Llevarse bien

“Mi único Presidente de la Junta es Manuel Chaves” (Luis Pizarro, consejero dimisionario de Gobernación). “Comparto plenamente lo que dijiste” (José Antonio Griñán, presidente de la Junta, al anterior). “El fallo del TSJA que ordena abrir expediente sancionador a Chaves infringe el derecho al honor reconocido a todas las personas” (Consejo de Gobierno de la Junta). “Juan Guerra al lado de Iván Chaves es un aprendiz” (Antonio Sanz, diputado del PP). “Andalucía es territorio Gürtel porque el PP nos ha metido en ese fango” (Mario Jiménez, portavoz del PSOE-A). “El PSOE utiliza la mentira para enmarañar la vida política porque se ahoga en su propia corrupción” (Ricardo Tarno, vicesecretario general del PP). “No investigar los 19.000 EREs muertos supondría un gravísimo delito de la Junta” (Javier Arenas, presidente del PP).

Bombas mariposa

Parece que Gadafi está utilizando en Libia bombas de racimo, las famosas “bombas mariposa” que fueron proscritas en el acuerdo de Oslo del 2008 pero que se conservan en los arsenales de casi todos los países desarrollados y son empleadas sin remilgos por casi todos ellos cuando el caso llega. Por Rusia en Chechenia, por supuesto, pero también por Gran Bretaña en Irak, por los Estados Unidos en sus varias campañas, por Israel en Líbano. Hay pocas armas tan pérfidas como ese artilugio capaz de dejar enterradas, tras su explosión, miles de bombas de atractivo diseño (pelotas de tenis o latas de refrescos) con que atraer a los civiles y, en especial, a los niños, entre los que han causado ya miles de víctimas. Las que dice el NYT que está utilizando Gadafi serían, por lo demás, de fabricación española a pesar de que no hace tanto que aquí se liquidó a bombo y platillo el arsenal acumulado –unas 6.000 bombas, al parecer–, hecho que una vez más nos fuerza a admitir que la fabricación y el comercio de armas no deben ser considerados como actividades legítimas de un país democrático sino como su participación en un negocio criminal. Cuando se anunció la loable medida española ya se sabía que la práctica totalidad de las “bombas de racimo” acumuladas en África del norte procedían de nuestras fábricas, gran baldón que añadir a los que ya cosechamos como productores de “minas antipersona” y otros pavorosos ingenios que vienen constituyendo un renglón destacado de nuestras exportaciones durante el periodo democrático. Pero, en fin, volvamos a los hechos: ayer mismo, hoy tal vez, “nuestras” bombas de racimo estén cayendo sobre las ciudades libias bombardeadas por el tirano al que nosotros se las vendimos. Casi en todos los conflictos registrados en los dos últimos decenios se han empleado armas españolas. Esas armas son, por lo visto, una de las pocas cosas capaz de poner de acuerdo nuestros ideólogos.

Pasma comprobar el cinismo del poder –de cualquier poder, de todos los poderes—a la hora del negocio, incluido el negocio de la tragedia y de la muerte, desuela la indiferencia con que se sepultan los escrúpulos cuando brilla el dinero. Y no vale el alegato inocente porque cualquiera puede imaginar que poner en manos de Gadafi o de sus colegas instrumentos de esa naturaleza es exponerse a su más que probable utilización. Un día de éstos, un niño libio descubrirá entre la escombrera un atractivo juguete que resultará mortal o catastrófico y la culpa no será exclusiva de Gadafi. Hay que tener el corazón de piedra para no admitir la que nos corresponde a nosotros como infames fabricantes y negociantes de ese malvado artificio.

Parió la abuela

Quienes recelaban ante la tardía incorporación de la Fiscalía Anticorrupción a la investigación del inconcebible negocio de las prejubilaciones fraudulentas financiadas por la Junta, han visto confirmado, de entrada, su recelo con ese alegato del mismísimo fiscal delegado recurriendo el auto de la jueza Alaya que exigió la entrega de las actas de los consejos de Gobierno para determinar la participación del mismo en el montaje de los ERE. ¡Éramos pocos…! Lo que sería de esperar de esa Fiscalía es que se niegue a dar carpetazo a los “expedientes muertos” como, seguramente con buenas razones, pretende Griñán, no que ponga obstáculos en el camino de la instructora. Lo que aquí se ha hecho es demasiado gordo para andarse con reverencias y la Fiscalía, con toda seguridad, lo sabe de sobra.

