Vista del mundial

Los comentaristas deportivo andan muy preocupados ante la eventual inseguridad que ofrecen las sedes sudafricanas que, durante el mes de julio, albergarán el Mundial de Fútbol. Cuenta y no acaban los alarmistas (aunque también abundan los desdramatizadores, claro) que, entre otras cosas, ya estuvieron  allí hace poco con motivo de la competición anterior, y hasta aventuran que la autoridad ha debido recurrir a servicios de seguridad privados dada la insuficiencia de las policías locales ante semejante reto. En fin, allá ellos, que al fin y a al cabo, puñetera falta que hace un campeonato de fútbol a la humanidad doliente, por más que a la nomenclatura del país le interese ofrecer esa imagen brillante que la ocasión habrá de deparar. Las quejas más severas, sin embargo, denuncian operaciones policiales intensas dedicadas a maquillar aquella dura realidad social, siempre en línea con la tradición africana de “limpiar” las calles llegada la ocasión, en la que la leyenda incluye incluso la drástica recogida de leprosos llevada a cabo en el Congo cuando hace 35 años se enfrentaron Cassius Clay y Foreman que, según las versiones más ‘gore’, acababan arrojados como pasto a los cocodrilos. En Sudáfrica la cosa no es para tanto, pero detrás de la farándula futbolera, serias organizaciones internacionales están denunciando levas policiales constantes de ciudadanos desvalidos que son concentrados en “reservas” poco o nada diferentes, en la práctica, de campos de concentración. Los turistas verán un país aislado, lejos del desolado paisaje que señorean las moscas y los perros callejeros entre cúmulos de basura. Uno de esos “alojamientos de urgencia”, el de Blikkiesdorp, está dando la vuelta al mundo ante la indiferencia de propios y extraños. Cuestionar estas cosas resulta politizador y no es correcto politizar nada menos que el fútbol.

 

Y sin embargo, ahí está la imagen y ahí están los datos, la dureza del clima sobre una población desprotegida, la infamia del sida y la explosión de las tasas de tuberculosis, la temible  promiscuidad, la miseria extrema. Aunque ya verán como nadie levanta la voz para denunciar la operación que, finalmente, quién lo duda, habrá de saldarse en el esplendor del espectáculo, como los viejos torneos. Hay demasiado dinero por medio , demasiados diamantes, demasiadas “amistades políticas” y, aparte de todo, ya me dirán a quién va a importarle, así de repente, la suerte de un pueblo sometido de toda la vida. ¡Como para preocuparse por Blikkesdorp! Nosotros mismos no sabemos siquiera si podrá jugar Torres y en Francia tampoco las tienen todas consigo sobre el bobo de Ribéry. Calculen.

Griñán peregrino

Imagino que medio mundo se habrá quedado de piedra con la propuesta del presidente Griñán de instituir como “segunda lengua” en los planes de estudio el portugués. No el francés, ni el alemán, ni siquiera el chino del futuro, sino la lengua hermosa pero relacionalmente insignificante en que, si se han escrito maravillas, la verdad es que hoy resulta prácticamente inútil. Aparte de que ya se daría Griñán con un canto en los dientes sólo con que la ‘basca’ aprendiera, no voy a decir ese inglés que aquí ignoran hasta los Presidentes, sino el español o castellano que ahora traducen ya hasta en el Senado. Las ocurrencias rara vez resultan prácticas. Me temo que vamos a comprobarlo todavía  más de una vez.

Sigue el acoso

¿Tiene sentido que el Gobierno –el Ministerio- esté ejecutando a cencerros tapados y a espaldas del Ayuntamiento de la capital los trámites de sus demorados planes en torno a la estación del AVE? ¿Lo tiene que el Gobierno trate al Ayuntamiento con el más absoluto desprecio en vez de procurar un entendimiento que beneficiaría a todos? Es triste tener que repetir que tras esa estrategia partidista no hay más que obstrucción a un consistorio que los ciudadanos no quieren, desde hace 14 años, dejar en manos del PSOE, y a un alcalde que ha liquidado ya a tres candidatos rivales.

