Sigue la fiesta

Uno no escarmienta. No he tenido bastante con la leña que me ha prodigado (a cara tapada, debo decirlo) esa vigilante avanzadilla de la que se mofaba Valéry, con motivo de mis tomas de posición frente a ciertas formas de arte contemporáneo que a mí, como a otros muchos “retrógrados avanzados”, me parecen sencillamente una estafa. Lo dije cuando Esparza publicó en Almuzara su excelente diatriba contra el fraude pseudoartístico, también con motivo del debatillo en torno al marquesado de Tapiès o a las diversas reacciones contra esas exhibiciones simplemente obscenas y descerebradas en que, con curiosa frecuencia, ciertos “creadores” insisten en demostrar su inania absoluta ofreciendo “cadáveres, excrementos o mutilaciones” como obras de arte, y entre los que destacan con curiosa insistencia los provocadores –que desde la otra orilla se denominan blasfemos o sacrílegos—especialistas en el recurso irreverente perpetrado desde un realismo tosco y exento de cualquier posibilidad de discusión hermenéutica. Estos días coinciden la prohibición en Milán de la sublime muestra antológica de un acreditado provocador con éxito de mercado, que en esta ocasión, aparte de una monumental escultura representando una mano que hace la higa, no escapaba a la obsesión cristológica, en este caso con la variación de ofrecer una “Mujer crucificada” o  los restos de un caballo embalsamado encabezados por un cartel con la inscripción INRI, con el veto judicial impuesto por un tribunal francés a una exposición de cadáveres polimerizados similar a la que recientemente ofreció el Ayuntamiento de Sevilla. ¿Se acuerdan del “hombre de Bañoles”, el aborigen disecado que se exponía en aquel museo y que el embajador Garrigues hubo de restituir a su pueblo? Pues aquella aberración comparada con estos desmadres obscenos vendría a ser como un bisonte parietal respecto a una ninfea de Monet. Esparza, como otros muchos, se preguntaba (retóricamente) si el arte se habría vuelto loco. Yo creo que los locos hay que buscarlos dentro y fuera de ese taller.

 

No creo que pueda caber la duda de que esta peste pasará por la razón elemental de que la provocación tuvo siempre la cara dura pero las patas cortas, y ni siquiera un mercado tan propicio al fraude y el camelo podrá resistir el peso del sentido común. Un Cristo erecto o un joven ahorcado, una morgue de cadáveres chinos siliconizados pueden sorprender a la parroquia pero no retorcer el rodrigón del criterio, incluso si hay quien paga por la basura. Un cartón de embalar sobre un bastidor de arpillera firmado por un prócer no pasa de ser una ingenua provocación. A Duchamp lo veríamos hoy en la cola del INEM.

Arriba el telón

La Justicia tiene mucho de teatro, y llegado el caso de teatro bufo y hasta de “comedia dell’arte”. Ahora van a ver ustedes el juicio de Marbella, con casi un centenar de banquilleros y un año y medio (como mínimo) de sesiones por delante. Se va a inflar la telebasura y se van a inflar, por segunda vez, los propios presuntos a los que, por lo visto nada puede impedir que empuerquen la imagen de la vida nacional a cambio de cifras que ya quisieran cobrar jueces y fiscales en ese largo periodo. Y los cómplices políticos, al fresco: el partido que desde el poder propició la llegada de Gil para erosionar al PP y cobró (está demostrado) sus talones por la cara, la Administración que cerró los ojos ante el saqueo, los ropones que miraron para otro lado hasta que el resonó estruendo. ¡Arriba el telón! La opinión pública española nunca se debatió más bajo.

In memoriam

Lamentamos por igual la suerte de todas las víctimas del absurdo y brutal accidente de Los Palacios en el que perecieron dos ciclistas y resultaron heridos otros tres por la bárbara imprudencia de un conductor indocumentado. Pero hemos de echar de menos particularmente a Gerardo Rojas, el amigo Gerardo, atento siempre con la vida onubense en todas sus manifestaciones, constante en nuestras perdidas “Charlas” mientras funcionaron, crítico siempre con nuestras críticas, a veces hasta el cabreo (recíproco), como responsable celoso de la industria petroquímica que presidía. Se va un hombre atento y escrupuloso, arrebatado por un capricho bárbaro. Quedará su memoria para mucho tiempo entre amplios sectores onubenses.

