Mafias impunes

Nadie quiere saber nada de las mafias que trafican con seres humanos, las responsables de los miles de muertes ocurridas en el Mediterráneo, en especial desde que el conflicto de Oriente Medio alcanzó a Siria. El año pasado confirmó a la costa andaluza como el punto de arribada más importante de España, duplicando el número de inmigrantes irregulares respecto a los llegados el año anterior. Y nadie quiere oír hablar siquiera de las mafias, como nadie tiene el coraje de denunciar la colaboración “política” de Marruecos en esta tragedia. ¿Tan difícil será para la Armada –para la nuestra y para las de la UE— plantarse frente a esos bucaneros de tres al cuarto y liquidar su negocio? A lo peor resulta que ese negocio no es solo de ellos.

Perdón barato

El empresario troglodita que agredió a la dirigente de Podemos Teresa Rodríguez ha pedido perdón por su bellaquería. ¡Pelillos a la mar! Por su parte, el podemita que ha insultado al pueblo huelvano de Aljaraque calificándolo de “pueblo perdido” también ha repetido el gesto fariseo. ¿Se han percatado ustedes de la cantidad de culpables que piden perdón como si esa fórmula fuera un bautismo sobrado? Se insulta, se manga, se atropella, y luego se pide perdón como si tal cosa, como si un gesto contrito bastara para satisfacer a las víctimas. Nuestra vida pública se está convirtiendo en un muladar al que luego se le pasa el plumero sobre la inmundicia como si esa providencia bastara para reparar el daño y restituir al ofendido.

Vacaciones pagadas

Lo mismo que agosto, enero es inhábil en el Parlamento y, sin embargo, sus Señorías siguen cobrando sus dietas por manutención y mantenimiento. Todos, oigan: el PP, el PSOE y Ciudadanos, lo mismo que los revolucionarios de Podemos que aseguran que destinarán ese vergonzante ingreso a “alguna causa social”, pero trincar, lo que se dice trincar, todos trincan. No se trata de una anécdota sino de un escándalo por completo incompatible con la situación socioeconómica de una autonomía arruinada que soporta un 30 por ciento de parados. Derecha o izquierda, da lo mismo: la pasta es la pasta, y no ha nacido, por lo visto, quien tenga el cuajo de negarse a cobrar en caja lo inadmisible. El “buen gobierno de las tripas” –dijo Cervantes—es lo primero.

Barra libre a Noé

La responsable de Igualdad y Política Sociales de la Junta se ha apresurado a oponerse a la iniciativa de la ministra de Salud de establecer una Ley para la Prevención del Consumo de Alcohol en Menores. ¡No faltaría más! Recomienda la consejera, eso sí, “una reflexión” sobre el grave asunto pero ni hablar de acoger una medida del Gobierno de la nación, aunque no deje  de reconocer que las familias “están desbordadas”. Nuestros jóvenes –parados de día, “colocados” de noche— tienen el campo abierto a ese desmadre a pesar de que algún congreso médico aquí mismo celebrado profetizó que una de cada cuatro de esas criaturas acabará cirrótica. Cualquier cosa antes de colaborar con ese Gobierno que la Presidenta sueña con presidir algún día.

El libro ausente

Revela el Informe Pisa, entre tantas cosas y circunstancias, que el número de libros existentes en un hogar condiciona gravemente el desarrollo estudiantil del niño. Ya era una leyenda aquello de que en la granja de un “fermier” había por sistema una siquiera mínima biblioteca, pero tantos años después las casas de Andalucía, urbanas o campesinas, mantienen su escasez de libros en los que pueda apoyarse el niño al comenzar sus estudios. Estamos muy por debajo de la media nacional y europea en cuanto a ese imprescindible equipamiento, algo normal si se considera el nivel de analfabetismo de que partimos hace nada y menos. Y la Junta prometiendo y sin cumplir también en este terreno a pesar de sus promesas de convertirnos en pioneros de Europa.

Pies de plomo

Huelva es, como se sabe, una de las ciudades más dañadas en su medio ambiente por efecto de esa agresiva industria que, por otra parte, es su principal sostén. Se han sucedido los planes descontaminadores con innegable esfuerzo pero, desde hace más de un año, un inquietante y desagradable olor inunda la capital. No se sabe qué lo produce, ni de dónde proviene, ni qué eventuales riesgos entraña y, sin embargo, la Junta ha sido incapaz de responder a esas preguntas en este largo plazo. Que si éste, que si el otro, y en definitiva, nada de nada. ¿Y si ese olor, además de molesto, fuera patógeno? Ah, a la Junta que la registren: ella marcha con pies de plomo salvo cuando, arrebatada por sus intereses, vuela rauda con sus pies alados.