La recta final

A la consejería de Educación de la Junta se le ha ocurrido, a estas alturas, convocar para el año que viene miles de plazas de profesores, un decisión que, de ser posible, no se explica cómo no ha tomado antes, pero que tomada ahora resulta de lo más impropio toda vez que –presagios adversos aparte—a la legislatura le quedan unos pocos telediarios y un acuerdo tan importante debería dejarse al criterio del próximo Gobierno regional, sea éste del signo que sea. La Junta vive en un espasmo constante, más convulso a medida que se le complican las circunstancias. Pero respetar al sucesor en el tiempo es de lo más básico. Griñán parece haber olvidado hasta esa norma tan elemental.

El nuevo poder

Ha sido espectacular la resonancia del artículo de Bernard-Henri Lévy sobre (contra) las llamadas “agencias de notación”, esos entes sin rostro que degradan o premian a voluntad, no ya a las empresas, sino a los países, regalándoles o suprimiéndoles sus famosas calificaciones: los de la “triple A”, ya saben. Se queja Lévy de algo que infinidad de peatones ya habíamos pensado, a saber, de que esos misteriosos poderes en la sombra tengan poder sobre los Gobiernos y en su mano la posibilidad de descuajaringar la economía de países y hasta de continentes, sin que se sepa qué metodología utilizan, qué datos manejan, quién se los suministra y garantiza. Y todo ello a pesar de su patente fracaso predictivo, dado que fueron ellas mismas las que no vieron venir, ni por asomo, la crisis devoradora del 97, las que ni presintieron la catástrofe de las llamadas “subprimes”, las que aplaudieron hasta cuatro días antes del estallido a Enron y sostuvieron en vilo a Lehman Brothers hasta el último instante en que ya lo impidió la evidencia. ¿Quiénes son esos poderes nuevos, quién puede tener tanta fuerza como para situarse por encima de los propios Estados y darle jaque a un continente, libres por su parte de cualquier sujeción, dueños sin amo, oráculos omnipotentes a pesar de su comprobado descrédito? Poca gente sabe que esos montajes son empresas, a su vez, empresas que cobran a otras empresas por sus consejos –no necesariamente inocentes y, menos, imparciales–, que van de la mano de los bancos, cuyas consejeros son a la hora de la toma de las decisiones clave, circunstancias que le dejan a uno perplejo considerando el milagro que, en realidad, es su poder omnímodo. Moody, Standar and Poor’s y demás son el nuevo poder que se ha erigido a sí mismo sobre los poderes legítimos, lo mismo amparando la golfería griega –como hicieron– que desacreditando proyectos nacionales de un plumazo, sin que nadie pueda explicar de dónde les llega la fuerza, qué poder superior las inviste en su aparente legitimidad, a no ser que empecemos a pensar mal del Sistema mismo. Y eso serían ya palabras mayores.

Nunca nos pusimos de acuerdo sobre los motivos últimos del crisis del 29 o de la llamada “del petróleo”, eso es cierto, pero al menos en ambos casos, como en otros a los que hemos sobrevivido, las decisiones las tomaban los Gobiernos o las imponían las Bolsas, no oscuros poderes a sueldo, exentos y enteramente libres, de los que apenas conocemos más que la razón social. Lévy propone degradar a esas agencias, quitarles los entorchados y devolver la ultima la palabra –la soberanía—a los poderes democráticos. Yo creo que se queda corto a pesar de su radicalidad.

Dudas electorales

Por lo visto el presidente Griñán, ahora también candidato, no ha decidido aún por qué provincia se presentará a las elecciónes autonómicas, si por la suya cunera, que es Córdoba, o por Sevilla, que es la capital, ambas muy resentidas con él por su actitud secante en lo referente a la organización de la Copa Davis. Ello da una idea de por dónde va la vera en el PSOE andaluz, un partido hegemónico que ha pasado en poco tiempo a constituir un pelotón desconcertado que sabe de dónde viene pero que no tiene idea de hacia dónde va. La duda de Griñán es algo más que sintomática. Mal deben de pintar las cosas en la empresa cuando ni el jefe tiene ya circunscripción segura.

Vacas flacas

Rajoy nos ha repetido en el Congreso la conseja de las vacas flacas. Las del sueño de Faraón, que interpretó José enunciando a lo divino una auténtica teoría del ciclo económico. Vienen vacas flacas como antes vinieron vacas lucientes a las que hemos contemplado paciendo en el prado, durante años, con la yerba por las corvas. Tras la última crisis y hasta la actual, los mismos arúspices que hoy despliegan el desastre nos mostraron su ingenuo convencimiento del crecimiento continuo, inacabable, infinito en la práctica, como si el mundo, en medio de tanto estruendo y tanto desastre, hubiera alcanzado por mano de milagro la panacea del bienestar. Eran las  vacas gordas, las rozagantes que luego hemos visto devoradas –y esta vez no ha sido un sueño—por las famélicas, mientras las espigas enclenques daban cuenta de las pujantes. ¡Qué utilidad la de la metáfora a la hora de la teoría! A ver quién resume mejor este ir y volver, que esta condición alternativa, esa realidad humana que hace que la vida misma sea, considerada en perspectivas amplias, una vasta noria a la que, uncidos como el asno, rodeamos una y otra vez con los ojos tapados. Rajoy ha hablado de vacas flacas, parece que ha hecho caso al vidente y ha anunciado su propósito de adaptarse a los tiempos, atrojando desde hoy sin descanso para garantizar mañana nuestro propio sustento. No habrá cuartel para los despilfarradores, las raciones han de ser tasadas, una justicia distributiva de tacto fino ajustará los bienes y accionará el mecanismo del reparto. No queda otra. Los sueños son una cosa muy seria –somos nosotros mismos, como sabía Shakespeare— sólo que reflejados en una imagen alegórica cuya clave es imprescindible encontrar. Ya vendrán las otras vacas, las gordales y cebadas, y otra vez el prado habrá de parecernos terreno seguro, predio inagotable para nuestro beneficio. No hay animal más racional que el hombre. Tampoco lo hay más olvidadizo.

