Y dos huevos duros

Lo de Podemos es realmente un fenómeno atractivo como lo suelen ser las novedades imprevistas (no imprevisibles). A la eurodiputada gaditana del grupo, nuestro corresponsal José Contreras le ha sacado una soberana declaración de intenciones –“No voy a abandonar las barricadas por haber llegado al Europarlamento”– que habla por sí sola y que no deja de ser preocupante en la medida en que siempre resulta serlo la política en las barricadas o las barricadas en la política. No me parece razonable liquidar esta explosión del polvorín nacional con el manguerazo dialéctico que supone calificar de “friquis” a los votados y a los votantes de esa nueva fuerza, cuyo programa, aunque sea visto por encima, constituye una amalgama entre stalinista y joseantoniana de utopías no renovables: salario mínimo universal, tope a los salarios altos, incumplimiento del déficit y una serie de nacionalizaciones como las que abrieron la puerta, con Mitterrand, a la decadencia del socialismo francés. Está claro que la ventaja del aventurero en política es grave por la sencilla razón de que, tirando con pólvora del rey, los fuegos artificiales están garantizados, pero cuando se observa con atención una madeja como ésta se acaba descubriendo el cabo stalinista que aterraría a sus propios votantes en el caso de haberlo valorado como es debido. Es más que probable que esta aventura tenga corto recorrido entre otras cosas porque el horno de Estrasburgo no está hoy por hoy para bollería fina, lo que sugiere que la debacle bipartidista no es más que un episodio incidental surgido en un ambiente generalizado de cabreo ciudadano contra ese estamento, la “casta”, en el que acaban de ingresar, sin percatarse siquiera, estos maximalistas.

Lo de la “casta”, por cierto, es un hallazgo unamuniano reutilizado por Valle-Inclán y se usó mucho cuando la primera Dictadura. Ahora es tarde para utilizarlo porque bien sabemos que ese estamento acaba fagocitando a todos en la vida pública, y si no ya verán cómo chirrían estos aguerridos pujos en cuanto se topen con la burocracia comunitaria. Vale, dación en pago, aborto libre y gratuito, eutanasia libre, supresión de las Diputaciones, cierre de los paraísos fiscales, lo que gusten reclamar en el desierto desde el otro lado de la barricada, pero ya verán cómo se estrellan a no tardar. La política real no es una tertulia y no quiero ni imaginarme la posibilidad de un gobierno de rebeldes jugando con las cosas de comer.

Belmonte

“Virtù” y “fortuna” decía Maquievalo que resultan imprescindibles al éxito político, aunque a veces, yo diría que con excesiva frecuencia, la segunda importe más que la primera. Ahí tienen a Susana Díaz, la nueva estrella rutilante del paisaje político de la izquierda centrada–de la otra, mejor no hablar–, reconvertida de la noche a la mañana, de la Nada en Presidenta y ahora, quién sabe, si llamada a mayores y más altos destinos. Y todo sin dar un palo al agua fuera de los pasillos del partido, “appáratchik” pura, es decir, modelo de esa política menor que es el politiqueo. Poco de estudios, poca experiencia de gestión… Más vale caer en gracia que ser gracioso.

Nuestras provincias

Cuando el alcalde casi perpetuo de Huelva, Pedro Rodríguez, echó mano al bastón de mando, recuerdo haber tenido con él una conversación sobre la necesidad de abandonar los dos recelos provincianos que gravitaban sobre nuestra provincia: el de los pueblos contra la capital y el de la capital frente a Sevilla. Casi un cuarto de siglo después, ese alcalde, que ha transformado la ciudad, ha logrado también dos cosas: la primera, lo que ambos llamamos “la capitalización de la provincia”, un fenómeno visible favorecido por la revolución demográfica que supuso la inclusión masiva de trabajadores del Polo en el padrón capitalino; y la segunda, la de silenciar con constancia el añejo recelo frente a Sevilla, hoy apenas sostenido por los integristas más irremediables. Ha habido problemas, eso sí, que agravaron los viejos tópicos –como la ocurrencia de Correos, en tiempos de la Expo 92, de editar un sello en el que se representaba la singladura colombina arrancando del Guadalquivir, y que hubo de ser cuerdamente retirado de la circulación–, pero no sólo en Huelva porque, como Antonio Burgos me recuerda, hay que fijarse en la que se armó cuando un suficiente incluyó entre las tapas sevillanas el salmorejo cordobés. Pero una cosa es que surjan conflictos despistados y otra muy diferente que los provoquen las primeras autoridades en un alarde de descuido indiscernible de la ignorancia. Zoido se ha retractado, y por escrito, de su salida de pata de banco, y con ese gesto noble puede que haya puesto fin al absurdo malentendido del que Burgos se carcajea sugiriendo posibles falsificaciones históricas para atribuir a Sevilla el acontecimiento de la manzana de Newton, la invención de la radio y hasta el principio de Arquímedes. Estas cosas tan serias no tienen mejor remedio que el humor.