La jungla escolar

¿Qué gana la Junta, qué ganan, en general, las Administraciones, poniéndose por sistema del lado del alumno en situaciones límites como la falta grave de respeto o la propia agresión? Esa es una pregunta que se ha hecho medio mundo quizá porque ni los propios protagonistas del disparate sabrían contestarla razonablemente. Es posible que esta suerte de tolerancia sistemática y ciega proceda de una actitud hostil al autoritarismo proverbial que rigió durante decenios bajo la Dictadura, es decir, que pueda funcionar de modo más o menos consciente, como una reacción –a estas alturas ya instintiva, realmente fósil– al abuso que suponía la anulación del alumno frente al docente, pero de ser así resulta evidente que llevaría treinta años de retraso sobre una realidad que ha evolucionado de modo probablemente irreversible. Un caso reciente: cierta alumna de primero de ESO –trece añitos— de un centro almeriense podría ser castigada, que ya el curso anterior fue expulsada de otro IES por agredir a profesores y compañeros, en el expediente que se le ha abierto ahora por nuevas agresiones a profesores, con una “ejemplar” sanción de 30 días de expulsión del centro en el que, no obstante continúa campando por sus respetos para evitar trastornos en la buena marcha del nuevo curso. Pero lo que más llama la atención de este caso, al parecer no tan insólito en el panorama escolar, es la timidez, la jindama incluso, con que el profesorado solicita de manera anónima –“para evitar represalias”—a la autoridad autonómica que explique las medidas que piensa tomar para neutralizar a semejante basilisco, capaz de enfrentarse a su propio padre cuando éste trató de intervenir en el conflicto. ¿Qué espera la Junta, insisto, votos en las urnas, mera  autosatisfacción narcisista, el improbable homenaje de una peña que ignora olímpicamente la vida pública? Ninguna de esas respuestas tendría sentido pero no cabe duda de que en nuestras aulas se ha quebrado fatalmente un principio imprescindible para cualquier docencia. Tampoco sé qué harían el delegado o el consejero si un auxiliar los abofeteara tras agredir a sus compañeros aunque tengo el convencimiento de que la medida disciplinaria adoptada sería mucho más contundente.

 

Resulta desolador ver a un claustro enmascarado para solicitar el amparo ante un cafre agresor y más aún, contemplar a una autoridad inexplicablemente protectora de la anomia que está, seguramente, en la base del rotundo fracaso del sistema educativo. E intriga la razón del absurdo proteccionismo –ciertamente no exclusivo del ámbito pedagógico—con que se está contribuyendo a demoler hasta los elementos básicos de la axiología. El problema de esa alumna asilvestrada no es pedagógico. Lamentablemente hay que tener el valor de sostener su naturaleza estrictamente disciplinaria.

El “Gobierno amigo”

Tampoco habrá transferencias en materia de bonificaciones empresariales para Andalucía como las que el Gobierno acaba de conceder, sin embargo, al País Vasco. A pesar de que el presidente Griñán las haya reclamado y que su secretaria de organización sostenga que el ejecutivo de ZP “ha dejado claro su compromiso y sensibilidad” con nuestra comunidad autónoma. Ni flores. Y es la segunda que le cae en la frente al reclamante, hoy ninguneado en Madrid como quizá nunca lo fue un presidente andaluz. El “Gobierno amigo” no parece serlo tanto. Comparados con las autonomías fuertes, nos toman por el pito del sereno.

Ecos de la bronca

Corre el rumor de que en la entrevista de Chaves con Mario Jiménez la Junta y el partido trataron de prevenir a Chaves de la bronca que le aguardaba en Huelva y que quizá éste sobrevaloró su escaso carisma. El PSOE, desde luego, mira para otro lado, empezando por esa alelada respuesta de la encargada de la organización, la consejera breve Cinta Castillo, fingiendo que no sabe qué pasó en realidad porque ella “no estaba presente”. Gorda: la bronca fue gorda y un pelín brusca, irrespetuosa pero justificable dado el descaro del abroncado. En Huelva el camelo de los tres puentes sobre el Odiel y el abandono de Astilleros no se olvidan fácilmente. Y es natural.