechos, incluido el privilegio de concurrir a la selecciones como ciudadanos-modelo. Es el caso de Bollullos y vamos de mal en peor. Que la corrupción no hay quien la pare no es ya una hipótesis sino un  axioma.

La cara de dios

Me propongo asistir en París estas semanas, si la bronca me lo permite, a una comparecencia pública de esos dos hermanos franceses, Grichka e Igor Bogdanoff, que hace tiempo vienen agitando el cotarro con sus hallazgos pretendidamente científicos tendentes a demostrar la existencia de Dios, no de un Dios convencional ni cualquiera, sino uno que ellos dicen haber “entrevisto en la luz que precede al Big Bang”. Vaya por delante que el severo Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) acaba de propinarle a esos dos aventureros un sartenazo de no te menees al rechazar de plano la tesis contendía en su libro “Le visage de Dieu”, cuya fundamentación física y matemática cuestionan los prudentes sabios hasta el punto de decir que no se explican cómo ha podido prosperar en la universidad un producto semejante, tan ajeno a los rigores científicos. Los Bogdanoff vienen a ser esa especie recurrente de iluminados que irrumpen en la escena científica con la pretensión de haber resuelto el problema eterno pero no basándose en el impulso de la fe sino encaramándose en ecuaciones y teoremas, esos aventureros que al filo de alguna novedad cosmológica –en este caso la presunta visión del origen del cosmos divulgada el año pasado por las trasmisiones del satélite Planck—en las que ellos sostienen que el espíritu avisado puede columbrar el escondido rostro del Creador, ese “visage de Dieu” que hace unos años anunció también George Smoot ante las imágenes retrasmitidas por el famoso COBE. ¿No había opinado Einstein hace más de 70 años que todo el que ande metido en estos berenjenales acabará inclinándose ante la hipótesis de ese ser trascendente que todo un Max Planck apostó incluso que habría de ser un “espíritu consciente”? Los Bogdanoff no habrán avanzado gran cosa más allá de esas hipótesis ni han podido eludir el zarpazo demoledor del CNRS pero se están poniendo tibios vendiéndoles a los eternos ansiosos esa cara de Dios sobre la que hasta Valle-Inclán especuló irónicamente en alguna novela por entregas.

 

Iré a esa cita parisina, ya digo, más por comprobar una vez más la portentosa capacidad de convicción que tiene la especulación libre que por cualquier otra cosa. Sin tragarme nada de ese “orden preciso” en el que emerge la “luz primigenia”, sin esperanzas de verme de pronto “in conspectu Dei” más allá del tiempo y del espacio, por descontado, pero cautivado, como siempre me ha ocurrido, por el espectáculo del desafío intelectual cuando éste sobrepasa de lejos las bardas de la episteme y las severidades de la lógica. Ya les contaré, si hay algo que contar, que lo dudo. Lo que uno no puede hacer es dejar de asistir a una parusía donde los profetas se anuncian a pares.

El quitaypón

La prueba del 9 de la ineficacia de la autonomía andaluza, de su resignación ante la adversidad, es cómo funciona su consejería de Obras Públicas. No ya porque su presupuesto de inversiones haya caído por los suelos y todo apunte a que continuará postrado en ellos durante varios años, sino por el hecho mismo de que por su puente de mando hayan desfilado en dos años ¡seis consejeros! si no del todo diferentes, casi. En efecto, consejeros/as lo han sido allí Concepción Gutiérrez, Luis García, Mar Moreno, otra vez Luis García, Rosa Aguilar y ahora, en fin, Josefina Cruz. A ver cómo puede funcionar un departamento arruinado al que, además, Madrid le va cambiando de jefe sin la menor consideración cada dos por tres.