Pantoja y Lute

Hay mucha gente que dice no creer en las casualidades. Yo ni creo ni dejo de creer, pero constato, como decía el otro, que una lógica providente acude en socorro de la política abrumada en los peores momentos para distraer la atención pública. La odisea del Lute es proverbial y nadie en sus cabales niega hoy que respondiera a un plan tramado desde el Poder para ponerla en circulación en las circunstancias delicadas, plan que logró imponer la negra aureola del bandidismo clásico sobre el precario chasis de lo que nunca fue más que una tristona experiencia quinqui. No salimos de lo mismo, en democracia como en dictadura: el Tempranillo o la Parrala, el Lute o la Pantoja, como bucos propiciatorios, la maniobra de distracción primaria y castiza cada vez que ese Poder se ve en apuros y lanza como el calamar su nube para cegar a la opinión. Contra el Lute se movilizaron fuerzas como no se había hecho desde la represión del maquis, hasta conseguir que el país creyera en serio que se la jugaba contra una especie de gran delincuente que, en realidad, nunca fue más que un robaperas fuguista. Contra la Pantoja se ha empleado a fondo la “Brunete mediática” desde aquella primera vez en que la sacaron presa de madrugada para pasearla por todas las televisiones, hasta este nuevo episodio que el fiscal ha tenido siglos para resolver pero que no ha roto hasta que el estruendo de la Bolsa y el humo de las barricadas griegas en el telediario nos ha atragantado el almuerzo. Qué casualidad. Yo, ya digo, ni creo ni dejo de creer en las casualidades, pero sin negar que haya razones para proceder contra la tonadillera y su entorno marbellí, no soy capaz de convencerme de que el sartenazo que antier le asestó la fiscalía no estaba calculado y bien calculado. Se ha dicho que el bandolero hizo más por la Isabelona que todos sus logros juntos. A dos siglos de distancia, es una pena, pero seguimos en las mismas.

 

Y lo lamentable es que las corrupciones que caracterizan esta fase histórica del capitalismo son responsabilidad básica (y a veces, exclusiva) de la política, como justamente estos días está proclamando airada la multitud griega obligada a pagar ella sola la factura de una orgía en la que no ha tenido arte ni parte. Pantoja sale hoy a candilejas porque hay que distraer del fantasma del crak, del hundimiento de la Bolsa, del desgalgadero del paro, de la recesión garantizada o de la incapacidad de los partidos, como antes salió ya para eclipsar, desviando el foco, otras situaciones insostenibles. Culpable si se prueba, por supuesto, pero utilizada, mientras la plana mayor del desastre disimula arrellanada en el patio de butacas.

Juan Palomo

Nuestros políticos, los parlamentarios sobre todo, son como Juan Palomo, ya saben. Ellos determinan su propio sueldo, sus dietas, sus horarios (¿), su retiro, sus bicocas o sus vacaciones sin que nadie pueda pedirles cuenta. Y suelen hacerlo por unanimidad, como es lógico, que nadie suele tirar piedras contra su propio tejado. Ahora el Parlamento andaluz se propone consolidar los dos meses (mínimo) de vacaciones estivales, adelantando el único acto inevitable de agosto (la conmemoración de Blas Infante) a julio, vasto periodo para la reflexión que estos bienpagados añaden a los largos parones de Navidad y Semana Santa. Juan Palomo. A los demás, al pueblo soberano, que le vayan dando.

Retraso indefinido

Nada de AVE para Huelva. Unos pocos kilómetros de vía adjudicados y un “apeadero” en lugar de estación es todo lo que el Gobierno propone ahora, y el Ayuntamiento, como exige la dignidad, se ha levantado de manos avisando que va a plantearse hacer por su cuenta la estación que la capital necesita y se merece. ¿Por qué estación de Moneo en Granada y “apeadero” en Huelva? Pues porque está ahí Pedro Rodríguez, libremente elegido por los onubenses en cuatro ocasiones consecutivas, y ésa es la pieza a batir tanto para los mindundis locales, como para Griñán o para ZP. O alcalde del PSOE para la capital o grifo cerrado. Nunca Huelva fue tan despreciada y agredida como lo está siendo ahora por parte de estos malperdedores.