Lo que perdemos

Un duro artículo del duque de Segorbe en la competencia denuncia la extrema exposición del patrimonio cultural y artístico español abandonado de hecho por un Estado incompetente. Y desde Huelva –una zona que vive agarrada al salvavidas del turismo—nos llega la noticia de que sus principales playas han perdido este año las “banderas azules” que garantizan su calidad. ¿Por qué no habrá medio para exigir responsabilidades, siquiera subsidiarias, a los incompetentes gestores que arruinan nuestro patrimonio? Hasta al pan de la boca nos lo dejamos arrebatar. Junta, municipios, mancomunidades bastante tienen con señorear lo público y, de paso, llevarse el manso.

Berza y ambrosía

Desvelado por los corticoides con que combato mi afonía, oigo distraído la radio nocturna. ¡Que desastre! Pocas cosas traducen tan bien nuestro desfondamiento cultural como esa radio íntima que, desde que se fue Quintero, no da pie con bolo. Cuando se apagan las tertulias futboleras –que en estos días giran como norias en torno a la final milanesa del Real contra el Atlético — el dial se desvencija entre algún programa de jazz, otro de flamenco, un par de sermones preconciliares o sectarios y la inevitable página “clásica” que cuesta no apagar ante la perorata de sus comentaristas. Y sin embargo, ya en la alta madrugada, hasta las 6 nada menos, escucho un riguroso espacio en el que entre Santesmanses y un colega, a propósito del homenaje que se le acaba de hacer a Rodríguez Huéscar, nos recuerdan (o descubren, según) la herencia de Ortega, ese “sálvese quien pueda” contra el que poco pudo la Escuela de Madrid, cuando la muy reaccionaria Facultad de Filosofía destacaba por su integrismo y ferocidad, mientras que los discípulos del maestro –perdida ya la pulsión ensayística a excepción de Marías– se encerraban en lo que creo que fue Huéscar precisamente quien caricaturizó de “hermenéutica venerativa”. No falta la Filosofía en la España de hoy y ahí tienen al plantel de la Facultad sevillana donde Manuel Barrios, José Manuel Sevilla, Pablo Badillo, José Villalobos y otros andan recuperando en nuevas claves temas viejos como el mundo apasionante de Vico, el planeta tacitista o la propia prosa de Cervantes.

¿Cuántos españolitos habrán escuchado a esos dos sabios conversar a esas horas? Cree uno haberse equivocado de vigilia o andar soñando despierto el espejismo de nuestro propio deseo, pero no, es lo que parece, un espacio culto y esclarecedor en medio de un dial atestado de becarios que ríen sus propias gracias y brujas que fomentan la idiocia con las cartas del tarot. Ortega no tuvo la descendencia que reclamaba su obra ingente: normal: entre el nacional-catolicismo y los postmodernos se extiende un desierto inhóspito poco o nada interesado en la “razón vital”. ¡Qué lástima! Aún resuenan por ahí la mandanga de que a Ortega le faltaba “sistema”, algo que nadie en sus cabales le habría dicho nunca a Goethe o los maestros de Franckfurt, sencillamente porque es una bobada equiparable a rechazar la perdiz porque el estofado no es el de mamá. Son las seis y media. Veré si todavía puedo coger el sueño.

Grandes y chicos

Al entusiasmo de muchos futboleros por la hazaña que anda realizando el Atlético de Madrid, que presupuestariamente no figura entre los magnates del deporte-rey, se le ha opuesto enseguida, desde la arcana heurística de los comentaristas deportivos, la tesis que le reprocha su modelo de juego y la dureza-límite de sus modales sobre el césped. Tres cuartos de lo mismo parece que está ocurriendo en Inglaterra desde que un equipo modestísimo como el Leicester haya conseguido ganar nada menos que la “Premier League”, ese mito secular del fútbol de competición europeo. Ni el Atlético ni el Leicester cuentan con un millonario árabe o chino dispuesto a pagar los caprichos de sus entrenadores con cantidades prohibitivas para cualquier competidor, pero ambos han demostrado que es posible triunfar por encima del dinero a base de coraje y firmeza, hasta lograr una inédita adhesión basada, sin duda posible, en la fascinación que provoca el éxito de David frente a Goliat. Sí, existe una visible fascinación del triunfador modesto, una empatía sencilla que desde lo pequeño seduce a la opinión, logrando sustituir el éxtasis ante el estrellato por la emoción cálida que emana de la acción humana modesta, la seducción de los penúltimos incluso, sobre una perceptiva pública que reconoce en ella sus propios rasgos medianos, es decir, que se identifica por afinidad natural con la modestia ajena a partir de la propia.
Todo fenómeno de masas ilustra, al menos ante la mirada del sociólogo, la realidad social en su conjunto, y el fútbol –esa religión hodierna– no iba a ser una excepción. Los hombres se rinden niestcheanamente ante el fulgor deslumbrante de las estrellas prohibitivas, pero también sienten sus pulsos alterados ante la visión del éxito modesto, “humano, demasiado humano” en todo caso, que invierte la tiranía del magnetismo hasta hacer que se atraigan los polos de signo similar. Y tentado anda uno de decir que afortunadamente, puesto que, tanto en la vida como en el deporte, no hay competición realmente justa si los medios y recursos no son parejos. David y Goliat, Epulón y Lázaro: esa tensión dicotómica arrastra su significativa entidad a lo largo de toda la historia del mono loco y, por eso mismo, el éxito de los medianos y más chicos sobre los opulentos generan tanta simpatía y afición. Es la fascinación de la modestia frente al atractivo estelar, el eclipse del astro que nos libera de su injusto deslumbramiento.

