El juego de las facturas

Nunca sabremos que fue lo que se quemó por parte de quienes gobernaban en un Ayuntamiento onubense la noche del 22-M, pero en la Diputación de Granada ya se admite que se están quemando papeles antes de que el PP ordene la auditoría, entre los que el PP ha denunciado a la Fiscalía que iban determinadas facturas no poco comprometidas. En el de Sevilla, por su parte, donde la existencia de facturas falsas es ya emblema de la legislatura municipal, aparecen también en el último minuto otras que añadir a la relación, mediante las cuales una asociación de vecinos y una empresa “amigas” podrían haber llevado a cabo un plan urdido para justificar el gasto de subvenciones del Ayuntamiento y la Diputación. Nunca, tal vez, se había caído tan bajo en la Administración. Resulta imprescindible que la Justicia ordinaria determine responsabilidades e imponga las sanciones pertinentes.

La verdad virtual

Leo con atención el comentario de Arcadi Espada crítico con las “jugarretas” prodigadas en Internet por esos piratas que invaden las webs ajenas demostrando que en el campo cibernético no hay puertas que valgan. En ese artículo dice Arcadi –un pionero sin parangón en estas nuevas tecnologías—que en Internet “todo es mentira hasta que se demuestre lo contrario”. Ahí queda eso, que él ilustra con el caso estupendo de la lesbiana siria, Amina Abdallah Araf al-Omari, que nunca existió pero que ha logrado conmocionar este mundillo, aparte de movilizar a las policías dictatoriales lanzándolas a una caza de brujas que a saber cuánta desgracia puede haber producido. Por su parte la policía española hace lo que puede –incluso el ridículo– en su lucha contra ese colectivo “Annonimus”, el de las caretas que andan por ahí, que ha logrado bloquear durante un buen rato el “sitio” de nuestras fuerzas de seguridad. El Fondo Monetario Internacional, en la picota tras los roneos de Strauss-Kahn, tampoco ha escapado a estas invasiones  cibernéticas que han forzado a la Banca Mundial a suspender preventivamente su conexión con sus bases. Y encima, van el Pentágono y el Departamento de Estado y organizan un plan para crear una red furtiva de comunicaciones, bien abastecida de dineros, al servicio de activistas dedicados a luchar contra los regímenes dictatoriales tales como Libia, Irán, Siria y el propio Afganistán. Se ha abierto la veda, pues, de manera que nadie podrá estar seguro en un espacio común en el que en adelante va a resultar imposible distinguir entre lo verdadero y lo falso y, por descontado, mantener a buen recaudo la información que legítimamente cada cual pueda considerar reservada. Cómo será que el baranda de la CIA, León Panetta, ha declarado que el próximo Pearl Harbor de los EEUU podría ser uno de esos ataques informáticos capaces de paralizar sus redes. Internet crece como un gigante cada día más amenazador más allá de sus promesas democratizadoras.

 Pasó lo mismo con la imprenta, con el telégrafo, con la penicilina y con el viagra: hay novedades que cuesta asimilar. Pero ésta de la Red mundial, que nos permite la presencia pero sin garantías sobre nuestra imagen, es especial, se diga lo que se diga. El futuro está ahí, de eso no cabe dudar, pero será preciso precaverse contra unos abusos e invasiones que es posible que no resistan comparación  con nada en el pasado. Todo en Internet es sospechoso mientras no se demuestre lo contrario. Arcadi, mucho más experimentado que yo, dice incluso que es “mentira”. Yo no llego a tanto seguramente porque no domino el tema como él.

El colocadero

Nadie en el PSOE  ha entonado el mea culpa y menos dimitido tras la derrota aplastante del 22-M. Cada cual culpa al de enfrente, en voz baja por lo general, mientras calcula deprisa dónde y cómo reciclarse en el “colocadero” del que todavía dispone el partido. Un caso: en Huelva, la principal derrotada en la capital es premiada con la presidencia de la Diputación, mientras tres alcaldes derrotados –alguno escandalosamente, como el de Valverde del camino—se ven socorridos de urgencia con sendas delegaciones de la Junta autónoma que pone en esas manos fracasadas los intereses de una Administración ya bastante deteriorada sin su concurso. Griñán pretende evitar que el partido implosione, como ya lo ha hecho en Almería o Cádiz, y para ello premia a los fracasados. Toda una exhibición de “mala práctica” que deja en evidencia el negocio de la política.

