Según y cómo

Se echa de menos alguna voz feminista, a pesar de tantos y tan sensibles foros y chiringuitos como existen, que salga en defensa de la ministra Aguilar ante el despropósito verdulero del coordinador Valderas, lo mismo que se echaron de menos cuando se acosó a la jueza de las prejubilaciones falsas con insidias personales o con gravísimos juicios políticos de intención, y en tantos otros casos. Hay voces de macho que resultan insufribles para ciertas hembras y otras que son disimulables y hasta encubribles casi siempre por razones partidistas. Y eso no beneficia en nada a la justa causa de la igualdad sino que la sabotea. Los machos, desgraciadamente, han sido y son mucho más coherentes en su injusta actitud.

11/11/11

Desde Colonia, Ricardo Bada, me descubre el  proyecto de un grupo de catalanes que pretende sincronizar hoy, 11/11/11, a las 11 horas, 11 minutos, y 11 segundos, a todos los usuarios de teléfonos móviles del planeta que lo deseen. Han descubierto una aplicación que permitirá recibir al unísino un fragmento de la Quinta de Beethoven y la imagen interactiva  de un globo terráqueo que hará posible que, con sólo pinchar con el cursor sobre el punto deseado, conozcamos el número exacto de terrícolas adheridos al proyecto, ocasión pionera, sin duda posible, en lo que bien puede ser el umbral de un futuro ecuménico –iba a decir “católico”, que es lo mismo—en el que la especie trence sus relaciones con los hilos invisibles de un Tiempo finalmente domesticado. Es obvio que no se trata de un  simple juego sino de un muy severo intento de explorar las posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen a la Humanidad desde el punto y hora en que disponemos de la capacidad de acompasar las acciones distantes a base de manejar ese Tiempo de manera casi infinitamente precisa, lo que puede acabar abriendo un sentido comunitario hasta ahora inconcebible. ¿Se imaginan que la idea se tomara en serio y esta mañana, a esa hora precisa, ajustada por los sabios al nanosegundo, se elevara por nuestras calles la prodigiosa armonía que soñó el maestro ya aislado del mundo por su implacable sordera y desengañado de los ideales revolucionarios, son capaces de imaginar al personal sorprendido en plena mañana por ese milagro estético tan lejano de nuestra actuales miserias? Dicen los creadores del invento que lo mismo que el GPS, hoy al alcance de cualquiera, ha revolucionado nuestras posibilidades de localización, ese sometimiento del Tiempo a nuestro arbitrio podría contribuir en términos imprevisibles a un acercamiento y coordinación masivos de nuestras acciones. Sin duda. No sé si hoy la sugestión beethoveniana logrará hacerse hoy en medio del fragor de la vida pero no me caben dudas de que, en un futuro próximo, estas proezas del mono loco serán una realidad.

Le he escrito a Ricardo para agradecerle la primicia, envalentonado por el hecho mismo de que ya en este momento él y yo nos comunicamos a diario y a la velocidad de esa luz a la que ahora –para que vean que esto del progreso es más largo de lo que pudiera imaginarse—parece que andan saliéndole competidores que hacen tambalearse un paradigma científico que creíamos intocable. Nada lo es, Ricardo, salvo esa pulsión sin medida que es el anhelo del Hombre por alcanzar cada vez más lejos con sus ojos hipermétropes.

Acosar al juez

La vidriosa insinuación lanzada por Guerra contra la jueza que averigua el lío colosal de las prejubilaciones falsas y, de paso, contra el alcalde de Sevilla, no tiene pase se mire por donde se mire. Ni por venir de quién teledirigió el tinglado de Filesa y se dejó querer en el montaje de su hermano Juan, ni mucho menos por proceder de quien mandaba más que nadie cuando se organizó el intolerable acoso al juez Barbero o al juez Márquez para enredarlos todo lo posible. Se queja Guerra de que la jueza condiciona el “calendario judicial” para hacerlo coincidir con la campaña, olvidando que es la Junta la que ha retrasado por todos los medios a su alcance un procedimiento que más le valdría ahora haber superado ya.

