Cuestiones de principio

Gran alboroto a propósito de la oferta del PP a IU para desplazar al PSOE de su fortín de la Diputación de Huelva. Dicen que se trataría de un pacto “contra natura” y, en cierto sentido, claro que lo habría de ser, pero no entiendo entonces por qué los mismos apoyaron en su día con entusiasmo la famosa “pinza” que acogotó a Chaves en la Junta. Por su parte, el ala dura de IU insiste en su propósito de aislar al PP como sea, pero parece dispuesta –contra la voz de los propios concernidos—a apalancar al PSOE en la autonomía extremeña. Los principios en esta política son de quita y pon. Y la verdad es que esperar otra cosa de estas minervas sería, sencillamente, una ingenuidad.

Volver a Delfos

Siempre confiaron los hombres en los pronósticos. En Delfos, la Pitia respondía en nombre de Apolo a las preguntas con voz melodramática, ni que decir tiene que atendiendo al guión preparado por los sacerdotes, y por eso hasta allí –a la sombra del monte Parnaso desde el que bandadas de pájaros negros se descuelgan hacia el inmenso valle o se aventuran hacia el mar– acudían grandes y pequeños antes de emprender sus negocios. La predicción es el sueño irrefrenable de la imaginación, por más que en manos de la sociología –esa “ciencia mostrenca” que decía Unamuno—se haya reconvertido en un instrumento científico capaz de augurar el porvenir no interpretando el vuelo de los pájaros o escudriñando vísceras sacrificiales sino, sencillamente, averiguando las tendencias del criterio público a través del control de las opiniones individuales. Nadie acababa de creerse lo que anunciaban las encuestas para el pasado 22M hasta que las urnas han corroborado su anuncio, en algunos casos con absoluta precisión y un notabilísimo detalle. La desconfianza de la opinión ante el anunciado cambio, se debía probablemente a una proyección temerosa del propio deseo de cambio que los resultados han confirmado finalmente aunque, insistamos en ello, apenas alguna voz aislada se ha alzado para reconocerlo. Las técnicas de prospección actuales han afinado tanto como demuestran sus aciertos y más afinarán a medida que se perfeccione un instrumental que está cambiando a paso rápido apoyado en el progreso informático. Hasta los neurólogos andan ya de por medio en esta aventura que es la profecía sobre unos comportamientos sociales que, a pesar de dificultades como la mencionada anteriormente, cada día resultan más predecibles. Los sondeos anunciaban esta vez que el PP se situaría en las urnas diez puntos por encima del PSOE y así ha ocurrido en líneas generales, y si hoy se repitieran esas mismas encuestas es seguro que una mayoría hasta ayer escéptica o desconfiada se manifestaría ante ellas con un perfil mucho más decidido. También estas mudanzas en la opinión sugieren una madurez democrática que seguirá limitada, no obstante, por la propia proyección de deseo.

 

La sociología choca con la dificultad de superar las preferencias, que en este campo suelen ser vehementes, de un criterio libre de opinar desde el anonimato pero sometido a sus deseos más o menos viscerales, pero los hechos refuerzan su papel e incluso parece probable que contribuyan decisivamente a una mejor comprensión de la vida pública. También Delfos tuvo sus detractores en medio de su esplendor. El oráculo moderno es quizá lo más apolíneo que sobrevive en esta cultura dionisiaca.

Razones y excusas

Se justifica la secretaria general del Partido Andalucista con el argumento de que el fracaso de su partido se ha debido a la injusta ley Electoral que padecemos. Y lleva razón en que esa ley es injusta pero no en que su fracaso se deba solamente a tal injusticia. No tiene más que recordar que, con esa misma ley, su partido ha conseguido ya dos veces la alcaldía de Sevilla, varias la de Jerez y otras ciudades importantes, y alguna vez hasta cinco diputados en el Congreso. O sea que la ley le habrá perjudicado pero lo suyo sería reflexionar sobre qué otros factores propios han contribuido, en el pasado y en el presente, al perjuicio lamentado.

La nueva protesta

En plena plaza de la Bastilla, ha surgido una sucursal del 11M madrileño bajo el eslogan “Paris es Sol”. No son muchos y han debido cambiar de escenario enseguida, pero sus reclamaciones eran idénticas a las coreadas entre nosotros, es decir, una todavía inconcluyente proyección de deseo surgida del disgusto generalizado.  Como tenemos mala memoria, hay que recordar que esta recepción del fenómeno magrebí en Europa ya la anunció en diciembre la juventud griega y en marzo la portuguesa, antes de fraguar en esta suerte de precario mayismo que el domingo hubo de medirse con la única democracia real que existe, que no es otra que la que encarna en las instituciones, ésa tan averiada que, sin embargo, es capaz de funcionar a tope llegado el momento sin dejar el menor margen real a las cuasiutopías improvisadas. Es verdad que cuando se fraguaba el Mayo francés pocos fueron quienes se percataran de sus posibilidades reales, aunque debamos reconocer que ni las circunstancias son las mismas hoy, ni los protagonistas ofrecen un perfil comparable al de los activistas de entonces, sin duda más y mejor equipados ideológicamente. Y por lo demás, hay que entender de una vez que levantarse contra la tiranía, como heroicamente han hecho los “indignados” tunecinos o egipcios, es algo nobilísimo pero no poco simple, mientras que tratar de sustituir regímenes legítimos pero degradados por otros eficaces y decentes resulta, sin duda, algo incomparablemente más complejo y difícil. Ahora bien, en la medida en que esos movimientos, potenciados por una tecnología eficacísima,  prosperan y se extienden, es más que probable que puedan acabar forzando, en un futuro más o menos próximo, una nueva relación entre el Poder y la Opinión Pública. Muchas relaciones sociales van a cambiar en esta “sociedad conectada” cuya capacidad de convocatoria y contagio era inimaginable hasta antier por más que se esté demostrando taumatúrgica. Pero dentro del Sistema, en el marco de la democracia, no lo duden . El propio Stéphane Hessel, blandiendo su panfleto “¡Indignaos!”, así se lo ha avisado a los más ilusos entre los “indignados”.