Juegos de guerra

Asistimos quizá a la mayor proliferación de los juegos de guerra registrada en nuestro pasado. Los videojuegos han puesto en manos de la santa infancia entretenimientos que consisten en aniquilar al enemigo a sangre y fuego adiestrando el ánimo del alevín, desde su más tierno estado, en esa trágica destreza. Los adolescentes y jóvenes más talludos tienen hoy a su disposición en parques especiales un juego de moda, el Paint Ball , consistente en celebrar batallas fingidas pero de lo más realistas, en las que balas teñidoras  disparadas por armas reales marcan trágicamente a las víctimas a mayor gloria del vencedor. Siempre el juego de guerra atrajo a la gente nueva, por supuesto, y en especial tras las guerras de verdad, pero lo que hoy resulta insólito es el nivel de sofisticación de unas técnicas que permiten degustar con desconcertante realismo la experiencia de la agresividad. En Alemania ha provocado una intensa reacción la ocurrencia de una unidad de las fuerzas armadas de entretener a los niños, durante su “día de puertas abiertas”, convirtiéndolos en guerreros fingidos y asaltantes de una aldea kosovar previamente reconstruida con detalle hasta reproducir su modelo real, la aldea de Mitrovica, víctima durante la guerra mundial –¡y a manos de la misma brigada y de las SS!—de una memorable agresión. He visto las fotos de esos niños aguerridos, apiñados bajo las redes de camuflaje y tras los sacos terreros, tan seriamente imbuidos de su papel destructor como revela su gesto bélico mientras disparaban a discreción con armas de reglamento sus imaginarias balas, como empeñados en probar el concepto reaccionario, vigente desde Heráclito a De Maistre, de que la guerra es una ley del mundo a la que el hombre apenas puede escapar. Se vienen a la cabeza los despreciables versos de Apollinaire –“Ah Dieu! que la guerre est jolie…”, ¿se acuerdan?—acaso, desgraciadamente, más vigentes hoy que nunca. Sólo los espartanos iniciaron en la guerra a los niños como los iniciamos nosotros.

 

En Alemania el incidente de la brigada de esos cazadores alpinos se ha presentado como un fracaso exclusivo de la Bundeswehr, ese nuevo ejército profesional y renovado que, despojado de todo rasgo precedente,  pretende organizarse sobre el papel, pero justo es reconocer que un acto tan insensato resultaría poco menos que inimaginable como tal aventura aislada. Es esta sociedad que enseña a niños y jóvenes a matar y a destruir la que habría de responder por esa maléfica versión deportiva del conflicto y esa trivialización supina de la violencia que queda a dos pasos de la infame soflama de Apollinaire. Esparta queda lejos y en ruinas. Lo malo es que el hombre raramente aprende las viejas lecciones.

¿Sólos o acompañados?

Nadie sabe cuándo serán las elecciones andaluzas. ¿Se convocarán en noviembre si las nacionales, finalmente, se adelantan, o se mantendrá el compromiso de Griñán de celebrarlas en marzo “pasara lo que pasara”? Lo que está claro es que, por una vez, la coincidencia podría suponer un gravamen añadido a las posibilidades del convocante andaluz, pero ¿es posible pensar en una convocatoria separada en el caso de que el partido en el poder perdiera también las elecciones nacionales? Griñán es el primer mandatario andaluz que ha perdido unas elecciones y de forma estrepitosa, y eso quiere decir que será Madrid quien decida, a su mejor conveniencia, cuándo se han de convocar nuestros propios comicios. Madrid nos ha marcado siempre el paso por razones partidistas. Ahora va a hacerlo cargado de razón.

My tailor is rich

Un relevante personaje que ha estado años vinculado a la alta política española comentaba días atrás el peso que sobre nuestra vida pública ha tenido, históricamente y en la actualidad, la relativa falta de preparación de los más altos dirigentes. Eso que la leyenda atribuye a ZP, la ingenua confidencia de su convencimiento de lo fácil que sería para tantos españoles ser presidente del Gobierno, no es más que una anécdota confirmatoria de lo que constituye hace mucho la queja española sobre la escasa formación cultural de una clase política que, incluso en sus más altos niveles, carece de elementos fundamentales. ¿Se puede seriamente presidir un Gobierno –se preguntaba nuestro personaje—sin conocer los idiomas básicos de la política mundial y, en especial, el inglés? Pues a la vista está que sí, aunque, claro está, ello no equivalga a su conveniencia ni desmonte por completo el rejo de la incómoda pregunta. Bien entendido que ese déficit cultural e idiomático no es nuevo y menos exclusivo de la política actual, pues el monolingüismo nos viene de lejos en todos los niveles de la sociedad, lo que muy probablemente explicaría la (por supuesto, razonable) obsesión por el bilingüismo de nuestros gobernantes actuales, ninguno de los cuales, a diferencia de la mayoría de la dirigencia extranjera, se defiende siquiera sin intérprete cuando sale del país o recibe a un colega extranjero. Bueno, lo mismo le ocurría a Napoleón, después de todo, como puede comprobarse en las primeras lecciones que el Emperador recibió y en las que, en su propia letra, podemos leer las consabidas frases elementales propias de todo principiante. La divertida diferencia estriba en que por esos garrapateos autógrafos –“How many were they”, “How do they do” y otros por el estilo—ha habido quien ha pagado en subasta cerca de 100.000 euros, pero sobre todo, en que maldita la falta que a Napoleón le hacía soltarse en inglés.

El aprendizaje del inglés se ha convertido en una justificada obsesión nacional, que sería aún mayor si los obsesos supieran la diferencia que separan, en este sentido, a nuestra sociedad de la mayoría de las europeas, para las que esa lengua se ha convertido en una auténtica koiné o lengua franca, de conocimiento obligado lo mismo para el político o el estudioso que para comerciante o el turista. Con motivo de un acontecimiento deportivo internacional la municipalidad de una capital europea financió recientemente cursillos acelerados para taxistas, camareros y hasta para prostitutas, hay que suponer que atenidos al nivel elemental en el que Napoleón se formulaba aquellas preguntas que hoy valen una fortuna. Los que siguen erre que erre en la lengua única son nuestros hombres públicos la mayoría de los cuales agota su poliglotía es asegurar que su sastre es rico.