La cabeza de Arenas

De todo cuanto revelan las últimas encuestas (algunas de ellas debidas a instancias íntimas de la Junta y su partido) quizá no haya un dato más elocuente que el “aprobado” de Javier Arenas por parte de los encuestados. De una oleada a otra, en apenas unos meses, tanto han cambiado las perspectivas que así, como quien no quiere la cosa, la mayoría que “suspendía” al líder conservador arrastrada por la eficacísima campaña de desprestigio a que lo han sometido, lo “aprueba” sin reservas. Ha dejado de ser tabú para la sociología electoral –siempre un poco timorata ante los tópicos—la hipótesis de un vuelco político en Andalucía. La rehabilitación de su líder por parte de la opinión me parece lo más significativo que se desprende de esos estudios.

La guerra del chicle

Durante la visita que Sarkozy ha girado a Turquía en su calidad de presidente del G20 el clima no ha sido bueno. Era lo normal, después de todo, habida cuenta de la postura francesa contraria a la incorporación de aquel país a la UE, pero el incidente que ha provocado mayor revuelo no ha sido el provocado por esta grave circunstancia diplomática, sino eso otro al que ha dado lugar la ocurrencia del visitante de bajarse del avión mascando chicle tal como, según los servicios turcos, habría hecho ya en Francia durante la visita del presidente turco Abdullah Gül, una actitud interpretada como vejatoria por la sensibilidad local hasta el punto de que el alcalde de Ankara no ha dudado en replicarle haciendo a su vez alarde masticador mientras lo recibía oficialmente. Hay significados independientes de sus significantes, dicho sea con perdón de Saussure, como ése que sugiere que masticar chicle en situaciones formales implica una actitud despectiva para los circunstantes y que un presidente se sabe, por supuesto, de memoria. Los americanos, inventores y beneficiarios de ese producto cuya industria factura más de 3.000 dólares anuales, consumen ellos solos una media de trescientos al año, incluso olvidados ya de la leyenda bélica difundida por los combatientes de que ese ejercicio de masticación ayuda a controlar la ansiedad y a combatir el estrés. El origen del chicle se hunde en la noche de los tiempos si hemos de creer a esos expertos que así lo teorizaron al descubrir en Suecia una resina de abedul masticada haría no menos de 9.000 años y que conservaba patente la huella de unos dientes primordiales, pero no consta que ni los griegos que mascaban la extraída del lentisco ni los aztecas que hacían lo propio con la savia del chicozapote asociaran a su gesto una intención despectiva. El símbolo es siempre una convención y no hay que darle más vueltas. Eso es lo que en este suceso le da la razón al alcalde de Ankara y dice muy poco a favor de Sarkozy.

 

No precisaba el gran mandatario de semejante ultraje para expresar su decisión de negar la entrada a Turquía en el menesteroso paraíso europeo, como Aznar no tenía necesidad alguna de poner los pies sobre la mesa del rancho o Yeltsin de tocarle el culo a la secretaria, pero esas son licencias áureas que con frecuencia se autoconceden los próceres cuando el poder los ciega y ya ni se reconocen ante el espejo de la madrastra, por más que esas licencias digan bien poco tanto de su imaginación como de su autoestima. La verdad es que toparse con los máximos responsable entretenidos en esos juegos infantiles resulta inaudito habida cuenta de cómo está el mapamundi.

Un asunto sin fondo

El de los EREs parece un asunto sin fondo a la vista de lo que en ellos se va descubriendo. De arriba abajo y de derecha a izquierda, porque lo mismo aparecen en ellos sorprendentemente los grandes ídolos caídos de nuestra historia reciente, como Ruiz Mateos o Conde, que figuran mindundis avalados sólo por su ejecutoria en el partido. Toda una trama, no caben ya dudas, de la que apenas sabemos cuatro datos y que la mayoría absoluta del Parlamento se empeña en mantener oculta. Aunque la verdad es que, teniendo en cuenta lo ya descubierto, tiene su lógica humana ese cierre de filas.

El jazmín chino

En los portales de Internet más populares de China las autoridades han prohibido la palabra jazmín. Es la reacción lógica a las provocaciones de ciertos agentes difícilmente identificables que vienen incitando virtualmente a la población a seguir el ejemplo de de las revoluciones vividas en los países árabes de las que ha terminado por ser símbolo el jazmín que triunfó en Túnez. Estos mismos días se han registrado tanto en Pekín como en Shanghai sendos fracasos de convocatorias aplastadas de antemano por dispositivos policiales realmente disuasorios, confirmando una vez más la discreta tesis de los sinólogos de que la circunstancia china difícilmente puede equipararse a la de otros países y mucho menos a la de esos que ahora andan sacudiéndose el yugo, en muchos casos secular, de sus tiranías. ¿Es Internet realmente la panacea para la movilización, son esas revoluciones el efecto de su llamada y, sobre todo, cabe imaginar que el dominó que acabamos de ver desplomarse ficha a ficha puede alcanzar a realidades tan distintas y lejanas? Es muy probable que aún no haya perspectiva adecuada para analizar los sucesos de Egipto, Túnez o Libia pero, desde luego, parece poco claro que esa sorprendente explosión que ha pillado por sorpresa a todos los servicios secretos del planeta, incluidos los propios, haya obedecido a una llamada anónima capaz de arrastrar masas semejantes. Ese milagro de la Red ha podido contribuir decisivamente a levantar pueblos contra sus regímenes  pero sin duda el factor fundamental para este fracaso encadenado hay que buscarlo en la debilidad insospechada de unas tiranías que habían abusado de sus pueblos respectivos hasta provocar la desafección que los hechos han descubierto. Nada que ver, en todo caso, con la situación china, en la que ni siquiera las dramáticas diferencias sociales resultan aún significativas frente a un paisaje bonancible y a unas expectativas de crecimiento sencillamente espectaculares. Esos jazmines no dejan de ser testimoniales.

