Fraude indultado

La hermana del alcalde de Carboneras, la misma teniente de alcalde que ya fuera condenada con él por delito electoral en 2005, vuelve a ser ahora encausada por el mismo presunto delito. ¿La culpa? De los culpables, eso seguro, pero sin olvidar el clamoroso indulto que el Gobierno de ZP concedió a ambos hermanos defraudadores a un  mes vista de las siguientes elecciones para que pudieran presentarse a ellas al año siguiente. ¿Tanto supone controlar un Ayuntamiento como para que todo un Gobierno se ponga en evidencia de esa manera? Los indultadores sabrán. Lo que desde luego no cabe hacer es condenar sólo a los reincidentes.

Vivir del cuento

Crece el desconcierto a propósito de las adscripciones políticas, quiero decir, a sus trasfondos ideológicos, hoy confundidos todos en esa suerte de crisol común del que ninguna postura parece escapar. Le pregunté un día en público a un dirigente sociata qué coños venía a ser hoy el socialismo habida cuenta de lo que se hacía en su hombre, y el dirigente me respondió, algo abruptamente, que el socialismo hodierno consistía en “resolverle los problemas a la gente”, es decir, ni más ni menos que lo que nos contestaría, caso de ser preguntados, un bombero, un policía municipal o un funcionario de cualquier ramo: ni mu de la vieja utopía, ni mentar la bicha colectivista, nada, en definitiva, que no fuera la pura rutina burocrática que es lo que le queda del socialismo cuando se instala en el poder. Hoy se mete en un mismo saco a Clinton, a Blair o a González, mientras desde el Gobierno “socialista” se recortan las pensiones, se suben los impuestos o se deja colgados a los parados, mientras se procede a privatizar lo público aunque, eso sí, llamando “liberalizaciones” a esas maniobras. No sabemos –nadie sabe—qué ocurrirá mañana, pero lo que es hoy, ciertamente no es posible hallar la menor diferencia programática ni ideológica entre una derecha que presume de progresista cuando se tercia y una sedicente izquierda que ha liquidado en pocos años una tradición utopista de más de un siglo. Aena no se va a vender a los tiburones capitalistas (que sería lo suyo, caso del ser el PP quien la vendiera) sino que va a ser “liberalizada” porque, bien miradas las cosas, ésa es la única maniobra posible para un Gobierno en apuros que lo que busca es hacer caja para saldar sus deudas. Desde la economía, que es lo que cuenta, en la presente legislatura el llamado “socialismo” está viviendo el culmen de su degeneración ideológica. La “derechona” no lo hubiera hecho peor ni mejor en lo fundamental: hubiera hecho exactamente lo mismo.

 

Cuando se habla de crisis de la democracia no suele tenerse en cuenta esta degeneración ideológica que, en la práctica, ha igualado entre sí a las diversas opciones políticas, dejando a los ciudadanos a la intemperie sentimental a la hora de apoyar con su voto a cualquiera de ellas. Nadie sabe en este momento qué es la izquierda, qué pretende frente un oponente que le siega la hierba bajo los pies arrebatándole las banderas, cómo diferenciarse de un rival que, cambiando lo imprescindible, ha conseguido dejarla obsoleta. Sólo un puñado de shakespearianas palabras permite mantener en cartel una comedia que los hechos certifican cada día más como un drama si no como una tragedia.

Insulto libre

Mala cosa ha hecho el TSJA al decidir que llamarle a un hombre público “matón de discoteca” no es más que usar del derecho a hablar sin límites ni cortapisas que, a su juicio, asiste a los políticos por ser condición de la vida pública. Nada más enterarse del fallo, en efecto, otro que tal ha llamado “kale borroka” a sus adversarios en pleno Parlamento y son de esperar muchos otros frutos podridos de esa doctrina judicial. La vida pública no tiene por qué quedar al margen de las sanciones por injurias o calumnias que afectan a los ciudadanos en general sino todo lo contrario. Dejar libres a los perros ladradores no contribuirá al éxito de la democracia sino a su abyección.

