¡Que se besen!

Tranquila huelga, salvo excepciones. Tímidos gritos contra el Presidente del Gobierno, al que llamaron “embustero”, pero con sordina. ¿Era posible organizarle la marimorena al Gobierno al que se apoya? Parece que no: las calles hablaban por sí mismas, y el civismo de los manifestantes discurriendo ante el comercio abierto en su mayoría hablaba por sí solo. Méndez y Toxo, sobre todo Méndez, han ido forzados a este envite pero lo que han dicho no se lo han creído ni ellos. Ahí están ya las ofertas de diálogo abierto y cordial. ¿Acaso no estaban antier? Se ha notado demasiado en esta HG su carpintería política. Daban ganas de animarlos, durante el recorrido, mientras insultaban con la boca pequeña al Gobierno, con el himeneo tradicional: ¡Que se besen, que se besen! Lo otro no se lo creía nadie.

El PSOE contra el Recre

No se explica la enemiga del PSOE contra el Recre, que tan malos resultados les dio ya cuando Ceada estuvo a punto de permitir que el Decano desapareciera. Asocian su imagen a la del PP, que fue quien lo salvó desde el Ayuntamiento, quien hizo el Estadio y propició la mejor ejecutoria del club más que centenario en toda su historia. Y ahora aprovecha el traspiés competitivo y el consiguiente fracaso económico para forzar un estado de opinión contra la vieja institución popular onubense que, muy probablemente, acabará volviéndoseles en contra como se les volvió entonces. Hay cegueras incomprensibles, pero las que provoca el partidismo son insuperables.

En el laberinto

Ya veremos en qué queda la farsa o semifarsa venezolana de las recientes elecciones que, al parecer, ha ganado Chaves pero sin conseguir la mayoría absoluta que precisaría para continuar con sus planes. En todo caso, si se confirma, esta última circunstancia puede decirse que la democracia estaría de enhorabuena salvo que por democracia se entienda el mero ritual electivo y no todo un sistema de representación efectiva de la voluntad popular sin trampas ni cartón. El amigo Gustavo de Arístegui, sólo ante el peligro como tantas veces, se lo ha explicado muy bien a Carlos Herrera, poco después de haber superado el trance de su fallida expulsión del país: “Estas elecciones han sido como una alta torre a la que la Oposición ha debido subir costosamente a pie mientras el Gobierno se elevaba en ascensor”. Por no hablar de presiones, de tiros con sordina (o sin ella), de forcejeos institucionales de todo tipo, que ha sido lo habitual en Venezuela, desgraciadamente, de toda la vida. Porque no hay que olvidar cuánto debe Chaves a su “golpeado” antecesor, Carlos Andrés Pérez, tan bien visto por la Internacional socialdemócrata (en especial por González) a pesar de su corrupción delincuente, en la medida en que a aquel maltratado pueblo las mangancias soportadas durante tantos años le nublan la vista sobre las actuales. Hay quien cree ingenuamente que el hallazgo de Chaves ha sido la pseudoutopía bolivarista; yo creo que, simplemente, ese gorila se ha beneficiado de la mala imagen de lo anterior pero que, sobre todo, se ha sabido apropiar del petróleo, el único recurso, con toda su vasta red de connivencias oligárquicas. Esas adhesiones aisladas y sonoras que recibe de intelectuales yanquis y hasta europeos –Vargas Llosa aclaró que se trata del único régimen “revolucionario” del área que no ha logrado el apoyo masivo de la izquierda pensante– no dejan de ser grotescas y risibles cuando se reproducen en la tele para todos los públicos. El ridículo de Maradona con su apoyo incondicional no es menor que los de Chomski o Harold Pinter, vistos en la pantalla de “Aló, Presidente”.

 

Queda por ver si Chaves se conformará con el resultado o acabará forzando un “arreglo” que le devuelva la autarquía. Ya se ha visto, en todo caso, que su fuerza está en las zonas deprimidas y subdesarrolladas, en las que la ignorancia y el indigenismo, hábilmente cultivados, garantizan las tentaciones de una “revolución” paradójica e  inevitablemte involucionista. El mitologema bolivariano es un camelo frágil. Comparado con su matriz cubana llega con medio siglo de retraso. Y medio siglo de retraso es, hoy por hoy, toda una eternidad.

