No querer ver

El PSOE y la patronal de Huelva coinciden en respaldar sin condiciones al alcalde de Punta Umbría cuyo negocio habría visto triplicada la ayuda de la Junta superando con mucho a la concedida al propio pueblo y alegan, ambos, la legalidad formal de esas ayudas, sin atender a la evidencia clamorosa que sugiere un trato de favor. Sería muy conveniente, en todo caso, revisar a fondo el negocio de la Formación Profesional, la administración de esos dineros públicos que lo mismo van a manos de los “agentes sociales” que de los amigos políticos. Repasar los nombres y razones sociales beneficiarias, por ejemplo, quizá fuera ya un ejercicio de sobra ilustrativo.

Greña sindical

Los dos grandes sindicatos, CCOO y UGT, no irán juntos ni revueltos en la manifestación del 17-F, en defensa de la industria. Siguen a la greña, como siempre, y desmarcándose el uno del otro en cada ocasión, hasta el extremo de tratar de boicotear las acciones respectivas en las propias fábricas. Mal camino, aunque se comprende que en ese pleito no pesan sólo las razones sindicales sino las partidistas que están tras ellas. Ahí los tienen callados mientras la Junta da luz verde al desmontaje de Astilleros y el paro se hace insoportable en la provincia. Que no será, lamentablemente, lo peor que tengamos que verles hacer.

Cerrojazo a astilleros

¿Ven cómo cuanto les decíamos aquí sobre la dobles de los predicadores del PSOE y sus intenciones de cerrar Astilleros era verdad? Ahí los tienen ya, olvidados los días soleados de los mítines en la factoría, hablando de buscar “escenarios no traumáticos” una vez que la factoría se cierre y sus trabajadores se queden al relente. Todo era cuento: la “hoja de ruta”, las promesas, las protestas de solidaridad. La Junta y su partido apostaron siempre por el cierre de Huelva con tal de salvar el Astillero sevillano. Ante el silencio de todos, incluidos esos ‘agentes sociales’ que han llevado el palio en esta procesión.

La muerte icónica

Un divorcio cualquiera en una familia cualquiera se resuelve domésticamente, al menos de momento, con la discreta retirada del ámbito familiar de las fotos del excluido. En el caso del que ha afectado a la hija mayor de los Reyes y sin embargo no heredera, la Infanta Elena, ese ritual se ha complicado en la eliminación de la imagen de Marichalar no sólo del regio hogar sino de su página web y hasta de las listas reales, un conjunto de medidas tendentes a borrar su imagen y con ella, en el sentido más platoniano, su misma entidad. Para la Familia Real, al menos, ese miembro desgajado no existe desde el momento en que se le ha aplicado de real orden la vieja “damnatio memoriae” en virtud de la cual los romanos eliminaban a los personajes malditos de la vida pública vetando su imagen y ordenando el silencio sobre su nombre. Los sacerdotes egipcios prodigaron esa venganza póstuma martilleando en los monumentos las efigies de los rechazados, borrando sus nombres de la piedra y eliminándolos, en efecto, de las listas sagradas de la dinastía, que venían a ser como la página web de la época de la que ahora se ha caído sin paracaídas el ex-duque de Lugo. En Rusia, en España o en Irak hemos vivido y seguimos viviendo una de esas fiebres vindicativas que pretenden inútilmente enmendar un pasado innacesible a los designios humanos, a base de retirar de la vista y la experiencia públicas las imágenes de los viejos tiranos descabalgando estatuas palomeras y desprendiendo mármoles ultrajados por el relente. La “damnatio memoriae” es el último y patético intento de travestir el fracaso propio. Un faraón no deja de existir porque se pique su cara, se martillee su gracia en la piedra de la pirámide o se prohíba pronunciar su nombre en público.

