El opio de la hembra

Vaya numerito el protagonizado por las amazonas del ‘Lobby Europeo de Mujeres’ reclamando la extinción de las religiones, así, en plan genérico, como culpables de la “castración de la sexualidad femenina”. La idea no puede ser más ridícula, aunque todo es proponérselo, y pone de relieve el despilfarro de energías perpetrado en esta sociedad en defensa de causas absurdas y infantilmente planteadas. ¡Con la que está cayendo en el planeta pajiniano, salir a la calle esgrimiendo el comecuras! Manolo Summers y Chumi decían, en tiempos, que estas entretenidas no han fregado nunca una escalera de madrugada. Yo no digo nada, Dios me libre, sino que parece mentira que iniciativas como ésas hayamos de pagarlas entre todos.

Pedrisco en punta

De mal en peor va el sumario en el que se imputan al alcalde de Punta Umbría, al secretario local de PSOE y al concejal de Urbanismo los delitos de prevaricación, fraude en la contratación, falsedad y alteración del precio de subastas. Un caso malo para los implicados y para el PSOE que, con su estrategia de ganar tiempo, puede verse con el estallido del “caso” en puertas de las municipales. Además de la cinta intimidatoria grabada, ahora se esgrime también el fantasma de una firma falsificada. Mal asunto, ya digo, del que no se escapa ni la Ejecutiva provincial de la que, incomprensiblemente, sigue siendo miembro uno de los acusados.

Escrito al margen

Estos días estamos asistiendo a la movilización de muchos países occidentales conmovidos por la tragedia de Haití. Es una buena noticia que abre un resquicio de esperanza en este mundo feroz e insolidario, sin duda dinamizado por el enorme impacto mediático de una catástrofe natural que puede alcanzar a cualquier país aunque, ciertamente, comportando riesgos mucho más graves en los países pobres a causa de la fragilidad de sus infraestructuras y de su propia pobreza. Muy buena noticia, sí señor, aunque ella misma nos permita preguntarnos por qué el mundo se inhibió ante desastres muchos mayores si cabe, como los ocurridos en las recientes guerras africanas, cómo el mismo Occidente que ahora se levanta enhorabuena para auxiliar a esos desgraciados pudo no sólo permanecer pasivo, sino que intervino en aquellos conflictos aportando apoyos suicidas o vendiéndole armas sin tasa a unos pueblos exasperados. Los mismos que hoy se reúnen para ver qué puede hacerse con un Haití desvencijado –es decir, EEUU, Francia, Gran Bretaña, Bélgica o Rusia, entre otros—estuvieron tras las pavorosas matanzas, muy superiores en número de víctimas al provocado por la desgracia de Haití, tomaron decisiones crueles o les vendieron las armas con las que se armaron hasta milicias infantiles. Ruanda, Burundi, Costa de Marfil, el Congo, Uganda, como Somalia o Sudán llevan padecidos conflictos o guerras abiertas cuyas víctimas se cuentan por millones y ante las que el mundo civilizado que hoy se moviliza permaneció al margen, descontados algunos inevitables aspavientos. El impacto mediático de un  terremoto ha logrado más en unos días que las matanzas de la guerra durante años, hasta el punto de que los mismos que cabildearon o les dieron las armas a los enloquecidos se retratan ahora entre codazos (véase la actitud de Francia respecto a EEUU, por ejemplo) en favor de las otras víctimas. Hay espantos y espantos, no cabe duda. Y tentado estoy de decir que hay negros y negros.

 

Haití tiene una ventaja sobre los otros países desgraciados: carece de valor, no tiene nada. En África, en cambio, está en juego el coltán, los diamantes o el petróleo, es decir, los pesados intereses que de verdad mueven a la civilización. Por eso, pasada la fase publicitaria, ya verán cómo van desapareciendo uno tras otro de aquellas ruinas entre las que, tristemente, lo probable es que los supervivientes sigan buscándose la vida como perros porque en nada tientan a la ambición ajena. Hay negros y negros, no hay que darle vueltas, y no habrá telediario que aguante más de un mes en esta pelea. El Poder sabe que no hay apocalipsis capaz de mantenerse en primera plana.