Babel bilingüe

Un comunicado del mismísimo director de la CIA, León Panneta, suscrito por algún eminente profesor de Princenton, acaba de denunciar alto y fuerte al mundo el error progresivo de los americanos que supone encerrarse en sí mismos y plantear su existencia olímpicamente de espaldas a los demás pueblos de la Tierra. Alertan estas voces sobre el riesgo de que ese retraimiento provoque irreparables perjuicios a un país hegemónico que anda cada día menos ocupado en aprender una segunda lengua desde el convencimiento absoluto de que con la que tiene, con la propia, le basta y le sobra, como koiné o lengua franca, para circular libremente por todo el planeta, un poco en línea con la conocida broma de que hizo popular el novelista Pierre Daninos, y que venía a decir que el privilegio del inglés de a pie y, en consecuencia, de su primo norteamericano, consistía básicamente en el hecho de desconocer cualquier otro idioma y, en caso de conocerlo, procurar que no se le notase. Pero nótese que la requisitoria del jefe del espionaje no apunta a conveniencia cultural alguna sino a motivos estrictamente socioeconómicos, cosa que no extrañará al lector del Rousseau del “Origen de las lenguas” si recuerda su idea de que la única razón del habla es la necesidad: si los hombres no hubieran tenido necesidades físicas nunca habrían pasado del lenguaje del gesto a la lengua hablada. Las lenguas vivas extranjeras, según los denunciantes del caso, son un filón benéfico y no sólo un adorno prescindible de la personalidad, y en el caso de los yanquis –lo acaba de decir el director de la CIA, repito—el aprendizaje del español y el francés debe constituir un utilísimo recurso para renunciar al aislamiento y abrirse a los otros. No se concibe un Imperio mudo cuyos legionarios, como los soldados liberadores de la Francia ocupada, alardearan de no traspasar en su vocabulario las bardas elementales del “Je t’aime” y el “ménage à trois”.

El siglo XXI será el siglo bilingüe incluso en los EEUU y en España, por más que las inercias respectivas trabajen en sentido contrario, lo que quiere decir que la Humanidad se abre y agranda su horizonte psíquico, como si el marco del viejo universo monolingüe (etnocentrista, nacionalista, etc.) se le hubiera quedado estrecho y no garantizara ya su supervivencia. Y el inglés, en efecto, dominará este tiempo como el griego el latín o incluso el español, dominaron otros ya lejanos. Lo que quiere decir que no es posible seguir considerando su aprendizaje como tal asignatura sino que habrá que implementarlo (y ya tienen ahí un exitoso anglicismo) simplemente para conservar lo nuestro.

La imagen real

Ha abogado Griñán en el show madrileño de la “Andalucía 10” por conseguir que presentemos al mundo “la imagen real” de nuestra región y no la que, a fuerza de inmemoriales tópicos, se ha forjado durante siglos y se fomenta aún hoy día con dinero público. ¿Y qué “imagen real” sería ésa, la que nos sitúa en la cola de todos los ránkings habidos y por haber, la que nos arroja a la periferia lo mismo en materia de empleo que si hablamos de educación o la que refleja una Administración autónoma duplicada, poco solvente y despilfarradora? Mida sus palabras el Presidente, no sea que una “imagen real” llegara a filtrarse y acabara divulgando nuestro lamentable estado.

Sexo a la carta

Las novedades en torno a la genética son cada día más desconcertantes, dicho sea lo anterior con plena conciencia de que, al paso que va la burra, en poco tiempo una frase semejante podrá considerarse obsoleta. El último de esos prodigios nos llega en las páginas del Biology of Reproduction, periódico cuya seriedad nos permite repetir la tremenda información de que un sabio tejano del MD Anderson Cancer Center ha logrado “producir” en el laboratorio un ratón proveniente de dos machos, es decir, sin mediación de hembra alguna, a base de manipular células-madre procedentes de un feto masculino hasta conseguir transformarlas en células-madre pluripotenciales inducidas. Vean para lo que ha quedado el Génesis y no sólo él, por supuesto, en esta era embalada que nos lleva sin resuello de susto en sorpresa hasta el punto de que un notición como éste –sacar un ratón de dos machos—acabe arrinconado en un margen del periódico por más que sus prometeos se desgañiten avisando de que después de esta proeza viene la de intentar la producción de esperma a partir de donantes femeninas y acabar echando a este perro mundo lo mismo machos que retoños femeninos (quiero decir hembras), hijos de dos madres y sin la menor necesidad de padre alguno, abriendo inmensos horizontes a las parejas monoparentales. Ustedes me dirán si no es para tragar cerillas aunque, en cualquier caso, este progreso desbocado que parece que sabe dónde va pero que no deja de erizarnos el pelo a los desconcertados hijos del pasado. ¡Hijos de dos padres o de dos madres! Lo que empezó siendo una aspiración ideológica a la igualdad entre los sexos pudiera romper cuando menos lo esperemos en una simple abolición de la sexualidad reproductiva y eso, evidentemente, es hablar ya de otro mundo y de otra vida. Para que vean que el mito se queda corto, después de todo, en cuanto se le saben pillar las vueltas a la imprevisible realidad.

Todavía un Augusto Comte podía ligar la sexualidad a la precariedad de una vida que hasta ahora, al menos, ha sido por definición limitada, razón por la que, según él, carecía de sentido hablar del sexo de los ángeles, puesto que estos, exentos y eternos, maldita la necesidad que tendrían de reproducirse. Pero una cosa son los ángeles y otras –tienen que convenir esto conmigo—esos ratones que pasado mañana pueden ser ya seres humanos hechos y derechos, sólo que unilineales como los hermafroditas del tiempo primordial. Es que no se puede abrir el periódico ya, oigan, sin estrellarse en alguno de estos farallones imprevisibles ocultos tras la bruma de la nueva ciencia.