 

Alguna vez habrá que estimar el papel del fotoshop en la crónica de esta monarquía felizmente instaurada, que lo mismo falsifica un crisma navideño que altera una web si se presenta la ocasión, para rehacer el grupo y recomponer la pose, dejando al relente sin contemplaciones a quien ha sido consorte y sigue siendo padre, ay, de dos de esos herederos numerados. Fuera del clan aguarda sólo la muerte, aunque sea la muerte icónica y el deceso legal, por más que en la foto resultante habrá siempre un hueco invisible, una presencia impalpable, como la que se intuye encima del televisor de los plebeyos cuando la suegra iracunda arranca por las bravas el de la mala nuera o el del yerno perdido. No lo permita Dios, pero tendría guasa que un hijo de ese forzado ectoplasma acabara algún día, por capricho del destino, encabezando esa foto de familia.

El cuarto presidente

Pocas dudas queda, al margen de las escenificaciones que quieran montar, de que el proyecto sucesorio de Chaves no es de su gusto ya y que la autonomía de José Antonio Griñán está en entredicho, condicionada por el viejo partido y quién sabe si acechada por el nuevo. El problema es que si, al final, deciden cargarse también a Griñán y poner en su lugar a otro candidato, estaríamos ante el cuarto Presidente al que desde el partido quitan como si de una pieza de puzzle se tratara. Griñán tiene el derecho y el deber de procurar su capacidad de control. Quienes andan zancadilleándolo tendrán que irse a casa.

Lengua y negocio

Siempre la lengua fue compañera del negocio, diría hoy Nebrija a su Reina atendiendo a las circunstancias. Cierto que esa lengua sigue siendo la “compañera del Imperio”, pero bien sabemos que la utilidad del inglés proviene hoy de su empleo comercial más que de la hegemonía política. Una encuesta reciente del Centro de Lenguas Aplicadas de Washingto, acaba de constatar el cambio profundo de la demanda idiomática en un país que se prepara ya para nuevas hegemonías y, en especial, de la china, del mismo modo que durante las décadas que duró la expansión japonesa, procuró elevar el aprendizaje del idioma nipón. Los datos son concluyentes: más de millar y medio de escuelas tanto públicas como privadas ofrecen a sus alumnos cursos de chino en detrimento de los que hasta ahora venían favoreciendo al alemán, aprovechando, entre otras cosas, la importante ayuda que proporciona para ese objetivo la misma China. Sólo el español y el francés superan, de momento, al chino, aunque las previsiones al respecto son del todo pesimistas, debido, sobre todo, a que la pasividad del Gobierno ha favorecido que casi 30.000 centros prescindan de sus cursos de lengua extranjera. Una activa corriente de propaganda –considerada irresponsable por parte de la prensa más influyente– se ha impuesto a base de divulgar la idea de que el dominio de esa lengua de futuro constituye un resorte decisivo a la hora de colocar a las nuevas generaciones en posición ventajosa. Incluso he visto en el NYT un velado aviso a los navegantes sobre el riesgo que implica menoscabar la hegemonía universal del inglés, pero mucho me temo que caerá en saco roto. Cuentan que los soldados de Vietnam solían aprender a chapurrear la lengua local como imprescindible para su comercio prostibulario. Occidente está aprendiendo chino para no perder comba en los negocios. Parece que estamos en las mismas.

 

Si algo caracterizó la cultura occidental en sus inicios fue la capacidad políglota de unas élites que dominaban las lenguas clásicas y semíticas como requisito de una decisiva operación de cambio de mentalidad y, ciertamente, fue también en esa época cuando se produjo la llamada “moda del español” en el Mediterráneo y fuera de él, en línea con la visión de Nebrija de la lengua y la espada, que era justo la inversa de la cívica imposición del griego como ‘koiné’ en el mundo Antiguo. En USA se está imponiendo a calzón quitado el chino desde la conciencia de que en tan lejanas manos está ya la parte del león de la deuda americana. Siempre la lengua fue compañera del negocio. Nebrija sabría perdonarnos este retoque en su famoso lema.