Se lo ha buscado

La verdad es que la dura situación en que la reprobación parlamentaria del consejero de Justicia va a colocar a Susana Díaz se la ha buscado a pulso el propio consejero-fiscal. Ya es notable que hasta C’s apoye la moción reprobatoria pero, bien pensado, le cueste el cargo o no, ese personaje ha venido provocando al gallinero desde que llegó al teatro, con el consentimiento de la acomodadora, como es natural. Desde luego si ya es un papelón subirse al carro con el encargo expreso de neutralizar en lo posible las acciones judiciales que comprometen gravemente a la Junta, más lo es, con diferencia, dedicarse a provocar a diestro y siniestro sintiéndose plenamente respaldado. Díaz tendría que aprovechar la reprobación, sin se consuma, y cerrar una minicrisis en la que podría librarse de paso, de cara a las elecciones, de la carga que debe suponerle el imputado consejero de Economía.

El cisma de occidente

Me consta que, cuando comenzaron las aventuras del papa Clemente, algún Gobernador Civil ofreció al cardenal Bueno Monreal detener a los intrusos –había en el código un delito que castigaba el uso indebido de ropa talar—y que éste, astutamente, rehusó el auxilio considerando quizá la que podría haber armado el visionario el visionario dentro de una cárcel. La renuncia era lógica, pues lo mismo que un obispo vietnamita había consagrado a Clemente, podría éste a su vez consagrar a un penal en pleno si se terciaba ya que, aunque fuera de la disciplina y excomulgado si se quiere, canónicamente no había forma de descalificarlo. Lo he recordado ahora al saber que el tercer pontífice palmariano, o sea Gregorio XVIII, en el siglo Ginés Jesús Hernández, ex-seminarista y ex-paracaidista, “operario de mantenimiento” según él mismo, ha lanzado por la ventana la tiara enamorado como un perro –la expresión es de mi llorado Félix Grande—de una concejala de Monachil. El ya ex-papa dice que se va porque ha descubierto el gran fraude, a saber, que todo el milagro no era más que un montaje, que su iglesia particular estaba desmembrada en facciones rapaces que vaciaban las sagradas cajas fuertes y hasta amenazaban al pontífice, que resulta inexplicable el destino del dineral que la idiocia de muchos devotos aportaba a la causa santa que canonizó a Franco y otras eminencias a las que su ex-Santidad considera santidades. ¡Adiós tiara, adiós gestatoria! Más pueden dos tetas que dos carretas, una vez más.
Escribo todo esto con pesadumbre, por supuesto, abrumado por la evidencia de la estupidez y de la astucia de los logreros, sobre todo porque considero que el “montaje” de Clemente y su socio sólo se explica en función del propio derecho canónico atrapado en su propio garlito: la letra mata al espíritu con frecuencia. Y en fin, ahí tienen a la pareja feliz, ignoramos si opulenta como dicen sus rivales o simplemente enamorada como asegura ella, doblemente excomulgado el Papa emérito que dice que hasta se ha apuntado al INEM. Con el código en la mano, el galán sigue estando ordenado y, en mi opinión, conserva su condición papal, pero ahora quiere vivir tranquilo, formar una familia y hasta espera ser padre. Ayer por la tarde fui a El Palmar y contemplé la enorme basílica perdida en aquel inmenso territorio desierto. Sic transit gloria mundi. Queda tragarnos el portento de que la Cristiandad tiene ya cuatro papas.

Las dos caras

Hay que darle la razón a tantos como apedrean al Gobierno acusándolo de unidimensional, como diría Marcuse, por concentrar sus esfuerzos en la pelea con la crisis económica y el desastre laboral. Pero sin dejar de reconocer que la política del denostado Rajoy está dando importantes resultados, lo mismo si se miran las cifras macroeconómicas que si seguimos atentos la curva que dibuja la tasa de paro. El trabajo es de “poca calidad”, cierto, hay que señalar que en España como en todo el planeta, pero ésa es una circunstancia, en consecuencia, de índole planetaria y no culpa del Gobierno. Andalucía tiene en los datos de marzo el mejor resultado entre todas las comunidades autónomas, en lugar de, como es habitual, alcanzar el peor. El votante hará bien en considerar estas realidades antes de “re-votar” el próximo 26 de junio.