Guerra en Huelva

Alfonso Guerra es un demagogo y no sólo en su estricto sentido etimológico. Lo ha demostrado desde siempre, y acaba de ratificarlo en Huelva en un mitin en el que no se ha privado de chascarrillos hasta merecer que un joven periodista lo incluya en la nómina del “Club de la Comedia”. Guerra es la parte cómica de este espectáculo que hay que reconocer que es aburrido hasta dejarlo de sobra, pero sabe dosificar la literatura entre sus improperios. En Huelva también lo ha hecho con un teorema tan impecable como simplón: “Socialismo es que nadie sea tan rico como para poder poner de rodillas a nadie, ni nadie tan pobre como para verse forzado a ponerse de rodillas delante de nadie”. Ahí queda eso, a mil leguas ya del “socialismo científico” pero en el epicentro del eterno seísmo sentimental.

Cáscara de plátano

Hay opiniones para todos los gustos en el escalafón político francés a propósito del extravagante enredo del presidente del FMI, Dominique Strauss-Kahn. Un tío tan listo como Bernard Tapie deja caer, como quien no quiere la cosa, que el asunto le escama aunque sólo sea porque DSK tiene demostrada sobradamente su inteligencia. Una ministra democristiana, Christine Boutin, concluye con ironía que el eventual complot lo mismo podría deberse al propio FMI, que a la derecha o a la izquierda francesas. Jacque Attali, un conmilitón que va un poco por libre, sugiere una posible manipulación y recuerda que la cadena Sofitel, a la que pertenecía el exclusivo hotel de los hechos, es francesa. En el entorno más cercano al personaje en la picota se habla sin rodeos, dando rienda suelta ya a la conspiranoia más desesperada, de un “complot internacional”. Y encima, van y descubren que un joven militante de la UMP, el partido de Sarkozy, un tal Jonathan Pinet, difundió la noticia en Twitter sólo veinte minutos después de producirse el lío, nadie sabe cómo ni por qué. Los más clásicos plantean el “qui prodest?” de los jueces romanos preguntándose a quién beneficia el bastinazo irreparable del gran pretendiente, inclinándose los unos por la tesis de que al Sarkozy declinante que cae en picado en las encuestas, y los otros por la de que donde se frotan las manos es en la cola de las “primarias” del PSF, donde los Holande, Aubry, Royal, Montebourg y hasta Valls si me apuran, ven desaparecer el mayor obstáculo de su carrera. Cualquiera sabe, como suelo decir en estos casos, pero cada hora que pasa me atrapa más la versión simple de los hechos, es decir, la posibilidad de que la denuncia de la camarera venga a confirmar la ficha impresentable de ese líder sin freno cuya lascivia ha llegado a ser casi tan famosa como su fastuosidad. ¿Qué hay que estar tonto o loco para hacer algo así? Bueno, pues vaya argumento. Demasiados Herodes le han cortado la cabeza al Bautista cegados por la lujuria.

 

Bien mirado, de buena nos libramos los europeos, y no sólo sus competidores políticos. ¿O es que podemos pensar en serio que la responsabilidad de un país, y si me apuran la de la economía mundial, puedan estar en manos de un salido incapaz de controlar, ¡a sus 63 años!, la tentación de una “femme de chambre”? Nunca estuve de acuerdo con el convencionalismo progre que trataba de excusar a Clinton cuando, en plenas negociaciones de la paz de Oriente Medio, se encerraba por dentro con la becaria en el Despacho Oval. Me dirán, tal vez, que no son ángeles. Bueno, yo lo que creo es que no llegan a hombres ni de lejos.

El increible “pósit”

Un “posit”, el papelito adhesivo ése con que los barandas se pelotean los expedientes unos a otros, le bastaba a la Junta para adjudicar una subvención con cargo al “fondo de reptiles” de Empleo. Ni expedientes hacían a la hora de repartir esa fortuna, nada querían saber de la Intervención y ni siquiera exigían recibos a los que trincaban. Como si fuera suyo el dinero, vamos, o como si la Administración, con su orden y sus leyes derivados de la necesidad democrática, estuviera demás para ellos, “elegidos” responsables sólo ante Dios y ante la Historia. Éste de las prejubilaciones ha dejado de ser ya un enredo político para convertirse en un imprescindible asunto judicial que no puede detenerse en el nivel de los directores generales sino continuar hasta la cabeza.

