La mamá del millón

Mientras media Europa y parte de América hervía entre las utopías del 68, España se aliviaba, soñadora y pequeño-burguesa, embobada en la hazaña televisiva de “la mamá del millón”, una simpática dama que decía pretender el premio motivada por la necesidad de animar a quienes, como ella, tuvieran un hijo disminuido mentalmente. España entera latía, suspensa ante las bromas de Joaquín Prats, a medida que doña Mercedes iba superando la prueba, pasito a paso, hasta conseguir, finalmente, la ansiada compensación, ¡un millón de pesetas!, que por aquellos entonces era una fortuna. ¡Un milloncejo de pesetas, ya ven! El miércoles pasado un grupo de cuatro jóvenes castellanos se llevaron de la tele 2’3 millones de euros, el mayor premio otorgado en España a los concursantes de la pequeña pantalla y, por supuesto, una fortunita que jamás habría reunido un claustro universitario en toda una carrera. La sociedad desigual sabe manejar estos recursos, que tienen no poco de sublimatorios, frente a una audiencia por lo general pasiva y siempre deslumbrada por la hazaña, que en Navidad descorcha con entusiasmo botellas de cava para conmemorar la lotería. Curioso: ni la envidia tradicional que nos corroe resiste a esta muleta del enriquecimiento súbito de unos desconocidos hasta ayer pero que, al final de cada programa, son ya como de la familia. Edgar Morin decía del cine –y ello vale para la tv—que el espectador penetra en sus mensajes por vía de un mecanismo de “introyección” en el que él veía una “cualidad psíquica alienada”. Sí, sí… Que le pregunten a esos nuevos millonarios.

Todavía hay quien se empeña en negarle a esta sociedad su índole esencialmente medial –aún recuerdo la bronca que me metió Javier Pradera delante de Borbolla simplemente por invocar esa evidencia–, su dependencia radical del aparato de seducción audiovisual, lo mismo a la hora de elegir un dentífrico que a la de “inventar” una nueva “elite” como ha ocurrido con la “operación Podemos”, curiosamente financiada por millonarios. Pero ahí está el caso de “Boom”, el pródigo programa que ha hecho millonarios a esos cuatro concursantes, para ratificar lo innegable. Nada motiva a “sapiens sapiens” como el torneo y la agonía televisiva que culmina en el éxito, acaso porque, como Morin se maliciaba, la audiencia ingenua se sueña a sí misma en el nuevo héroe. La “mamá del millón” nos anunció con tiempo este futuro imperfecto en el que la sublimación se confunde con la generosidad.

Mana y tabú

En política, como en todo en la vida, hay terrenos transitables y terrenos prohibidos, objetos permitidos y objetos vedados. La voz “comunista”, por ejemplo, fue tabú bajo la dictadura y sigue siéndolo en la democracia, entre otras cosas por la grave pérdida de presencia y de prestigio de aquellos regímenes autocráticos que, en todo caso, carecen hoy de todo sentido práctico. Los líderes de Podemos no saben lo que hacen cuando se declaran “comunistas” o “leninistas” pero evidentemente tampoco tienen idea de lo que dicen cuando pretenden disfrazar esa militancia bajo el equívoco marchamo de la social-democracia. Habrá tensiones, probablemente, puesto que ya desde el PCE se lanza esa consigna identitaria –“Somos comunistas”—que los podemitas tratan de travestir recurriendo incluso al absurdo expediente de meter en la patulea socialdemócrata a Marx y a Lenin, lo que da una idea o de su ignorancia o de su cinismo. Iglesias, Errejón, Monedero, como la mayoría de sus acólitos proceden del PC pero son conscientes de que no ha de resultar fácil “asaltar el cielo” con la hoz y el martillo como lastre, ni siquiera prometiendo Eldorado a los votantes. Y es extraño que, viniendo del PC como vienen, no conserven el desprecio mayúsculo con que desde los orígenes –Marx y Lenin incluidos—los rojos fetén contemplaron a esos primos lejanos de los que costaba trabajo salvar incluso a Rosa Luxemburgo, su víctima. Tampoco el PSOE es ya social-demócrata aunque se invoque su conversión en Maastricht al credo neoliberal, pero los comunistas ni eso. Es admirable este giro conceptual teniendo en cuenta que “social-demócrata” ha sonado siempre a insulto entre los colectivistas extremos.

