Más papista que el Papa

La labor y responsabilidad de los jueces merecen siempre un respeto, por más que salte de ven en cuando uno aquí o allá como empeñado en desencantarnos. El caso del magistrado de Granada que se ha negado a soltar de una vez al preso más antiguo de España, después de indultado por el Gobierno, es de los que le dejan a uno desconcertado, sobre todo cuando se entera de que el motivo de la negativa del juez es que la sentencia aportada por la familia era una fotocopia y no el original, o de que la dirección penitenciaria no estima ni urgente ni inaplazable (casi nada lo es en esta vida) su petición de un permiso para pasar la Navidad en familia. Con lo que estamos viendo en España…, este asunto parece mentira.

El precio del periódico

La profesión periodística tiene, como todas, sus riesgos e inconvenientes. Nunca he conocido un profesional que se queje por ello, pero a muchos no nos hace falta la protesta de esas víctimas, que este año 2001 han sido –según el barómetro anual que publica Repoters sans Frontières—nada menos que 66 asesinados, dos millares de presos (sobre todo en China, Irán y Eritrea) y dos compañeras violadas en el Cairo, en plena Plaza Tahir, por no hablar del balance difícil de concretar de la “primavera árabe” o los innumerables incidentes provocados por las fuerzas militarizadas en los respectivos países. Esa cifra de muertos, 66, supone el balance del año anterior multiplicado por dos, distinguiéndose, junto al laberinto pakistaní, líder por segundo año consecutivo en la negra estadística, una serie de países –como México, Costa de Marfil, Filipinas Bahrein, Libia, Somalia, Rusia,Yemen  o Libia—en los que el ejercicio de la información periodística no cuenta con la menor garantía. Sin salir de este periódico hemos tenido bajas en esas situaciones, por no hablar de aventuras como la de algún colega que logró quedarse en solitario en Bagdad cuando el segundo bombardeo para salir después por pies de un país en la que la caza del periodista había visto levantada su veda.

No es gratis la información, sale por un precio módico eso que uno lee tras el desayuno testificado por héroes anónimos voluntariamente destacado en pleno frente de batalla o en medio de la trifulca callejera. Cuesta sangre, demasiada sangre mantener informado al mundo llamado libre de lo que está ocurriendo, con la complicidad de unos u otros, en esos infiernos que de otra manera permanecerían ocultos y, sencillamente, no existirían para la conciencia mundial. La realidad es que en los sondeos no sale bien parada la imagen del periodista, aunque bien es cierto que mucho mejor, en todo caso, que la del político o el banquero, presentes en todo momento, codo con codo, con las mujeres que han de vivir de la explotación su propio cuerpo, pero parece obvio que semejante estimativa sólo se explica por el desconocimiento de unos riesgos cada día más abrumadores. También hay muertos a montones bajo los andamios, por supuesto, enterrados vivos en las minas o pescadores náufragos agarrados a un madero. Si hay que hablar de periodistas caídos en el ejercicio de su profesión es sólo porque sin su labor este mundo resultaría incontrolable y opaco. No sabemos lo que vale ni lo que cuesta un telediario o una crónica sobre el papel. Y no hablo, naturalmente, del precio en oro sino del coste en sangre. La libertad acaba exigiendo siempre la misma moneda.

Barbaries pendientes

Un nuevo conflicto acude a agravar la situación de Europa con motivo de la decisión francesa de la ley que castiga la negación del genocidio armenio perpetrado por los turcos durante la Gran Guerra. Hay muchos Estados y comunidades en el mundo que han declarado formalmente su adhesión a esa denuncia y los hay, como España, que guardan silencio en torno a él. Los turcos lo niegan, como han negado siempre las atrocidades cometidas por su ejército y sus fuerzas políticas en el periodo final de su Imperio, y con esa negada por respuesta pretenden dar por cicatrizada una herida que, en realidad, es una llaga abierta. En mi niñez vi una película sobre las Cruzadas en las que Ricardo Corazón de León ajustaba con el sultán Saladino una suerte de ordalía en virtud de la cual sería el vencedor aquel de los dos que lograra la mayor proeza con su espada. Ricardo –aquel ambiguo Ricardo que el historicismo cinematofrágico inglés se empeñaba en presentarnos como el “deseado” frente al muy respetable Juan Sin Tierra—eligió como demostración dividir de un mandoble un resistente testigo de hierro, cosa que consiguió a duras penas. Saladino, en cambio, astuto y sutil, requirió el velo de gasa de una de sus damas, lo suspendió en el aire y lo dividió suavemente con sólo oponerle el filo de su afilado alfanje. La vida no es el cine, sin embargo, habría que decir que por fortuna, y el hecho es que hay pendientes por el mundo muchas ordalías que no acaban nunca de zanjarse entre otras cosas por la negativa al reconocimiento mismo de los hechos por alguna de las partes. La del exterminio armenio a manos de los turcos (más de un millón y medio de liquidados y medio más en el exilio),por ejemplo,  negar cuya existencia constituye desde ahora delito en un país más, como lo constituye hace tiempo negar el Holocausto perpetrado por los nazis. Toda reacción turca en contra de esa medida está condenada al fracaso como lo están todos los empeños en perpetuar dramáticamente la memoria de las tragedias humanas más allá de la propia reconciliación. El tiempo todo lo alivia y hasta borra pero son los hombres los que han de asumir las responsabilidades.

