Botas de siete leguas

No sé si será correcto el dato, pero parece ser que el consejero de Turismo, Comercio y Deporte (sobre todo, de lo primero), es decir el mismo Luciano Alonso que ha tenido que bailar con la más fea negándole a Córdoba el dinero de la Copa Davis, va a viajar a 20 países en lo que resta de año y se gastará en esos periplos nada menos que 8’2 millones de euros. Y dice, el tío, que lo que ocurre es que “apuesta por la originalidad, la creatividad y la innovación”, como si no supiéramos todos que Andalucía es hoy por hoy la cola de Europa, el país más pobre y con mayor paro del continente. Como si no existiera el servicio diplomático, ni la publicidad mediática, ni Internet. Ninguna mentira tan flagrante en boca de estos gerifaltes que el discurso de la austeridad.

Hombres sin piedad

Cuando escribo estas líneas puede que estén ejecutando en la prisión de Georgia a un negro acusado de haber matado a un policía hace veinte años. Imaginen el último paseo desde el corredor de la muerte, la despedida de los condenados, la entrada en el “laboratorio” que hace de patíbulo, la ventana tras la que asisten al espectáculo la mujer y los hijos de la víctima, la maniobra final de los verdugos disfrazados de sanitarios… De poco puede que hayan servido las revisiones del proceso, el hecho –¡insólito!—de que siete de los nueves testigos de cargo se hayan retractado, la insistente súplica del papa, la mediación del expresidente Carter, la de los actores encabezada por Susan Sarendon o la llamada a la huelga penitenciaria convocada por un sindicato, ante la determinación de acabar con un reo quizá molesto por haberse convertido en un símbolo de la brutalidad de estos procedimientos. Desde Francia, el ex-ministro Badinter ve en esta ejecución “una mancha sobre la Justicia americana” y en los mismos EEUU las manifestaciones, agrupadas tras Amnesty International, se han multiplicado inútilmente. Lo más probable que antes de imprimirse mi columna, el pobre Troy haya recibido ya su inyección letal y el próximo candidato al patíbulo haya entrado en capilla psicológica. Siempre es abominable la pena de muerte, pero infinitamente más cuando no bastan para evitarla ni la evidencia de los errores demostrados que en aquel gran país se multiplican en los últimos tiempos ante la indiferencia de una obtusa mayoría que ve en el suplicio una prerrogativa del Estado y un instrumento disuasor. A un eminente sociólogo americano le tengo leído que el apoyo popular a la última pena cobró un fuerte impulso tras el atentado del 11-S. Puede, pero el caso no varía. Lo que cuenta es que quizá en este mismo momento estén asesinando legalmente a Troy Davis en Georgia y que el rumor de la protesta se habrá apagado en poco tiempo. La vida sigue, y la muerte también.

Se ha quedado vieja la razón de Hugo, aquello de que se mata al tigre por la piel y al criminal por el ejemplo, mientras crece el aviso inteligente de Nodier de que no es lícito matar ni al verdugo. El progreso moral se resiste y mucho tiene que ver en ello este empecinamiento de los EEUU en mantener dispuesto el cadalso y atestado el corredor donde los reos aguardan. De poco valen las pruebas de que se han ejecutado inocentes, incluso menores retrasados, ante el hábito inveterado del talión. Quizá en este mismo momento en que escribo unos hombres matan a otro, eso es todo. Un día, cuando ya no tenga remedio, todo esto resultará abominable. Los hombres escriben siempre sobre el mismo palimpsesto.

Quién no se consuela…

…es porque no quiere. Ahí tienen a la consejera de Presidencia encantada de haberse conocido y presentando la sentencia del Tribunal del Conflictos sobre la publicidad de las actas de Consejo de Gobierno como un triunfo compartido por la Junta que, en su estrategia de obstrucción, sostenía ni más ni menos que el carácter secreto de lo que, en buena lógica, ha de ser público. Ahora falta ver qué pide la jueza instructora y qué contenidos de esas actas considera la Junta “secretos” y, en consecuencia, reservados incluso para la Justicia, aunque resulta obvio que tanto Chaves y Griñán como los sucesivos consejeros de Empleo lo van a tener crudo a partir de ahora. Lo de los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas era demasiado incluso para el TS. A la vista está.

