La verdad provisional

A medida que el trabajo científico agranda su horizonte va quedando más claro que pocas son las verdades absolutas y menos los dogmas inalterables. Es verdad que los sabios ven en esa tarea una suerte de competición, que se sienten como propulsados por el ansia de avanzar negando y corrigiéndole la plana a sus antecesores, pero la realidad es que ahí están sus hallazgos y la evidencia de que hasta las certezas más sólidas son susceptibles de venirse abajo en el momento menos pensado. En la misma página del periódico podía leerse que unos investigadores de Copenhague podrían haber revolucionado nuestra crónica de la especie al descubrir que el aborigen australiano no procede de las migraciones africanas, comúnmente admitidas como el origen de la Humanidad, sino de unos trasabuelos asiáticos que habrían atravesado el continente y cruzado el océano muchos miles de años antes de que aquellas dieran lugar a las poblaciones europeas y asiáticas. Y justo al lado, otra noticia desconcertante: la de que la velocidad de la luz no sería una constante cósmica, como imaginó Einstein, sino que ha resultado superada en sesenta nanosegundos un experimento realizado en ese acelerador de partículas del CERN del que algunos llegaron a temer que, al recrear la circunstancia del “Big Bang”, pudiera descuajaringar el planeta. Es verdad que hace casi un lustro, otros visionarios de Princenton dijeron haber probado, en los laboratorios del NEC Research Institute, que un pulso conseguido al manipular un vapor con átomos irradiados con láser había viajado a una velocidad trescientas veces superior a la considerada insuperable, produciendo la impresión de haber salido del recinto antes de haber entrado en él, pero también es cierto que poco se ha sabido luego de esa proeza que no hubiera soñado el propio Wells. Cosa de un siglo ha durado el dogma einsteniano y algo menos la tesis antropológica del origen africano. La verdad es que tienta pensar que la materia esconde sus secretos en los fondos sucesivos de una misteriosa matrioska.

Se tambalea la vieja confianza en la certeza, incluso en la empírica, instalados en la provisionalidad, ya no sabemos ni quiénes somos ni dónde estamos, como si la sabiduría no fuera tanto un seguro aristotélico como un falsador popperiano empeñado en descortezar indefinidamente el significado de una realidad que lo mismo nos entronizan sobre un sistema de ecuaciones que nos reducen a polvo de estrellas. Cuanto más sabemos mayor es la duda, aunque ello sea quizá la mejor garantía de lo verosímil y el trayecto más corto en el viaje hacia el misterio. Decía Cassirer que el hombre es un animal mítico. Acaso nunca debimos huir de esa evidencia.

La fuerza bruta

Un fotógrafo de este diario fue antier agredido brutalmente por un individuo del séquito de uno de los imputados como beneficiario de un ERE fraudulento, al que un alto cargo de Empleo, vecino suyo, le consiguió un pensionazo con el que complementar su pensión y otros ingresos que venía percibiendo. Ésa es la razón última de una lógica defraudadora originada en el sentido patrimonial de lo público que ha sido el santo y seña del partido gobernante durante todos estos años de insensata orgía. Hay brutos a los que les parece normal estafar al Estado pero inadmisible que su imagen sea divulgada por los “medios”. Y poderes que los amparan, eso es lo malo.

El laberinto libio

La misión “protectora” de las fuerzas “aliadas” en Libia dura ya seis meses y acaba de prolongarse por otros tres, sin perjuicio de que la guerra finalice con una victoria completa. En ningún momento, durante ese semestre sangriento, se ha sabido a ciencia cierta qué estaba ocurriendo en el país, cuál era el efecto práctico de los casi 9.000 bombardeos llevados a cabo por la aviación en cumplimiento del mandato de la ONU, ciertamente, pero con las consecuencias inevitables. Hemos sabido, por ejemplo, que tanto gadafistas como rebeldes han cometidos actos de barbarie y arrasado los derechos humanos, pero nunca se ha entendido bien cómo ese régimen acogotado y combatido desde dentro podía resistir tantísimo y escapar como por ensalmo a la implacable persecución. Nadie sabe calcular las víctimas, más allá de estimaciones que las cifran, sin especificar, por supuesto, en cientos de miles, no existe el menor cálculo fiable de qué ha conseguido la fuerza “protectora” y mucho menos de los medios de que se ha valido el tirano para escapar una y otra vez a sus ataques no poco feroces. Tampoco se sabe si la acción tiene un límite o carece de él, aunque le secretario general del Consejo de Seguridad, Anders. F. Rasmussen, ha dejado claro que las tropas seguirán atacando “en tanto que la amenaza contra los civiles persista”, por más que el deseo de todos los países implicados sea el de dar por terminado el conflicto lo antes posible. ¿Una acción “protectora” que ha lanzado 9.000 bombardeos? Algo no casa bien, aparte de la nebulosa general que envuelve esa guerra, y no faltan las voces que se preguntan qué clase de “protección” es ésa cuya exclusiva intervención aérea le impide todo tipo de control sobre el terreno. ¿Cuántos libios han matado los gadafistas y cuántos los “protectores” en estos tremendos nueve meses? Nadie lo sabe, o nadie lo quiere saber, en medio de un desconcierto creciente que ya no se disipa prometiendo la pronta captura del sátrapa.

