Perros guardianes

Insisten los “medios municipales” de Valverde –una tele, una radio, un panfleto quincenal que tira 2.000 ejemplares en un pueblo de 12.700 habitantes—en señalarnos, a causa de nuestra denuncias, como “extrema derecha”. Palabras, frente a las cuales están los hechos, como la mariscada con que se regalaron los ediles (que se haya archivado la causa penal no significa en absoluto que el festín y sus circunstancias no se dieran) o el extemporáneo nombramiento del ex-juez Garzón como hijo adoptivo en un claro gesto de desafío al Tribunal Supremo y la CGPJ. El alcalde Cejudo tiene sus perros guardianes, bien apalancados (con familia y todo) en el Ayuntamiento, que le hacen el trabajo sucio. Debe de ser triste tener que escribir lamiendo la mano que te da de comer.

El paraíso privado

Si he de decirles mi verdad, vaya por delante que no me determino a creer que el Gobierno –su ministerio de cómo se llame ahora lo que antes fue Agricultura– haya dado esa orden de que se hacen lenguas estos días los críticos atentos, en virtud de la cual los guardas del Palacio de las Marismillas, en el Coto de Doñana, habrían sido conminados a largarse del paraíso con bártulos y todo. No me olvido de que ese paraíso, al menos desde Felipe IV, ha sido explicablemente residencia de próceres, ni del hecho, sin duda menor, de que en tiempos de González, se acotara la playa reservando en exclusiva para la insigne familia presidencial y las voraces gaviotas, la soledad sonora del predio ribereño, providencia explicada entonces en función de la seguridad. El “coto” fue siempre lugar de privilegio y no veo por qué no iba a serlo ahora por más que los espíritus estrechos se encocoren reclamando una igualdad que nunca existió y los contables más exigentes pretendan que esas vacaciones pagadas que los próceres reciben deberían figurar en su declaración de la renta como graves percepciones en especie. Ahora bien, de ahí a aceptar que ZP consiente o, quien sabe, impone, que se despeje el Palacio completo, los guardas y sus familias incluidos, va un trecho largo que costaría entender incluso después de haber visto lo que llevamos visto, que no es poco, incluso en plena crisis. Porque, vamos, ver, ¿puede creerse en serio que es precisamente ahora cuando resulta necesario hacer obras en el Palacio, en pleno verano, y con la insigne familia alojada entre sus cuatro paredes? ¿No será que se ha decidido ampliar la sede o, sencillamente, que los privilegiados quieren extremar la exclusividad que la presencia, siquiera relativa, de esas familias menestrales pudieran turbar? Un paraíso es un paraíso, que coños, y en Doñana o Bora Bora un guarda, la mujer del guarda, los niños del guarda y, eventualmente, la cuñada del guarda, no cabe duda de que pueden quebrar la anhelada paz con su mera presencia. ¿Que no? Pues ya verán como esos desahuciados no vuelven ya al paraíso ni por asomo.

 

Alguien debería recordar el hecho ahora que se cumplen 130 años de una fundación del PSOE en la que, si junto a los honrados burgueses había orfebres, remendones y tipógrafos, la verdad es que no figuraba ningún guarda. Aunque sólo sea para mostrar la caricatura a que ha quedado reducida la utopía. Hoy no se viaja a pie, como tuvo que hacer Iglesias, sino en avión privado y con dieta, lógica en la que encaja a la perfección desahuciar a los guardas de Palacio para que el paraíso resulte perfecto. El proletariado es para las elecciones, no para el veraneo del líder.

Antología ajena

“Es necesaria una cura de adelgazamiento desde la austeridad para ahorrar milles y miles de millones”. “Tenemos que replantearnos la función de las Diputaciones en un Estado autonómico avanzado”. “Lo lógico es que los políticos viajen en ‘preferente’ o ‘turista’ y no en ‘club’, como la mayoría de los españoles”. “No es lógico que se compren coches que valen 300.000 euros cuando los hay de 40.000 y prestan los mismos servicios”. “¿Por qué tienen que trasladarse los concejales cada uno en un coche?”. “Creo en la apuesta de Griñán por la Educación, pero repartir portátiles de

un año a niños de un año es empezar la casa por el tejado”. Juan Luis Rascón, diputado del PSOE por Córdoba en el Congreso.