La basura humana

Un organismo estatal estadounidense con sede en Vanderber, California, trabaja febrilmente estos días para tratar de determinar las circunstancias en que caerá sobre el planeta, desde su altura actual de casi 600 kilómetros, un artefacto lanzado en el 91 y que quedó obsoleto en 2005, el Upper Atmospheric Research Satellite (UARS). El acontecimiento, que no lo será tanto, seguramente, puede que tenga lugar entre el jueves y el sábado próximos nadie sabe donde, aunque los expertos calculan que lo probable es que sus despojos americen en una zona ecuatorial, una vez desintegrado el conjunto al abrasarse tras su entrada en la atmósfera. El UARS ha cumplido su tarea de medición de la capa de ozono y de determinación de la química de la alta atmósfera, pero tras cumplir esos cometidos ha quedado fuera de control perdiendo altura hasta aproximarse a una distancia crítica que permite asegurar su recaptura gravitatoria y, en consecuencia, el riesgo eventual de su caída, que los científicos estiman poco relevante dada la extensión de la superficie marina y la brevedad relativa de su envergadura y masa. Eso sí, como el hombre es mono novelero, el hecho ha servido para reavivar la matraca de los riesgos que implica la polución de nuestras capas altas, ya que aunque se haya logrado hace tiempo el sistema para impulsar lo inservible al espacio exterior, hay cacharros locos que van por libre hasta escapar de la mano que lo puso en órbita. Dicen que esas capas altas están abarrotadas ya de cachivaches inservibles que se cruzan con los que aún están en servicio formando un caótico vertedero que hubiera costa trabajo entender al propio Verne y que empieza a preocupar, en cualquier caso, a los responsables (¿) de su gestión. Lo probable es que nada ocurra que merezca un titular al día siguiente, ya digo, pero la imagen misma de un espacio atestado de desechos sobre nuestras cabezas indefensas, resulta de lo más inquietante, entre otras cosas porque no sería la primera vez que se registra un accidente provocado por algún fragmento.

Constatamos que el Hombre, ese mono sabio y loco, es especialista en la producción de basuras, en dejar tras de sí el rastro de sus despojos desde las cuevas de Atapuerca hasta ese cielo de azur que hoy no nos deja más que entrever allá arriba el exceso de luminosidad que producimos aquí abajo. Ningún animal tan basurero, ninguna especie tan contaminadora ni amenazante, y desde luego ni una sola tan insensata como para colocar sobre sus cabezas esa letrina industrial que este fin de semana amenaza con bombardearnos con sus restos incontrolados. El sueño de la razón produce monstruos. Desde luego Goya sabía lo que decía.

Correa desatada

La correa de transmisión que se decía que eran los sindicatos, se ha atado y bien atado con los dineros de la “concertación”. Ahí tienen a la UGT andaluza desgañitándose, por boca de su secretario general Manuel Pastrana, para eximir a la Junta de toda responsabilidad en el cierre de Astilleros y desmantelamiento de nuestra industria –que CCOO ve, sin embargo, como su evidente responsabilidad política—y echándole la culpa a un banco, como si ese banco ni ninguno fuera el responsable de que, en nuestra región, treinta años hayan resultado insuficientes para que la Junta autónoma conciba siquiera un plan de desarrollo medianamente razonable. Desde la demagogia, siempre es más fácil ponerle cara a la culpa, y si es de un banco, mejor que mejor.

Los verdaderos ricos

Allá en los tiempos del Barroco español se especuló mucho sobre el estatus del hombre. Sobre los que carecían de todo –en una sociedad altamente conflictiva a causa de su aguda crisis– se discutió hasta negarles su derecho a mendigar, enredándose en una espiral conceptual que dio de sí el estupendo concepto de “verdaderos pobres” a los que ese derecho podría respetárseles sólo una vez diferenciados de los “pobres falsos” por medio de una tablilla de bronce en la que la autoridad garantiza su condición. Me he acordado del tema –que tratan desde el doctor Pérez de Herrera hasta Domingo de Soto y que reaparece de continuo en el sermonario—al escuchar estos días, por aquí y por allá (quiero decir por Europa y por América), el debate sobre ese impuesto que, desde Obama a Rubalcaba, dicen que van a imponer a los “ricos” una vez que los millonetis franceses se han adelantado proponiendo ellos mismos que se les aumente el 3 por ciento su carga impositiva. Pero, vamos a ver, ¿quién es un “verdadero rico” hoy día? Para Obama no hay duda, pues dice muy expresivamente que, por ejemplo, el propietario de una petrolera o el de un yate, pero aquí entre nosotros no parece tan fácil la cosa, aunque Tomás Gómez, preguntado por Carlos Herrera, nos dijera ayer que un rico era, por ejemplo, Botín, es decir, el mismo personaje que esta legislatura se sentaba confidente a la derecha de ZP en el Olimpo financiero de la Moncloa. ¡Cuidado con pobres y ricos, ojo con que no nos roben la cartera esos tipos fantasmales tan fáciles de confundir hoy como hace cinco siglos! Uno que hasta antier fue asesor de ZP acaba de advertidnos, por lo demás, sobre los riesgos de fuga que implican estos rejones fiscales, es decir, lo mismo que dijera la vicepresidenta Salgado cuando explicó por qué el Gobierno de izquierda ni le tose a los refugiados en la “sicab”, ese paraíso en medio del purgatorio.

La socialdemocracia – porque habrán notado que aquí de socialismo no habla ya ni dios—la tiene tomada con el personal que gana sobre 3.000 euros al mes. Y ahí tienen una coincidencia más entre ese “titanic” y la variada pelambre del 15-M, que le va a venir muy bien para abroncar la calle en cuanto el liberalismo conservata logre echar al violinista por la borda, que todo parece que se andará. En USA resulta que el consumo de lujo ha aumentado un diez por ciento y me imagino que lo mismo debe de haber ocurrido en España a cencerros tapados, con la diferencia de que allí el magnate Buffet se pregunta cómo es posible que su secretaria pague más impuestos que él y aquí, en cambio, el expresidente Glez. diga que quiere que las elecciones las ganen sus amigos. ¿O sea, Slim?