Brazo torcido

Parece que en el PSOE, al fin, habrá congreso extraordinario. Era una batalla contra el “aparato” que o ganaba el presidente Griñán o tendría las manos atadas y los días contados. Es lo lógico, porque lo que resulta inconcebible es una autonomía en manos de un líder que no cuente con el respaldo de su partido y más en una situación crítica como la que está viviendo la región. Es posible que haya influido la previsión sociológica de un giro electoral, pero da lo mismo, porque lo que interesa es el fin del cuento. Una Junta en manos de un Presidente no puede seguir supeditada a su consejero de Gobernación y menos a un ausente caducado.

Van por libre

Los gestores del Centro de Tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos de Villarrasa, que así es como se llama ahora al basurero, siguen pasándose por el arco, al parecer, según denuncian sus propios trabajadores, la normativa en vigor y enterrando la basura o tirando agua contaminada al río en lugar de tratarla previamente como está mandado. No se entiende la pasividad de la Junta y, sobre todo, el desmarque de la Diputación, que es la responsable del basurero, en este asunto que colea hace mucho tiempo, entre otras cosas porque acciones de ese tipo pudieran constituir delito. ¿No había una consejera del ramo que era de Huelva? Pues no se nota. O sí…

El anzuelo persa

Hay que reconocerle al régimen iraní una estupenda capacidad de propaganda. Mi admirado Eugenio Trías, por ejemplo, ha defendido todos estos años atrás las bondades potenciales de una situación sociopolítica como la iraní, que convenía apoyar desde fuera, no sólo por confirmar su derecho a elegir el propio destino, sino porque, estratégicamente, a todos nos convenía que esa presunta evolución avanzara sin trabas. Mis reticencias a esa teoría, sin embargo, viene de lejos. No puedo olvidar la brutalidad de las imágenes inaugurales de un régimen que se estrenó televisando ejecuciones masivas, ni el hecho de que, desde un principio, las graves disidencia afloraron hasta el punto de obligar a tantos dirigentes a elegir el exilio huyendo de las purgas, comenzando por la rocambolesca fuga del que fuera primer presidente electo de la República Islámica, Abdulhassam Beni Sadr, que logró escapar por los pelos, disfrazado de mujer. En diciembre pasado, Irán ocupó durante unas semanas los pozos de petróleo irakíes de Al Fauqa, con la clara y vana intención de provocar una “agresión” occidental que hubiera permitido a los ayatollás distraer la atención del pueblo con el espantajo del peligro extranjero, una técnica que no es, en modo alguno, exclusiva de los países árabes pero que éstos manejan con maestría de toda la vida: eso fue lo que hizo a Saddam Husein al enfrentarse a Jomeini y eso es lo que ha hecho toda la vida Marruecos agitando el “peligro español” cada vez que dentro de casa la tensión subía más de lo tolerable. Ha sido un gran acierto no entrar al trapo, no sólo porque esa ocupación tenía los días contados, sino porque echarle un balón de oxígeno a ese peligroso régimen que se debate en una crisis interior sin precedentes hubiera resultado absurdo. Esta vez el “demonio americano” no ha picado el anzuelo.

 

Es peligroso que tanta gente haya asumido, a partir de la desafortunada ocurrencia de Bush sobre el “eje del mal”,  la posibilidad de que la amenaza cierta de un régimen en manos de un  ex-terrorista fanático, como Ahmadineyad, pueda provocar otra guerra en la región. Pero también lo es la ingenuidad con que se contempla desde Occidente un proceso de apertura que los hechos demuestran imposible en manos de quienes ven en su régimen el “escudo del Islam”. De haber reaccionado mal el mes pasado hoy habríamos sublimado esa amenaza sin beneficio para nadie. Desde que Trías insistía con vehemencia en aquella defensa ha pasado mucha agua bajo el puente y hasta ha corrido la sangre de los opositores en el país. Un “diálogo de civilizaciones” es hoy un trampantojo y, si me apuran, una forma de complicidad.