Edades del poder

En obras tan distintas como las de Bertrand de Jouvenel o Maquiavelo nos hicieron estudiar a los de mi generación ese fenómeno fascinante que es el Poder. ¿Cómo surge y por qué razón, de qué se vale para perpetuarse, no en las sociedades primitivas, en las que su “razón” es tan simple como la fuerza, sino en las que viven instaladas sobre la ingenua creencia de que su fundamento último es la “voluntad general” real o imaginaria? Jouvenel creía que en las primeras –que él rastreaba hasta la Revolución Francesa—regía la paradoja de la imposición bruta sin dejar de bregar con la resistencia de las demás legitimidades, mientras que en éstas, en las que la única legitimidad deriva de esa entelequia rousseauniana, el Poder se sublima y totaliza hasta dar paso a una nueva fantasía: la de la bondad intrínseca de ese Poder, la de la idea de que el Poder –así legitimado, sacralizado, en el Líder—no puede obrar mal sino que fatalmente conduce al bien. A Lenin lo veneraban (y veneran aún) como a un morabito, se referían a Stalin como “el padrecito”, a Mao lo imaginaban levitando entre este mundo y el otro, del mismo modo que muchedumbres alucinadas soñaron con un loco como Hitler o un payaso como Mussolini. La democracia verdadera y equilibrada es tan difícil que radicales como Vázquez de Mella y tantos otros se opusieron a ella con el argumento de que la confusión del poder del pueblo con la libertad del mismo es perversa en sí misma. Recuerdo estas cosas a medida que me llegan noticias sobre la personalidad del sátrapa coreano, ese bárbaro sin escrúpulos empeñado en una pedagogía tendente a conseguir que el pueblo creyera superior, predestinado y omnisciente a un mentecato que gastaba fortunas en orgías y que, según Javier Caraballo, llegó a hacer correr la especie de que su cuerpo glorioso ni miccionaba ni defecaba, algo que no se le hubiera ocurrido a los biógrafos de Alejandro o del propio Cristo. La política es prima hermana de la teología en las mentalidades dictatoriales. ¿No han reclamado en España hace bien poco la beatificación de Franco?

Claro que la dinastía coreana no está ahí por su carisma sino por el respaldo de China y, todo hay que decirlo, por el que durante decenios le ha prestado cierta izquierda, en especial la integrada en la socialdemocracia. Pero la moraleja a la que voy apunta con inquietud a la hipótesis del viejo Jouvenel de que al Poder cambia de aspecto pero no de naturaleza. Un tigre será siempre un tigre, incluso cuando mima a sus cachorros, convencido como está de que le es propio su territorio y cuanto hay en él. Corea llora estos días por el suyo con lágrimas de cocodrilo.

La recta final

A la consejería de Educación de la Junta se le ha ocurrido, a estas alturas, convocar para el año que viene miles de plazas de profesores, un decisión que, de ser posible, no se explica cómo no ha tomado antes, pero que tomada ahora resulta de lo más impropio toda vez que –presagios adversos aparte—a la legislatura le quedan unos pocos telediarios y un acuerdo tan importante debería dejarse al criterio del próximo Gobierno regional, sea éste del signo que sea. La Junta vive en un espasmo constante, más convulso a medida que se le complican las circunstancias. Pero respetar al sucesor en el tiempo es de lo más básico. Griñán parece haber olvidado hasta esa norma tan elemental.

El nuevo poder

Ha sido espectacular la resonancia del artículo de Bernard-Henri Lévy sobre (contra) las llamadas “agencias de notación”, esos entes sin rostro que degradan o premian a voluntad, no ya a las empresas, sino a los países, regalándoles o suprimiéndoles sus famosas calificaciones: los de la “triple A”, ya saben. Se queja Lévy de algo que infinidad de peatones ya habíamos pensado, a saber, de que esos misteriosos poderes en la sombra tengan poder sobre los Gobiernos y en su mano la posibilidad de descuajaringar la economía de países y hasta de continentes, sin que se sepa qué metodología utilizan, qué datos manejan, quién se los suministra y garantiza. Y todo ello a pesar de su patente fracaso predictivo, dado que fueron ellas mismas las que no vieron venir, ni por asomo, la crisis devoradora del 97, las que ni presintieron la catástrofe de las llamadas “subprimes”, las que aplaudieron hasta cuatro días antes del estallido a Enron y sostuvieron en vilo a Lehman Brothers hasta el último instante en que ya lo impidió la evidencia. ¿Quiénes son esos poderes nuevos, quién puede tener tanta fuerza como para situarse por encima de los propios Estados y darle jaque a un continente, libres por su parte de cualquier sujeción, dueños sin amo, oráculos omnipotentes a pesar de su comprobado descrédito? Poca gente sabe que esos montajes son empresas, a su vez, empresas que cobran a otras empresas por sus consejos –no necesariamente inocentes y, menos, imparciales–, que van de la mano de los bancos, cuyas consejeros son a la hora de la toma de las decisiones clave, circunstancias que le dejan a uno perplejo considerando el milagro que, en realidad, es su poder omnímodo. Moody, Standar and Poor’s y demás son el nuevo poder que se ha erigido a sí mismo sobre los poderes legítimos, lo mismo amparando la golfería griega –como hicieron– que desacreditando proyectos nacionales de un plumazo, sin que nadie pueda explicar de dónde les llega la fuerza, qué poder superior las inviste en su aparente legitimidad, a no ser que empecemos a pensar mal del Sistema mismo. Y eso serían ya palabras mayores.

