El sueño ilustrado

El dictador chino, HuJintao, ha dicho a Obama, durante su visita a EEUU, que en su país se están haciendo grandes progresos en materia de derechos humanos, pero que en esa delicada cuestión no está dispuesto a admitir consejos y menos a soportar presiones. Lógico, teniendo en cuenta que se trata de una potencia que le presta al Imperio americano, según se dice, la estupefaciente cifra de dos mil millones de dólares diarios y a la que nadie le discute hoy por hoy ser la única en el mundo que puede compartir su hegemonía. Los derechos humanos, los del hombre y el ciudadano, como decían los revolucionarios franceses, aquellos universales, igualitarios, inherentes a la persona, irrevocables, inalienables, intrasmisibles e irrenunciables, tienen poco sentido en un inmenso hormiguero donde la inmensa mayoría de la población sobrevive en las orillas de un sistema que, es cierto, crece a un ritmo desaforado sobre la base de una inmensa miseria y de una sumisión férrea. Lo que Hu quiere decir (y dice) es que vale lo que se quiera en esta materia salvo postular, como hacen los clásicos del sueño ilustrado, que tales derechos no dependen de factores particulares incluyendo la nacionalidad, sino que son, eso, universales, por su propia naturaleza y no por gracia de poder alguno. ¿Y quién le lleva la contraria a un tío que te presta dos mil millones de dólares diarios, a ver, díganme? Viendo las acrobacias dialécticas de Obama nos turba la idea de que el auge chino puede ser la piedra que acabe destrozando el tejado de cristal de la vieja construcción iusnaturalista y, en consecuencia, el factor que propicie una marcha atrás en ese reconocimiento jurídico en el que veníamos creyendo a pies juntilla que culminaba el impulso moral de una civilización, la occidental,  a la que consideramos única. Dos mil millones de dólares diarios es mucho dinero. Se comprende que Obama haya tenido que mirar para otra parte y aceptar la exigencia del acreedor.

 

Entre unas cosas y otras, la verdad es que estamos asistiendo a un ocaso lento pero certísimo de aquellos progresos que ingenuamente llegamos a creer definitivos en un mundo en el que como, sobrado de sentido positivista, pesaba Henry de Montherlant, el derecho, al fin y a al cabo, no es más que el juicio de valor que una parte trata de imponer a otra menos fuerte que ella. Y por parte de Obama sería temerario creerse más fuerte que un país que, por más que vulnere los derechos de sus súbditos, crece a paso de carga y que te presta dos mil millones de dólares cada día que pasa. Paine no entendería nada y a Jefferson se le caería la cara de vergüenza pero, simplemente, Obama no es ninguno de esos dos.

El imparable paro

Lo único que era imparable en Andalucía, desgraciadamente, era precisamente el paro. Un millón doscientos mil andaluces carecerán de trabajo a finales de 2011 si Dios no lo remedia, porque lo que es la Junta y el Gobierno bastante tienen con poner al mal tiempo buena cara y administrar como pueden ese optimismo que ha resultado ser el gran cáncer de nuestra situación socioeconómica. Un 30 por ciento paro es el triple mal contado de la media europea y una tasa que no hay optimista que pueda resistir. No hay mejor exponente del agotamiento de un “régimen” que después de treinta años de hegemonía no es capaz siquiera de reaccionar ante esta catástrofe.

El guante blanco

Cualquiera que conozca el pasado del bandolerismo  sabe que éste adaptó su modelo de actuación  a las diferentes circunstancias que le tocó vivir. No fue lo mismo el bandido romántico a los ojos del Tempranillo que en el concepto que de la “profesión” tenían, pongamos,  el Vivillo o Pasos Largos, entre otras cosas porque hoy quedan pocas dudas de que con aquel remoto modelo imaginario no acabó ninguna ideología sino el proceso de urbanización de la sociedad española. Y lo mismo, al parecer, está ocurriendo con las mafias italianas, hoy reconvertidas en un conglomerado de jóvenes profesionales, muchos de ellos de alta graduación académica y profesional, que ha seguido el modelo impuesto por Bernardo Provenzano, el descubridor de que una mafia actualizada había de cambiar su clásica zamarra siciliana por el prêt-è-porter sin que ello supusiera el olvido de la beretta o del raskolnikov. En ese sentido ha contado a un periodista su versión un juez experimentado, Raffaele Cantone, quien describe la nueva organización criminal como un mosaico de profesionales, ingenieros, arquitectos, comerciantes, abogados o banqueros, laureados universitarios pero fieles a los “códigos del honor” mafiosos, que se han incorporado a la vida pública en especial a través de la emigración.  Se ha pasado de la convivencia a la connivencia, de la “omertá” a la complicidad, en un proceso que ha concernido desde los más bajos estratos sociales hasta las primeras figuras de la política, entre ellas Andreotti o Berlusconi. El “guante blanco” ha acabado imponiéndose posibilitado, entre otros factores, por la singular capacidad de adaptación de estas nuevas cohortes delincuentes y su singular intuición para anticipar los cambios sociales profundos, incluyendo el de la globalización de las relaciones.  Todo debe cambiar  para que todo siga idéntico, parece ser el lema heredado de Giovanni Tomassi de Lampedussa.