 

Sostenía hace años el gran hegeliano Alexandre Kojève que así como los yanquis dan la pinta de chino-soviéticos enriquecidos, los rusos y los chinos no son más que americanos todavía pobres pero en vías  rápido enriquecimiento. Y si algo no es dudoso hoy sería esa formidable expansión económica china por todo el mundo que nadie es capaz de descifrar a fondo y menos de traducir a nuestros dialectos libres. El jazmín chino no ha brotado siquiera todavía. A los jazmineros en almoneda del norte de África les ha bastado para brotar pujantes el simple gesto connivente del jardinero.

El primero en ceder

Ha dimitido, al fin, el ex-delegado de Empleo de la Junta en Sevilla, Antonio Rivas, de sus cargos en la Ejecutiva Provincial del PSOE y en la secretaría local de Camas. Lo ha hecho en  vista de que la fiscalía mantiene contra él su acusación de cohecho y sostiene que intentó cobrar comisiones ilegales cuando aún representaba al Gobierno autonómico. Y ha hecho bien –si es que ha sido por voluntad propia—porque lo desconcertante es ver a imputados de esa naturaleza dirigiendo a partidos de gobierno. Claro que él no es el último pero tampoco el primer responsable del saqueo que está siendo investigado, aunque por el momento sea su cabeza de turco. Una cabeza bien cercenada, de llevar razón el fiscal, pero en absoluto la más responsable.

Caza del pobre

El alcalde de una ciudad rusa situada en la Siberia Oriental y cercana ya a la frontera china, la ciudad de Tchitá, un personajillo en el partido que sostiene a Putin, ha saltado a la actualidad por haber declarado, sin tentarse la ropa, que “desgraciadamente” hoy por hoy no se dispone del derecho a disparar a bocajarro sobre los marginados ni se tienen los medios legales para liquidar tan enojosa cuestión. No me ha sorprendido del todo la declaración de ese monterilla, convencido como estoy de que a más de uno y a más de dos se le habrá pasado por la cabeza con anterioridad semejante “solución”, de hecho puesta en práctica por ciertos grupos paraoficiales en diversos países hace mucho tiempo. En Rusia fingen las estadísticas que puede haber no más de 350.000 “sin techo” pero los expertos aseguran que esa cifra no sería inferior, en ningún caso, a los cuatro millones de excluidos. Muchos hemos visto dormir mendigos entre bolsas de basura lo mismo en Londres que en Madrid y algunos han podido ser testigos incluso de la ayuda voluntaria que en los EEUU trata de paliar los estragos que, especialmente en invierno, sufren esos sectores malditos de nuestras sociedades, no siendo nuevas, ni mucho menos, las denuncias ante las agresiones de que esos desdichados vienen siendo objeto en nombre de muy diversas filosofías que han hecho de la crisis su argumento más eficaz. La experiencia dice hoy, además, que esa legión descarrilada ya no es la clásica constituida por el mendigo solemne o el bohemio irremediable sino que en sus filas militan muchos ciudadanos centrifugados por la coyuntura crítica que buscan su supervivencia en el auxilio extremo. El alcalde de Tchitá, un tal Anatoli Mikhalev que Dios confunda, querría fusilarlos a todos, en especial al creciente enjambre juvenil que no encuentra encaje social posible tras su salida de los albergues primarios. Pero en Brasil, en Australia, en nuestros propios países europeos, a más de uno le habrá rondado por la cabeza alguna “solución” por el estilo. El simple hecho de que un responsable lance esa idea sin ser triturado por el sistema habla por sí solo.

 

El sueño de eliminar a los pobres ha tenido diversas versiones. Entre ellas la de ocultar la realidad estadística o incluso prohibirla. Matilde Fernández, cuando era ministra, retiró a Cáritas la ayuda gubernamental por descubrir que en España había ocho millones de pobres. Otros prefieren, como se ve, técnicas más expeditivas para eliminar al testigo molesto, como ese alcalde bárbaro que se confiesa en público. Estoy por decir que casi prefiero a este bestia que a los asesinos emboscados.