Obstrucción municipal

¿Qué hacer si un Ayuntamiento es heredado en la más absoluta ruina y, encima, las Administraciones gestionadas por el PSOE, es decir todas, deciden asfixiarlo por completo prolongando –hasta las elecciones por lo menos—el cierre hermético de todos los grifos? En Valverde del Camino se vive ahora mismo una huelga general porque la Diputación, la Junta y el Gobierno se niegan en redondo a concederle crédito para escapar a la quiebra en que los gestores del PSOE han dejado al pueblo, sin duda con la absurda intención de enfrentar al nuevo gobierno municipal –que ha volcado el puchero—con los trabajadores y con el propio pueblo. PSOE e IU se niegan, mientras tanto, a respaldar en el Parlamento una salida decorosa. El viejo caciquismo era una broma comparado con el actual.

Juez al agua

Habrían de leer ustedes el voto particular que un magistrado del TSJA ha añadido a la sentencia que inhabilita al juez Serrano por el hecho ya famoso de haber prolongado la estancia de un  menor con su padre separado para que aquél que pudiera asistir a una procesión en Sevilla. Van en encontrarse en ella con muchos razonamientos de cajón que los otros dos jueces del tribunal se han pasado por el forro, y hay que decir, de entrada, que ese Tribunal –cuya dignidad no cuestiono ni por asomo—consta de tres miembros designados digitalmente, en definitiva, por el poder. ¿Y cuál de los tres ha sido en este caso el instructor del caso? Pues aquel que, al menos teóricamente, además de o no ser juez de carrera, fue elegido por el Parlamento, es decir, el teóricamente más próximo la postura partidista que, en el caso de Serrano, no cabe duda que cifra su enemiga en que el juez juzgado se ha convertido en un auténtico emblema de la muy razonable objeción a esa Ley de Violencia de Género cuyo tenor no quedará otro remedio que variar a causa de su patente carácter discriminatorio contra el varón. ¿Y quién fue el redactor del voto particular? Pues el único miembro del Tribunal que, juez de carrera, procede de otra Sala para suplir la ausencia legal del instructor. Puede que ustedes me digan aquello de “verde y con asas”, pero como yo no quiero pleitos y menos con la Justicia, no añado ni una hipotética tilde a semejante y lógica deducción. Creo, con la mano en el pecho, que a Serrano se lo han llevado por delante por discrepar de lo “oficialmente correcto” y de ahí no me apeo, con la satisfacción añadida de comprobar que mi ínfimo criterio coincide con el de un numeroso colectivo de jueces con todas las de la ley. Es más, ¿cree alguien que si Serrano llega a pertenecer a una asociación de jueces de las que pesan en nuestro sistema y no a una testimonial, lo hubieran despachado con tanta alegría? Vamos, anden.

 

La Justica predecible es lo último o lo penúltimo en una sociedad que aspire a respetar el derecho. Y aquí es previsible ya desde las instancias lugareñas hasta las más encumbradas. ¿Hará falta recordar el ridículo pulso TS-TC a propósito del Estatut catalán? Como la esperanza es lo último que se pierde, aún confío en que a Serrano lo absuelvan en lugar de indultarlo, como vergonzantemente solicita el TSJA. Y en esa tesitura, también espero que la Fiscalía –a la que no le faltan talentos– deje de hacer el ganso imputando un día y retirando cargos al siguiente. Porque éste no es un caso cualquiera sino un escarmiento general al que nuestros ropones deberían resistirse como quien defiende la última empalizada.

Ensayo general

Jornada de agitación callejera a cargo del movimiento de los presuntos “indignados”, curiosa tribu que, al menos en España, sigue arremetiendo contra todo lo que se mueve en la vida pública menos contra el Gobierno. Ponen a punto sus armas para la guerra que comenzará puntual el 21-N, al día siguiente de las elecciones si es que se confirma, como parece más que probable, el triunfo del PP. Trasntier mismo, a juzgar por el tono y las consignas, quedó claro que siguen en el limbo ideológico como corsarios a merced de quien los arme: sin un ideas originales, sin plan alguno, pertrechados sólo de malhumorada protesta y tópicos encontrados en el desván de la vieja izquierda. Qué pena de ocasión perdida, porque la verdad es que motivos para la indignación con faltan.

