Familias unidas

No es por machacar la herradura, pero la verdad es que no hay modo de evitar el escándalo que supone el continuo descubrimiento de casos de nepotismo en la vida pública andaluza, casos que llegan –por no citar más que los recientes– desde la hija, el hijo y los hermanos de Chaves a la hija de Viera, a la mujer de Velasco, al hermano de Cabañas, al cuñado de Jiménez, a la hija de tal candidata, el novio de cual alcaldesa, al marido de la concejala y hasta al vecino de debajo de algún un director general. La familia es un sub-elemento de la clientela y ésta el sostén del partido. Los paganos del tinglado completo, ni que decir tiene, somos los dóciles contribuyentes que formamos la muchedumbre silenciosa.

Marcas registradas

En una tertulia de la tele en la que he coincidido con el coordinador regional de IU, Diego Valderas, he debido escucharle algunas proclamas con las que he coincidido o discrepado de modo variable. De plano asumo su sugerencia sobre la utilidad que reportaría a nuestra vida pública aplicarle el polígrafo o máquina de la verdad a los políticos a fin de determinar, con rigor científico, cuánto hay de verdad y cuánto de camelo en sus asertos, e incluso me he mostrado partidario –sujeto siempre al consentimiento del paciente—del uso del pentotal o suero de la verdad que, por lo que tengo entendido, es mucho más eficaz a esos efectos. Luego me llamado la atención que defendiera el principio “un político, un cargo”, auténtica retaguardia ideológica del plan de exclusión parlamentaria de los alcaldes que andan muñendo entre él y Griñán, ¡él que ha llegado a compatibilizar en su día tres cargos públicos, incluidas precisamente su alcaldía bollullera y la presidencia de la Cámara! Y en fin, el colmo ha sido cuando, para justificar un argumento que creo recordar que no exigía grandes razones, le ha espetado a la conductora del programa que IU defiende lo que tiene que defender porque “para eso somos marxistas”. Hombre, don Diego, eso de marxistas lo que se dice marxistas, va a permitirme que lo ponga en cuarentena, a estas alturas, y sin pedirle siquiera que concrete el alcance de ese término, pues no sé yo si ustedes, de paso que acompañan en su periplo a los neoliberales, se identificarán ahora con la doctrina del viejo o del joven Marx, con las incisivas soflamas de los “Grundisse”, con “Das Kapital”, con “El Manifiesto”, con las revisiones althusserianas o las previsiones de Gorz, Mandel, Kolakowski y compañía. No me imagino yo a Marx aplaudiendo el carpetazo al “caso Faisán”, por poner ejemplo, u ofreciéndose como “marca blanca” a una socialdemocracia que acaba de perpetrar lo que ninguna derecha española había osado hasta la fecha: eternizar los contratos en práctica o convertir en indefinidos los precarios. Ni al joven ni al viejo.

La tragedia de IU es que no consigue desligarse de la crisis de la izquierda en general, reducida como está su ideología visible a cuatro tópicos más o menos oportunistas del radicalismo más enranciado, aunque sin perderle nunca del todo la cara al PSOE, por la que pueda caer. ¡Pues no denuncia Valderas ahora la “pinza” famosa entre PP e IU cuando él, como presidente del Parlamento, fue su máximo beneficiario! El marxismo es marca muy socorrida y de ella ha vivido casi tanta gente como ahora vive de la socialdemocracia. Incluso sin conocerlo ni por el forro, que es lo más extraordinario del caso.

Un estilo y un método

Cuando finalice la instrucción del caso de los ERE y hagamos balance, se verá meridianamente claro que ése fue el montaje más grave de la autonomía pero siempre dentro del estilo y del método consagrado: el de que el dinero público –que “no es de nadie”, según una exministra—se ha administrado en la cámara oscura sin otra regla ni principio que los intereses de los administradores. Si el PSOE fracasa en las autonómicas, como anuncia su propio desconcierto, se podrán aducir muchas causas y concausas pero ninguna, seguramente, con un impacto sobre la opinión semejante al de estas mangancias. Chaves, Griñán o Viera han perpetrado ese disparate pero siguen siendo candidatos. Un partido no se arrepiente y regenera así como así.

