Algo se mueve

Lo de Valverde, el mitin del sábado en la Plaza de Toros, fue uno de los actos más notables celebrados por el Partido Popular en tantos años de relativo conformismo. Y lo fue por más que los medios públicos de difusión locales –la TV municipal, señaladamente—privaran al pueblo de una información de indudable interés público. Lo de menos quizá son las encuestas que van y vienen –la última habla de empate en las próximas autonómicas—si tenemos en cuenta ese rebullir que se percibe en un momento de evidente crisis interna de su rival. Muchas cosas pueden cambiar en la provincia mientras la capital parece fortalecer su reiterada opción. Algo se mueve en Huelva y no cabe duda de que los responsables de un PP renovado a fondo tienen tanto que ver en ello como los veteranos de esta vieja pelea.

Cantidades discretas

Un rasgo de estos tiempos nuestros es el uso arbitrario de los criterios de medida. Se acepta como normal en un Parlamento la diferencia presupuestaria que separa los 50 de los 65 millones (pasó el jueves en Andalucía), nunca sabremos si una huelg ha sido seguida por el 70 por ciento de la población o simplemente por el 6, una mani de 5.000 personas para la policía municipal puede anunciarse como de 100.000 según los organizadores, o viceversa. Ni lo grande ni lo pequeño conservan en nuestros días ese estatuto rígido que los distinguió siempre confiriéndoles entidad, paradójicamente, en muchos casos, a causa de la exquisitez del instrumental de medición. Fíjense en el caso del ciclista Contador, un sujeto de, pongamos sesenta kilos masa y cinco litro largos de sangre, al que en un lejano laboratorio le han detectado nada menos (ni más) que 50 “picogramos” de clembuterol –la sustancia con que se engordaba y, por lo visto, se sigue engordando al ganado–, una cifra diminuta que se expresa en un alucinógeno 0’00000000005 por mililitro de sangre, es decir, ¡por una trillonésima de gramo! o, como se dice en el argot científico, en 0’05 nanogramos, que viene a ser, como comprenderán, un chaparrón en el océano. Pero vamos a ver, ¿dónde está el límite cierto de la dopa, existe o no existe un criterio claro para considerar dopaje la presencia de una sustancia en la sangre o la orina de un sujeto, quién y cómo razona dónde puede considerarse que comienza el fraude y el riesgo para el analizado? Me asombra escuchar argumentos tan prosaicos como ése de que más que de un dopaje puede tratarse, en este caso, del “contagio” provocado por la ingesta inocente de un solomillo y, sobre todo, me sobrecoge la idea de que el mal no tenga marcado un límite rotundo, de tal manera que pueda castigarse por tramposo y sin apelación a ojo de buen cubero. ¿Qué cantidad de clembuterol o de lo que sea debe considerarse significativa, es decir, realmente influyente en el metabolismo y, en consecuencia, en la forma física del sujeto? Mientras no me aclaren eso seguiré creyendo que Contador es una víctima más entre tantos pringaos.

 

Hay en todo en ese negocio de la dopa una componente activa de puritanismo que resulta de lo más inocente en un mundo donde se debilita por días el rigor. No se tolera una trillonésima de gramo de clembuterol en la orina del un ciclista mientras se acepta sin pestañear que la cifra de abortos se encarame en los ciento de miles o nos deshacemos moralmente de millares de muertos bélicos disimulados en el eufemismo “daños colaterales”. La nanomoral, tristemente, convierte en sospechoso ya hasta un simple solomillo.

La nueva clase

Parece que en el PSOE han decidido buscar líderes futuros en la Universidad. ¡A buenas horas, mangas verdes! Ningún partido se escapa en España de la mediocridad y la improvisación de los líderes, pero el PSOE ha batido todos los récords en las últimas legislaturas en las que los fracasados escolares se sientan en el Gobierno o dirigen los partidos autonómicos. ¿Y qué harán los “aparatos” cuando esos “masterizados” estén disponibles, preferirlos a sus camadas propias? Échenle una ojeada a las nóminas de esa nueva clase y verán cual es su nivel de mediocridad. Si de verdad, esto va en serio y no es un paripé, muchas cosas habrían de cambiar en esta política.