No llegará la sangre al río en este nuevo enfrentamiento ni por parte de los justicieros ni por el lado de los negacionistas, porque hoy Turquía se mantiene en pie como puede al borde del camino, mientras la comunidad continental se tambalea conmocionada por sus propias debilidades. Por eso Saladino blande ufano su alfanje aunque sepa que nunca acabará  ganando esa batalla. Es verdad que ha habido muchas barbaries en nuestro pasado que yacen sepultadas en la desmemoria. Reconocerlas es tan necesario como injusto resulta utilizarlas más allá del sentido común.

Quiebra la Junta

Llámenlo de otra forma, si lo prefieren, pero ya me dirán que es sino quebrar el hecho de suspender los pagos y obligaciones contraídos durante la legislatura para que las cuentas imposibles les puedan cuadrar. Sostener que se cumple el objetivo del déficit suspendiendo todos los pagos, incluso los legalmente tramitados en el plazo acortado hace un mes, no es más que una trapacería y probablemente un signo elocuente sobre la actitud perdedora de un Gobierno que recurre a dejarle al sucesor la carga que él debió resolver en tiempo y forma. Nunca se ha gobernado peor la autonomía –al margen de la crisis, porque ha habido otras—que en estos amenes griñanianos. El desconcierto es casi perfecto en una situación que no se tiene ya en pie.

Los sin crisis

No todo el mundo yace abrumado en Europa ni en América por la crisis. Allá ha dado que hablar semanas atrás esa feria neoyorkina del lujo en la que el objeto más barato expuesto a los compradores superaba el salario anual medio de un trabajador indígena. Acá no hay manera de limitar las fabulosas ganancias de los ejecutivos, esos primeros espadas del negocio que se ponen a sí mismos sueldos y condiciones de trabajo (como los políticos) –Dios les conserve la bicoca– mientras hacia abajo fuerzan las tuercas con progresivo rigor. En el fútbol, por ejemplo, parecía que había amainado la locura galáctica pero ahí tienen a un Beckham que, a pesar de su edad y del problemático estado de sus rodillas, acaba de firmar con el Paris Saint-Germain por dieciocho meses a razón de 4’3 millones de euros al año que pudieran aumentar, si todo va bien en la cosa de la imagen y el “merchandising”, que es de lo que se trata, hasta los 17 kilos contantes y sonantes. Bekham será el jugador mejor pagado del Championat, pero su pastón queda todavía lejos de los 24 y 31 millones anuales que, según la prensa europea, cobran nuestros Messi y Ronaldo, no sólo (o no tanto) por lo que hacen en la cancha sino por lo que afanan en el mercado de las camisetas, los chándales y la publicidad, por no hablar de los beneficios derivados de los derechos televisivos. Ignoro, desde luego, cuánto van a cobrar como ministros Luis de Guindos o Montoro en esta final a cara de perro que van a jugar contra viento y marea, pero no creo que estuviera de más por su parte algún gesto limitador de semejantes barbaridades. El fútbol no es ya un deporte, como se dice y repite, sino un negocio de colosales proporciones que por ahí llaman ya “foot business” con toda la razón del mundo.

Paul Veyne ha contado alguna vez como los ciudadanos romanos masticaban encantados su hambre canina viendo competir en el circo a unos mimados gladiadores que ganaban fortunas en caso de sobrevivir. Hoy nos haría falta un Veyne que echara una ojeada a esos estadios ululantes donde rompe cada domingo la marea de la sublimación colectiva, pero sobre todo nos vendría al pelo que los ministros que acaban de estrenarse repensaran una situación que ya sé que tiene sus ventajas, pero que no deja de constituir un escándalo mayúsculo en medio de la peor crisis de nuestra historia. Cuentan que Ingmar Bergman se piró de Suecia cuando los del Fisco pretendían sisarle por encima del 70 por ciento de sus ganancias. Lo comprendo, cómo no, pero admiro a esa democracia bajo cero que no se corta un pelo a la hora de aplicar la escalilla fiscal.

Ponerlos a estudiar

Se necesita ser bobo para darle la vuelta a rapapolvo durísimo que el CSJA le ha dado a Griñán y a otros detractores de la jueza Alaya, defendiéndola –por unanimidad—ante ataques como el que el Presidente le lanzó el otro día en sede parlamentaria. ¡Pues no que dice su portavoz que la “inquietud y el rechazo” mostrado por los jueces del Alto Tribunal “le dan la razón a Griñán” en lugar de reconocer el morrocotudo revolcón que le han dado! En fin, las cosas hay que tomarlas según de quién vengan, y a lo mejor les ayuda a comprender esta bufonada, saber que ese “nini”, Mario Jiménez, espontáneo intérprete de magistrados, nunca acabó primero de Derecho ni lleva trazas de acabarlo.