El demonio del sur

Ni la cancillera Merkel ni la televisión sueca han inventado nada nuevo al mirar al Sur como quien mira al país de la pereza. Es muy viejo lo del “demonio meridiano”, la leyenda del ocio forzado por la naturaleza propicia, que hay que remontarse a los Padres orientales para encontrar sus primeros rastros, que llegan hasta el Dante. El espíritu anacoreta, con su marchamo masoca y todo, sobrevive en el calvinismo religioso o laico de esos pueblos nórdicos que, como puso en claro Weber, ven en el esfuerzo la razón del éxito y en el éxito la prueba del favor divino. Pero esa autoestima requiere la imagen antitética de la vagancia y el hedonismo, es decir, lo que la obsesión de los espirituales designó como el término de “acedia”, que literalmente quiere decir, indolencia, falta de energía. No han inventado nada, pues, esos nietos de Calvino cuando divulgan la imagen perezosa del Sur y la estampa de los sureños tumbados a la bartola (con minúscula, claro) con la mano alargada en espera de que en ella caiga por inercia el fruto maduro y ajeno. Otra cosa es que debamos reconocer cuánto hemos contribuido los sureños a consolidar ese injustísimo retrato que acabó por cristalizar en la mirada romántica de los viajeros que Europa nos enviaba con la carabina cargada de tópicos, al posar para ellos, encantados de la vida, travestidos de feriantes y romeros. La gran mentira del ocio del Sur pobre fraguó cementada tanto en el agravio imaginario de los ricos del Norte como en el engrudo de la autocomplacencia. Por eso no debe bastarnos con rechazar el insulto que hoy nos envían nuestros tutores de facto sino empezar corrigiendo nuestra propia postura. Merkel, por ejemplo, debería reconocer el ejemplar esfuerzo de nuestros emigrantes y su contribución a ese “milagro alemán” realizado por obra del demiurgo yanqui. En cuanto a los suecos…, pues miren, tampoco es cierto que todas las suecas sean lo que no son, por más que aquí vengamos sosteniendo hace decenios lo contrario como pardillos encandilados.

 

¡El demonio del Meridión! En la soledad del desierto o en la celda fría, los monjes inventaron un buco para justificar su indolencia que acabaría secularizándose para uso de xenófobos en general después de que los propios injuriados por el tópico contribuyeran, por pura y estúpida vanidad, a rematar su perfil, ocultando como un oprobio la escena de nuestros abnegados currelantes. No debe extrañarnos, por lo demás, que hoy escuchemos esa canción tatareada por nuestros propios separatistas del Norte. La Merkel no está diciendo nada diferente de lo que están hartos de repetir los Arzálluz, los Pujol y los Montilla.

Un gozne histórico

Las lecciones de hoy domingo no son unas elecciones cualesquiera. El intenso clima de cambio –incluyendo el que se respira en las afueras del Sistema—supone que de repetir su triunfo el PSOE la sociedad habría asumido su gestión de la crisis y su fracaso ético frente a la corrupción, mientras que de vencer el PP estaríamos ante un ejercicio de confianza que, desde luego, no habría de resultarle nada fácil de corresponder. En ambos casos lo que se juega hoy en las urnas tendrá enorme trascendencia para un futuro que se nos presenta insostenible además de hipotecado. De modo que nada será igual mañana, si gana el PSOE porque se esfuma la alternativa, y si lo hace el PP porque lo que se inicia es la aventura de escapar a la ruina. Hemos vivido ocasiones difíciles pero quizá ninguna en nos fuera nuestra propia supervivencia.

Dioses caídos

Continúa el aluvión de reacciones en torno a la imagen demacrada del hasta ahora todopoderoso Strauss-Kahn. Junto a las interpretaciones de unos y otros, surgen voces espontáneas con acusaciones conservadas durante casi un decenio en la naftalina más sospechosa, y se hace apreciaciones que pretende ofrecer una explicación razonable del espectacular batacazo. La de Elena Salgado, por ejemplo, retratándolo como un caballero de “carácter muy fuerte” fue estupenda porque, polémicas aparte, de lo que se acusa a DSK no es de extremar el trato sino de un intento criminal de avasallar lo más sagrado de una persona. O la de los que elucubran sobre la posibilidad de una explicación que encaje en el marco ambiguo de de una eventual relación consentida, no se sabe hasta qué punto, y en la que el ogro recobraría no poco su perdido perfil humano. ¿Y saben una cosa? Como doy por seguro que nunca hemos de llegar al fondo de este putiferio, me agarro a dos clamorosas evidencias. La primera es la energía democrática de esos EEUU que serán lo que quieran quienes no se levantan ante su bandera pero acaban de dar, una vez más, el ejemplo rotundo de las democracias genuinas al ponerle las esposas a un tío –con categoría de Jefe de Estado– no se olvide, y hacerle guardar cola ante el juez con barba de tres días. La segunda concierne al despilfarro asumido y, por eso mismo, casi inapreciable, concretado en esos tres mil euros que el fogoso prócer pagaba al día –ni qué decir tiene que a cuenta de usted entre otros– por su suite de lujo en su fastuoso hotel. De manera que el gran gestor de la crisis, el encargado de redimir al planeta de la ruina causada por el Sistema al mundo de los terrícolas, se pulía cada noche sólo en dormir lo que infinitas familias precisarían para sobrevivir un trimestre. Cuando oigo eso de que la “gauche caviar” acaba de sufrir un duro golpe, créanme que lo único que lamento que es que el estacazo no la haya rematado.

