El crujido de IU

Todo el mundo se hace lenguas del acontecimiento extremeño, la Presidencia pepera consentida por la IU regional, lo mismo que del ocurrido en Vitoria a causa de lo mismo. IU anda crujiendo como una vieja barcaza y sus mediocres dirigentes no saben qué hacer ante una autonomía regional que recibe la comprensión de una inmensa mayoría a la que ellos piensan continuar tangando con la desprestigiada imagen del lobo que viene. Ni idea tienen de cómo adecentar su autoridad triturada aunque mantengan la esperanza de que su estrategia dé todavía frutos en esta Andalucía en que tantos desprecios han recibido. Haría falta un nuevo Anguita para escapar de este trance y eso no es ni probable ni quizá posible. Pero algo importante ha cambiado en IU y no es poco lo que promete. Mucho más, en todo caso, que devolverle a Valderas una presidencia del Parlamento que tan ancha le venía.

Poderoso caballero

Ya ven cómo la saga de Strauss-Kahn va quedándose en nada a medida que “avanza” la Justicia en sus pesquisas. Crece en Francia el insólito porcentaje –muy por encima del 60 por ciento—de quienes se resisten a aceptar el famoso incidente tras el cual ven incluso una mano negra de la competición partidista, de manera que ni siquiera se excluye ya la posibilidad de que ese poderoso caballero vuelva a la pista electoral para aspirar nada menos que a la Presidencia francesa. Lógico, en cierto modo, porque la masa suele aceptar complacida la versión que más se acerca a su deseo y resulta evidente que a la masa gala le cuesta admitir la imagen de uno de sus próceres exposado frente a una camarera negrata –así las llama la mayoría silenciosa en los EEUU y fuera de ellos—que lo acusa de agresión sexual y violación. ¿Cómo admitir semejante crimen, incluso tratándose de un declarado adicto al sexo como Strauss-Kahn, por el solo testimonio de una testigo tan débil? No lo sé, pero me pregunto cuál habría sido la reacción de la masa si la denunciante hubiera sido la sucesora del presunto y el acusado un camarerito de Sofitel de piel oscura. Ni siquiera el visible derrumbamiento del poderoso en los primeros días y el desconcierto de su propia defensa, han logrado inclinar a un vasto sector de la opinión a favor de la teórica víctima, ni tal cosa se hubiera conseguido, probablemente, aunque la diligencia de película de esa defensa no hubiera dado con la descarada conversa de la denunciante con un delincuente preso. La Sociedad se identifica, en definitiva, con la óptica del Sistema, y desde un principio todo hacía suponer que, ya por fas ya por nefas, algo habría por ahí capaz de exculpar a todo un presidente del FMI que cree que es un argumento digno el sostener que sus demostradas relaciones sexuales con la criada fueron consentidas –y mercenarias, bien sûr–, o sea, nada más que un incidente masculino rutinario, simple “cosa de hombres”.

 

Leo en la prensa americana que la negra (sic) puede dar por resuelta su vida a poco que sepa administrar con cordura sus exclusivas con los tabloides. De lo que no se habla ni allá ni aquí es de la suerte del exculpado y de en qué medida ha contribuido a su fulminante recuperación política la vívida reacción popular, machista y clasista, patente desde el primer momento. Por cien veces menos, a una presidenta se le hubieran caído frente a la opinión los palos del sombrajo. El sexo sigue siendo cosa de hombres en una sociedad ingenua y narcisista que se cree liberada incluso cuando se le pone delante el espejo bruñido de sus flagrantes contradicciones.

La burbuja municipal

Mientras dos cadenas de TV nacionales exhibían al pueblo como el mayor endeudado de España, la alcaldesa “pepera” de Valverde del Camino ha decidido repartir casa por casa un  bando en el que se muestra el informe de Intervención que cifra la deuda dejada por los “sociatas” en más de 54 millones de euros, a razón de 4.264 euros por vecino. En Jerez, su homóloga asegura haberse encontrado una trampa que supera los 900 millones y en Sevilla el nuevo regidor calcula que tendrá que pechar con otra no menor de los 600 millones. Es evidente que la burbuja de los Ayuntamientos está a punto de estallar y urgente advertir a los ciudadanos que esa catástrofe condicionará la vida colectiva durante un impredecible periodo. Resulta obligado depurar responsabilidades y llevar ante la Justicia a los endeudadores si se quiere que la gente mantenga un mínimo de confianza en la democracia.

