Un maestro es su herencia

A principios de los sesenta pasé yo mi via crucis de las milicias universitarias en el segoviano paraje de El Robledo, con el inmenso Llano Amarillo enfrente y a la espalda el serrijón sombrío de Matabueyes. Entre mis pocos alivios contaban los frecuentes paseos dominicales en los que acompañábamos al profesor Carlos Ollero, maestro sevillano…






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