Espíritu itinerante

Han dado en llamar “espíritu de Dos Hermanas” al indisimulable auge del PP andaluz que, ciertamente, en Dos Hermanas, gran fortín del PSOE de toda la vida, inauguró su nueva estrategia de meterse con audacia en la boda del lobo. Ganaron en Dos Hermanas, contra todo pronóstico, luego en Atarfe o Antequera y ahora pretenden concentrar en Valverde –feudo onubense por antonomasia—su estrategia de cambio. No se le puede negar al PP entusiasmo y valor para jugarse el resto una y otra vez, ni a sus actuales dirigentes una admirable presencia de ánimo. Si les sale bien lo de Valverde habrá sonado la alarma general, no cabe duda, y estaremos entrando en una precampaña muy distinta de las anteriores.

Palabras, palabras

Palabras, palabras, palabras. Tras el broncazo a Chaves en su visita, la consejera de Obras Públicas ha venido a Huelva a traer un montón de palabras: la Conexión Sur no marcha –llevamos tres años y medio de retraso— porque “se encuentra inmersa en un proceso de debate objetivo, amplio, participativo y transparente”, a ver si se va a creer alguien en Huelva que el atasco se debe a que la Junta no invierte un duro ni lo invertirá, a ser posible, mientras Pedro Rodríguez sea alcalde de la capital. ¡Será por palabras! La Junta paga a Huelva con la falsa moneda de los tópicos, pero hace tiempo que no puede engañar a nadie. No quiere hacer los puentes prometidos, eso es todo. Todo el que calle o disimule esa obviedad es cómplice de esta maniobra antionubense.

Sigue la fiesta

Uno no escarmienta. No he tenido bastante con la leña que me ha prodigado (a cara tapada, debo decirlo) esa vigilante avanzadilla de la que se mofaba Valéry, con motivo de mis tomas de posición frente a ciertas formas de arte contemporáneo que a mí, como a otros muchos “retrógrados avanzados”, me parecen sencillamente una estafa. Lo dije cuando Esparza publicó en Almuzara su excelente diatriba contra el fraude pseudoartístico, también con motivo del debatillo en torno al marquesado de Tapiès o a las diversas reacciones contra esas exhibiciones simplemente obscenas y descerebradas en que, con curiosa frecuencia, ciertos “creadores” insisten en demostrar su inania absoluta ofreciendo “cadáveres, excrementos o mutilaciones” como obras de arte, y entre los que destacan con curiosa insistencia los provocadores –que desde la otra orilla se denominan blasfemos o sacrílegos—especialistas en el recurso irreverente perpetrado desde un realismo tosco y exento de cualquier posibilidad de discusión hermenéutica. Estos días coinciden la prohibición en Milán de la sublime muestra antológica de un acreditado provocador con éxito de mercado, que en esta ocasión, aparte de una monumental escultura representando una mano que hace la higa, no escapaba a la obsesión cristológica, en este caso con la variación de ofrecer una “Mujer crucificada” o  los restos de un caballo embalsamado encabezados por un cartel con la inscripción INRI, con el veto judicial impuesto por un tribunal francés a una exposición de cadáveres polimerizados similar a la que recientemente ofreció el Ayuntamiento de Sevilla. ¿Se acuerdan del “hombre de Bañoles”, el aborigen disecado que se exponía en aquel museo y que el embajador Garrigues hubo de restituir a su pueblo? Pues aquella aberración comparada con estos desmadres obscenos vendría a ser como un bisonte parietal respecto a una ninfea de Monet. Esparza, como otros muchos, se preguntaba (retóricamente) si el arte se habría vuelto loco. Yo creo que los locos hay que buscarlos dentro y fuera de ese taller.

 

No creo que pueda caber la duda de que esta peste pasará por la razón elemental de que la provocación tuvo siempre la cara dura pero las patas cortas, y ni siquiera un mercado tan propicio al fraude y el camelo podrá resistir el peso del sentido común. Un Cristo erecto o un joven ahorcado, una morgue de cadáveres chinos siliconizados pueden sorprender a la parroquia pero no retorcer el rodrigón del criterio, incluso si hay quien paga por la basura. Un cartón de embalar sobre un bastidor de arpillera firmado por un prócer no pasa de ser una ingenua provocación. A Duchamp lo veríamos hoy en la cola del INEM.