Toda una vida

Un diputado por Huelva, que lleva toda la vida viviendo del cargo, Javier Barrero, y que en su día fue el alma del zafarrancho “renovador” que González apoyó con tal de laminar a Guerra en Andalucía, acaba de anunciar –como si alguien hubiera podido albergar la más mínima duda al respecto– que está dispuesto a seguir en el machito toda su vida. ¿Y qué iba a hacer fuera del PSOE ese diputado al que nadie le conoce mérito profesional alguno al margen de los consagrados al partido que le da de comer (y algo más, por descontado) desde hace más de tres décadas? Ni siquiera la rotunda derrota sufrida en las pasadas elecciones municipales frena a este personal que ha llegado a creerse tal vez su propia novela.

Extraña tragedia

No se sabe a ciencia cierta, cuando escribo estas líneas, dónde está Gadafi. Una versión sostiene que sigue terne en su palacio destruido, refugiado en uno de sus búnkeres, otra que se esconde en la embajada cómplice de Venezuela, una tercera que podría haberse largado ya a bordo de un avión sudafricano en busca de amparo. En lo que parece haber unanimidad es en que las fuerzas rebeldes, apoyadas por la OTAN de esa manera tan particular, han penetrado ya en el recinto de Trípoli dentro del cual se lucha prácticamente calle por calle. Pero nada se sabe con certeza aunque el desenlace pueda estar a tiro de un telediario. ¿Qué ocurrirá después, es decir, una vez librado el país del estrafalario tirano, cuando se descubra, muy probablemente, que no existen estructuras organizativas capaces de garantizar la continuidad de la vida social? Ése es otro misterio reservado aunque haya foros por ahí en los que se mantiene la idea de que los “aliados” —esos extraños “aliados”, insisto, que están pero no están, preocupados ante todo por no implicarse en otra guerra dentro del ámbito islámico—dispondrían ya de un plan que arreglara la sucesión reservándoles a ellos su tajada. Con Gadafi mismo cualquiera sabe qué determinación habrán de tomar, si es que lo pillan vivo, después de los cargos acumulados contra él durante tantos años y los añadidos ahora durante los meses de la guerra civil, una determinación en cualquier caso delicada porque tampoco es cuestión, y menos coincidiendo con el brete en que se halla Mubarak, de ir ahorcando tiranos por ahí en plan Nürenberg. Eso sí, de quienes nadie parece acordarse es de los miles de víctimas civiles que tantos unos como otros están provocando en un pueblo que poco tiene que decir en ese pleito en medio del estruendo bélico. Los pueblos han de limitarse a soportar las guerras. Ni siquiera es cierto aquello que Sartre decía en “el Diablo y el buen Dios”, lo de que cuando los ricos se hacen la guerra son los pobres quienes mueren”. Lamentablemente es peor si cabe.
 
A ver si acaba pronto la espera, aunque sólo sea porque no habrá más remedio que enfrentarse a continuación al asesino Al Assad, a ser posible antes de que acabe con su pueblo, o reconocer que la idea del “orden internacional” ése garantizado por los países democráticos no es sino otro mito más que añadir a la saga de nuestras decepciones. Gadafi no va a ser el último sátrapa, por supuesto. Mucha gente se conformaría con que fuera el último rehabilitado tan injustamente por esos mismos países que hoy lo bombardean en el frente con la soga dispuesta en la retaguardia. A uno lo que le gustaría saber es quién sería el guapo capaz de alguacilar al alguacil.

Premio y castigo

El PSOE quebradizo de Griñán ha consagrado la regla de premiar a los alcaldes despedidos por sus votantes y castigar a aquellos que han triunfado en las urnas. Van a cargos que tal vez nunca soñaron alcaldes rechazados en su mayoría por arruinar a sus pueblos respectivos y chocar con sus vecinos, mientras se les niega la entrada en el Parlamento –incluso si resultan elegidos por los ciudadanos—a aquellos otros que se han visto respaldados por los suyos. Una operación sólo practicable ahora que el PSOE ha perdido su hegemonía municipal en beneficio del PP, pero que, en todo caso, descubre ese extraño criterio de premiar a los perdedores mientras se castiga a los líderes. Apoyando ese despropósito, IU ha confirmado un servilismo del que le va a costar Dios y ayuda recuperarse.

