Un caso inflado

Políticamente hablando,  por supuesto, me van a permitir que les diga que el caso del señor Cortés, el padre de la niña Mari Luz, empieza a resultar ya algo cargante, lo mismo si se queda en el PSOE,  que si es –como lo fue—atendido generosamente por el PP, que si se sube al caro de UPyD, cosa que dudo. Una cosa es compartir la tragedia de esta digna persona y otra muy diferente hacer política con una circunstancia tan triste, por más que lo que se excuse sea la intención de modificar las leyes para hacerlas más eficaces y protectoras. No pasa nada si el señor Cortés se va del PSOE ni si, finalmente, se queda en su casa. La política, que yo sepa, no era lo suyo hasta que ocurrió lo que ocurrió.

Días espléndidos

No sabemos hasta cuándo durará la bonanza pero lo cierto es que llevamos un par de días con cielos despejados y ese sol frígido que hace de contrapunto de la ilusión recuperada. Dicen que lo que ocurre es que tenemos mala memoria pero que, de hecho, en el pasado relativamente próximo ha habido años igualmente lluviosos que este tan macondiano, en los que lo más probable es que, como ha explicado el presidente Griñán, el anticiclón de las Azores que durante tanto tiempo ha desertizado nuestro paisaje, hubiera desaparecido también de los mapas del tiempo. Los meteorólogos catalanes acaban de darse un bastinazo sensacional por no hacer caso a los que desde la atalaya matritense avisaban de la nevada, y los andaluces, por lo visto, han descubierto que ese escudo isleño que tradicionalmente desviaba las borrascas hacia el norte, se ha volatilizado de la noche a la mañana hasta colmatar nuestros pantanos y sacar de madre a nuestros ríos. ¿Qué pasa con el gorigori del cambio climático y con la millonada que nos levantó Al Gore? Un exministro francés que no nombraremos acaba de publicar un libro plantándose en sus trece de que toda la alarma que venimos viviendo no es sino un cuento y trama de intereses,y hay que augurarle éxito a ese libro en un país como Francia en el que, según los sondeos más fiables, más de la mitad de los ciudadanos (un 54 por ciento, para ser exactos) no cree siquiera en la existencia de esa mudanza atmosférica, un poco en línea con la postura de ‘premier’ checo Vaclav Klaus o el thatcheriano vizconde Monckton of Brenchley. Este año se han registrado en Andalucía caudales correspondientes a zonas tropicales, aparte de que los fríos intensos han alcanzado cotas y zonas habitualmente templadas. ¿Qué fue del calentamiento galopante, entonces? No es fácil saber a qué atenerse, desde luego, pero la experiencia inverniza que parece que comienza a aclararse ha dejado en el alero una cuestión que, al menos contemplada desde la buena fe, parecía ya fuera de discusión.

 

Después de la “pertinaz sequía” a la que el dictador achacaba los males de la patria vinieron en la postguerra un par de años de agua tan copiosos que las cosechas del cereal –las únicas que entonces proliferaban—se perdieron devoradas por un hongo maléfico. Pero ¿quién se acuerda ya de eso ni de las vacas locas? La verdad la milicia verde lo va a tener cuesta arriba si quiere devolvernos al inquietante clima para meternos en el cual no dudo que tuviera sus buenos motivos. En sólo estos días soleados el campo de ha puesto, impaciente, de tiros largos. Me da el pálpito de que el apocalipsis anunciado puede esperar.

Cabildos y congresos

Nadie en sus cabales espera nada serio del congreso extraordinario en el que Griñán conquistará, ya veremos por cuánto tiempo, la corona regional. En Andalucía hemos visto ganar congresos por mayorías búlgaras y darles la vuelta a los pocos meses también por aclamación, y eso lo sabe de sobra Griñán, pero también los saben bien sus adversarios, de momento achantados. Lo que quiere decir que para lo que habrá poco tiempo será para debatir los problemas y soluciones políticas urgentes que la autonomía reclama y mucho para navajear por los pasillos. Claro que éste era el congreso que no hacía falta ninguna, al parecer, hace tan sólo unos meses. Y puede que llevaran toda la razón.