 

La gran paradoja de nuestra era, sobre todo para la perspectiva progresista, consiste en constatar que este Sistema podrido no deja de ser el mejor de los que ha conocido la especie humana. Sería una pena que algo tan elemental escapara tanto a la insurgencia espontánea como a la experiencia de un poder convencional. Porque si entonces nos decepcionó no encontrar la playa bajo los adoquines la verdad es que sin aquel fracaso a duras penas entenderíamos  este mundo.

El dilema de IU

Escucho con atención al coordinador de IU en Extremadura afirmar que el pacto con el PSOE no está cerrado ni  mucho menos, que vaya “papelón” (sic) que le ha tocado a él, que el objetivo genérico de Cayo Lara de cerrar el paso al PP lo pone entre la espada y la pared puesto que apoyar al PSOE supondría alinearse con el responsables de las “políticas de derechas” (sic) que han dado lugar a la “marea azul” (sic), aparte de que los pactos con IU con el PSOE jamás han dejado de proporcionarle a la coalición costes prohibitivos y de que a ver por qué no se podría “normalizar” la vida parlamentaria dejando que el PP gobernara en minoría como fuerza más votada. Jo, me quedo seco, por más que no dude de que en unos días habrá pactado este hombre tan razonable y tan superior a los que nos han tocado por aquí cerca. La verdad es que el medio millón de votos logrados en Andalucía por la coalición merecerían mejor destino.

Cherchez la femme

A la mujer de Mubarak la han trincado en Egipto pese a su expuesto estado de salud. Tratan de averiguar los jueces, o eso dicen, cual ha sido su papel en el expolio sistemático al que el líder y su familia han sometido al país durante décadas. Menos problemas parece tener la de Ben Alí que escapó de Túnez sin olvidarse de facturar en su equipaje una tonelada y media de lingotes de oro igualmente oriundos del saqueo patriótico. Está por estudiar el papel de la satrapesa, el curioso paradigma de una psicología que permite incluir en su molde a hembras tan distintas como las esposas africanas de los tiranos tipo Mobuto, Obiang, Bongo o Nguesso, con las refinadas muñecas occidentales que aparecen en el catálogo que va desde la Evita depredadora a aquella madame Giscard que recibió en su día los diamantes de sangre que le envió Bokassa. Los amenes de nuestra dictadura estuvieron repletos de leyendas sobre la presunta cleptomanía de la esposa del Caudillo y hasta en alguna ocasión ocurrió que un policía de fronteras se jugó la placa al descubrirle a su hija un alijillo de joyería menor que trataba de sacar en un vuelo a Suiza, pero la verdad es que, visto lo visto, la también presunta mangancia de los Franco parece ser un  juego de niños al lado lo que luego hemos visto fuera y dentro de nuestras fronteras. ¿Se acuerdan de la mujer de Ferdinand Marcos, aquella Imelda que compartía con el penúltimo duque de Alba su pasión coleccionista de zapatos? A la de Pinochet sólo pudieron engancharla, que yo recuerde, por evasión de impuestos pero luego quedó bien claro que era ella la que partía y repartía en la millonada oculta en los correspondientes paraísos. Existe, no hay duda, un perfil de “primera dama” autocrática cuyo rasgo más distintivo y elocuente es la codicia. Ellos, los tiranos, ingenuos como varones, se preocupan más del poder que del dinero. Se olvidan de que en castellano viejo decía el aforismo –aunque es cierto que también cabe postular lo contrario– que “poder es tener”.

 

Hay que “chercher la femme”, no lo duden, detrás o junto a esos monstruos que han alcanzado a hacer de la patria una finca y del poder el más pingüe negocio. En África y en Europa, entre negros como entre blancos, allí donde los “parvenus” del bingo dictatorial o allá donde dominan los legitimados próceres que campean en las democracias. Pongan ustedes las circunstancias apropiadas y verán a la Cristina Kirschner en el mismo brete que Suzzane Mubarak. Porque quizá se trate de una invariante psíquica, propia de la “favorita” y eso tendría su valor para la psicología política. No todo lo que se propaló sobre María Antonieta eran imaginaciones ni mucho menos.