Terquedad política

La extraña testarudez del PSOE onubense y, en especial de la presidenta de la Diputación, ha dado lugar a que el resto de las fuerzas políticas y sociales deba irse con la música del manifiesto en defensa de La Rábida al Congreso. ¿No es una bobada tanto emperre, qué gana el PSOE manteniendo esa rigidez, qué perdería sumándose a “todo lo que no es el PSOE” –no hace falta que dé ningún brazo a torcer—en un asunto tan de sentido común y de tan evidente necesidad? Llevar la contraria al rival no es un buen argumento ni lo será nunca si el gesto no se acompaña con buenas razones que, desde luego, el PSOE no tiene en esta ocasión.

Génesis 2010

Ya van largando datos, aquí y allá, los sabios que juegan como demiurgos reproduciendo (es un decir) en el famoso LHC, el acelerador de partículas gigante, el papel del demiurgo. Es pronto para sacar conclusiones pero no para las hipótesis audaces a las que allana el camino el éxito del fulmíneo choque de protones conseguido hace poco, hipótesis que nos desconciertan conceptualmente hasta dejarnos colgados. A uno de esos sabios le escucho explicar que de lo que se trata ahora es de observar el comportamiento de los quarks –la mínima entidad conocida—tras el fabuloso impacto, por más que ni siquiera sepamos si ese misterioso embeleco tiene “tamaño” aparte de que es probable que ni siquiera tenga “estructura”, ya ven qué manera de  complicar el Génesis. Podremos por fin, más tarde o más temprano, confirmar o prescindir de esa “partícula de Dios”, o sea, el bosón de Higgs, bien entendido que en el primer supuesto dispondríamos ya de la clave de la teodicea, mientras que en el segundo nos habremos cargado el famoso “modelo estándar” que, con sus hipótesis, daba razón de lo qué somos. ¿Agujeros negros? Pues también, ya que, por lo visto, la posibilidad teórica de que se consiga crearlos en el LHC es avalada por las mismas hipótesis que postulan que, caso de producirse, se “disolverían” instantáneamente. Cualquiera sabe, pero lo cierto es que nunca hemos estado más cerca de Dios, quiero decir de su mano derecha.

 

¡Entidades que carecen de tamaño y estructura! Esta hazaña prometeica está demoliendo, como quien no quiere la cosa, todo nuestro edificio lógico, la herencia más que bimilenaria de Aristóteles, cuyos célebres “principios” puede que sean pura chatarra epistemológica cualquier mañana de éstas. Mi maestro Maravall lo avisó hace medio siglo como mucho antes Ortega vio en la perspectiva descubierta por Einstein un seísmo irresistible en la historia espiritual de Occidente, y como ya Born se dio cuenta de que los problemas de esta física nueva eran de naturaleza filosófica aunque, bien mirado, él andaba todavía por la primera vuelta del camino. Lo que no sabemos es si del demiurgo podrá descansar al séptimo día, como venimos creyendo que descansó Dios satisfecho con su obra, o si su éxito lo va a dejar –y de paso nos dejará a todos—a los pies de los caballos. De los del Apocalipsis, se entiende, a poco que reparemos en la gravedad del vértigo en que, con nuestros impuestos y a Dios gracia, nos va metiendo la Ciencia. Dicen que a partir de ahora los del LHC van a dedicarse a tomar nota de lo que vaya ocurriendo en ese túnel del tiempo. Sería de agradecer que la tomaran despacito y con buena letra.

El tinglado es caro

Absurda la polémica sobre la reducción de consejerías y efectivos en la Junta para aliviar el presupuesto de cara a la crisis. Ni a Griñán ni a nadie se le permitiría –aquí todo el mundo tiene un  jefe—que desmontara uno de los soportes más eficaces del tinglado clientelar que sostiene al “régimen” y al que aspiran, por supuesto, los partidos de la oposición, a juzgar por lo que hacen en sus feudos. La única reforma posible sería revolucionaria y podría consistir en eliminar, no consejerías sino el numeroso personal “político” que grava la nómina. Hay “consejos” que no se reúnen durante años y siguen gastando dinero y los hay que mejor que no se reunieran. Reducir consejerías es un engañabobos. Lo otro, naturalmente, no lo harán.

