La jueza no traga

Otra vez le concede la jueza Alaya cinco días a la Junta para que le remita los “expedientes auténticos” de los EREs. Dice que lo que le han mandado hasta ahora no es sino “un cúmulo de folios desordenados, inconexos y repetidos, realmente impropios de cualquier órgano de la Administración”, es decir, el conocido truco del aluvión de papeles para ahogar al juzgador pero, encima, manga por hombro. No nos extraña, desde luego, porque aquí mismo se publicó la correspondencia del director general de la cosa solicitando a las aseguradoras, por vía de urgencia, papeles elementales para construir como fuera los expedientes requeridos. Y ello no es más que la consecuencia de una gestión llevada por la Junta de espaldas a la normativa e incluso a la legalidad. Cerrar en falso este caso sería un desatino pero, sobre todo, sería una injusticia sin precedentes.

¿Otra izquierda?

El fracaso electoral de la izquierda en las elecciones va a abrir, por fin, el debate sobre el viejo sistema bipolar aunque, de momento al menos, no se oigan más que comentarios defensivos que no hacen sino traslucir la indigencia ideológica que suele propiciar el desconcierto, como esos, procedentes del ámbito tardocomunista, que justifican su fracaso en los comicios con el argumento de que “el pueblo se ha equivocado” o, incluso, se permiten ultrajarlo diciendo que esta sociedad “deja mucho que desear”. Desde su observatorio de Berlín, Ignacio Sotelo ha explicado que los cambios de la sociedad han dejado fuera de juego los tres modelos históricos del socialismo –el soviético, el socialdemócrata y el neoliberal—sencillamente porque han privado al proyecto de su base social, en la medida en que no es posible apoyarse en un esquema clasista cuando el trabajo ha dejado de ser, de hecho, el “eje que articula la vida”. Lo que no hace Sotelo ni nadie es decirnos “qué hacer” –responder a la clásica pregunta de Lenin—en un medio social tan distinto para refundar la utopía, máxime cuandola acción política ha de insertarse en un marco asociativo que reduce al máximo el margen de los Estados a la hora de adoptar decisiones socioeconómicas. No querer ver que el Sistema ha logrado imponerse en esta etapa histórica hasta el punto de conseguir que prevalezca un único paradigma ideológico y que, como consecuencia, la praxis política deba excluir cualquier tentación de actuar al margen de aquel, es cerrar los ojos voluntariamente. Hoy el par derecha-izquierda ha sido fundido en un prototipo práctico único, ése que “ha aceptado el neoliberalismo como última expresión de la racionalidad económica” (Sotelo) de tal manera que cualquier partido en el poder deberá ajustarse a él o será arrollado críticamente por la realidad.

No importa quién, cualquiera encaramado a un Gobierno europeo deberá aplicar las recetas que fortalecen esa racionalidad como único medio para mantener la relativa y decreciente prosperidad. El “Welfare State”, convertido por la crisis en “Estado del malestar”, es ya un recuerdo añorado, por más que su herencia no deje de ser importante. Quien quiera una izquierda realista actualmente tendrá que reinventar la utopía. Y esa tarea nada tiene que ver con una izquierda que, desconectada sin remedio de la lucha directa, concibe a sus partidos como meros instrumentos electorales. Los Solchagas y los Solbes no se distinguen ya en nada ideológicamente de los Rato o los Montoro: lo demás son cuentos. La Izquierda necesaria ni está ni es esperada. La esperanza y la desesperación aparecen hoy teñidas de un único color.

Cuestiones de principio

Gran alboroto a propósito de la oferta del PP a IU para desplazar al PSOE de su fortín de la Diputación de Huelva. Dicen que se trataría de un pacto “contra natura” y, en cierto sentido, claro que lo habría de ser, pero no entiendo entonces por qué los mismos apoyaron en su día con entusiasmo la famosa “pinza” que acogotó a Chaves en la Junta. Por su parte, el ala dura de IU insiste en su propósito de aislar al PP como sea, pero parece dispuesta –contra la voz de los propios concernidos—a apalancar al PSOE en la autonomía extremeña. Los principios en esta política son de quita y pon. Y la verdad es que esperar otra cosa de estas minervas sería, sencillamente, una ingenuidad.