Monedero ha dicho ingenuamente que su propósito es establecer entre nosotros un “leninismo amable” –algo más que un oxímoron– pero hagan lo que hagan y digan lo que digan asoma bajo la camiseta y la mochila, el pelo de la dehesa aunque, en fin de cuentas, esa estrategia tiene su lógica: Podemos ya ha engullido sin remedio a IU y se dispone ahora a desplazar al PSOE para ocupar su lugar bajo el cielo protector de un nuevo bipartidismo. Nuestro problema actual no consiste sólo en la competencia irresistible de la “nueva política” sino en la radicalización que cualquiera de sus pactos viables ha de suponer en casi toda Europa, por mucho que se disfracen sus actores en el retablo de las maravillas. No sé por qué se me viene a la cabeza Brecht y la insolente historia de Arturo Ui.

Chaves se cabrea

Una vez más –porque no es la primera–, el ex-presidente Chaves, hoy imputado en el “caso ERE”, se ha levantado de manos contra el juez que lo empapela. Dice que no tiene ni idea de lo que es un Estado de Derecho y que ignora por completo “las distintas fases del procedimiento legislativo”, al tiempo que asegura que Él, el Supremo, “ni conoció ni puso conocer” las circunstancias del megamangazo que se perpetró durante muchos años bajo su mando. En fin, que ha puesto verde al magistrado, que suele ser lo suyo cuando a uno lo sientan en el banquillo, me temo que sin lograr convencer a la inmensa mayoría que tiene asumido desde hace tiempo que aquel “caso” respondió a una estrategia clientelar diseñada y consentida desde las alturas. Me gustaría saber qué diría Chaves si el empapelado fuera, un poner, Javier Arenas.

Llaga abierta

En la tele digital veo una película chilena que plantea la situación de un grupo de curas que purgan antiguos pecados en una casa de oración alejada del mundo, y que ven alterada su convivencia por la aparición de una “víctima” de abusos que hace enloquecer hasta el suicidio a alguno de ellos. Entiendo el mensaje humanista de la obra y hasta coincido con algunos –no pocos— de sus planteamientos y soluciones, pero créanme que no he podido resistir la intolerable justificación de la pedofilia en el sublimado discurso de uno de ellos: la pedofilia es un abuso criminal, patológico si quieren, pero en ningún caso susceptible de sugestiones más o menos delicadas en el laberinto lírico. Un niño es sagrado siempre y el que sienta que se le va la mano, que se la corte evangélicamente. Lo saco a relucir porque el papa Francisco acaba de lanzar un “motu proprio” que, con el título de “Come una madre amorevole”, decreta la expulsión, no ya de los clérigos abismados en esa ciénaga, sino la de los propios obispos que hayan mostrado un “comportamiento negligente” para ocultarla. Francisco precisa que entre esas “causas graves” por las que el Código Canónico estipula la posibilidad de la expulsión de eclesiásticos, se incluyen y muy en primer plano las referidas negligencias cuando traten de esconder a los responsables de abusos no solamente de menores sino también de adultos vulnerables. Se acabaron, al parecer, las componendas y los retiros temporales en el monasterio: un crimen de esa naturaleza no merece otra cosa que la expulsión del que lo perpetra. Francisco juega con fuego y lo sabe pero ya me dirán los complacientes cómo discutirle en esta cruzada la razón más absoluta.