A por todas, como sea

De cara a las próximas e inquietantes municipales, el PSOE parece dispuesto a ir a por todas, como sea, aceptando en sus candidaturas a quien se tercie, es decir, a cualquiera, venga de donde venga. Y eso no me parece que sea ilegítimo aunque ejemplos denigrantes como el transfugazo de Gibraleón, el cambalache de Valverde o el baile de El Cerro permitan cuestionar seriamente el grado de ética del proyecto. Es inevitable que haya logreros que busquen pesebres bien abastecidos. No lo es tanto que un partido que se respete a sí mismo y respete la democracia, haga una oferta tan evidente como la que acaba de anunciarse. Legítimo o no, va a haber overbooking de tránsfugas llamando a esa puerta propicia.

Canción del olivo

He visto la aceituna estos días en los campos que tiene mi hermano por tierras de Trigueros y Beas, predios tradicionales de oliva y pan llevar. Apunta espléndida, granada ya a medias, en el umbral de esa exultante plenitud de la planta en que los ácidos grados comienzan a cuajar en el fruto pero mostrando todavía su cara ingenua e inocente. Espléndido, con las pródigas aguas pasadas que mantienen bizcochada la tierra, y el sol de justicia que recién acaba de hacernos gracia, apenas entrado el otoño, prometedor para que en cosa de un mes ordeñen los olivos las vareadoras o lo eche a tierra, como en un estetor de sexshop, el vibrador que abraza los troncos retorcidos como un gañán ansioso. Cada año me asombro del campo, bendigo su pródiga causa, el rigor de su calendario no escrito, el tiempo virtualísimo ínsito en los ramones y en el muñón, que aguarda su hora exacta para manifestarse en el envero y enmorecer las olivas y la uva. Hace poco, cosa de meses, ese fruto era aún flor quebradiza, fragilísima, como engarzada por el divino orfebre en la pasamanería vegetal, asustada de la lluvia y del ventarrón que esconde el tempero, pero ahora es ya imagen fiel de sí misma, realidad rotunda destinada al glorioso sacrificio del molino. ¡El don de Atenea! Dice Apolodoro que la diosa “llegó al Ática y, poniendo al Rey por testigo, plantó un olivo”. Y así debió de ser, regalo de la dorófora, luego extendido por toda la tierra, como los vientos y las palabras, como las ilusiones de los hombres y el ruido de sus fracasos. He visto esas aceitunas  en agraz, promesa cierta, aguardando el refresco de las noches de otoño, quizá las lluvias postreras que aumentarán su gloria verdinegra. “Ojinegra la oliva en tu mirada…”, dejó inédito Miguel Hernández. Yo bendigo esos campos de esperanza, labrados con esmero, hijuela a hijuela, vareta a vareta, como se esmera un clan por mano del patriarca.

 

Lo que no entiendo es el mercado. Grandes cosechas y altos precios, malas o medianas, y vaya usted a saber. El aceite sagrado aguarda en el pretérito perfecto de la oliva, desgañitando sin voz su futuro simple, elemental, secreto, enigma químico ajeno por completo a las maquinaciones de los mercaderes, acaso comprensivo con las duquitas del labrador de más aire que lo ve venir con el alma en un puño, encogido el ánimo, inerme y hechizado como el pájaro ante la sierpe. Para octubre tendremos ordeño y molienda, pan candeal retostado en la hoguera de jara y arenques regados con el primer zumo. Y otro año habrá pasado, puntual, ineluctable, generoso como todos los de esta historia amable y temerosa en la que nadie se libra del rigor de la muela.

¡Y se besaron!

Los sindicalistas han dejado la pancarta, han vuelto a ponerse el prêt-à-porter y se han ido a echar amistosas cuentas con “su” Gobierno. Méndez ha besado a la Vice primera del ejecutivo y éste, agradecido y sin pensárselo, les ha largado ya, de momento, otros veinte mil millones del ala a los síndicos, para que no falte de nada. Pero ¿no habíamos quedado en que ZP tenía que dimitir y en que era un  embustero? Pelillos a la mar. El besuqueo elocuente del huelguista y la Vice habla por sí solo. Tal vez no se hayan dado cuenta de que ha inutilizado para mucho tiempo el recurso de la huelga con este paripé bienpagado. Pero lo cierto es que ellos son hoy mucho más ricos mientras que la basura, como decía el otro, la han seguido sacando los mismos.