 

Les recomiendo, en este sentido, el libro en cuestión que no es otro que “I Gatopardi”, firmado por Gianluca Di Feo en conversa con el juez citado, un compendio ejemplar de investigación primaria pues se basa esencialmente en documentación judicial de primera mano.  Sin ocultarles que he pensado leyendo ese libro en la realidad española, hoy transida de mafias secundarias y montajes poderosos que han convertido la vida pública nacional en lo que la han convertido. Me quedo con la frase terrible –han pasado de la connivencia a la convivencia y de la omertá a la complicidad—con la sensación de no quedarme corto ni pasarme de largo. Después de todo, Sicilia y Nápoles tienen mucha España dentro. No hay más que mirar alrededor.

Cosa juzgada

Es palpable el desconcierto de Griñán ante la sentencia del TSJA que lo conmina a abrir expediente para saber si Chaves incumplió o no la ley de Incompatibilidades. Su teoría de que la absolución en vía penal cierra el caso es impropia de un funcionario de carrera como él y su desdén por la vía contencioso-administrativa –en suyas resoluciones él ve un “mero trámite”—constituyen un  auténtico atentado contra el sentido jurídico. Griñán no se atreve ni de lejos a meterle mano a ese asunto al que le obliga, sin excusas, el primer tribunal andaluz, porque conoce sus limitaciones en un partido al que no le queda más que obedecer aún haciendo el ridículo.

Geografía política

No me ha sorprendido la experiencia de un profesor que ha averiguado, a propósito de los últimos acontecimientos, que apenas un diez por ciento de sus estudiantes (5º curso universitario) situaba Túnez en un mapa con cierta precisión y que la práctica totalidad de ellos ignoraba absolutamente quién era el dictador derrocado. No me ha extrañado porque, como le he dicho a él, lo curioso sería repetir esa encuesta en un pleno parlamentario o concejil, en los que me da el pálpito de que los porcentajes no variarían demasiado de los ya obtenidos. Es muy gracioso eso de pedir solidaridad con países en dificultades a una población que no sabe siquiera por dónde vienen a caer pero más gracioso resulta todavía venirle con esa petición a una dirigencia que tampoco anda sobrada de conocimientos exteriores. Lo ocurrido en Túnez, sin embargo, nos afecta y mucho como europeos y como país comprometido con la causa democrática, al menos teóricamente, porque una vez más se ha demostrado que el fariseísmo diplomático puede encubrir a la perfección situaciones intolerables con las que transigimos encantados fiándonos de las directrices de nuestros gobiernos. Como prueba nuestro creciente turismo a Túnez y nuestras carantoñas políticas, ni siquiera nos habíamos enterado de un estado de cosas ciertamente infame como el que la familia Ben Alí había impuesto desde hace años, pero doy por seguro que nuestro Gobierno, como los demás de la Unión, conocían perfectamente ese montaje –cuasimafioso, según una revelación de WikiLeaks—en el que aseguran los expertos que al menos la mitad de los negocios del país tiene una conexión cierta con el clan dirigente. Industria o transportes, inmobiliarias o bancos, entre otros sectores, han sido controlados por las dos familias, la del propio Ben Alí y la de su segunda esposa, Leila Trabelsi, según ese modelo magrebí que mentiría quien dijera no conocerlo en España.

 

Sin duda el desconocimiento que denuncia mi amigo el profesor contribuye decisivamente al mantenimiento de esta geografía política del expolio que ha hecho de tantos países los feudos papinianos de las oligarquías dominantes, sin duda con el apoyo –activo, pasivo o ambas cosas—de nuestras democracias voluntariamente ciegas. El informe de Abdelaziz Belkhodja sobre estos negocios, es la última debelación, por ahora, de regímenes respetados por todos nosotros  con un cinismo tan ejemplar que no ha podido constituir sorpresa alguna que la primera dama en cuestión sacara del banco tonelada y media de lingotes de oro para depositarlos en Dubai. El dinero no tiene patria. Ni para ellos ni para nosotros.

Un debate imparable

Ha protestado la consejera de Presidencia contra el debate latente pero cada día más expreso sobre el abuso de la autonomía que se viene haciendo, no sólo desde la derecha, como ella pretende, sino desde puntos de vista muy distintos. Nadie puede negar el éxito relativo que el Estado de las Autonomías obtuvo como salida al centralismo totalitario, pero lo que ahora está en tela de juicio no es el modelo descentralizado sino el disparate al que ha conducido el despilfarro autonómico junto a la necesidad de los dos grandes partidos de mantenerse en el poder apoyados por la insaciable ambición de los nacionalistas. La ruina es tal, que pronto este debate será imparable y no podrá salvarse, como ahora hace la consejera, distribuyendo simples credenciales ideológicas.