 

También echo de menos el treno feminista, y pienso que tal vez ello se deba a que esa militancia está más vinculada a la izquierda que a la derecha. ¿O ustedes creen que el insigne dúo Bibiana-Pajín permanecería callado si un prócer rival se viera en las que se ve su conmilitón? ¿Se imaginan a Salgado aplicándole lo del “carácter fuerte” a un Sarkozy pongamos por caso? Va a dar mucho que hablar el caso, no hay duda, sobre todo en el supuesto, no poco verosímil, de que al todopoderoso le caiga encima una de esas condenas de película. Por lo que dicen que ha hecho DSK, en España tendría asegurado comerse el turrón en casa para Navidad. Menos mal que todavía hay democracias imperfectas que funcionan como es debido.

Al margen de la ley

Hoy es el “día de reflexión” establecido por la ley Electoral y garantizado por las Juntas Electorales. Un día necesario para calmar los ánimos y proporcionar al criterio una indispensable distancia con el ruido de la campaña. No respetarlo –como no se respetara ya cuando la tragedia de Atocha—simplemente porque así lo exige una ínfima minoría constituiría un fracaso paladino del Estado de Derecho, aparte de establecer un precedente temeroso para cualquier minoría que, en el futuro, pretenda imponer su criterio a la inmensa mayoría. Vamos a ver cómo se las arreglan los mismos que han aplaudido a esa “indignación espontánea” para reconducirla ahora al único cauce legítimo. Si no logran algo muy grave habrá quebrado en la democracia de todos.

Puerta falsa

A la democracia –estado superior de la convivencia, por ahora—se puede entrar por la puerta grande o por el postigo de atrás. Recuerden cuando en España, por poner un ejemplo, nos metieron en ella, felizmente, un rey que había sido jefe de Estado de la Dictadura y un secretario general del Movimiento. Pero por ésa misma lógica parece probado que por esa puerta falsa también se puede salir. Ésta que tenemos está al borde del soponcio e instalada en el descrédito más absoluto, pero es la que hay, al menos mientras alguna minerva no discurra otra más eficiente y honorable que pudiera sustituirla con ventaja. Esas voces contestarías que se han levantado de pronto exigiendo la muerte del Sistema expresan un estado de ánimo que cae bastante más próximo del conflicto que de la solución, una suerte de reacción nihilista rebajada, de momento, por el sifonazo de la corrección política, pero en la que el sentimiento sobrevuela la razón y en la que la gestualidad prima sobre el concepto. Nadie sabe qué quieren, porque ellos tampoco saben nada fuera de que no quieren lo que hay, y ése es un respetable argumento cívico y político sin la menor virtualidad real. Era raro, desde luego, que el triste espectáculo de nuestra “realpolitik” –no tienen más que reparar en la miseria maniquea de la campaña—no estallara vocinglero en la calle ya que en las instituciones el ciudadano no tiene entrada libre más que unos minutos cada cuatro años para votar y abrirse luego a los cuatro vientos. No lo es, a mi entender, que lo primero que se haya oído hayan sido lamentos sin proyecto, justificadas quejas sin alternativa, reclamaciones sin especificar. Dudo de que los fárragos de la teoría, de Platón a Marx, puedan sustituirse a base de ocurrencias expresadas en 140 caracteres. Twitter podría, en última instancia, sacarnos de la democracia; mucho más difícil veo que lograra volvernos a meter en ella.

 

Otra cosa es que los políticos convencionales desprecien temerariamente el “conflicto” o traten de usufructuarlo y, lamentablemente, ambas cosas han ocurrido ya. Que nadie conozca en este instante las posibilidades reales de de ese “movimiento” acéfalo pero bien inervado no significa que un eventual crecimiento exponencial del mismo carezca de posibilidades reales. Ahora bien, el dilema consiste en que para dar paso a ese éxito los rebeldes tendrán que adoptar el único código conocido: los partidos no se juegan fuera de la cancha. En la política práctica no existe el ser y no ser simultáneo. Sin cabeza ese “movimiento” no será más que una anécdota, y con ella será, le guste o no, un nuevo partido.

El voto “en positivo”

El PSOE, empezando por el Gobierno, se ha lanzado en busca de esos “indignados” que claman contra el Sistema en su conjunto, y justo es decir que sobrepasando con mucho lo que la prudencia e incluso la legalidad permiten. Griñán, por ejemplo, ha pedido a los jóvenes que voten “en positivo”, es decir, a su partido, como si su partido no formara parte indisoluble, y en este momento principalísima, de lo que esos “indignados” rechazan como materia podrida. El oportunismo no tiene límites, ya se sabe, pero en ocasiones como ésta resulta tan temerario como probablemente inútil. Porque si tanta razón llevan los rebeldes, ¿cómo es posible que sus actuales aduladores no se hayan percatado antes? Estas adhesiones fingidas contribuyen al descrédito de una política capaz de cualquier cosa con tal de controlar el Poder.