Toda la comprensión del mundo no basta para neutralizar el escándalo que supone para la conciencia el espectáculo indecente que hemos tenido que soportar en los últimos tiempos, sobre todo en comunidades como la estadounidense en la que la doble regla de oro ha venido siendo la de tapar y pagar, como si le llaga abierta a la víctima –al margen de que entre ellas pueda haberlas oportunistas— pudiera cerrarse con un puñado de dólares. No cuestiono –el Papa tampoco, como es sabido—la tendencia sexual de nadie; de lo que se trata es de truncar, de una vez por todas, la alentadora impunidad de los verdugos. El alegato casi místico del curita de la película –como toda la literatura pedófila—resumía en el fondo la pornografía más despreciable.

Guante de seda

A petición de la Fiscalía, el juez ha archivado el “caso Errejón”. No considera aquella que quede debidamente justificada la perpetración del delito ni que el número 3 de podemos actuara “con malicia, engaño o maquinación” ni aprovechándose de la Universidad de Málaga o del dinero público. Y eso que el caso era bien sencillo: un prenda que recibe una beca –1.825 euros al mes–, proporcionada por un “compañero” de partido, y que, a pesar de la obligación de acudir presencialmente cada día al trabajo, ni pisó el campus, por lo que la Universidad lo sancionó como falta leve. ¡Y estos eran los que iban a moralizar España! Lo asombroso de estos chicos emergentes no es tanto su imaginación política como su capacidad de trincar dineros públicos. Vamos hacia las elecciones de asombro en asombro.

El hermano lobo

Mucho antes de que Félix Rodríguez de la Fuente contribuyera a nuestra equívoca sugestión del “hermano lobo” ya había sido uno abducido por los fantásticos relatos antropocéntricos de Bernard Rutley, que incluyó en la preciosa colección “Vidas de animales salvajes” la de mi inolvidable Loki el lobo. Rutley nos introducía en la intimidad animal, antropologizando la realidad animal para que la mente infantil asumiera la versión humanizada de unas especies en las que el instinto era deliberadamente suplantado por la razón y la existencia de la fauna cobraba tintes y acentos propios del hombre. No salí de esa sugestión neofranciscana hasta que, ya de mayor, fui conociendo de cerca una realidad en la que el lobo no era aquel protagonista sublimado, sino la alimaña que traía por la calle de la Amargura a nuestros ganaderos, en especial desde que las Administraciones, abducidas por el animalismo militante por razones electorales, decidieron protegerla no sólo prohibiendo la autodefensa frente a ella sino invirtiendo lo que no teníamos en campañas de repoblación lobuna de nuestros campos. Desde entonces vivimos entre la alarma por la extinción de la especie y los temibles resultados de las repoblaciones salvajes. No parece haber término medio entre el buen criterio de Noé y las ínfulas ecologistas.

Una convención de ganaderos acaba de escuchar en Sevilla el testimonio de un ganadero salmantino que, escarmentado por su experiencia, asegura que “cuando el lobo entra en una comarca, o se va el lobo o se va el ganadero”, al mismo tiempo que la consejería de Medio Ambiente de la Junta proyecta una “recolonización del lobo en sierras y dehesas” que, “en una primera fase”, afectaría nada menos que a un centenar de municipios, indiferente a la catástrofe que esa estrategia ha provocado ya en la cabaña al norte del Duero. ¿Sabrán esos (ir)responsables que en el planeta mueren de hambre 40.000 personas al día? Lo sepan o no, está clara la sumisión beata al credo animalista de una autoridad que seguramente lo ignora todo de la realidad campesina. No hace más que un par de generaciones, el Ayuntamiento del actual consejero pagaba con generosidad a quienes abatían alimañas. Hoy se gasta ese dinero en instalar comederos para buitres, mimar la lince, sembrar víboras (sic) e incentivar al lobo. Loki, el Loki de mi imaginario infantil era un adorno de la Madre Naturaleza pero nunca una amenaza para el hombre.