Más de lo mismo

La exigencia planteada por patronos y sindicalistas a la Diputación para que reúna el famoso e inútil “Pacto por Huelva” de cara a procurar la defensa del sector fresero resulta, como mínimo, de lo más ingenuo. ¿O es que ese “pacto” fue alguna vez algo más que la foto inaugural? La defensa de nuestros intereses, en el punto a que se ha llegado, no corresponde a una Diputación, ni siquiera a una Junta, sino al Gobierno de la nación que es el que dispone de peso y de un servicio diplomático adecuado. Lo demás son ganas de retratarse y seguir acumulando más de lo mismo.

Los diez justos

Un ayatollah iraní se ha dejado caer rotundo con la teoría de que los terribles seísmos que andan asolando al planeta no son más que la consecuencia del desastroso comportamiento de la especie humana, sobre todo en lo que toca al ámbito sexual. En el país más desgraciado del mundo, en Haití, ha hecho furor esa misma teoría tras la catástrofe que acaba de destruirlo igual que en Perú, de creer a los medios más solventes, trece de cada cien ciudadanos han interpretado el reciente terremoto como un castigo divino a los desórdenes de la conducta colectiva. En México ha sido tal el eco de esa opinión, que el arzobispo Martín Rábago ha creído preciso salir a la palestra para advertir a los fieles que Dios no castiga a ojos cerrados y que el mundo físico tiene sus propias leyes para explicar las desdichas sobrevenidas. También la catástrofe de Chile ha sido anunciado por un “profeta”, un tal John Harris, exactamente en los términos que Voltaire creyó preciso ironizar en su poema sobre el terremoto de Lisboa, sinopsis de lo que, más explícita y divertidamente, nos mostrará luego en el “Cándido”, soberana paliza a la ingenua teodicea de Leibnitz que resumía el panglossiano axioma de que, a pesar de los pesares, vivimos en el mejor de los mundos posibles, que mereció la severa reconvención del “ingenuo” Rousseau. No hay quien libere al Hombre, por lo visto, de esa tendencia a mirar al cielo cuando brama la tierra y a culpar a santa Bárbara del trueno, reduciendo la espléndida e inabarcable lógica de la realidad al juego menor de las enojosas relaciones de una divinidad vengativa con sus desobedientes criaturas. Y sobre todo, no hay forma de liquidar el mito de Sodoma, con su necia e insidiosa idea de que el desastre natural no es el resultado de la propia dinámica de lo real, sino la consecuencia de la ira divina ante la licencia nefanda. La Biblia en pleno futuro, el mito genesíaco de los diez justos inencontrables o de la universalidad del mal, la estúpida identificación del mal con el sexo. La infancia de la Humanidad no es una etapa de la especie sino su propia condición.

 

Lo asombroso no es, sin embargo, que en pueblos relativamente atrasados hallemos opiniones como ésas que son expresión de un comprensible primitivismo, sino de que podamos tropezárnoslas en ambientes desarrollados, en los que la inopia religiosa pretende barrer para casa en la medida en que aceptar el mal natural como castigo reforzaría su no poco desgastado poder. Y lo triste es que ese primitivismo tenga margen aún lo mismo a un lado que al otro del gran dogma. La credulidad produce más milagros que la impostura, dijo alguien con más razón que un santo.

Andalucía va fatal

No me gusta que se utilice al Defensor –una eminencia moral sobre tan vasta patulea—para el tironeo entre los partidos. ¿Es que no resulta suficiente esgrimir sus informes y exigirle al poder que reacciones en consecuencia? Del último, por ejemplo, se deduce que las cosas no van bien por la región hasta el punto de que ese prestigioso observador privilegiado califica de “auténtica emergencia social”. La oposición en bloque debería exigir a la Junta que tome en consideración las denuncias un Defensor que no está ahí para decorar la democracia.