Malos tratos

Cuesta comprender el dato facilitado por la Comisión Local Contra los Malos Tratos almonteña, según el cual, durante el año pasado, fueron precisas  144 actuaciones para atender a mujeres sujetas a tratos violentos por parte de sus parejas, ex-parejas o simplemente conocidos. Hay que pararse a considerar ese número en relación con la población almonteña sin perder de vista la enormidad que supone que se registre un ataque prácticamente cada dos días, pero no parece, en cualquier caso, que baste con las medidas actuales para detener esta ignominia. Sería curioso conocer cuántos de esos maltratadores han sido sancionados y en qué medida.

Música sacra

La intuición de que la música constituye un factor de enorme eficacia en la experiencia espiritual parece que ha decidido al episcopado francés a legitimar el uso eclesiástico de las llamadas ‘MAC’ (músicas actuales cristianas). El culto eclesiástico mantiene con la música un viejo contencioso que va desde la lejana pugna medieval entre la liturgia romana y la mozárabe, al éxito reciente del canto llano en los ambientes laicos, pasando por la tradicional desconfianza hacia ese recurso tan tenazmente mantenida. Durante mucho tiempo estuvo prohibido en las iglesias el uso de instrumentos de cuerda para garantizar el primado del órgano, instrumento insuperable –al menos tras la apoteosis bachiana—de la solemnidad ceremonial, de la misma manera que se mantuvo la prohibición de utilizar el cristal como protección de las pinturas. La música ha marcado la linde entre ciertas severidades y actitudes más tolerantes que veían en ella un instrumento útil a la piedad, a pesar de lo cual los intentos contemporáneos de animar la liturgia con cánticos han llevado un sello pacato –incluyendo la grabación famosa del papa Wojtila–  que limitaba inevitablemente su pretendida influencia, un fracaso relativo que viene dando lugar hace años al intento de introducir en los cultos una música actualizada en la que algunos grupos incluyen al mismísimo rock. ¿Ustedes saben que la juventud europea pasa una media de seis horas diarias oyendo música, es decir, más de lo que dedica a la tele, al videojuego y al ordenata juntos? Los obispos franceses sí deben saberlo porque han parido un documento, en el que reflexionan sobre la conveniencia de abrir esos cultos piadosos –en especial a aquellos en que la participación juvenil sea alta—a grupos especializados en rock, en ‘reggae’ y en lo que haga falta. La batería, el bajo o la guitarra eléctrica estarán pronto en el coro hasta ahora reservado a las salmodias de María Ostiz.

 

Veremos en qué acaba este esfuerzo de sacralización de lo eminentemente profano, esta proyecto de reconvertir en ‘mana’ lo que es a todas luces ‘tabú’, pero lo previsible es que ni uno ni otro lleguen muy lejos, dada la irreductible condición de lo pagano y también, por supuesto, la tradicional desconfianza eclesiástica hacia todo elemento cultural que exalte los sentidos y movilice el cuerpo. Que el gregoriano triunfara entre los yuppies de Wall Street no deja de ser una paradoja pero ese de ‘rock cristiano’ en el que andan reinando los obispos galos no deja de ser un oxímoron. Lo sagrado y lo profano son antagónicos e irreconciliables. Aspirar a un tiempo al caldo y a las tajadas no deja de ser una utopía.

La ‘canallesca’

Nunca esperé escuchar al presidente José Antonio Griñán esa exhortación a sus militantes a prescindir de la prensa, y mucho menos fundar el consejo en el sobado argumento de que a la prensa “no la lee nadie”. Ya, ¿y por qué se gasta entonces su gobierno los millones que se gasta en publicitarse en la prensa, o por qué todo un Presidente como Chaves hace el ridículo ante los tribunales irritado por el mero hecho de que la prensa denuncie lo que cree de conciencia denunciar ante la opinión? No es ésa la postura que se espera de un dirigente que presume de ilustrado pero, sobre todo, no es ése el objetivo que corresponde a una conciencia que se tome la ética en serio.