Teoría de la impunidad

Se ha vuelto a producir en Italia, como anteriormente otros países: la Cámara de los Diputados ha dado luz verde a una ley llamada de “procesos breves” que acorta el plazo de prescripción con un criterio manifiestamente inspirado en la circunstancia del jefe del Gobierno, libre en adelante del “caso” en el que está probado que sobornó a testigo falso. No ha importado que para ello haya sido preciso liquidar de paso la responsabilidad de al menos quince mil juicios, algunos gravísimos, como antier explicaba una madre arrodillada al presidente Napolitano rogándole no sancionar la nueva norma. Culpables de catástrofes, negligentes injustificables, violadores, pederastas o profesionales de la estafa se irán de rositas alineados en el bloque que los políticos (incluidos veinte diputados trásfugas) han organizado para blindar esa presidencia denigrante. ¿Se quejarán  luego “los de la casta”, por usar la expresión unamuniana, cuando el pueblo soberano los sitúe en su concepto a la cola de su estimativa? ¿Qué más hace falta en Italia para que el sentido del honor, siquiera residual, que pueda quedar en las instituciones se plante ante ese menorero grotesco obsesionado con anular el poder judicial para garantizar su autarquía? Es verdad que no sólo en Italia se favorece la impunidad, pues en España mismo hemos visto estos días al TC anular la “doctrina Parot” para permitir la libertad de esos asesinos en serie protegidos por el beneficio indiscriminado que supone al garantismo constitucional y, en consecuencia, campar por sus respetos a un asesino condenado a más de dos mil años de cárcel tras cumplir veinte (se repite el “caso De Juana”), un privilegio que, sin embargo, se le viene negando, por razones estrictamente formales, a ese desgraciado fuguista conocido como “el preso más antiguo del país”. La lenidad del legislador con el delincuente tiene una lamentable componente política de la que Berlusconi no es el único beneficiario aunque quizá sí el más grosero y caricaturesco.

 

Hemos perdido hace tiempo la cuenta de los privilegiados que, asistidos de expertos enredadores forenses, lograron escurrir el bulto con base en la prescripción de delito. Y vemos ahora que, incluso cuando los plazos establecidos para ella resulten breves para la impunidad del poderoso, siempre habrá un puñado de tránsfugas de oro dispuesto a completar el quórum partidista. Berlusconi mismo no merece ya ni comentarios a sus bufonadas y trapacerías, pero acabará escapando –ya lo verán—a sus muchos desmanes. Como en tantos países, ya digo, desde Japón al nuestro. Ningún estado sobrevive a la impunidad consentida, pensaba Sófocles. Pues que venga Dios y lo vea.

Colmo del paripé

Una cosa –explicable—es que Griñán se haga el sueco sobre el tremendo sartenazo que le propinó su consejero dimisionario al decir que su “único presidente era Chaves” y otra –simplemente cómica—que diga en el Parlamento que comparte plenamente ese desplante sin remiendo posible. Es lógico y conveniente, sin duda, disimular la honda crisis del PSOE provocada por los chavistas, pero no parece discreto ni siquiera tolerable protagonizar ese paripé en plena Cámara. El cuento y la mentira políticos se han “normalizado” hasta el punto que revela esta anécdota de Griñán, la más ingenua sin duda de su mandato. Ahí siguen las navajas, en todo caso, aguardando su momento y ocasión.

Rutina espacial

Medio siglo ha pasado desde que el hombre salió por vez primera al espacio. Estos días en Rusia se ha iluminado el cielo en memoria de aquella hazaña que ha ido empequeñeciendo con el tiempo, como todo en la vida, hasta perderse en la rutina que es hoy le exploración espacial. A los que tenemos edad para ello se nos agolpan los recuerdos. La presunta charla de Yuri con Kruschov, por ejemplo, y la burda broma ateísta que brindó el joven héroe –“He salido al espacio y no he visto ni rastro de Dios”—pero que otros atribuyen al propio mandatario. Y los versos contrateológicos que enjaretó Salvatore Quasimodo como una plegaria: “In principio Dio creo il cielo è la terra… Doppo milliardi di anni… l’ uomo, con la sua intelligentza laica, senza timore, nel cielo sereno di una notte di ottobre… misi altri luminari uguali a quelli que giravano dalla creazione del mondo. Amén”. Y se quedó tan pancho. Ni nos acordábamos ya casi de la perrilla Laika, que fue la que abrió el camino y murió en el intento por más que la propaganda soviética tratara de ocultarlo, aquel chucho callejero al que hicieron ladrar después de muerto. En el Museo del Espacio moscovita esos ingenios diminutos nos resultan inconcebibles comparados con lo que ha venido después. La carrera del espacio fue, en cierto modo, el gran pulso del mundo bipolar y la prueba del 9 de la eficacia del “socialismo real”, aunque probablemente sus mentores no fueran del todo conscientes de la unicidad de un proyecto hoy día exponencialmente superior a aquellos balbuceos e incluso reconvertido en programa turístico. La exploración del espacio, el sueño que va de Luciano a Verne pasando por Cirano y otros visionarios, se ha convertido ya en una esplendorosa rutina que descubre galaxias y desentraña misterios sin que la opinión apenas se inmute ante sus logros. Los versos de Quasimodo palidecen como una broma arcaica ante las fascinantes imágenes que nos remiten hoy las sondas.

 

Medio siglo es demasiado a estas alturas del tiempo y aquellas proezas han recobrado su estatura genuina, que era colosal a fuer de diminuta. Y los hombres trajinan ahora por el espacio sin saber muy bien lo que hacen pero desde la convicción de que esa escapada era ni más ni menos que el destino de la especie y quién sabe si la piedra angular de su incierto futuro. Gagarin no alcanzó más que unos miles de metro de altura mientras que a nosotros el sistema solar se nos ha quedado estrecho ante la tentación –finita, curva e ilimitada– del universo einsteniano. El tiempo se ha acelerado y medio siglo ha acabado siendo una eternidad.