El pan nuestro

Ha crecido el número de asistidos por Cáritas Diocesana hasta alcanzar los 15.000 onubenses que sin esa ayuda solidaria no podrían salir adelante. Y ello mientras desde sectores del PSOE se reclama reducir la ayuda a la misma Iglesia y mientras desde IU resuena estólida, en boca de Valderas, la demagógica estupidez de que “no hay huevos para recortar” esa contribución del Estado que la Iglesia recoge con una mano y suelta con la otra en la de los olvidados por los poderes públicos. Pobres vergonzantes, familias en la miseria, inmigrantes desamparados: la crisis va a durar para ellos más que para los demás, pero de momento, han de comer cada día. La izquierda moral ha dejado su sitio al negocio de la izquierda.

‘Crème de la crème’

En una reciente Charla de El Mundo, un joven espectador, bien reconocible por su manifiesta tendencia a la pseudología fantástica, le planteó a Fernando Savater la cuestión del “club de Bilderberg”, órgano secreto, según él, donde presuntamente se cocía en realidad la decisión política mundial, se organizaban guerras y se muñían paces, se acordaban crisis o se inventaban pandemias. Fernando le contestó, con su habitual frescura e ingenio, que su paranoia –la suya, la de Fernando—era limitada y en esa razón se amparó para eludir un tema que la mayoría, hay que reconocerlo, tomamos a chacota en mayor o menor medida. No es que se tratara de un negocio nuevo, puesto que los libros de Daniel Estulin, lo mismo que la controversia de sus oponentes, han dado siete veces la vuelta al planeta, pero hay que comprender que este mundo, como alguna vez dijo Borges en Sevilla, tiene ya demasiados arcanos como para añadirle otros nuevos. Y sin embargo, lo que fue una comidilla alarmista –la existencia de ese club que incluía desde la Reina de España a los más altos magnates de la política y la economía—ha dejado de serlo por completo tras la reunión celebrada estos días en Sitges a la que ha acudido sumiso –a pesar de la que tiene en lo alto– el mismísimo presidente del Gobierno con objeto, al parecer, de “explicar” (¿) ante tan misterioso y alto senado la cuestionada solvencia española. O sea, que era verdad, que a veces la realidad deja chica a la fantasía, y que la idea, entre marxista y papiniana, de que el Poder visible, el político, no es más que un apéndice obediente del poder fáctico, va a misa. Hay que reconocer que la demagogia no precisa heraldos.

 

¿Qué puede explicar que un cenáculo de 130 influyentes tenga poder para convocar a las más altas autoridades legítimas que tendrían que rendir cuentas ante sus miembros? ¿Qué clase de legitimidad paralela puede justificar que quienes, aún siéndolo todo, nada son ante la “cosa pública”, secreteen y hasta se jacten de secretear ante los pueblos soberanos sobre sus máximos problemas? ¿Estamos ante un Gobierno universal secreto, como anunciaban los pseudólogos? Uno se ha resistido siempre a la fantasmagoría, pero ya me dirán cómo explicar que, frente a la sospecha universal, el presidente del Gobierno y la esposa del jefe del Estado participen en un foro elitista que, sin otra legitimidad que la que otorga el dinero, parece que se reserva la última (¿o la primera?) palabra en las grandes decisiones. Leo en “La Libertad” de Stuart Mill que en todas las constituciones debería haber un centro de resistencia contra el poder predominante. Y no puedo estar más de acuerdo.

Palacios exclusivos

Como no den una explicación urgente y clara de la razón por la que el Gobierno ha ordenado el desalojo familiar a las tres familias de guardas del Palacio de las Marismillas antes del 5 de junio, van a quedar como Cagancho en Almagro. ¿Obras institucionales? Bueno, eso no hay quien se lo crea salvo que uno sea capaz de imaginar el veraneo de la familia presidencial amenizado por el ruido de la albañilería. Que no: que todo indica que esas familias de guardas –160 años viviendo allí—molestan y que, por esa razón, han sido alejadas de la pequeña corte. Si esto lo llega a hacer el Gobierno de Aznar y no el de un presidente “socialista obrero”, lo crucifican sin anestesia.