Uno por mil

Va a ser larga la porfía a propósito del acuerdo –mejor sería, a mi entender, hablar de “concesión”—entre el Gobierno israelí y la organización terrorista Hamas. ¿Es lícito negociar con terroristas, es más, puede tener sentido político acceder a las desmesuradas demandas de los bárbaros –cambiar un soldado por mil terroristas– dadas las circunstancias? No es posible discutir que ese cambalache, no sé si justificado o no,  resulta, al menos a primera vista, una decisión tan extraña que evoca la bajada de pantalones y, sin embargo, hay que suponer que en ella se esconden secretas razones que tal vez le Gobierno mismo ha sido el único en poder valorar debidamente. Lo de Jerusalem no es fácil ni nunca lo ha sido, probablemente tampoco lo va a ser en el futuro. Al tiempo que surge la noticia, leo recién salida del horno “Jerusalem” (Édts. Calmann-Levy), la obra de Simon Sebag Montefiore, un inglés de ascendencia hebrea, que ha acometido la tarea de ofrecer la película completa de ese enclave sagrado por el que han desfilado uno tras otro cananeos, israelíes, asirios, babilonios, persas, griegos alejandrinos, romanos, seléucidas, bizantinos, yihadistas árabes (todos: omeyas, abasidas y fatimíes), cruzados europeos (ojo al orden), turcos, británicos y jordanos antes de volver a manos judías. ¿Es posible la paz en una ciudad que reclaman como propia las tres grandes religiones del planeta y en la que, en consecuencia, todas están condenadas a luchar o a convivir? ¿Cabe en cabeza humana la fórmula de Simon Peres, aquello de “una ciudad con dos Estados, en la que los barrios árabes serán palestinos y los barrios judíos serán israelitas”? A uno le cuesta aceptarlo, ésa es la verdad, más allá del deseo ferviente que paz que pueda profesar, pero en cualquier supuesto lo que está claro es que esa hora feliz –acaso “de los tiempos finales”—aún no ha llegado ni tiene trazas de llegar. La vuelta a casa del soldado Guilad Shalit, todo un símbolo sin duda, rechina ásperamente contra la opinión general de que su precio –mil terroristas convictos—supone una humillación y, sobre todo, un riesgo. Netanyahu se la ha jugado a una sola y generosa carta. Sólo por eso merecería la mejor suerte.

 

Unos y otros, amigos y detractores, habrán de tener en cuenta en el futuro esta jugada excepcional que, al margen de porfías maniqueas, echa por tierra muchos tópicos. Y observar con detalle si se cumple esa predicción estadística que asegura que más de la mitad de los terroristas excarcelados acaban reincidiendo. Porque lo que ya no resulta posible es conquistar Jerusalem en plan David o Adriano. Si acaso quedará la fórmula Tito y en ésa mejor ni pensar.

Ensayo general

Jornada de agitación callejera a cargo del movimiento de los presuntos “indignados”, curiosa tribu que, al menos en España, sigue arremetiendo contra todo lo que se mueve en la vida pública menos contra el Gobierno. Ponen a punto sus armas para la guerra que comenzará puntual el 21-N, al día siguiente de las elecciones si es que se confirma, como parece más que probable, el triunfo del PP. Antier mismo, a juzgar por el tono y las consignas, quedó claro que siguen en el limbo ideológico como corsarios a merced de quien los arme: sin un ideas originales, sin plan alguno, pertrechados sólo de malhumorada protesta y tópicos encontrados en el desván de la vieja izquierda. Qué pena de ocasión perdida, porque la verdad es que motivos para la indignación con faltan.

Dos modelos

Se ha dicho y repetido por ahí que los socialistas franceses le acaban de dar una lección de órdago a sus homólogos españoles al organizar esas espectaculares “primarias” de las que ha surgido indiscutible, aunque deba esperar aún los resultados de una segunda vuelta, la figura de François Hollande y, ya retranqueada pero en posición respetable, la señora Aubry. Aquí, habrá que recordarlo, las prometidas “primarias” no pasaron de un ridículo paripé protagonizado por dos espontáneos, a cual más irrelevante, que fingieron disputarle la candidatura a quien, contra el designio del propio secretario general del partido, se había hecho ya con ella donde se hace uno con las candidaturas, es decir, en las alcantarillas de la organización. Allá se ha celebrado un referéndum con asistencia de millones de electores y hasta de simpatizantes que han debido abonar un euro en concepto de derechos de participación, y que incluso habrá de rematarse en una nueva cita. No ha querido la muy atomizada izquierda francesa (lo que queda de ella, porque el PCF es ya pura arqueología y los grupúsculos radicales mera prestidigitación) desaprovechar la ocasión que le brindaba el duro desgaste de una derecha personalista como la que con Sarkozy no cabe duda de que ha brillado en muchos momentos pero que ha acabado sepultada por los escombros del templo, como en todas partes han acabado los partidos gobernantes, tras el terremoto de la crisis. ¿Son concebibles siquiera aquí debates abiertos como los mantenidos allá entre los diversos aspirantes? Pues evidentemente no y ello quizá se deba, en muy buena medida, a que el partidismo español, a derecha e izquierda, y a diferencia de otros europeos, ha sido en esta etapa democrática especialmente dependiente del liderato personal, pero también a que la llamada socialdemocracia española ha llegado a esta curva de la crisis agotada como pocas veces en su historia. Un dirigente sevillano lo resumía hace poco en no sé qué comité director de su chiringuito: “No le demos más vueltas si no queremos perder el tiempo. Aquí lo único que ha ocurrido es que la gente se ha hartado de nosotros”. Más claro, ni el agua.

 

Ya es bastante sugerente el buen trato que los poderosos de la política le están dando a los “indignados”, un poco por todas partes, sin percatarse de que, dándoles la razón, están aceptando su propio y radical fracaso, que es lo que denuncian antes que nada, lo mismo aquí que en Washington, esos arcabuceros ciegos. Y esa ruina no se restaura más que con un vapuleo a fondo de las ideas y del modelo organizativo. “Refundación” creo que le llaman a eso, con más razón que un santo.