Eva al desnudo

No sólo en el ámbito tercermundista se constata la radical sumisión de la mujer en la vida familiar. Es verdad que aquella realidad lacerante dista mucho de la que encontramos en los países desarrollados, pero parece ser que también en éstos se dan unas condiciones que traen rebelado al gineceo. Una vasta encuesta realizada en varios países europeos sobre cuatro mil mujeres por la asociación Femmes et Qualité de la Vie viene a revelar este descontento creciente que la crisis económica ha potenciado hasta dejar al descubierto una situación que, en definitiva, supone una auténtica crisis de la familia. Hablan por sí solos los porcentajes obtenidos, todos los cuales descubren a la hembra encuestada en práctica ruptura con su estatus por encima de la mitad del colectivo ya que si, en el caso de las mujeres italianas, las más cabreadas sin duda, la tasa alcanza un 76 por ciento, en el de las españolas se cifra nada menos que en un 63, en el de las francesas en un 57 y en el de las británicas en un 51 por ciento, patente desastre del que medio se salvan las alemanas situadas ligeramente por debajo de esa mitad. Revela la encuesta que el enojo de la mujer se debe a que se encuentra sola a la hora de afrontar los rigores de una crisis (subida de precios, disminución de las ayudas, ausencia de estructuras de apoyo) ante la que los varones tratan de inhibirse cuanto pueden, aportando el dato desconcertante de que nada menos que una de cada dos hembras casadas aseguran que, de volver a vivir, jamás repetirían ese error de su vida. Bueno, es cierto que esto no es más que un sondeo, pero sus conclusiones no parecen dejar dudas sobre el fracaso familiar al que la presión crítica ha conducido. La crisis se está revelando, sin duda, como algo más que un contratiempo biográfico. Es la misma estructura básica de la solidaridad humana, el fundamento de la sociedad, lo que está quebrando.

Sobra la literatura sobre los efectos de la crisis en la mujer, sabemos que menguan sus posibilidades de empleo aunque crezcan las de empleo informal, así como que deben soportar el peso de la economía doméstica agravado por la disminución del gasto social. Incluso se asegura que la crisis pone en el alero los avances de la mujer y que precariza su situación además de hacerla más vulnerable en muchos sentidos. Lo que quizá no imagináramos es el nivel de disgusto y aún de desesperación frente a todo aquello que es vivido por la hembra responsable. Soros llevaba razón cuando dijo que la tragedia de la crisis no se representaba sobre el parqué financiero sino en la intimidad del hogar.

El tema del año

Sigue y crece la discusión en torno al cuestionamiento de las Diputaciones Provinciales. Rubalcaba y su entorno matiza pero insiste en su inutilidad decimonónica, el ministro Blanco lo apoya sin condiciones, Griñán las defiende de momento y hace hablar como ventrílocuos ( nunca mejor dicho) a sus segundos y terceros manteniendo aquello de que “sí pero no”. Por su parte Dolores de Cospedal desenfunda su tizona en nombre de los millones de españoles que perjudicaría presuntamente la desaparición de esos organismos caciquiles y Arenas sostiene que esa operación hay que hacerla en el marco de una reforma conjunta de nuestro insostenible sistema administrativo. Cada uno habla de la feria según le va en ella, pero la masa de la gente sólo sabe de las Diputaciones lo que cuestan. Una vez más nuestros políticos no acaban de estar a la altura.

Fresa y chocolate

Cualquiera sabe qué hay de realidad y qué de propaganda en el movimiento gay que se abre camino en Cuba. Desde el régimen se exhiben sus manifestaciones como pruebas de apertura mientras la oposición no ve en ellas más que publicidad política, pero es lo cierto que mucho han cambiado las cosas si recordamos la tristísima crónica de la persecución de los homosexuales que en los años 60 respaldó lo más granado de la dirigencia revolucionaria, incluso en casos tan desgraciados como el de Reinaldo Arenas que han contribuido a difundir entre el gran público la novela de Jorge Edwards y la película de Julián Schnabel. Cualquiera sabe, ya digo. Es cierto que el comandante Castro ha asumido públicamente su responsabilidad en aquellas barbaries, que él atribuye a la complejidad del momento político, y también que, desde los años 80, el castrismo permitió a la cirugía llevar a cabo intervenciones de cambio de sexo, hoy día habituales ya en el Centro de Educación Sexual (Cenesex) que dirige Mariela Castro, hija del actual presidente Raúl y propulsora de un incierto movimiento de liberación sexual diferenciado, por supuesto, del considerado como opositor. Pero es difícil saber qué hay detrás del espectáculo que, esta semana misma, han protagonizado en La Habana una transexual y un gay a los que no se les ha ocurrido ni más ni menos que elegir para el día de la falsa boda (en Cuba no está permitido el matrimonio homosexual) el cumpleaños del dictador. La polémica está servida, pues, aunque se imponga la evidencia de que hay cambios sociales imparables incluso para los autoritarismos más celosos de su propia mitología. Nunca me creí la fábula amable de “Fresa y chocolate” porque, incluso en quienes en lo antiguo simpatizábamos con Cuba –incluidos Cortázar y tantos otros–, la historia dolorosa de aquellas inhumanas persecuciones nunca dejó de pesar.

 

A saber qué hay de auténtico y qué de montaje en toda esa movida en la que hasta la citada Mariola ha enviado a los novios su felicitación aunque renunciando a actuar como testigo, pero en la radio oficial escucho comentar la noticia como si se tratara de lo más normal del mundo y como si antier mismo no fuera todavía firme criterio del “régimen” que el solo reconocimiento de la homosexualidad bastaba para que los tribunales actuaran con severidad contra el reconocedor.  Claro que Castro cumplía ese día 85 años y esos son muchos años para remar contracorriente, incluso para él, que no conoce mayor insulto que “marinconzón”. A saber qué haría hoy aquel Ché que parece que respaldó unas persecuciones de las que hoy se ríen los jotos en pleno corazón de La Habana.