El ojo ajeno

Desayuno con mi huésped, gran jurista que acaba de volver de la agitada Alemania. Trata de convencerme de la maldad intrínseca de la Merkel aunque reconoce su solidaridad con los inmigrantes. Hojeando el periódico a dúo, nos topamos con la nueva denuncia de fraude masivo (en la agencia IDEA) y la opinión de Ignacio Camacho, siempre sagaz, de que entre el consejero Llera y la juez Bolaños están “deconstruyendo” la instrucción de Alaya. Y más adelante la noticia de que una ex- tesorera de los Grapo detenida en París al cabo de los años, andaba trabajando de “femme de menage”, la criatura. Mi huésped musita: “Ésa, por lo menos, no se lo llevó a casa”. Pero el camarero que nos oye –ay, esa confiazuda camaradería de nuestros amigos menestrales— puntualiza: “¡Más tonta que fue ella!”. Como no sé que decir, convido al huésped –faltaría más—y dejo mi propina. Me despide el camarero: “Gracias, generoso, y a ver si nos orientamos de una vez…”.

 

Alguacil alguacilado

La Junta tiene prisa por liquidar como sea la perseverante instrucción de la juez Alaya sobre el fraude de los ERE y las prejubilaciones falsas, lo que tiene plena lógica en un partido que ve a dos de sus Presidentes en el banquillo, en compañía de una escuadra de consejeros y una centuria de altos cargos y amigos políticos. No quiere ni que se celebre el juicio –sólo le vale el archivo— temerosa de esa foto que competiría, quizá con ventaja, con la bien promocionada del caso Gürtel. No hay hecho más elocuente y alarmante que ver agruparse a los Interventores para defenderse de sus díscolos intervenidos. Esa recién nacida Asociación de Empleados Públicos de la Intervención de la Junta da una idea de la magnitud y gravedad de lo que tanto a la Junta como a la juez Núñez Bolaños no les parecen más que “irregularidades administrativas”. La “intervención” se ha convertido en oficio de alto riesgo. Nada puede representar mejor que este sinsentido el fracaso autonómico.

Chirigota

El alcalde de Cádiz, el inefable “Kichi”, lo menos que se despacha en responsabilidad e indumentaria, ha descubierto América, o mejor, ha descubierto que España no descubrió el Nuevo Continente, sino que lo avasalló y esclavizó desde esta Europa cuya civilización no habría sido más –siempre según esa minerva gaditana— que “una historia de latrocinios y atrocidades”, ya ven ustedes, que sólo él y otros cuantos iluminados alcanzan a columbrar. Desconsuela vernos en manos de estos ignaros que compensan su simplicidad con un radicalismo contrahecho de tópicos y leyendas negras.  Escuchar ese discurso en Cádiz es, por lo demás, un insulto y una memez. Esa ciudad tan americanista se merece algo mejor que un alcalde papanata que profesa y pregona la mísera cultureta que cabe en una mochila.

Pieza política

Gran acierto el de llamar “pieza política” a la que en la causa que investiga el presunto saqueo de los fondos de Formación, y ojo de lince el de la jueza Alaya cuando vaticinó que su sucesora “pulverizaría de un  plumazo” su instrucción. Es verdad que ésta ya había anunciado hace mucho –en plena campaña electoral— su intención de archivar la causa que afectaba a tantos altos cargos de la Junta, “personas honestas, decentes y honorables a las que han arrastrado por el suelo”. Nada por aquí, nada por allá: los implicados en el gran escándalo pueden respirar tranquilos, reducidos los cargos por la jueza sustituta a “irregularidades administrativas”, hay que decir que con el concurso de la Fiscalía Anticorrupción y el aplauso de una Junta que se había personado… ¡como acusación! Una vez más el escepticismo popular se sale con la suya y la evidencia se quiebra como una caña.

Acuerdo vertical

Admito que yo pueda ir un poco por libre, pero desde un principio nunca dejé de ver en el gran camelo de la “concertación social” –acuerdo del Poder con sindicatos y empresarios: dinero a cambio de tranquilidad—un “remake” del sindicalismo vertical. Le ponen un Solís en lo alto y a ver en qué se diferencia aquella dictatorial estrategia de ésta democrática. Por encima de escándalos de unos y de otros, incluso, a la Junta lo que le interesa es la garantía de que otros y unos le coman en la mano, minimizando el conflicto sociolaboral por la virtud omnímoda del dinero. Todos de acuerdo –empresarios, sindicatos y políticos–, juntos y hasta revueltos si se tercia, pues, en el prohibitivo simulacro de esa paz social comprada a precio de oro. Con su pan se lo coman, que otros lo ayunarán.

La enfermedad infantil

Las cosas andan mal por Podemos en Andalucía. Se multiplican las críticas contra la líder regional, Teresa Rodríguez, a la que se acusa –desde niveles muy altos de las organizaciones que integran ese partido—de “mirarse hacia dentro”, de precipitar el proceso de renovación a través de la Asamblea y de regatear las garantías democráticas. La pelea por el poder llega al punto de exigirse desde Málaga una vicesecretaría para la Andalucía oriental y se alega que la actual organización no es representativa de “de la pluralidad de los andaluces”. La “nueva Izquierda”, pues, también cruje y se cuartea, siguiendo la clásica tendencia al fraccionalismo. Lenin explicó que “la enfermedad infantil del izquierdismo es el comunismo” y Trosky los retrató, antes de posar siquiera, cuando dijo que el sectario ve la vida de la sociedad como una escuela en la que él es el maestro. Y está visto que donde todos mandan (o creen mandar), nadie obedece.