La unidad final

Ramón Tamames acaba de escribir un libro –de difusión restringida, de momento, pero espero que pronto publicado—que es una suerte de encefalograma completo de ese sabedor insaciable. Va la cosa desde la cosmogonía a la evolución, desde la experiencia política a la económica y, en definitiva, desde la reflexión de lo sabido a la profecía de lo por saber, pues por el desfilan, juntos aunque no revueltos, desde Platón a Jean Monnet, desde Galileo a Fred Hoyle y desde Newton a Ratzinger, en un atractivo despliegue de la experiencia humana vista desde este crítico momento de su existencia. No podría ser de otra forma, quizá, bajo un título tan espectacular como “¿De dónde venimos, qué somos, adónde vamos?”, que encubre un vasto repaso de cuanto de básico hemos sido capaces de concluir sobre el Hombre y la Tierra, sus orígenes, su desarrollo y su previsible proyección, y debo decir que expuesto en todo momento en un tono tan discreto como audaz, como quien se ha entretenido en anotar la librería ideal acumulada durante siglos limitándose a subrayar los pasajes claves y entresacando las más graves ideas. Tamames es un sabio poco común, capaz de dar cuenta sin inmutarse de los hallazgos y las controversias acumulados a lo largo de los siglos, sin dejar de teñir en su propio cristal cada concepto y cada conclusión, e incluyo desde las teorías antropológicas más severas a las fantasías entrevistas por los teorizadores de la utopía espacial pasando por las propuestas estrictamente científicas. Vivimos en un mundo dado, este planeta llamado Tierra, que tiene la Historia que tiene y no otra, que parece si no único al menos insólito desde nuestra perspectiva, que ha pasado por las calamidades más atroces y se enfrenta a un futuro que no puede aguardarse pasivamente sino que es preciso proyectar e ir construyendo basados tanto en la experiencia como en la imaginación. Ramón es un optimista avisado, que nadie se confunda. Él sabe como pocos –como Jano—mirar hacia detrás y hacia delante sin perder el equilibrio.

Sólo retendré ahora la conclusión de este libro que se lee ávidamente: que la Humanidad ha de ir pensando en unificar el planeta en un bloque único y ordenado, en gobernarse armoniosa, democráticamente, por un sistema solidario y ecuménico que deje atrás este aún problemático ensayo de globalización para aspirar a una unidad real en la que la Tierra sea, como en el viejo lema, un “hábitat hospitalario para todas las especies”. Tamames cierra su estupendo maratón con la esperanza de que entonces habrá terminado nuestra prehistoria para dar paso a la Historia verdadera. He recordado que quien dijo eso por primera vez fue Marx.

De lapsus

Desde el PSOE sevillano se ha montado la del tigre por el error de Rajoy en el debate famoso al citar el sevillanísimo  pueblo de Cazalla como gaditano. Hay que agarrarse a lo que se pueda, claro está, pero la verdad es que estos agitadores se exponen a que se les reproche no haber parado cuentas en que su candidato, Rubalcaba, candidato “cunero” por Cádiz, ni se enteró del fallo, lo que hace pensar –sobre todo, en tan rápido y ágil polemista—que, por no saber,  él no se sabe ni los pueblos de su circunscripción. La paja y la viga, lo de siempre, y el clavo ardiente al que echarle mano. Con los problemas que Andalucía tiene planteados una polemiquilla semejante constituye un insulto a quienes los padecen.

Pepinos japoneses

Por lo visto la inmensa mayoría de los pepinos que se consumen en Tokio proceden de huertas de Fukushima y tres cuartos de lo mismo ocurre con las berenjenas, productos ambos muy demandados en la cocina nipona, y ello ha contribuido entre la población a extender la psicosis antirradiactiva. De uno de sus periódicos me hago traducir la noticia de que la sobrevenida industria productora en masa de contadores geiger ha logrado colocar millones de instrumentos entre sus ciudadanos tras el síncope del 11 de marzo, en especial modelos portables que ya llevan los ciudadanos en su impedimenta junto al móvil, dispuestos a medir los niveles no sólo en el mostrador del hortera sino incluso en el aparcamiento –aquí le llaman a eso “infraestructura sostenible”—para bicicletas. La psicosis entre la población es tremenda, a pesar de que hay en su contra argumentos poderosísimos como el que viene revelando hace semanas las prensa francesa, a saber que los niveles de radiactividad medidos en Tokio son iguales a los que se obtienen en París, es decir, alrededor de 1 “microsievert” por hora (lo que estima normal es de 0’3). En el propio Japón, en localidades como Setegaya o Kashiwa, esta búsqueda generalizada por parte de los propios ciudadanos ha dado por resultado el hallazgo de fuentes radiactivas olvidadas –un depósito de frascos de radium  226, que no es el más peligroso precisamente, enterrado bajo una casa deshabitada, y otro en el subsuelo de una céntrica calle—con los que la gente ha convivido sin saberlo, probablemente, por tanto, durante años y años. La parte picaresca del caso es el descubrimiento por parte de la autoridad de que la mayoría de los medidores vendidos esta temporada eran falsos y sus medidas absolutamente no fiables a pesar de sus elevados precios. Una empresa “cívica”, en fin, ha puesto en el mercado un microdetector barato que, por el momento al menos, resulta inalcanzable al haberse reservado la producción íntegra para los habitantes de la propia Fukushima. La verdad es que vamos por la vida a ciegas y nuestra autoridad, por sistema, retrasada varios pueblos.

¿Se acuerdan de los pepinos de Almería, cuando lo de la última “peste” oficialmente inventada? Bueno, pues aquello le salió redondo a nuestros competidores europeos, mientras que en Japón ya ven que la autoridad ha sido capaz de evitar la ruina garantizando seriamente la inocuidad de su consumo. Una anciana empresaria arrocera se ha encargado personalmente de medir la radioctividad de su producto para vender seguro a sus clientes. He visto esa imagen con admiración y no sin una cierta envidia.