Más de un tercio de siglo de autonomía no ha logrado en Andalucía reducir el recelo vetusto entre Málaga y Sevilla ni la broma chirigotera que en Cádiz explota tanto el antisevillanismo, como no han logrado acercar a Almería o integrar del todo a Granada más allá de la “corrección política”, lo cual es malo, por supuesto, como mala es siempre para el sosegado progreso de una comunidad la estampa goyesca de la riña a estacazo limpio, porque ése es un fracaso de la identidad real que compromete la viabilidad de la autonomía. Zoido debió medir bien sus palabras e hizo bien en desdecirse. Cuanto antes nos quitemos la zamarra palurda mejor para todos.

Habló el Papa

No es la primera vez que un pontífice se refiere críticamente a nuestra situación social pues, si mal no recuerdo, ya Juan Pablo II lamentó el atraso rural y lo que él llamó la “lacra del paro”. Pero ahora, Francisco I le ha puesto incluso cifra a nuestro drama al denunciar la ruina que supone nuestro enorme paro juvenil y la existencia de una “generación nini” en el marco de una denuncia contundente del sistema de explotación. Desde la Junta se han apresurado a quitarle hierro a sus palabras diciendo que el Papa “no ha puesto el dedo en ninguna llaga”. Vean lo difícil que es ver la realidad –la llaga—cuando se tiene asegurado un sueldo y hasta un coche oficial.

Fracaso de Goliat

Ningún suceso tan desolador como el del rapto de las 270 niñas nigerianas por el terrorismo islamista de Boko Haram. Ha sido realmente espectacular el despliegue publicitario de solidaridades del que no ha querido quedar fuera la propia Michelle Obama, mientras los criminales filtraban una grabación de las raptadas recitando a la fuerza versículos del Corán. En París se ha reunido, a petición del presidente nigeriano, un grupo de trabajo en el que estuvieron representados Camerún, Chad, Niger y Benin junto a los EEUU, Gran Bretaña, Francia y la Unión Europea que, entre declaraciones altisonantes, han decidido movilizar contra el terror un puñado de agentes secretos además de los aviones destacados en el Chad y los drones disponibles en Níger, pero la respuesta no se ha hecho esperar y, en efecto, veinticuatro horas más tarde un camicace ha respondido ya con un primer atentado mortal. ¿Agua de borrajas? Pues seguramente, porque damos por hecho que el atroz suceso irá perdiendo mordiente informativa hasta desinflar el globo de la indignación provocada. Asusta esta incapacidad del orden internacional para enfrentar una amenaza de semejante envergadura que, después de todo, podría no ser más que la punta del iceberg de ese terrorismo que podría unir sus fuerzas a las de Al Qaeda lo mismo que cuenta ya con el apoyo material de aliados árabes. Desde París llegan declaraciones contundentes –“Estamos aquí para hacer la guerra a Boko Haram”, por ejemplo—pero no hay ni indicio de una acción realista. El fracaso siempre es malo pero cuando se produce frente a un enemigo menor resulta un escándalo.

Cuesta doblegarse a la idea de ese fracaso, desde luego, y más si cabe contener la justa ira sentida por tanta gente frente a un crimen abominable como el rapto de las escolares y su presunta venta como esclavas sexuales, cuesta aceptar que una banda sectaria campe por sus respetos frente al desconcierto de las potencias civilizadas tan expeditivas cuando se ha tratado de defender sus intereses propios desde los diamantes al coltán. ¿De verdad es imposible cortar el tráfico de armas y pertrechos proveniente de Libia a través del corredor de Níger y el Chad? Esas niñas raptadas y sus familias dolientes constituyen un descomunal desafío al proyecto teórico de paz mundial más desdibujado cada día que pasa. Si llegara a desinflarse del todo la tragedia no incumbiría sólo a esos desdichados sino que comprometería a la conciencia universal.

Serpiente de verano

Se acuerdan del “Tiroless”, aquel submarino atómico británico aparcado en Gibraltar que tanto dio que hablar para nada? Seguramente no y, por supuesto, que desde entonces han atracado en la Roca un puñado de navíos igualmente alarmantes, hasta que el propio “Tiroless” ha vuelto de nuevo a amarrar en esa colonia. No sé si tiene sentido levantar la voz cuando ocurren estas cosas pero estoy seguro de que lo que no es bueno es protestar permitiendo luego que el problema se zanje y todo siga igual. No somos nadie, hay que reconocerlo. Con ONU o sin ella, Gibraltar se pasa por el forro a España cada vez que tiene ganas.