Volver a Delfos

Siempre confiaron los hombres en los pronósticos. En Delfos, la Pitia respondía en nombre de Apolo a las preguntas con voz melodramática, ni que decir tiene que atendiendo al guión preparado por los sacerdotes, y por eso hasta allí –a la sombra del monte Parnaso desde el que bandadas de pájaros negros se descuelgan hacia el inmenso valle o se aventuran hacia el mar– acudían grandes y pequeños antes de emprender sus negocios. La predicción es el sueño irrefrenable de la imaginación, por más que en manos de la sociología –esa “ciencia mostrenca” que decía Unamuno—se haya reconvertido en un instrumento científico capaz de augurar el porvenir no interpretando el vuelo de los pájaros o escudriñando vísceras sacrificiales sino, sencillamente, averiguando las tendencias del criterio público a través del control de las opiniones individuales. Nadie acababa de creerse lo que anunciaban las encuestas para el pasado 22M hasta que las urnas han corroborado su anuncio, en algunos casos con absoluta precisión y un notabilísimo detalle. La desconfianza de la opinión ante el anunciado cambio, se debía probablemente a una proyección temerosa del propio deseo de cambio que los resultados han confirmado finalmente aunque, insistamos en ello, apenas alguna voz aislada se ha alzado para reconocerlo. Las técnicas de prospección actuales han afinado tanto como demuestran sus aciertos y más afinarán a medida que se perfeccione un instrumental que está cambiando a paso rápido apoyado en el progreso informático. Hasta los neurólogos andan ya de por medio en esta aventura que es la profecía sobre unos comportamientos sociales que, a pesar de dificultades como la mencionada anteriormente, cada día resultan más predecibles. Los sondeos anunciaban esta vez que el PP se situaría en las urnas diez puntos por encima del PSOE y así ha ocurrido en líneas generales, y si hoy se repitieran esas mismas encuestas es seguro que una mayoría hasta ayer escéptica o desconfiada se manifestaría ante ellas con un perfil mucho más decidido. También estas mudanzas en la opinión sugieren una madurez democrática que seguirá limitada, no obstante, por la propia proyección de deseo.

 

La sociología choca con la dificultad de superar las preferencias, que en este campo suelen ser vehementes, de un criterio libre de opinar desde el anonimato pero sometido a sus deseos más o menos viscerales, pero los hechos refuerzan su papel e incluso parece probable que contribuyan decisivamente a una mejor comprensión de la vida pública. También Delfos tuvo sus detractores en medio de su esplendor. El oráculo moderno es quizá lo más apolíneo que sobrevive en esta cultura dionisiaca.

Razones y excusas

Se justifica la secretaria general del Partido Andalucista con el argumento de que el fracaso de su partido se ha debido a la injusta ley Electoral que padecemos. Y lleva razón en que esa ley es injusta pero no en que su fracaso se deba solamente a tal injusticia. No tiene más que recordar que, con esa misma ley, su partido ha conseguido ya dos veces la alcaldía de Sevilla, varias la de Jerez y otras ciudades importantes, y alguna vez hasta cinco diputados en el Congreso. O sea que la ley le habrá perjudicado pero lo suyo sería reflexionar sobre qué otros factores propios han contribuido, en el pasado y en el presente, al perjuicio lamentado.

La nueva protesta

En plena plaza de la Bastilla, ha surgido una sucursal del 11M madrileño bajo el eslogan “Paris es Sol”. No son muchos y han debido cambiar de escenario enseguida, pero sus reclamaciones eran idénticas a las coreadas entre nosotros, es decir, una todavía inconcluyente proyección de deseo surgida del disgusto generalizado.  Como tenemos mala memoria, hay que recordar que esta recepción del fenómeno magrebí en Europa ya la anunció en diciembre la juventud griega y en marzo la portuguesa, antes de fraguar en esta suerte de precario mayismo que el domingo hubo de medirse con la única democracia real que existe, que no es otra que la que encarna en las instituciones, ésa tan averiada que, sin embargo, es capaz de funcionar a tope llegado el momento sin dejar el menor margen real a las cuasiutopías improvisadas. Es verdad que cuando se fraguaba el Mayo francés pocos fueron quienes se percataran de sus posibilidades reales, aunque debamos reconocer que ni las circunstancias son las mismas hoy, ni los protagonistas ofrecen un perfil comparable al de los activistas de entonces, sin duda más y mejor equipados ideológicamente. Y por lo demás, hay que entender de una vez que levantarse contra la tiranía, como heroicamente han hecho los “indignados” tunecinos o egipcios, es algo nobilísimo pero no poco simple, mientras que tratar de sustituir regímenes legítimos pero degradados por otros eficaces y decentes resulta, sin duda, algo incomparablemente más complejo y difícil. Ahora bien, en la medida en que esos movimientos, potenciados por una tecnología eficacísima,  prosperan y se extienden, es más que probable que puedan acabar forzando, en un futuro más o menos próximo, una nueva relación entre el Poder y la Opinión Pública. Muchas relaciones sociales van a cambiar en esta “sociedad conectada” cuya capacidad de convocatoria y contagio era inimaginable hasta antier por más que se esté demostrando taumatúrgica. Pero dentro del Sistema, en el marco de la democracia, no lo duden . El propio Stéphane Hessel, blandiendo su panfleto “¡Indignaos!”, así se lo ha avisado a los más ilusos entre los “indignados”.

 

La gran paradoja de nuestra era, sobre todo para la perspectiva progresista, consiste en constatar que este Sistema podrido no deja de ser el mejor de los que ha conocido la especie humana. Sería una pena que algo tan elemental escapara tanto a la insurgencia espontánea como a la experiencia de un poder convencional. Porque si entonces nos decepcionó no encontrar la playa bajo los adoquines la verdad es que sin aquel fracaso a duras penas entenderíamos  este mundo.