Nunca nos pusimos de acuerdo sobre los motivos últimos del crisis del 29 o de la llamada “del petróleo”, eso es cierto, pero al menos en ambos casos, como en otros a los que hemos sobrevivido, las decisiones las tomaban los Gobiernos o las imponían las Bolsas, no oscuros poderes a sueldo, exentos y enteramente libres, de los que apenas conocemos más que la razón social. Lévy propone degradar a esas agencias, quitarles los entorchados y devolver la ultima la palabra –la soberanía—a los poderes democráticos. Yo creo que se queda corto a pesar de su radicalidad.

Dudas electorales

Por lo visto el presidente Griñán, ahora también candidato, no ha decidido aún por qué provincia se presentará a las elecciónes autonómicas, si por la suya cunera, que es Córdoba, o por Sevilla, que es la capital, ambas muy resentidas con él por su actitud secante en lo referente a la organización de la Copa Davis. Ello da una idea de por dónde va la vera en el PSOE andaluz, un partido hegemónico que ha pasado en poco tiempo a constituir un pelotón desconcertado que sabe de dónde viene pero que no tiene idea de hacia dónde va. La duda de Griñán es algo más que sintomática. Mal deben de pintar las cosas en la empresa cuando ni el jefe tiene ya circunscripción segura.

Vacas flacas

Rajoy nos ha repetido en el Congreso la conseja de las vacas flacas. Las del sueño de Faraón, que interpretó José enunciando a lo divino una auténtica teoría del ciclo económico. Vienen vacas flacas como antes vinieron vacas lucientes a las que hemos contemplado paciendo en el prado, durante años, con la yerba por las corvas. Tras la última crisis y hasta la actual, los mismos arúspices que hoy despliegan el desastre nos mostraron su ingenuo convencimiento del crecimiento continuo, inacabable, infinito en la práctica, como si el mundo, en medio de tanto estruendo y tanto desastre, hubiera alcanzado por mano de milagro la panacea del bienestar. Eran las  vacas gordas, las rozagantes que luego hemos visto devoradas –y esta vez no ha sido un sueño—por las famélicas, mientras las espigas enclenques daban cuenta de las pujantes. ¡Qué utilidad la de la metáfora a la hora de la teoría! A ver quién resume mejor este ir y volver, que esta condición alternativa, esa realidad humana que hace que la vida misma sea, considerada en perspectivas amplias, una vasta noria a la que, uncidos como el asno, rodeamos una y otra vez con los ojos tapados. Rajoy ha hablado de vacas flacas, parece que ha hecho caso al vidente y ha anunciado su propósito de adaptarse a los tiempos, atrojando desde hoy sin descanso para garantizar mañana nuestro propio sustento. No habrá cuartel para los despilfarradores, las raciones han de ser tasadas, una justicia distributiva de tacto fino ajustará los bienes y accionará el mecanismo del reparto. No queda otra. Los sueños son una cosa muy seria –somos nosotros mismos, como sabía Shakespeare— sólo que reflejados en una imagen alegórica cuya clave es imprescindible encontrar. Ya vendrán las otras vacas, las gordales y cebadas, y otra vez el prado habrá de parecernos terreno seguro, predio inagotable para nuestro beneficio. No hay animal más racional que el hombre. Tampoco lo hay más olvidadizo.

Son los “tiempos recios” de que hablaba la doctora Teresa, acaso dialécticamente inevitables sin queremos que la rueda de la fortuna siga girando. Unas veces se gana y otras se pierde. Lo que no parece que exista es el edén perenne que imaginaron los popes de la “new age” que son los mismos, por cierto, que hoy ponen y quitan estrellas a las economías como quien no quiere la cosa. La visión del Génesis se adelanta y aventaja a las previsiones de los Smith, de los Ricardo, de los Marx, de los Keynes o de los Hayes, según decía José, porque es palabra de Dios. Cualquiera sabe. Yo he escuchado a Rajoy viendo al país hipostasiado en la cara de Faraón. La vida no es lineal. A ver quién nos hubiera dicho esto hace diez años. A ver.

Cosas de Pepe

Se necesita desparpajo por parte de Griñán para despejar el trallazo que ha supuesto la comprobación de que Chaves, Viera y Antonio Fernández –es decir, el Presidente y los dos consejeros sucesivos de Empleo—conocían el fraude de las prejubilaciones falsas perpetradas en la Franja Pirítica onubense, con el retorcido argumento de que ese expediente lo firmó el Partido Popular, que sería, además y por ello mismo, el culpable de la gran estafa en cuestión. Culpables no sé, pero los grandes y últimos responsables de todo el tinglado del “fondo de reptiles” son, evidentemente, los dos Presidentes bajo cuyo mandato se creó y amplió éste, es decir, Chaves y el mismo Griñán. Parece mentira tener que oírle a un Inspector de Trabajo como él una sinrazón semejante.