Incluso quienes comprenden la intervención final contra el anteriormente protegido Gadafi, dudan de sus resultados. Avalan esa duda la actitud de importantes colectivos civiles y hasta militares pero, sobre todo, el hecho de que la guerra se prolongue una y otra vez sin marcar siquiera objetivos concretos. ¿Será que no hay modo de ganar una guerra desde el aire y sin echar pie a tierra, que es el modelo adoptado tras los fracasos de Vietnam e Irak? Pues puede, pero lo único que de momento podemos asegurar es que la guerra durará aún al menos un trimestre, unas veces arriba, otras abajo, pero siempre bombardeando a mansalva. Libia es un laberinto, una trampa. Quizá ya toda guerra lo sea.

Botas de siete leguas

No sé si será correcto el dato, pero parece ser que el consejero de Turismo, Comercio y Deporte (sobre todo, de lo primero), es decir el mismo Luciano Alonso que ha tenido que bailar con la más fea negándole a Córdoba el dinero de la Copa Davis, va a viajar a 20 países en lo que resta de año y se gastará en esos periplos nada menos que 8’2 millones de euros. Y dice, el tío, que lo que ocurre es que “apuesta por la originalidad, la creatividad y la innovación”, como si no supiéramos todos que Andalucía es hoy por hoy la cola de Europa, el país más pobre y con mayor paro del continente. Como si no existiera el servicio diplomático, ni la publicidad mediática, ni Internet. Ninguna mentira tan flagrante en boca de estos gerifaltes que el discurso de la austeridad.

Hombres sin piedad

Cuando escribo estas líneas puede que estén ejecutando en la prisión de Georgia a un negro acusado de haber matado a un policía hace veinte años. Imaginen el último paseo desde el corredor de la muerte, la despedida de los condenados, la entrada en el “laboratorio” que hace de patíbulo, la ventana tras la que asisten al espectáculo la mujer y los hijos de la víctima, la maniobra final de los verdugos disfrazados de sanitarios… De poco puede que hayan servido las revisiones del proceso, el hecho –¡insólito!—de que siete de los nueves testigos de cargo se hayan retractado, la insistente súplica del papa, la mediación del expresidente Carter, la de los actores encabezada por Susan Sarendon o la llamada a la huelga penitenciaria convocada por un sindicato, ante la determinación de acabar con un reo quizá molesto por haberse convertido en un símbolo de la brutalidad de estos procedimientos. Desde Francia, el ex-ministro Badinter ve en esta ejecución “una mancha sobre la Justicia americana” y en los mismos EEUU las manifestaciones, agrupadas tras Amnesty International, se han multiplicado inútilmente. Lo más probable que antes de imprimirse mi columna, el pobre Troy haya recibido ya su inyección letal y el próximo candidato al patíbulo haya entrado en capilla psicológica. Siempre es abominable la pena de muerte, pero infinitamente más cuando no bastan para evitarla ni la evidencia de los errores demostrados que en aquel gran país se multiplican en los últimos tiempos ante la indiferencia de una obtusa mayoría que ve en el suplicio una prerrogativa del Estado y un instrumento disuasor. A un eminente sociólogo americano le tengo leído que el apoyo popular a la última pena cobró un fuerte impulso tras el atentado del 11-S. Puede, pero el caso no varía. Lo que cuenta es que quizá en este mismo momento estén asesinando legalmente a Troy Davis en Georgia y que el rumor de la protesta se habrá apagado en poco tiempo. La vida sigue, y la muerte también.

Se ha quedado vieja la razón de Hugo, aquello de que se mata al tigre por la piel y al criminal por el ejemplo, mientras crece el aviso inteligente de Nodier de que no es lícito matar ni al verdugo. El progreso moral se resiste y mucho tiene que ver en ello este empecinamiento de los EEUU en mantener dispuesto el cadalso y atestado el corredor donde los reos aguardan. De poco valen las pruebas de que se han ejecutado inocentes, incluso menores retrasados, ante el hábito inveterado del talión. Quizá en este mismo momento en que escribo unos hombres matan a otro, eso es todo. Un día, cuando ya no tenga remedio, todo esto resultará abominable. Los hombres escriben siempre sobre el mismo palimpsesto.

Quién no se consuela…

…es porque no quiere. Ahí tienen a la consejera de Presidencia encantada de haberse conocido y presentando la sentencia del Tribunal del Conflictos sobre la publicidad de las actas de Consejo de Gobierno como un triunfo compartido por la Junta que, en su estrategia de obstrucción, sostenía ni más ni menos que el carácter secreto de lo que, en buena lógica, ha de ser público. Ahora falta ver qué pide la jueza instructora y qué contenidos de esas actas considera la Junta “secretos” y, en consecuencia, reservados incluso para la Justicia, aunque resulta obvio que tanto Chaves y Griñán como los sucesivos consejeros de Empleo lo van a tener crudo a partir de ahora. Lo de los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas era demasiado incluso para el TS. A la vista está.