Solaz del guerrero

Medio mundo se ha quedado con la miel en los labios ante el aluvión de informaciones que aluden al hallazgo realizado en la mansión de Bin Laden de un abundante material pornográfico que fuentes creíbles califican de “alta calidad” y en alguna ocasión de “sulfuroso”. Nada sabemos, sin embargo, de su contenido ni del uso que en condiciones casi carcelarias pudo dársele a ese alijo mientras duró la reclusión familiar, pero son muchas las voces que preguntan o se preguntan en Internet quién o quiénes serían sus usuarios en una residencia multifamiliar pero en la que el amo de la casa mantenía junto a sí a tres esposas aparte de ser el profeta visible de una concepción ultramoralista del mensaje coránico. ¿Para qué querría Bin Laden esa colección de “numeritos”, y en caso de que no estuvieran reservados para uso sultanesco, quién sería dentro de esos muros infranqueables el usuario de lo prohibido? No es nuevo, desde luego, que el predicador no dé trigo, ni puede sorprender a nadie que un profeta de la continencia resulte ser un libertino, pero no me dirán que no es al menos cuestionable, por contradictorio, que a tan singular representante de un integrismo religioso que impone a latigazos cuando no a cantazo limpio su moral sexual se le termine descubriendo en la videoteca esa basura que tantas veces se ha invocado desde el bando islamista como exponente de la irremediable degeneración de Occidente. La miel en los labios, ya digo, por más que cualquier cosa pueda imaginar el curioso, habida cuenta de que en esa tradición religiosa y moral siempre estuvo reconocida, como la cosa más natural del mundo, la delicia del belicoso creyente tanto como el solaz del mismísimo profeta. Se dice que cuando a Al Gore se le reprochó el uso contaminante de su avión contestó impávido y fariseo con un rotundo “Nadie es perfecto”. Ahí se las den todas.

 

¿Y qué me dicen de la mujer, quiero decir de la idea de mujer, del papel reservado a la mujer en esa concepción primitiva aunque, por lo que se ve, acomodaticia? ¿Cabe imaginar exhibiciones impúdicas de sus propias vestales en degradatorias orgías, cómo compatibilizarlas, en su caso, con las rígidas exigencias de su código convencional? Sabemos poco y mal sobre cómo se las averiguó Bin Laden, ¡entre cuatro paredes!, con esas tres ricas hembras enfrentadas por los celos, pero más curioso habría de resultar descifrar la razón de ese arsenal que proporciona tan mísera imagen del edén prometido y de sus excelsas huríes. ¡Mira que si al final todo es filfa en ese mitologema del oasis! Bin Laden rebajado hasta ese submundo X supone una tremenda derrota de su sangrienta utopía.

El voto vicario

Votar a IU el domingo va a ser lo mismo que votar al PSOE. Si será así, que el candidato a la alcaldía sevillana anuncia desde ya –reproduciendo el cuestionado esquema del PA– que exigirá para ese pacto anunciado compartir no sólo el gobierno municipal sino el autonómico. Y es muy legítimo, claro, pero entonces, ¿por qué tratan de denigrar al futuro socio acusándolo de ser el gran protector de los bancos o de aplicar políticas derechistas iguales a las del PP? ¿Cómo se come eso de pactar con un partido al que se considera agotado en su ciclo y al que se acusa de corrupción? IU sabe que sin el PSOE no es nada. Lo justo sería que se lo explicara a sus eventuales electores.

La miel y el tiempo

Casi se ha convertido en un deporte de científicos primerizos eso de buscarle los tres pies al gato de la teoría einsteniana de la relatividad. La Ciencia, al fin y al cabo, se desarrolla a golpe de discrepancia pero a mí ésta manía correctora de los alevines de físico me sugiere cierta conexión con la pulsión freudiana de la “muerte del padre”, tan aristotélica si bien se mira. ¿Se equivocó Einstein a pesar de su éxito, es cierto o no lo es que hay deslizados en sus cálculos algún que otro truco dispuesto para “ajustar” forzadamente la hipótesis y la realidad? Conservo como oro en paño una traducción de Rusell que hizo el Sábato joven cuando andaba aprendiendo física por París, con un subrayado suyo en el que me hacía notar la trascendencia sobre la vida humana del conocimiento físico, y a ese subrayado me ido, como quien añade su mínimo homenaje al maestro ausente, al escucharle asegurar a un físico de Stanford, Francis Everitt, desde la pura ortodoxia relativista, que la tierra, en su eterno vagar giratorio, deforma el tiempo y el espacio tal como se deformaría una matriz de miel por la que el planeta pudiera moverse libremente alrededor del Sol. Los físicos logran muchas veces metáforas que ya quisieran para sí los poetas de oficio, como el propio Einstein cuando dijo aquello maravilloso de que “el universo es finito, curvo e ilimitado” o Heisenberg cuando descifró en su fascinante antítesis el “principio de incertidumbre” que, en cierto modo, trituraba la base lógica sobre la que todavía nos movemos. Pues bien, esos poetas de bata blanca han conseguido ahora (com)probar la certeza de la tesis relativista –el llamado efecto geodético—que afirma que el tiempo y el espacio, por más a que la estimativa humana se resista a asumirlo, se “deforman” alrededor de un objeto capaz de ejercer una fuerza gravitacional. Navegamos sin saberlo en ese medio meloso que, por lo que dicen tan formalmente esos sabios, nos deforma constante e insesiblemente.

 

Hablando de estas cosas Sábato decía, hace años, que su realismo literario –ése al que debemos monumentos como “El Túnel” o “Sobre héroes y tumbas”– se debía tanto al hecho de que la Ciencia lo hubiera incrustado con tanta fuerza en la realidad, como al afortunado “desengaño” por el que el científico se encuentra, al cabo, liberado de las apariencias y por ello quizá en condiciones óptimas para entender eso que se llama lo “real maravilloso”. Por lo demás, Einstein queda a salvo, por el momento, de insidias y rivalidades, y nosotros, sin saberlo siquiera, beneficiarios de las aplicaciones prácticas de estos hallazgos poéticos.