Son los “tiempos recios” de que hablaba la doctora Teresa, acaso dialécticamente inevitables sin queremos que la rueda de la fortuna siga girando. Unas veces se gana y otras se pierde. Lo que no parece que exista es el edén perenne que imaginaron los popes de la “new age” que son los mismos, por cierto, que hoy ponen y quitan estrellas a las economías como quien no quiere la cosa. La visión del Génesis se adelanta y aventaja a las previsiones de los Smith, de los Ricardo, de los Marx, de los Keynes o de los Hayes, según decía José, porque es palabra de Dios. Cualquiera sabe. Yo he escuchado a Rajoy viendo al país hipostasiado en la cara de Faraón. La vida no es lineal. A ver quién nos hubiera dicho esto hace diez años. A ver.

Cosas de Pepe

Se necesita desparpajo por parte de Griñán para despejar el trallazo que ha supuesto la comprobación de que Chaves, Viera y Antonio Fernández –es decir, el Presidente y los dos consejeros sucesivos de Empleo—conocían el fraude de las prejubilaciones falsas perpetradas en la Franja Pirítica onubense, con el retorcido argumento de que ese expediente lo firmó el Partido Popular, que sería, además y por ello mismo, el culpable de la gran estafa en cuestión. Culpables no sé, pero los grandes y últimos responsables de todo el tinglado del “fondo de reptiles” son, evidentemente, los dos Presidentes bajo cuyo mandato se creó y amplió éste, es decir, Chaves y el mismo Griñán. Parece mentira tener que oírle a un Inspector de Trabajo como él una sinrazón semejante.

Tesoros de guerra

Diversos accidentes y el descubrimiento de una red de túneles excavados ilegalmente en la isla filipina de Luzón han forzado a la autoridad a restringir de manera drástica el inacabable desfile de buscadores de tesoros que persiguen el que, según la leyenda bélica, habría dejado escondido en aquel subsuelo el general japonés Yamashita, famoso depredador del archipiélago, ejecutado en 1946. Hasta el presidente Marcos creyó en esa leyenda e hizo intervenir al ejército en tareas de búsqueda que resultaron absolutamente inútiles, como inútiles han resultado las de millares de espontáneos, legales o sin permiso, que han dilapidado fortunas auténticas persiguiendo ésta, por el momento, irreal. No hay que extrañarse. Himmler engatusó a Hitler con el cuento de que en Montserrat, a tenor de lo que había escrito en sus versos un poeta olvidado, se guardaba celosamente el Santo Grial y él mismo se desplazó al monasterio –con motivo de la visita del jefe a Hendaya—para tratar de localizarlo personalmente. Los cuentos sobre tesoros, no necesariamente infundados, ha movilizado desde siempre al personal, como lo prueba que lo mismo que ocurre el Luzón viene pasando en el lago Toplitz, en plenos Alpes austriacos, desde hace años  o que sean numerosas las expediciones –oficiales y espontáneas—que han escurcado media Europa en busca de presuntos trenes cargados del oro y las joyas saqueados por los nazis. La revista Stern, no contenta con el bastinazo que sufrió al desmostrarse el carácter apócrifo de los diarios de Hitler que publicó, se lanzó también a estas búsquedas logrando recuperar de un fondo lacustre setenta y dos millones de libras esterlinas…falsificadas en cierto campo de concentración. Donde de verdad estaba el oro nazi era en las cajas fuertes de la banca suiza –y de la sueca o de la portuguesa—y a ahí hubo de recurrir la autoridad para escenificar siquiera el espectáculo de devolución del tesoro arrancado a los judíos.

Produce horror hablar de esa odisea, a la que no fueron ajenos otros gobiernos, incluido el vaticano, con su horrendo temario de vagones atestados de joyas familiares, ajuares valiosísimos y hasta las dentaduras arrancadas a las víctimas al pie del crematorio. Como provoca estupor esa pulsión demasiado humana de la búsqueda del tesoro, en la actualidad protagonizada por sociedades anónimas saqueadoras de los viejos pecios olvidados. El Evangelio habla de un hombre que al encontrar un tesoro vuelve a enterrarlo y vende todo lo que tiene para comprar el predio. Es tan vieja la historia de la ilusión humana que ni el tiempo puede gran cosa contra ella.