La granada podrida

Sin cuestionar en absoluto la intención de la juez sustituta de Mercedes Alaya, es más que posible que muchos ciudadanos vean en su paciente deconstrucción de la investigación inicial (de los ERE, de los fondos de educación, de Invercaria o de los avales…) una estrategia patentemente desdramatizadora y, en consecuencia, simpática para los acusados del presunto saqueo. Es como si a la antigua granada se le fueran arrancando uno a uno los granos más sospechosos. Quizá por eso la Audiencia no ha dudado en reprocharle de nuevo a la instructora, a petición de la Fiscalía, un “tempo lento” que aplauden a dos manos los respectivos acusados, y ordenarle que haga lo que se negaba a hacer. En resumen, un tejemaneje demasiado complejo para los legos pero también demasiado dudoso para los propios jueces.

Otra yenka

Otra vez el paso atrás tras el paso adelante. La Junta exige ahora al Gobierno que paralice el inquietante proyecto de acercar el gas al Parque Nacional de Doñana que en su día apoyó con firmeza contra todos. ¿Por qué? Bueno, la política, ya saben: en aquel tiempo el ex-presidente González mandaba mucho en la marisma y no disimulaba su simpatía por el proyecto en cuestión. Hasta la dimisión de un Premio Príncipe de Asturias costó este pulso que ahora –invocando las razones de seguridad que antaño se ignoraban– se reactiva para abrir otro frente al Gobierno de la nación, que es de lo que se trata. La política, ya digo y los juegos de intereses. Hay quien opina que si aquel valedor supremo anduviera todavía por esos palacios, tal vez la Junta no bailaría esta yenka. ¡Cualquiera sabe!

¡Pobres funcionarios!

¡Otro baranda que se apunta al tiro al funcionario! Como ya hiciera la ex-consejera de Hacienda, Aguado, su colega de Empleo, Fernández, se escuda en que él no era “especialista” sino lego y, a pesar de ser licenciado en ellas, no entendía de leyes. Para soportar el peso de la responsabilidad ahí estaban los pobres funcionarios, ya que en las alturas –“de mi nivel para arriba”, declara— nadie conocía (sic) el contenido de esos informes que autorizaban el presunto saqueo. Él firmaba en barbecho, por lo visto, “los paquetones” (sic) que le entregaba su secretario general y no los leía “por innecesariedad” (el palabro es suyo, claro). No sé a qué esperan esos trabajadores públicos para levantar la voz ante este linchamiento, ni me explico por qué elegirán los políticos tanto lego para ocupar tan altos cargos.

Sol y sombras

El sol sale para todos, dice (aproximadamente) el evangelista, y lo recordábamos el Domingo de Ramos cuando se fue la lluvia y el pueblo en paz se echó a la calle actualizando una vez más sus tradiciones. Contrastaba esa imagen andaluza con los nubarrones catalanes y el espectáculo del acoso narco a la fuerza pública en La Línea, que forzó a los agentes incluso a disparar al aire.Y contrastaba también, sin duda, la función cordial de la paz civil con el rumor inútil de la pelea política, unos contra otros y todos contra uno. Habrá que estirar todo lo posible el día radiante con la esperanza de que, sobre el conflicto ruidoso, fragüe el consenso que se respira en la calle. No hay espectáculo como el del sol tras la borrasca. Y menos en el paisaje de la vida.

El trimestre breve

Tras la Pascua vendrá el trimestre breve. Poco tiempo esos tres meses para tantos problemas. Los dos grandes partidos rotos en crisis interna, el acuerdo de financiación autonómica pendiente, el juicio de los ERE en sesión continua, la batalla contra los narcos en plena ebullición, la calle revuelta por el clamor de los pensionistas y las protestas de los usuarios frente a la sanidad pública o el abuso de la fiscalidad regional…, son demasiadas cuerdas para un solo violín. Buena coyuntura para políticos con talento e imaginación, mala para los mediocres y cuestionados. Después vendrá el verano, la vacación y la diáspora masivas, y quién sabe si el roneo de las “primarias” y la convocatoria de elecciones. Hará falta exprimir el tiempo breve frente a tantos problemas pendientes. Dejar el barco al pairo, ¡una vez más!, no tendría perdón.

Memoria y revancha

Vivimos una nueva temporada pugnaz en torno al debate de la llamada “recuperación de la memoria” histórica. Más de ochenta años después de la tragedia de la guerra (in)civil, resurge el griterío denunciando la supuesta amnesia colectiva de una sociedad, como la española, cuyo ejercicio rememorativo ha sido realmente inusual. A mi entender, este resurgir justiciero que reniega de la exitosa Transición y sus providenciales paces, es consecuencia tanto del auge del populismo como del desmayo de los objetivos históricos de una Izquierda en profunda crisis, doble causa que ve en la mirada retro un relleno para su vacío ideológico. Se suelen recordar, entre otros muchos ejemplos, la ley romana de 403 a. C. que, en defensa de la paz lograda, prohibía severamente recordar los males pasados, así como la inteligente y generosa idea del historiador Marc Bloc de que el olvido es el mayor beneficio de los pueblos heridos. El insistente rechazo de la Transición pacífica –que fue tan costosa como sabemos los que la vivimos de cerca— resulta cuando menos absurdo en una España abrumada de problemas políticos y socioeconómicos que ha de moverse, además, en un entorno geopolítico nuevo y complejísimo.

¿Tiene sentido la continua polemiquilla sobre la mudanza del callejero, las retiradas de símbolos tan delicados como las cruces de los caídos o la reclamación de las exhumaciones del Valle de los Caídos? ¿No es más bien ese lúgubre ruido la sinfonía discorde con la que algunos tratan de tapar su fracaso ideológico y político? Probablemente sí, entre otras razones porque, como han señalado ilustres críticos de la propia Izquierda, carece de sentido hablar de amnesia justo cuando el ejercicio de esa memoria histórica tras la Dictadura ha sido el mayor que se haya registrado en España. Es por completo falso que la Transición impusiera silencio forzando la amnesia colectica, como ha probado de modo aplastante, entre otros, alguien tan poco sospechoso de connivencia como el profesor Santos Juliá en alguna ejemplar reflexión, al defender el éxito de la estrategia pacificadora que fragua en la amnistía de 1977, tan emotivamente retratada por en el famoso cuadro de Genovés. No nos engañemos: la causa de esta vuelta a la revancha no es otra que la llegada de la Derecha al poder en los años 90, una causa que se ha vuelto explosiva con la irrupción del populismo y la anemia ideológica de la Izquierda clásica. Esos “nietos de la guerra” andan desconcertados y a cuestas con su “media memoria” entre los escombros legados por la crisis económica. El cuadro goyesco sigue siendo, lamentablemente, nuestra triste caricatura.