Chistera y punto

Los banqueros de hogaño no gastan ya chistera y puro como los popularizados por las viñetas del humor reivindicativo desde que existe la prensa. Pero tienen encima una buena desde que han sido identificados como los fautores de la crisis actual, que esta semana ha resonado –no sin una dosis de demagogia que dista mucho de ser homeopática—a lo largo y ancho de este atribulado país. Lo más destacado de esa campaña, quién sabe si concertada o espontánea, ha sido, sin la menor duda, el arreón mitinero del vicepresidente Rubalcaba que parece haber descubierto en esa antigua estrategia una clave para su campaña que será chufleada irremediablemente por quienes tienen fácil recordarlo a él y a su Gobierno posando encantados junto a unos banqueros a los que incluso han puesto como modelo de solidez financiera a imitar por el resto del planeta. La Banca es un mal necesario, probablemente, que nadie, desde Bakunin a Mitterand, ha sabido cómo reducir, y que ha encarnado el mal absoluto en el imaginario político desde el marxismo hasta el fascio español cuyos alevines pintaban durante años por las paredes aquel inverosímil dístico que rezaba “Ni curas ni banqueros, Falange con los obreros”. Nadie quiere hoy a los banqueros, para los que el fracasado ex-ministro Solbes no tiene ahora más que palabras distantes y a los que el ministro de Trabajo amenaza con un impuesto tan poco creíble como el que se rumorea en el ámbito de la alianza extremeña que va a permitir gobernar a los conservadores por mano de los izquierdistas. Pero hagamos memoria: Obama dijo en enero de 2010 que él no había descendido de los cielos “para ayudar a un montón de de gordos banqueros de Wall Street”, eficaz chafarrinón al que, sin pensárselo dos veces, se apuntó entonces ZP. Esos gordos imaginarios se siguen fumando sus vegueros sin quitarse la chistera más tranquilos que nunca una vez fraguada esa unidad entre el liberalismo y la socialdemocracia que parece no tener alternativa.

 

Unos y otros necesitan un buco para expiar el fracaso del Sistema que todos apoyan decididos, pero no les quepa que no ha de llegar la sangre al río tras estos brindis al sol. La Banca resistirá enrocada y, tras las elecciones, la paz volverá a reunir en la misma escena a los protagonistas, más ricos que ayer pero menos que mañana, y seguros de la alianza inevitable entre el dinero y el poder. Quienes se meten con la Banca desde el Poder son unos demagogos. Aquellos que la apedrean desde lejos son, simplemente, unos ilusos.

El pago previo

En la larga relación de escandaleras protagonizadas por la Junta, no hay ninguna acaso que pueda competir con la más reciente: largar a una empresa, en la que el hijo del anterior Presidente ejerce como comisionista, un pastón millonario… antes de que los beneficiados la solicitaran siquiera. ¡Y un cuerno sobre ese argumentillo ultraformalista de que todo se ha hecho con la Ley en la mano y, por supuesto, “en tiempo y forma”! No creo que se haya visto jamás que una Administración –y menos en situación tan crítica—se adelante a los deseos de los “emprendedores”, y pocas veces, desde luego, una familia con tantas implicaciones negociales con la Administración autonómica como la de Chaves. Los funcionarios formales se andan echando estos días las manos a la cabeza. Se explica que los autores de hazañas como la referida los combatan a sangre y fuego.

El buen salvaje

Aunque cueste creer que aún quedan en el planeta rincones escondidos en los que se conserven muestras de la primitiva Humanidad, una organización brasilera dice haber descubierto una etnia perdida de la que al menos doscientos individuos sobreviven aislados por completo de nuestra civilización. Es un misterio para mí cómo esa presencia no ha sido nunca detectada por el ojo del satélite, pero el caso comprobado es que ahí está esa Humanidad intacta, pacíficamente instalada en su “hortus conclusus” en el que pujan viciosos el maíz, el banano y el maní, de espaldas a una civilización de la que hasta ahora se han visto libres pero cuyos prodigios han tenido que ver tantas veces cruzar los cielos de su edén, quién sabe atribuyéndole qué míticos significados. Bien, ya tenemos ahí otra vez el dilema que, como “civilizados” (es un decir) nos plantea nuestro sentido coercitivo de una civilización fuera de la cual sólo concebimos la barbarie ajena, como si la propia no fuera bastante abrumadora, es decir, ya tenemos planteada de nuevo la cuestión de si hemos de “rescatar” a esos indígenas de su inocencia primordial, con cuantos riesgos conlleva la operación para los rescatados, o bien dejarlos en paz para que continúen libando el néctar de esa “estado de Naturaleza” que, entrevisto por Locke, popularizó ya en clave romántica un Rousseau impresionado por las consejas traídas desde los mares lejanos por tipos como el capitán Cook. ¿Hemos de redimirlos de su miseria natural o dejar que continúen su existencia apartados de todo, ajenos a la rémora de la moral, pacíficos por naturaleza, iguales e inocentes en su desnudez y quién sabe si felices en su preservada animalidad? Siempre me horrorizó la escena colombina de la presentación de los indios a los Reyes que venía a ser un  poco como la película del “Emilio” rousseauniano rodada al revés, es decir, desde el “estado de Naturaleza” al “estado de Sociedad”.

 

Parece que por una vez prevalece la discreción y la autoridad brasilera se resiste a turbar esa “paz natural” que es, qué duda cabe, el clima de un estadio anterior de la especie que no dejaría de ser arriesgado cuestionar ofreciéndole una opción que bastante tiene con administrar sus propios fracasos. Ha quebrado la idea de la superioridad moral de una civilización, implacable hasta ahora con esas minorías “naturales”, y enfrascada sin cesar en la ingente tarea de destrozarse a sí misma. No quiero imaginarme a taladores arrasándoles su selva ni a misioneros imponiéndoles sostenes y taparrabos después de haber llegado hasta aquí libres de culpa. Porque yo no creo que Rousseau llevara razón

pero nosotros llevamos todavía menos.