La verdad provisional

A medida que el trabajo científico agranda su horizonte va quedando más claro que pocas son las verdades absolutas y menos los dogmas inalterables. Es verdad que los sabios ven en esa tarea una suerte de competición, que se sienten como propulsados por el ansia de avanzar negando y corrigiéndole la plana a sus antecesores, pero la realidad es que ahí están sus hallazgos y la evidencia de que hasta las certezas más sólidas son susceptibles de venirse abajo en el momento menos pensado. En la misma página del periódico podía leerse que unos investigadores de Copenhague podrían haber revolucionado nuestra crónica de la especie al descubrir que el aborigen australiano no procede de las migraciones africanas, comúnmente admitidas como el origen de la Humanidad, sino de unos trasabuelos asiáticos que habrían atravesado el continente y cruzado el océano muchos miles de años antes de que aquellas dieran lugar a las poblaciones europeas y asiáticas. Y justo al lado, otra noticia desconcertante: la de que la velocidad de la luz no sería una constante cósmica, como imaginó Einstein, sino que ha resultado superada en sesenta nanosegundos un experimento realizado en ese acelerador de partículas del CERN del que algunos llegaron a temer que, al recrear la circunstancia del “Big Bang”, pudiera descuajaringar el planeta. Es verdad que hace casi un lustro, otros visionarios de Princenton dijeron haber probado, en los laboratorios del NEC Research Institute, que un pulso conseguido al manipular un vapor con átomos irradiados con láser había viajado a una velocidad trescientas veces superior a la considerada insuperable, produciendo la impresión de haber salido del recinto antes de haber entrado en él, pero también es cierto que poco se ha sabido luego de esa proeza que no hubiera soñado el propio Wells. Cosa de un siglo ha durado el dogma einsteniano y algo menos la tesis antropológica del origen africano. La verdad es que tienta pensar que la materia esconde sus secretos en los fondos sucesivos de una misteriosa matrioska.

Se tambalea la vieja confianza en la certeza, incluso en la empírica, instalados en la provisionalidad, ya no sabemos ni quiénes somos ni dónde estamos, como si la sabiduría no fuera tanto un seguro aristotélico como un falsador popperiano empeñado en descortezar indefinidamente el significado de una realidad que lo mismo nos entronizan sobre un sistema de ecuaciones que nos reducen a polvo de estrellas. Cuanto más sabemos mayor es la duda, aunque ello sea quizá la mejor garantía de lo verosímil y el trayecto más corto en el viaje hacia el misterio. Decía Cassirer que el hombre es un animal mítico. Acaso nunca debimos huir de esa evidencia.

La fuerza bruta

Un fotógrafo de este diario fue antier agredido brutalmente por un individuo del séquito de uno de los imputados como beneficiario de un ERE fraudulento, al que un alto cargo de Empleo, vecino suyo, le consiguió un pensionazo con el que complementar su pensión y otros ingresos que venía percibiendo. Ésa es la razón última de una lógica defraudadora originada en el sentido patrimonial de lo público que ha sido el santo y seña del partido gobernante durante todos estos años de insensata orgía. Hay brutos a los que les parece normal estafar al Estado pero inadmisible que su imagen sea divulgada por los “medios”. Y poderes que los amparan, eso es lo malo.

El laberinto libio

La misión “protectora” de las fuerzas “aliadas” en Libia dura ya seis meses y acaba de prolongarse por otros tres, sin perjuicio de que la guerra finalice con una victoria completa. En ningún momento, durante ese semestre sangriento, se ha sabido a ciencia cierta qué estaba ocurriendo en el país, cuál era el efecto práctico de los casi 9.000 bombardeos llevados a cabo por la aviación en cumplimiento del mandato de la ONU, ciertamente, pero con las consecuencias inevitables. Hemos sabido, por ejemplo, que tanto gadafistas como rebeldes han cometidos actos de barbarie y arrasado los derechos humanos, pero nunca se ha entendido bien cómo ese régimen acogotado y combatido desde dentro podía resistir tantísimo y escapar como por ensalmo a la implacable persecución. Nadie sabe calcular las víctimas, más allá de estimaciones que las cifran, sin especificar, por supuesto, en cientos de miles, no existe el menor cálculo fiable de qué ha conseguido la fuerza “protectora” y mucho menos de los medios de que se ha valido el tirano para escapar una y otra vez a sus ataques no poco feroces. Tampoco se sabe si la acción tiene un límite o carece de él, aunque le secretario general del Consejo de Seguridad, Anders. F. Rasmussen, ha dejado claro que las tropas seguirán atacando “en tanto que la amenaza contra los civiles persista”, por más que el deseo de todos los países implicados sea el de dar por terminado el conflicto lo antes posible. ¿Una acción “protectora” que ha lanzado 9.000 bombardeos? Algo no casa bien, aparte de la nebulosa general que envuelve esa guerra, y no faltan las voces que se preguntan qué clase de “protección” es ésa cuya exclusiva intervención aérea le impide todo tipo de control sobre el terreno. ¿Cuántos libios han matado los gadafistas y cuántos los “protectores” en estos tremendos nueve meses? Nadie lo sabe, o nadie lo quiere saber, en medio de un desconcierto creciente que ya no se disipa prometiendo la pronta captura del sátrapa.

Incluso quienes comprenden la intervención final contra el anteriormente protegido Gadafi, dudan de sus resultados. Avalan esa duda la actitud de importantes colectivos civiles y hasta militares pero, sobre todo, el hecho de que la guerra se prolongue una y otra vez sin marcar siquiera objetivos concretos. ¿Será que no hay modo de ganar una guerra desde el aire y sin echar pie a tierra, que es el modelo adoptado tras los fracasos de Vietnam e Irak? Pues puede, pero lo único que de momento podemos asegurar es que la guerra durará aún al menos un trimestre, unas veces arriba, otras abajo, pero siempre bombardeando a mansalva. Libia es un laberinto, una trampa. Quizá ya toda guerra lo sea.